29 mayo 2026

POR EL CERRO DE MAI VALERA Y LA PEÑARRUBIA DE CEHEGÍN III y Final (en construcción)

Desde Doña Valera se obtienen unas vistas estupendas. Merece la pena regodearse en el paisaje que se nos brinda en derredor. Y si es dotado de prismáticos, mucho mejor.
La archi horadada y espoliada sierra de la Puerta, registrada en este mismo espacio hace ya 4 años (¡cómo pasa el tiempo!), con ocasión de aquella larga serie de entradas blogueras tituladas "Cambrones y Alrededores". Sierra de la Puerta/Pico Miñano.
Hacia ambos enclaves nos dirigimos. Pero primero hay que bajar para luego subir. Despacico y buena letra, que decía aquel.
El peñasco desde aquí parece poco más que un risco, pero cuando te colocas debajo, la cosa cambia. 
Esa nubecita, a modo de sombrero, engalanan la peña de la Escarihuela. 
Anabel dirigiéndose al pie de la misma.
Eludiendo la peña por el norte de su base, con amplias vistas hacia Cehegín. 
Anabel posando para el fotógrafo en tan pintiparada atalaya, una vez sobrepasada la Peña de la Escarihuela.
La cantera de la Sierra de la Puerta y las varias industrias de mármol y áridos que existen por aquí.
Fernando, sobrepasando la peña.
Ahora, en dirección a la cantera, con los parajes de la cañada Riquelme y la Escarigüela hacia el sur. Al fondo, el Estrecho de la Encarnación y la sierra de Las Cabras caravaqueña, aquella en la que se me extravió la Viky
Evolucionando por un tramo un tanto enredado del recorrido, el que discurre por el contorno de la cantera. Es preciso señalar, que por aquí el track describe un leve viraje a la izquierda, para eludir la alambrada y el socavón de la cantera. Téngase esto en cuenta, si por alguna razón, algún día se encontrara abatida la valla y algo despistados, siguiéramos rectos hacia el precipicio.
Al fondo, la inconfundible silueta de la Sierra del Carro, que hace unos años visité en compañía de Viky.
Espectacular imagen de Anabel maniobrando por las inmediaciones del recinto de la cantera, con el barranco del Saltador al fondo y la hermosa villa de Cehegín al frente.
La emblemática cima de la Peñarrubia de Cehegín, otro de nuestros objetivos a conquistar en el día de hoy.
Nuestro incombustible amigo Fernando, posando con la mirada serena y el semblante del guerrero curtido en mil batallas, tras un frondoso y hermoso enebro.
Obsérvese la alambrada que tiene que soslayar Anabel, cuya sentido de la orientación y radar le funcionan muy bien. Siempre se lo digo, atesora eso tan valioso en nuestra actividad que se denomina: "intuición montañera".
Este es el cortado del que protege y acota la alambrada. No cometamos el error de saltarla u obviarla si se encontrase en el futuro derribada, y menos si se nos hace de noche. 
Nuestro amigo Fernando pretendía bajar por aquí. Loco de atar. Menos mal que lo convencimos de que si insistía en ello, se podía partir la crisma. Fue un instante divertido.
Al final, parece que se auto convence de que por ahí no es el sitio de bajar...
He aquí a nuestra amiga Anabel en su típica pose de abrazar el paisaje, donde se pueden observar a su espalda los detalles técnicos de su equipo de trail mientras contempla, al frente, los terrenos de labor y las montañas lejanas del campo de Caravaca bajo un cielo azul vibrante. La composición fotográfica intenta capturar la comunión existente entre la senderista y el entorno natural que la rodea.
Abandonamos el complejo minero y ahora nos dirigimos hacia el barranco del Saltador y la otra cantera, esta vez, la de áridos. A instancias de este comentario, se me acaba de ocurrir que a este recorrido también lo podía haber titulado: "La ruta de las Canteras..."
Ya solo nos separa de la cantera el lecho del barranco del Saltador.
Y nada más cruzar el cauce, ya estamos a pie de cantera.
Yo me desvío un poquito, inspeccionando algunos recovecos de la cantera a diferentes niveles, por si observara algo interesante, pero, eso sí, con mucho cuidado porque despeñarse por uno de estos cortados puede ser mortal de necesidad.
El frente de la cantera se abre ante mí como un libro de historia geológica perforado a la fuerza y con saña. En la base, una imponente pared de un rojo encendido, casi sangriento, sostiene el peso de la tierra ancestral de Begastri. Sobre ella, la naturaleza ha esculpido un juego asombroso de estratos: líneas milimétricas de tonos blanquecinos y arcillosos que se alternan con una precisión geométrica, como si alguien hubiera apilado pacientemente láminas de piedra. Una estrecha repisa de tierra y matorral ralo separa este abismo inferior de una segunda pared superior, mucho más caótica, donde la roca ocre aparece ultrajada por la mano del hombre que todo lo tritura.
En el track antiguo, ofrecía tres opciones para salir de la cantera en dirección a la cima de la Peñarrubia, aunque me decantaba por la vía de trazo blanco:
Las tres opciones son perfectamente válidas, pero en la actualización del track nosotros subimos por la alternativa azul. Siempre que hago esta ruta me gusta introducir algún leve cambio para que no se me haga monótona y, si lo que pretendo es recortar tiempo, evitando el paso por la cantera, está claro que la opción amarilla es la más directa. Ya es a gusto de cada cual.
A punto de coronar.
El artífice de este modesto espacio.
Anabel, en su característica pose en el vértice.
Alcanzar la cumbre exige una parada obligatoria: contemplar Cehegín y sus alrededores, un paisaje que se despliega ante nosotros como un abanico infinito de postales idílicas. Sin embargo, como ya hemos inmortalizado esta estampa en tantas ocasiones, hoy preferimos continuar del tirón, porque alguien tiene que trabajar por la tarde, y el tiempo apremia.

El tramo final de esta ruta actualizada sigue casi al milímetro el itinerario que publicamos en 2020. ¿La gran novedad? Un descenso inédito hacia la cantera a través del llamado sendero de la caseta, un ramal que yo no conocía y que me descubrió Anabel. Una vez en la cantera, el camino hasta cerrar el círculo es coser y cantar. Y colorín colorado... 
¡HASTA LA PRÓXIMA!

TRACK DE LA RUTA👇


No hay comentarios:

Publicar un comentario