Ahora atravesamos una preciosa zona del recorrido que discurre por el paraje de El Pinar y el Arroyo del Chaparral. Al fondo de la fotografía, podemos distinguir la carismática e inconfundible silueta de El Almorchón ciezano, que siempre destaca desde el noroeste murciano, cuando dirigimos la mirada hacia el noreste (NE).
Por aquí también nos tropezaremos, a la orilla del camino, con una carrasca monumental, que merece la pena inmortalizar.
Dos senderistas con las que en un día gris, me tropecé por aquí.
Atentos porque en este cruce de caminos, se continua por el que llevamos. El que surge a la derecha, nos llevaría a las ruinas de la casa del Romero y siguiendo el camino de los Muletos, al tramo de la Vía Verde asfaltado, muy próximo al cementerio de Bullas, que discurre por las márgenes de la depuradora y las feas placas solares, cuyo eufemismo utilizado es el de "Ecoparque Solar de Bullas". Cuando te la quieren "meter doblada", ya sabes que con utilizar prefijos del tipo BIO y ECO, entre otros, ya está todo solucionado. Y eso tiene un nombre, "ecoblage". Las marcas y empresas se aprovechan de nuestra buena voluntad usando palabras que suenan a naturaleza para colarnos productos que, en realidad, contaminan igual o más que los convencionales. Si alguien cree que arrancando olivos para plantar placas solares o molinillos en su lugar, es más ecológico que un árbol de toda la vida, es que es tonto de capirote o un ecologista de salón. Perdón por la digresión. Sigamos.
Nos encontramos en un corto pero intenso tramo del recorrido, que discurre por las inmediaciones del arroyo del Chaparral, al que termina convergiendo, ya próximos a la pedanía ceheginera (Chaparral), la rambla de la Regidora o de La Asomadilla, como también se la denomina. Este torrente de aguas intermitentes, desemboca en el río Quipar, a la altura de La Pinosa.
Es un intervalo del recorrido, que dada la proximidad del arroyo, con gran humedad emanando del subsuelo, propicia un frondoso herbazal que oculta en parte la superficie del camino. Se camina un poco a ciegas, sin saber donde se pisa, y lo que para algunas personas puede resultar divertido, para otras, no tanto, ya que les da por pensar que pueden pisar a una recia culebra o un repelente sapo, que en venganza, se les pueda subir por la pierna y desde esta, a lugares de la anatomía que ni imaginarme quiero. ¡Que por nadie pase dios mío...!
Este trecho, en todo caso, resulta muy bonito, agradable y divertido de franquear.
Como se puede observar, en este punto, el camino ha desaparecido. ¿Puede uno imaginarse algo más bucólico que caminar pisando margaritas que te llegan a las rodillas...? Por aquí, los pequeños y no tan pequeños, lo disfrutarán a norre.
Recreándome con la macro de la cámara...
Algo que suelo comprobar con harta frecuencia e ilustrado mediante imágenes en este blog, es la tendencia o tentación por mejor decir, que se observa en algunos titulares de campos de labor, en "comerse" en cada roturado, unos centímetros de un camino poco transitado, hasta que llega un día en que el mismo ha desaparecido como por ensalmo, aunque lo estás viendo en el gps. Esperemos que esta flaqueza humana, aquí no se produzca, por el bien futuro de mi circuit😏.
Nos encontramos pegados al perímetro delimitado de la EDAR (depuradora de aguas) de Bullas. Tras de unos metros, nos surge un camino a la izquierda que tomamos.
Pero antes, seguimos deleitándonos con los "momentos irrepetibles" que nos brinda una naturaleza en plena eclosión, atrapándolos con el sensor y dejándolos a buen recaudo en la memoria de la cámara.
Giramos por el camino que sale a la izquierda, en dirección al paraje de El Carrascalejo. A nuestro alrededor, el paisaje tornasolado, ahíto de primavera, sigue mostrándose espléndido.
¡Qué bonito, qué belleza, qué esplendor en la hierba...!
FINAL SEGUNDO CAPÍTULO










































































































































