17 mayo 2026

PASEO POR ALREDEDOR DEL CRISTO DEL CARRASCALEJO (BULLAS) II

Ahora atravesamos una preciosa zona del recorrido que discurre por el paraje de El Pinar y el Arroyo del Chaparral. Al fondo de la fotografía, podemos distinguir la carismática e inconfundible silueta de El Almorchón ciezano, que siempre destaca desde el noroeste murciano, cuando dirigimos la mirada hacia el noreste (NE).
Por aquí también nos tropezaremos, a la orilla del camino, con una carrasca monumental, que merece la pena inmortalizar. 
Dos senderistas con las que en un día gris, me tropecé por aquí.
Atentos aquí: en este cruce de caminos, debemos continuar por el que ya llevamos. El que surge a la derecha nos llevaría a las ruinas de la casa del Romero hasta conectar con el Sendero Natural del Romero (PR-MU 30). Este desemboca en el tramo asfaltado de la Vía Verde, muy próximo al cementerio de Bullas. Si se toma dirección Cehegín, discurre entre la depuradora de aguas residuales a la izquierda y las feas placas solares a la derecha, bautizadas con el eufemismo de "Ecoparque Solar de Bullas".

Cuando te la quieren "meter doblada", ya sabes que basta con utilizar prefijos como BIO o ECO para solucionarlo todo. Eso tiene un nombre: "ecoblanqueo" (o greenwashing). Las marcas, las empresas y, por supuesto, los políticos, se aprovechan de nuestra buena voluntad usando palabras que suenan a naturaleza para colarnos proyectos y productos que, en realidad, dañan igual o más que los convencionales. Por no hablar de la subida de impuestos con la excusa de preservar el medio ambiente. Si alguien de verdad cree que arrancar olivos para plantar placas solares o molinos de viento es más ecológico que un árbol de toda la vida, es que es tonto de capirote o un ecologista de chichinabo y salón. Perdón por la digresión. Sigamos.
Nos encontramos en un corto pero intenso tramo del recorrido, que discurre por las inmediaciones del arroyo del Chaparral, al que termina convergiendo, ya próximos a la pedanía ceheginera (Chaparral), el barranco de la Regidora o de La Asomadilla, como también se le denomina. Este torrente de aguas intermitentes, desemboca en el río Quipar, a la altura de La Pinosa.
En este tramo, la proximidad del arroyo y la humedad del subsuelo crean un auténtico oasis: un herbazal tan frondoso que, directamente, hace desaparecer el suelo. Aquí se camina un poco a ciegas y a la aventura. Esto, que para algunos es pura diversión, para otros es deporte de riesgo. Y es que la mente es muy malvada y te activa el modo "pánico selvático": empiezas a pensar que vas a pisar una señora culebra o un sapo de mirada aviesa que decide trepar pierna arriba buscando... en fin, lugares de nuestra anatomía que ni imaginarme quiero. ¡Que Dios nos pille confesados si el bicho, en legítima defensa, decide explorar más de la cuenta! ¡Ay, que por nadie pase! 
Este trecho, en todo caso, resulta muy bonito, agradable y divertido de franquear.
Como se puede observar, en este punto, el camino ha desaparecido. ¿Puede uno imaginarse algo más bucólico que caminar pisando margaritas que te llegan a las rodillas...? Por aquí, los pequeños y no tan pequeños, lo disfrutarán a norre.
Recreándome con la macro de la cámara...
Algo que suelo comprobar con harta frecuencia e ilustrado mediante imágenes en este blog, es la tendencia o tentación por mejor decir, que se observa en algunos titulares de campos de labor, en "comerse" en cada roturado, unos centímetros de un camino poco transitado, hasta que llega un día en que el mismo ha desaparecido como por ensalmo, aunque lo estás viendo en el gps. Esperemos que esta flaqueza humana, aquí no se produzca, por el bien futuro de mi circuit😏.



Nos encontramos pegados al perímetro delimitado de la EDAR (depuradora de aguas) de Bullas. Tras de unos metros, nos surge un camino a la izquierda que tomamos.
Pero antes, seguimos deleitándonos con los "momentos irrepetibles" que nos brinda una naturaleza en plena eclosión, atrapándolos con el sensor de la cámara y dejándolos a buen recaudo en su memoria.
Giramos por el camino que sale a la izquierda, en dirección al paraje de El Carrascalejo. A nuestro alrededor, el paisaje tornasolado, ahíto de primavera, sigue mostrándose espléndido.
¡Qué bonito, qué belleza, qué esplendor en la hierba...!
FINAL SEGUNDO CAPÍTULO

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