Seguimos la pista en duro ascenso hasta que esta se extingue, convirtiéndose en un sendero que desciende durante unos cientos de metros. En la pantalla del GPS veo que el track tuerce hacia la izquierda, buscando la rambla de Majal Alonso. Entretanto, y para no pensar demasiado en el calor que me sofoca, me giro de vez en cuando para tomar estas fotos de la vertiente de la cuerda de la Sierra de las Cabras que cae a su cara más septentrional.
Hasta este cerro, que dejamos a nuestra mano izquierda llega la pista forestal donde se extingue.
Mirando hacia el Puntal de la Osera del Taibilla, 1615m. Por debajo pasa el cauce del Arroyo Blanco, que ya hemos atravesado por la pista, surgido en las faldas del Cagasero, con el que pronto convergeremos desde la rambla de Majal Alonso.
Este arroyo, vierte sus aguas en el río Taibilla, en las inmediaciones de Pedro Andrés, ya saben, aquel que se recorre desde Nerpio en la popular ruta del Zarzalar y vierte sus aguas en el embalse homónimo; aguas por cierto, que consumimos todos los del noroeste murciano, Cieza, Cartagena, Murcia, Lorca y la parte de Alicante (Orihuela) que linda con Murcia.
El sistema de conducción de la Mancomunidad de los Canales del Taibilla (MCT) es una de las obras de ingeniería hidráulica más descomunales y ambiciosas de España. Concebida originalmente en la década de 1920 y completada en su primera gran fase en 1945, se diseñó para llevar agua desde el nacimiento del río Taibilla (en Albacete) hasta Cartagena, Murcia y Alicante.
Cuando la gente habla de sus dimensiones "monumentales", generalmente se refieren a su espectacular despliegue técnico. El trazado principal se divide en dos tramos enormes (el Canal Alto y el Canal Bajo) diseñados para salvar una geografía dificilísima a base de túneles, acueductos y sifones.
Si se suman los túneles de ambos canales, los ingenieros de la época tuvieron que excavar casi 48 kilómetros de galerías subterráneas a través de la roca para que el agua fluyera por pura gravedad, manteniendo una pendiente mínima y constante.
Aunque los canales originales "alto" y "bajo" ya son gigantescos por sí mismos, el crecimiento de la población obligó a expandir la red. Hoy en día, la infraestructura total que gestiona la Mancomunidad parece una tela de araña colosal que abastece a más de 2,4 millones de personas (llegando a más de 3 millones en verano):
Canales principales cubiertos: Cerca de 500 kilómetros.
Conducciones forzadas (tuberías a presión): Más de 872 kilómetros.
Ramales de distribución secundarios: Un total de casi 3.000 kilómetros de tuberías uniendo 80 municipios de Murcia, Alicante y Albacete.
Zonas emblemáticas como los túneles de La Murta y del Roble (de 3 km cada uno) o el imponente paso del canal rodeando la falda montañosa de Sierra Espuña (donde hoy existe una famosa ruta senderista llamada "La Senda del Agua") dejan claro por qué se ganó el calificativo de monumental u obra faraónica. Era, literalmente, mover un río entero a través de las entrañas de tres provincias.
Yo hace muchos años, en el desempeño de mi trabajo, estuve regulando el tráfico en un punto conflictivo por donde pasaba uno de los tramos del canal del Taibilla. Entablé agradable a la par que interesante conversación con uno de lo ingenieros que por allí andaba supervisando, y tras la finalización de las obras de mantenimiento y mejora, tuvo a bien, enseñarnos al compañero y a mí, la envergadura real del túnel...nos quedamos patidifusos, con la boca abierta. Entre otros detalles, nos explicaba el ingeniero que las paredes de hormigón del túnel contaban con varios metros de grosor. Por ello, cada vez que transito un sendero que discurre por encima del CANAL, inevitable me resulta evocar las dimensiones grandiosas de esos túneles, que nosotros pisamos sin hacernos una idea de la colosal tronera longitudinal y el volumen de agua que realmente fluye por debajo de nuestros pies a una velocidad inusitada.
Y después de este breve inciso, seguimos con nuestra ruta.
Por aquí, la pista ya se ha convertido en un sendero atravesado de piedras que se han desprendido de una de las laderas de la Sierra del Talón.
E inmersos de lleno en la rambla, donde, en efecto, no corre un pelo de aire, a ver lo que esta nos depara. Despacico y buena letra, que diría aquel.
Pero visto lo visto, su declinación no es muy acusada. Pensaba que constituiría este tramo el punto culmen, el intervalo estrella de nuestro recorrido, pero bajo mi punto de vista, no lo es tal, ya que las curiosas formaciones geológicas con que nos tropezamos en el transcurso de nuestro descenso por la rambla, se pueden contabilizar en cuatro o cinco a lo sumo y para de contar. Por ello me supieron a poco. Aunque eso sí, se ofrecen visualmente imponentes, colosales, espectaculares. Por lo comprobado en Google Earth, existen por las inmediaciones unas cuantas de estas gigantescas formaciones geológicas, pero hay que trabajárselas y buscarlas una a una porque se encuentran muy diseminadas por la zona. Será cuestión de subir por una lado de la rambla, oteando desde lo más alto para localizarlas y bajar por el otro, a ver si con este barrido, podemos atrapar y dejar a buen recaudo en la memoria de la cámara, la mayoría de todas estas curiosidades geológicas, verdaderos caprichos de la naturaleza, consecuencia de la erosión y el discurrir del tiempo. Lo dejo pendiente para cuando lleguen temperaturas más frescas, pero esas bonitas fotografías que he visto desde la referida aplicación, tienen que ser tomadas desde mi propia cámara para luego volcarlas en Mi Viky y Yo. Escrito queda.
Gracias al mencionado colega senderista descubrí la Ventana del Tiempo, ya que es quien sube la mayoría de las fotos de esta zona a Google Earth. En sus imágenes suele incluir a su acompañante para que sirva de referencia y podamos apreciar la escala monumental de las formaciones geológicas. Aquí dejo unas cuantas a modo de muestra.
Regresamos a mi cámara.
Aquí me despisté un poco y traté de eludir el muro de contención que interrumpía el paso, por un sendero que se atisbaba a mi derecha. Como la bajada desde aquí no la veía sencilla, retrocedí y eché por donde indicaba el track, esto es, salvar la presa por su izquierda, maniobra mucho más sencilla y segura que la emprendida por mí. Caminando en solitario, la prudencia se debe extremar al máximo, asumiendo los mínimos riesgos necesarios. Aún así, siempre se producen tropiezos.
Tras la presa, ya nos enfrentamos a algunas curiosas formaciones geológicas, dignas de contemplar y fotografiar. Estamos en Los Cocorotes.
Se presentan enormes. He aquí una de las desventajas de caminar en solitario, no contar con un modelo de comparación a escala natural.
A la altura de este espigado y hermoso chopo, la rambla que llevamos confluye con el cauce del Arroyo Blanco del que antes dábamos alguna pincelada.
En circunstancias normales, sin tanto calor y con pantalones largos, me hubiera aventurado hacia el interior de una rambla que surge a nuestra derecha, donde la cartografía indica que se encuentra la Fuente de Arenalejos, Tejo de las Yeguas, y la Cueva del Tejo, zona de ubicación que se atisba en la imagen, donde al parecer también se localiza El Puñal, uno de los más llamativos pináculos geomorfológicos que más adelante, habrá que currarse para poder fotografiarlo. Pero como ya ha quedado dicho, decidí dejarlo para cuando decida volver por aquí tras la pista de los desperdigados frailes o columnas rocosas de Majal Alonso.
Estos pedruscos son enormes. Y llevaba trípode y toda la parafernalia necesaria para poder inmortalizarme junto a algunos de ellos, pero con el bochorno abrasador que sentía encajonado en la rambla, se me quitaban las ganas de preparar los bártulos para lucir palmito o posturear al lado de semejantes mastodontes kársticos.
Asomando Los Cacarines, de la sierra de las Cabras.
Por aquí se puede observar una manguera que seguramente viene de la Fuente de Arenalejos con dirección hacia algún tornajo o abrevadero.
En esta gran explanada donde el lecho de la rambla se ensancha sobremanera, me despisté un poco y seguí hacia adelante hasta toparme con una gran presa que salvaba bastantes metros de desnivel. Al consultar el GPS, pude darme cuenta de que el track no seguía el cauce de Arroyo Blanco sino que en la intersección entre ambos accidentes geográficos (confluencia entre rambla y arroyo), el recorrido buscaba conectar con una pista en duro ascenso que tomaba la dirección de Cañadas de Arriba. No tuve más remedio que retroceder unos metros y coger la dirección correcta. Si hubiera seguido el sendero y más tarde un camino que toma hacia el oeste, hubiera desembocado en la carretera del Camino Rural de Fuente de la Carrasca a la altura más o menos de la cantera de Las Pilas.
Ya remontamos por la empinada pista donde comienzo a sentir una ligera brisa que lenifica el fuego abrasador que tritura mis piernas y achicharra las pocas neuronas que aún me mantienen lúcido.
Ahora viene una prolongada pista en fuerte pendiente que de forma paulatina, me va sacando de esta hoya incandescente hacia el paisaje abierto de la refrescante y hermosa cañada.
Ya un poco repuestos de la calorina sufrida en la rambla y más tarde en la dura subida por la pista, llegamos a las inmediciones de Cañadas de Arriba, que ya estamos divisando desde esta restaurada bonita tinada.
Desde lejos, me estaba relamiendo de lo que pensaba hacer al llegar a este abrevadero. Pero mi gozo en un pozo. Había tantos insectos revoloteando alrededor y otros microorganismos de repelente aspecto pululando bajo la superficie, que no me pareció ni prudente ni sugestivo zambullir algunos de mis miembros en el agua. Y menos la cabeza. Me imaginé toda suerte de pirañas o peor aún, tábanos haciendo presa en mi vetusto pellejo, que pasé de largo, sin siquiera mirar atrás. Hasta que no atravesé el encinar que se atisba al fondo y remonté hacia Cañadas de Arriba, no pude respirar tranquilo.
Y esto es lo que queda de Cañadas de Arriba, cuya belleza del paisaje donde se enmarca, queda fuera de toda duda, sobran las palabras y a las imágenes me remito.
La cuerda de la Sierra de las Cabras quedaría más a la izquierda, fuera de encuadre de la fotografía. Lo que desde estas ruinas se otea en la distancia es el Cerro del Oso, Cerro del Oro, Cetro Patricio, Calar Blanco, Loma del Calar de Lorito, etc.
Al alcanzar el paraje de Cañadas de Arriba, el paisaje sobrecoge. Frente a mí se alzan los restos de su vieja cortijada y su tinada, donde el tiempo parece haberse detenido. Como se aprecia en las imágenes las fachadas de piedra caliza se recortan contra un cielo azul poblado de algodonosas nubes, dejando al descubierto el esqueleto de madera y adobe de unas viviendas que desafiaron durante siglos el aislamiento de estas tierras de Nerpio.
Este paraje, situado en una de las zonas más bellas, aisladas y de mayor altitud de la Sierra de Segura (bajo la imponente mole de la Sierra de las Cabras), es el vivo reflejo del abandono rural y la dureza de la vida pastoril de antaño.
Vestigios del olvido en la alta montaña cuyos recios muros de mampostería aún resisten el paso del tiempo bajo el cielo de la Sierra de las Cabras, mientras que sus vigas y cubiertas colapsadas narran el fin de una era de pastores y vida rural.
Sierra de las Cabras que tantas veces recorrí en compañía de Viky.
Dejamos atrás Cañadas de Arriba, que de ahora en adelante, cuando pase cerca de aquí, ya puedo decir que la hollaron mis pies y ahora, a través de una pista que pica hacia abajo, buscamos la confluencia con el Camino Rural de Fuente de la Carrasca que pronto alcanzamos. El track alterna con el tramo antiguo del referido camino, antes de que lo asfaltaran. Nosotros lo seguimos porque el asfalto, cuanto menos lo sufran mis pantorrillas y las Sportivas, mejor que mejor.
Durante este interminable final de tramo, me tropecé y pude capturar a este simpático y curioso cervatillo.
Puntal de la Osera del Taibilla,1588m. que antes vimos desde otro ángulo y distancia.
Y pocos metros antes de cerrar el círculo donde por la mañana había dejado estacionado el coche, capturo el igualmente ruinoso Cortijo de la Guijarrilla que nos aporta las siguientes y últimas fotografías a esta nueva excursión por tierras nerpianas, que ha discurrido entre otros lugares, por la Ventana del Tiempo, el cortijo del Royo del Artuñio, el arroyo del Toñido, Cañadas de Abajo, la fuente de la Carnina, las faldas de la vertiente norte de la siera de las Cabras, la rambla de Majal Alonso, Cañadas de Arriba, etc, en un circuito circular de 22 kilómetros, que en algunos momentos nos ha puesto las peras a cuarto por el fuerte calor reinante durante toda la ruta, pero como palos con gusto no pican, pues ni quejarme debo porque bien está lo que bien acaba y a este reportaje fotográfico y mi particular experiencia personal me remito, que al fin y a la postre es de lo que va este blog.
¡HASTA LA PRÓXIMA!
















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