28 mayo 2026

POR EL CERRO DE MAI VALERA Y LA PEÑARRUBIA DE CEHEGÍN II (en construcción)

Desde este rincón del recorrido, obtenemos bonitas vistas hacia Cehegín y su carismática parroquia de María Magdalena.
Despuntando en lontananza la inconfundible silueta del Almorchón ciezano.
En primer plano, el cerro de las Cerámicas.
Conectando con el recorrido clásico de la Falcotrail.
Así es como se encuentra en la actualidad el artístico cilindro del vértice geodésico de la Peñarrubia, que un ceheginero ha engalanado con la enseña de su pueblo. Una verdadera obra de arte, sin duda.
Anabel llegando a lo más alto. Al fondo, Caravaca de la Cruz.
Fernando posando en el vértice.
Lo mismo que Anabel. Aquí nos hizo un ciclista, varias fotos a los tres. Pero el buen hombre, no debió pulsar el disparador de mi cámara a fondo, y como no lo comprobé in situ, cuando descargué las fotos en casa...las tomadas aquí descubrí que brillaban por su ausencia. En fin, cosas que pasan...
Enfilando el tramo final hacia el cierre del círculo.
Pero si "eres nuevo por aquí", seguro que estas vistas te resultarán de lo más bonitas e interesantes.
La plaza de toros de Cehegín. Obsérvese el insólito pino que existe en el tendido. Representa una de las mayores curiosidades del mundo taurino y de la arquitectura popular en España. No es solo un árbol que "está ahí", sino todo un símbolo local.

La plaza de toros de Cehegín se inauguró el 14 de septiembre de 1901. Unas décadas después, sobre los convulsos años treinta, una semilla de pino carrasco (Pinus halepensis) arrastrada por el viento o transportada por un pájaro fue a parar a una pequeña grieta entre el tendido alto y la muralla exterior de la plaza.

Contra todo pronóstico, en un entorno de piedra, cal y arena, y soportando el durísimo sol del verano murciano, la semilla germinó.
Al principio, cuando era solo un brote, nadie le prestó demasiada atención. Sin embargo, a medida que el pino empezó a crecer, se planteó el debate obvio: ¿Había que arrancarlo para evitar que sus raíces destrozaran la estructura de la plaza?

La respuesta de los cehegineros fue un rotundo no. El pueblo le cogió cariño al árbol y se decidió respetarlo. Los encargados de la plaza lo podaron con cuidado para que creciera hacia arriba y de forma esbelta, permitiendo que los espectadores se sentaran a su alrededor sin perder visibilidad del ruedo.
Con el paso de las décadas, el pino se convirtió en el auténtico rey del tendido 2. Hoy en día, es un ejemplar imponente que mide varios metros de altura y cuyo tronco atraviesa literalmente las gradas.

Lejos de ser una molestia, se ha convertido en el sitio más codiciado de la plaza por una razón muy obvia: es el único asiento con sombra natural de todo el tendido de sol. Los días de corrida veraniega, los aficionados se disputan los sitios cercanos para protegerse del calor bajo sus ramas.
En el año 2001, con motivo del centenario de la plaza de toros, el pino recibió su propio "homenaje" como un elemento indispensable de la identidad del coso.

Hoy en día, la plaza de toros de Cehegín es conocida internacionalmente precisamente por esta peculiaridad. Es un ejemplo perfecto de cómo la naturaleza se abre camino en los lugares más insospechados y de cómo una comunidad decidió adaptar su patrimonio arquitectónico para convivir con un árbol en lugar de destruirlo.
Preciosas vistas de Cehegín. Nunca me canso de contemplarlas y admirarlas.
Bajando hacia las antenas.
Voy a pijo sacao porque estos no paran...pero no me puedo resistir a detenerme unos instantes ante las bonitas capturas que atisbo cada equis metros. 
A punto de cerrar el círculo en el lugar donde habíamos dejado los coches, en la explanada del Arco Romano. Y hasta aquí, aquel periplo senderista que discurrió entre los cerros de Mai Valera y la Peñarrubia de Cehegín.  
A partir de ahora, repetimos ronda por los mismos parajes, pero investigando y explorando los puntos que vislumbro de mejora. Vuelto a proponer a mis amigos si para tal menester gustan de acompañarme, y como estos, si de patear el monte se trata se apuntan a un bombardeo pues quedamos en el lugar de costumbre, esto es, es las inmediaciones del Arco Romano (plaza de España) un día de mediados de abril del año 2026. La mañana se auguraba espléndida.

Este Arco, hoy convertido en monumento, está construido con piezas originales extraídas del antiguo acueducto romano, sito entre las Talas de Moño y el Castillo de Alquipir (cuyo estrecho y vertiginoso pasadizo hemos franqueado más de una vez), que se utilizaba para llevar agua desde el río Quípar, por la acequia de la Pollera, hasta Begastri. Desde el año 2008, la Plaza de España de Cehegín tiene el honor de presumir de esta evocación histórica, erigida con piedras de hace más de dos mil años.
Anabel y Fernando, precediéndome por el tramo llano y recto de la Vía Verde.
Cabras salvajes en las faldas de Peñarrubia, que ya no se inmutan ante la presencia del hombre. 
Esta parroquia que despunta como ninguna otra en Cehegín, siempre nos brinda mucho juego fotográfico.

Un palomo, posado en un cable de alta tensión, observando las evoluciones de los senderistas por la Vía Verde.
Mis amigos, dejado atrás el mariposeo del paseo anticolesterol, preparados ya para "entrar en harina..."
A punto de traspasar el barranco del Saltador, antiguamente, denominado El Partidor.
Este pasaje siempre me ha parecido espectacular.

Las posibilidades paisajísticas de este recorrido resultan más que notorias. Todo un deleite para las retinas y por ende, los sentidos.
Como decía Heráclito, ningún hombre se baña dos veces en el mismo río, porque ni el río es el mismo, ni el hombre es el mismo. 
Extrapolado a nuestra actividad favorita, en el senderismo ocurre exactamente lo mismo: nunca caminamos dos veces por el mismo sendero. El paisaje se transforma según la luz, el clima, el momento y nuestro propio estado anímico. Sin olvidar, por supuesto, que la compañía —ya sea en sentido positivo o negativo— también marca la diferencia.
Atravesando la infraestructura de red de los Canales del Taibilla. 
Obteniendo bonitas vistas hacia Caravaca y su descollante castillo.
El Real Alcázar-Santuario de la Santísima y Vera Cruz es una imponente fortaleza medieval del siglo XI reconvertida en santuario, ubicada en Caravaca de la Cruz, Murcia (España). En su interior se custodia la famosa reliquia de la Vera Cruz y se encuentra la impresionante basílica de fachada barroca.
Llegando al Rincón de los Fósiles, sito entre los parajes de La Bebedora y la Casa de Torre Mata. De momento, nada ha cambiado en el track que seguimos. Pero por poco tiempo.
Este gran ejemplar ha sido descubierto por Anabel y aquí queda inmortalizado digitalmente para los restos. Es precioso y me recreo a placer. Le hice tropecientas fotos.
Recorrido completísimo, sin duda. ¿Cómo era aquello de que una imagen vale más que...?
Por aquí ya sí hemos hecho una modificación del recorrido. En vez de llegado a un punto del sendero, salirnos de este y adentrarnos monte a través, por una zona muy enmarañada sin demasiado fuste, seguimos sendero hacia delante hasta conectar con la senda de subida hacia el Cerro de Mai Valera, que Anabel conoce muy bien por haberlo pateado muchas veces pero en sentido inverso al que nosotros llevamos. Por aquí nos aconteció una anécdota que nos puso las peras a cuarto, y que quiero ahora relatar para que no quede en el olvido. 
Resulta que escuchábamos el ruido de un motor a nuestra derecha, que todo parecía indicar correspondía al de un grupo electrógeno. Que si parece un camión; que si la caseta de un pozo de agua...total, que me separo unos metros del sendero porque para salir de dudas y porque uno es muy curioso, solo se trataba de desviarnos de la senda unos metros y acercarnos a ver de qué iba el asunto del ruido y el aparataje que a duras penas podíamos distinguir a través de los pinos. Me asomo y en efecto, se trata de un camión y detrás de él, unos apicultores embutidos en sus trajes espaciales, manipulando miles de insectos voladores envueltos en humo, acompañados de un zumbido ensordecedor, que por un momento, me pareció verme inmerso en una película de ciencia ficción sobre un virus letal. ¡Qué susto! ¡Cómo se me disparó la adrenalina! Era consciente del peligro así que les dije a mis compañeros que había que poner a toda costa, pies en polvorosa porque corríamos serio riesgo de que las abejas nos acribillaran al creernos una amenaza para su reina y colmenas. Había que poner tierra de por medio respecto de estas y entonces, Anabel comienza a hacer aspavientos diciendo que se le ha metido una abeja en la cabellera, y de que le acaba de picar otra o la misma en la nariz. Fernando acude al rescate, intentando localizarla entre el cabello de Anabel para espantarla y yo, distante unos metros de ellos, suplicándoles que no hicieran aspavientos, que como acuda todo el colmenar estamos perdidos. La cosa no pasó a mayores. El picotazo si existió fue leve porque apenas le molestó el resto de la ruta, pero los momentos de tensión y apuro fueron inenarrables. ¡Que por nadie pase...!
He consultado con la IA si realmente ante la situación descrita, corrimos serio peligro y me ha tranquilizado. Esta ha sido su respuesta: en realidad, no corristeis tanto peligro como parecía.

Aquí te cuento qué estaba pasando exactamente en esa escena y por qué los apicultores hacen lo que hacen.

El "secreto" del humo: ¿Para qué sirve?

Ese aparato que llevaba el apicultor se llama ahumador. Aunque pueda parecer que el humo es para "atacar" o dormir a las abejas, el efecto es totalmente diferente y muy pacífico. Sirve para dos cosas principales:

Simula un incendio (instinto de supervivencia): Al oler el humo, las abejas piensan que el bosque se está quemando. Su reacción instintiva no es atacar, sino correr a salvar su bien más preciado: la miel. Entran en la colmena y se atiborran de miel para tener reservas por si tienen que mudarse. Con el estómago tan lleno, se vuelven pesadas, letárgicas y les cuesta mucho más doblar el abdomen para picar.

Bloquea la comunicación de alarma: Las abejas se comunican por olores (feromonas). Cuando una colmena se abre, las guardianas liberan una feromona que huele similar a los plátanos para avisar de que hay un "intruso". El humo enmascara este olor, por lo que el resto de la colmena ni se entera de que hay peligro.


En resumen: El humo las tranquiliza y las distrae, haciendo que se olviden del apicultor (y de los senderistas).

¿Por qué llevan esos trajes tan aparatosos?

El traje de apicultor (o careta) es pura prevención. Aunque el humo las calma, el apicultor está abriendo su "casa" y moviendo los panales donde está la reina y la cría. Siempre puede haber alguna abeja despistada o más agresiva de lo normal. El traje blanco (un color que no les llama la atención, a diferencia de los colores oscuros que asocian con depredadores como los osos) simplemente garantiza que el profesional trabaje sin llevarse picotazos innecesarios.

¿Realmente corristeis peligro?

La respuesta corta es: No, si estabais a una distancia prudencial.

Las abejas melíferas no son avispas; no son agresivas por naturaleza porque saben que si pican, mueren (su aguijón se queda anclado y pierden la vida). Solo atacan si sienten que su colmena está bajo amenaza inmediata.

Cuando el apicultor trabaja, el radio de acción y de "tensión" de las abejas suele limitarse a unos 10 o 15 metros a la redonda de las colmenas. Si vosotros estabais pasando por el sendero y simplemente os quedasteis mirando desde una distancia prudencial, para ellas erais invisibles.
Ese es el problema, que nos acercamos apenas a dos o tres metros de donde se encontraban las colmenas.

¿Qué habéis hecho bien (y qué hay que hacer) en esa situación?

Si alguna vez os vuelve a pasar, las reglas de oro son:

Seguir caminando con calma: No os detengáis a un metro a hacer fotos, continuad el sendero.

Cero aspavientos: No corráis ni deis manotazos al aire si se os acerca alguna. Los movimientos bruscos las asustan.

Evitar perfumes fuertes: Si vais de senderismo, los olores dulces o muy florales les atraen.

Así que, ¡fuera miedos! Lo que presenciasteis fue un oficio milenario y precioso. Las abejas estaban demasiado ocupadas comiendo miel como para preocuparse por vosotros.
Después de esta digresión, entiendo que necesaria, habida cuenta las circunstancias que se nos dieron, seguimos con la ruta y con el hallazgo de nuevos bonitos fósiles en el camino.
Este tramo de sendero, que Anabel conoce muy bien y suele utilizar para descender del Cerro de Mai Valera, era un absoluto desconocido para mí. Añade unos cuantos enteros al potencial paisajístico del recorrido gracias a unos miradores fastuosos hacia la villa santa de Caravaca de la Cruz. Supongo que por la tarde tendrá incluso mejor luz para la fotografía, ya que a media mañana se halla en sombra. Aquí, el postureo se me antoja de ejercicio obligado, incluso hasta para lo más reticentes.
Sobre el horizonte recortada la sierra de Mojantes.
Anabel, contemplando el abierto y despejado paisaje caravaqueño.
Aquí, acompañada de un bizarro soldado cristiano de permiso, procedente de las cruzadas.
En esta otra, posa con Almanzor, el que se convirtiera en el terror de los reinos cristianos. Se dice que nunca fue vencido en el campo de batalla. 
Y aquí con Alfonso Fajardo "El Bravo", El guerrero indomable de Caravaca. La verdad es que esta mujer con indudable don de gentes, tiene amigos hasta en el mismísimo infierno y más allá.
Estos pintiparados miradores, ahora ya sí quedan recogidos dentro nuestro circuito senderista, por lo que este ha ganado muchos enteros en cuanto a potencial paisajístico se refiere.  
Pero hay que seguir. Después de este hallazgo —del que quedo muy satisfecho tras haber mejorado el track y haber contado con la experiencia y empatía de mis compañeros—, retomamos la marcha hacia la cima de Mai Valera. Desde allí, el paisaje es un espectáculo continuo. Esto es un no parar. ¡Y eso que nos conocemos la zona hasta la saciedad...!
Y digo yo, porque uno se pregunta cosas...¿a cuento de qué le viene este singular topónimo...? ¿Mai Valera? Se lo he preguntado a Santa Geminis y lo siguiente es lo que me ha contestado, lo que me resulta de lo más verosímil:

El Cerro de Mai Valera (a veces escrito de forma conjunta como Maivalera), situado en el límite entre Caravaca de la Cruz y Cehegín —muy cerca del paraje geológico de El Saltador y bañado a sus pies por el río Argos—, tiene un nombre que a priori suena enigmático.

Aunque en la toponimia popular rural a veces las historias se difuminan, los investigadores de la historia y el patrimonio de la zona (como los reflejados en publicaciones especializadas de la revista Alquipir) apuntan a una raíz muy ligada a la antroponimia (nombres de personas) y a la historia de la propiedad de la tierra tras la Reconquista.

El origen de este curioso topónimo se explica a través de sus dos componentes:

1. El misterio de "Mai"

En la zona del Reino de Murcia, el término "Mai" suele ser una evolución de un tratamiento de respeto familiar antiguo o una contracción de carácter romance o mozárabe.

En muchos casos, "Mai" o "Ma" actúa como el arcaísmo de "Madre" o "Doña" (similar al Mia o Mei medieval), utilizado para referirse a una mujer de cierta relevancia o respeto en la comunidad local (la "Madre Valera" o "Doña Valera").

2. El apellido "Valera"

Valera es un apellido histórico de gran calado en la Región de Murcia y, concretamente, en las poblaciones del Noroeste tras el proceso de repoblación que siguió a la Reconquista (a partir de los siglos XV y XVI, cuando la zona deja de ser una frontera peligrosa con el Reino de Granada).

Muchas de las tierras, cabezos, dehesas y cerros de la comarca se bautizaron con el nombre o apellido de los colonos, caballeros o familias terratenientes a quienes se les concedían los derechos de explotación o pasto.

De hecho, en registros históricos locales de Caravaca y Cehegín se asocia el entorno de este cerro a otras denominaciones de propiedad antiguas, como Torre Mata, vinculando el accidente geográfico a construcciones defensivas o fincas de estas familias.

En resumen

El nombre Cerro de Mai Valera es, con casi total seguridad, un topónimo de propiedad de origen bajomedieval o de la primera etapa moderna. Hace referencia a las tierras que pertenecieron o estuvieron bajo la influencia de una mujer de la familia Valera a la que popular o respetuosamente se conocía en el lugar como "Mai Valera" (Madre/Doña Valera). El lenguaje popular acabó fosilizando el nombre de la antigua dueña en la geografía física del cabezo.

Un rincón fascinante que hoy en día, además de por su historia, es muy conocido por los amantes del senderismo y por su impresionante patrimonio geológico del Jurásico.
FINAL SEGUNDA PARTE

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