La pista se prolonga más allá de lo esperado, estirando el camino y la fatiga. Rebaso el cortijo de la Muela por su flanco occidental, ignorando su restauración reciente, tan impecable como carente de personalidad. Paso de largo sin que un solo detalle de su arquitectura actual, logre despertar mi interés. No sucede así con el cortijo del Bañador, que a pesar de no ser ya más que un montón de escombros, emana todavía de sus piedras y hechuras, un aura de su antigua alcurnia, el eco de un pasado esplendor que ni aún su actual devastación, ha conseguido borrar. Bueno, lo de mi propensión a registrar e inmortalizar cuantas ruinas me tropiezo por el camino, ya es legendaria en este blog.
Aquí hago un alto en el camino, no solo para mudarme de camiseta, cambiarle el agua al canario, beber y "meterme" la sustancia dopante que elabora mi parienta de una porción de alfajor sino también para admirar las vistas hacia el Calar de la Muela, mientras me preparo mentalmente para afrontar la dura rampa de la Cuesta del Bañador, que tengo por delante. ¡Vaya por dios, qué contrariedad! Acabo de reparar en que me he dejado olvidada la camiseta de recambio en el maletero del coche! ¡Mecachis!
¡Y eso que pensaba yo, que andaba muy despierto y lúcido por la mañana! No hay tu tía...
¡Siempre se me olvida algo, no lo puedo remediar, es mi sino...!
Al cuestarrón me lo como con patatas fritas en menos de lo que tarda en persignarse un cura loco y hemos cerrado el bucle más largo de los dos o tres de que se compone este bonito empero exigente track. Lo más duro lo hemos dejado atrás. Ahora toca desandar lo andado y ¡ojo!, con precaución porque durante la abrupta bajada, un resbalón o traspajazo lo tiene cualquiera. En fin, lo de siempre, que hasta el rabo, todo es toro.
Pero antes, otra vez afrontamos ese bonito tramo de llaneo, con vistas hacia el valle de los Calaricos, aunque ahora, con otra luz y el cielo más encapotado.
De nuevo tenemos frente a así, el enclave donde se asienta el castillo.
Y el cenajo surcado de oquedades como un queso Emmental.
Y otra vez la Fuente de Arriba, que ahora sí la vamos a disfrutar, bebiendo y remojándonos a placer.
Ahora viene la parte eminentemente turística de este completísimo e impecable track, ahíto de contrastes pues de zonas de solanas y umbrías, también de calizas puras pasamos a otra de ubérrimas huertas, de intensísimo verde donde discurre el agua a norre. En este tramo, resulta aconsejable mostrarse tan meticuloso como el autor del recorrido, ya que los lugares de interés se encuentran concentrados en pocos metros y corres el riesgo de saltarte alguno. Yo por si acaso, disparaba a todo lo que llamaba mi atención, procurando no dejarme un solo rincón sin recorrer.
Este es el emblemático y restaurado Molino harinero de Benizar, convertido en la actualidad en alojamiento rural. Las siguientes fotografías, fueron tomadas in situ y a escasos metros de este.
Manantial del Molino.
La Cascada de la Fuente de Arriba, bajaba bastante exigua, en apenas un hilo de agua.
La piscina del Molino ignoro si se mantendrá operativa en verano.
El entorno del Molino resulta muy bonito y acogedor, como se puede ver.
Planeas tu rutica de senderismo con unos amigos y programas hacer el receso para el bocata en este rincón, y quedas como dios. Existen varios de estos merenderos tan rústicos y sugestivos por aquí.
El Calar donde se asienta el Castillo.
El ala Este del Rincón de las Cuevas. Las mismas se encontrarían a la derecha de la fotografía.
Un simpático corcel que pacía tranquilamente por aquí.
Del entorno del Molino nos hemos trasladado al de la Fuente Fresca que se hallan contiguos. También muy coqueto y placentero de recorrer.
El lavadero al que aludía el cartel informativo.
Y del Barrio de la Fuente, nos trasladamos cuestarriba al de El Villar, erigido en torno a la Ermita de Santa Bárbara.
Las apariciones milagrosas acaecidas en el Monte de Benamor y en la Rambla de La Rogativa influyeron en el asentamiento definitivo en tierras moratalleras de campesinos y el afianzamiento de la fe cristiana en unas gentes con arraigado ascendiente morisco. Como consecuencia de ello se erigió la Ermita de Santa Bárbara, a la que el Concejo cedió el castillo benizareño.

A estas alturas de partido, el cansancio comienza a hacer mella. Con el Rincón de las Cuevas aún por alcanzar y bajo un sol de justicia, he dejado de recrearme en la fotografía, y en el Villar, casi paso de largo. Sin embargo, mientras me voy acercando al paraje estrella de este recorrido, me voy emocionando porque intuyo su presencia imponente, que disipará mi fatiga como por ensalmo. Ya me queda poco para comprobarlo.
El Castillo de Benizar, visto desde otra perspectiva.
Me tropiezo con los primeros carteles informativos del pintoresco lugar al que ahora me conduce el track.
Otro plano más de la peana orográfica donde se erige el castillo.
Comenzando a vislumbrar el paraje donde se encuentra el Rincón de las Cuevas.
¡Ummmm, la cosa promete...!
FINAL DE LA TERCERA PARTE








































































































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