Por aquí me hallo, una vez más, dispuesto y predispuesto a relatar a mi estilo y manera, en este cuaderno bitácora y a golpe de fotografía, según se me vaya ocurriendo, una excursión que hice por uno de los rincones más fotogénicos y auténticos de la región de Murcia, con ese aire de frontera que transmite solera; de tiempo detenido que seduce y engancha.
Recuerdo que el final de la última Adenow, celebrada en noviembre de 2025, que acababa en Benizar, fue espectacular. Después de casi 36 km y 2400 metros de desnivel acumulado, con las piernas ya cansadas, hechas fosfatina por mejor decir, de pronto, nos dábamos de bruces con aquel auténtico despeñadero vertical, cuyo descenso nos parecía a todos cuasi inverosímil. ¡Y tenemos que bajar por aquí?, nos mirábamos unos a otros con claro gesto de perplejidad. De suerte que llevábamos a los guías, a quienes se veía bastante tranquilos, por lo que, algún cuele debía existir para que el descenso hacia el terreno civilizado que atisbábamos allá abajo, no fuera tan arriesgado como parecía desprenderse de la abrupta orografía que teníamos a nuestros pies.
A una de las fotografías con que ilustraba la situación, le escribía la siguiente reseña: "En efecto, la bajada es bastante pronunciada, tiene estrechamientos y hay que hacerlo con mucho tiento y de uno en uno. De ahí el tiempo extra que aseguraban los guías debíamos emplear para franquear este corto pero escabroso tramo. Teníamos enfrente las ruinas del castillo de Benizar y desde luego, visto lo visto, me quedé con la copla y las ganas, de hacerle una visita más pormenorizada al paraje, que a la hora en que nosotros lo recorrimos, ya comenzaba a hallarse envuelto en las sombras...".
En su momento, me descargaría de Wikiloc, un posible recorrido, que entre otros lugares, contemplaba el paso por las ruinas del castillo y por aquello de sudar la camiseta, también una incursión a la vecina sierra de la Muela, que también tenía en cartera y pendiente de hollar, desde que visualmente reparé en ella, pateando la sierra del Cerezo. ¡Mira que bien, voy a matar dos pájaros de un tiro!, me dije.
Pero el día antes de hacer la ruta, mientras refrescaba la memoria y estudiaba los posibles puntos críticos del itinerario, se me ocurrió volver a indagar en Wikiloc y mira tú por donde, me tropiezo con una ruta de publicación reciente, hecha en estos pagos, por el eximio Peplo007, acompañado de su inseparable compañera de fatigas, Sonja la roja. Me la descargo, le echo una ojeada y es la que decido finalmente introducir en el gps para llevarla a efecto, al parecerme más interesante y completa que la primera, por cuanto combina exigencia física con un recorrido en su tramo final, eminentemente turístico. Los track de este meticuloso colega montañero, suelen estar muy bien descritos y aún mejor ilustrados, conteniendo muchos Waipoint que facilitan sobremanera el paso por los puntos críticos.
Y así es como el día de mi cumpleaños, decido celebrarlo por todo lo alto, embarcándome en una ruta montañera de 19 km y casi 1100 metros de desnivel. Me advierto buenas sensaciones, excelentes piernas y la frescura mental suficiente para estar atento a los detalles; para manejar con agilidad y destreza los parámetros de la cámara. ¡Yupiiiiiiiiii, el día prometeeeee! Como indica el track circular en su punto de inicio, estaciono el troncomóvil en una calle adyacente al restaurante El Manta (sito en la travesía), donde preveo que permanecerá todo el día a la sombra.
Benizar siempre ha evocado en mí, recuerdos épicos, porque en mi casi olvidada etapa de habitual participante de pruebas cicloturistas, cuando concurría a la anual cita de la marcha ciclista Sierras de Moratalla, celebrada en el mes de mayo, cuando pasábamos por aquí, con las fuerzas ya muy mermadas, había que lidiar con esos cuestarrones de infarto que existen camino de El Sabinar. Y en el transcurso de este exigente tramo, o lograbas superarlo, siempre con denodado esfuerzo o fenecías en el intento. No había otra. Representa este el momento crítico, la prueba del algodón que no engaña. Si logras salir airoso de estas terroríficas rampas (aunque todavía restan hasta meta, una suerte de traicioneros rompepiernas, verbigracia, el de los Álamos), bien se puede decir, que el objetivo está casi conseguido. De las siete u ocho veces que la hice, solo un año me tuve que retirar antes de cruzar la meta. Poco antes de llegar a Benizar, el tío del mazo hizo acto de presencia y me atizó con tal saña y mala baba por detrás de las corvas, que me dejó las piernas hechas bicarbonato, listas de papeles, como si fueran de trapo. Y con esta lastimosa estampa me encontró mi amigo Pedro, que formaba parte de la organización, hecho una piltrafa, tirado, apoyada la espalda sobre el tronco de una vetusta olivera, con la cara más blanca que la del papel de fumar, toda cubierta de sales, la mirada extraviada, más deshidratado y pansío que un higo seco. Si no llega a ser por él, seguro estoy que mi exánime y triste figura hubiese acabado a merced de los buitres.
A los pocos metros de iniciar el camino, me tropiezo con el primero de los Waipoint de la ruta, uno de los lavaderos de Benizar. Este es el más grande de los tres con que me tropecé.
¡Qué hermosura de profusa agua discurriendo por Benizar!
El track gira a la derecha, cogiendo la calle Parras que tras de unos metros, converge con la carretera hacia El Sabinar.
Peña Clemente, 1265m.
Promontorio de la cara ESTE del espectacular paraje, Rincón de las Cuevas, que se encuentra frente al castillo, por cuya izquierda de la imagen, los de Adenow descendimos.
El ala norte del promontorio calizo donde se asienta el Castillo de Benizar.
Supongo que aquella gran oquedad que se observa en la imagen, se hará inexpugnable sin cuerdas ni conocimientos de escalada.
Benizar no es la típica población de llanura. Se asienta a casi 900 metros de altitud y lo que al instante llama mi atención son sus bonitas casas, de fachadas en tonos cálidos muy mediterráneos (blanco, crema y beige), rodeadas de olivares, almendros y
nogales. Es la representación perfecta de los pequeños poblados del noroeste murciano; el de la Murcia profunda y montañosa.
Al "enorme ojo", desde esta otra perspectiva acercado con el zoom, parece que se le advierten unos huecos o asideros desde los que poder trepar. O quizá, se puede acceder a la cueva, desde arriba. Este enclave se encuentra atravesado de abrigos y covachas, como por ejemplo, el de la Pila del Fraile, que el track no contempla y que he descubierto su existencia a posteriori de mi recorrido. Parece ser que cerca de estas oquedades hay tramos de escaleras picadas en la propia roca o senderos estrechos que permiten ganar altura y entrar en los abrigos con relativa facilidad. Si vuelvo por aquí, que creo muy probable, por lo que me impresionó el Calar de Benizar, tendré que investigar a ver si existe modo sencillo y sin peligro de acceder a esa impresionante caverna que se observa en el Cenajo. Hasta he leído que resulta relativamente fácil descubrir pinturas rupestres en su interior.
Uno de los cuatro barrios (El Molino, La Fuente, La Tercia) emblemáticos de Benizar, El Villar, estructurado en torno a la ermita de Santa Bárbara.
La ermita de Santa Bárbara.
Visto desde aquí, yo diría que se puede subir con relativa sencillez. ¡Menudas fotos al contraluz tomaría desde el interior de la cueva! Por debajo sí existe un sendero que recorre el Calar de Benizar.
Antes de atacar las empinadas rampas de subida al castillo, me desvío unos metros hacia mi derecha, para echarme un trago de la Fuente de Arriba, por la que volveré a pasar al regreso.
Las casas de El Villar y al fondo, la Sierra del Canalón.
Desde este ángulo o plano, veo perfectamente factible el acceso a la cueva. Estaré en lo cierto?
La subida al castillo resulta bastante empinada, por sendero muy pedregoso, pero a lo chano chano, con pasicos cortos y vista larga, antes de que te des cuenta, te encuentras arriba.
La visión del cenajo me embelesa. Le tomo fotografías hasta la saciedad. Cuando algo me gusta, reconozco que no tengo hartura.
Pero este centinela pétreo de la Benizar ancestral, acapara todo el protagonismo. No hay elemento orográfico en sus inmediaciones que lo pueda eclipsar. La belleza infranqueable, ruda, escarpada del enclave, me resulta etérea, sublime.
Desde esta pintiparada atalaya, se obtienen magníficas vistas de Benizar y su entorno.
Fortaleza de origen islámico (siglo XII-XIII), el castillo está construido sobre un cuasi inexpugnable calar rocoso que domina el núcleo urbano y sus alrededores. Como se puede observar, poco queda ya de lo que alguna vez fuera una fortificación defensiva, atalaya de comunicación y alerta de moros sobre el horizonte. Por lo que parece, solo permanecen en pie, dos de los muros almenados de la torre del homenaje, que se mimetiza de forma asombrosa con la piedra natural del enclave. Es la imagen que mejor define la simbiosis entre el hombre y la geología benizareña, en el lógico aprovechamiento de los recursos del entorno, práctica en el homo sapiens, tan vieja como su estornudo.Aquí sí es verdad que no hay tu tía. Alcanzar la cúspide requiere de material y/o conocimientos previos de escalada, porque de lo contrario, a pelo, se le antoja a este profano en la materia, de todo punto inexpugnable.
Pero ya que estamos aquí, recorramos su perímetro natural que resulta ser mucho más amplio de lo que la planicie inclinada de su contorno, sugiere desde abajo. Y de paso, seguiré admirando el paisaje que se me va ofreciendo en derredor.
Desde esta fortaleza, se tenía acceso visual a otra que existía hacia el Oeste, el Castillo de Priego, en la actualidad, también en ruinas y hacia el castillo de Socovos, primer bastión cristiano de la sierra al sur del río Segura, un territorio de inmensa mayoría morisca, pese al supuesto dominio de la Cruz.
Oteando hacia el horizonte desde este magnífico mirador, se revela ante mí la verdadera magnitud de esta pedanía de Moratalla, un municipio que cautiva por sus pintorescas aldeas diseminadas en un entorno natural tan vasto y singular que se ha ganado el sobrenombre de la Provenza murciana.
Me pregunto con qué artilugio o modo de conexión contaban para comunicar el albacar con la celoquia y torre del homenaje. ¿Y si existiera un pasadizo vertical, perforado en la roca, con unos peldaños labrados en forma de caracol, que quedó cegado y olvidado desde los tiempos en que esta fortaleza, como tantas otras, quedó sin objeto...? Yo ahí lo dejo.
Yo desde aquí veo factible profanar la cueva, ahora bien, regresar quizá resulte algo más complicado.
He aquí una exuberante mata de cañaheja (Ferula communis), y el fachoso zurrón que portaba mis apechusques de aquel pletórico e inolvidable día.
Por el tajo más próximo a la derecha de la imagen, nos descolgamos en la Adenow de 2025, de la que me han llegado noticias, que este año, por razones que todavía desconozco, no se va a poder celebrar.
Vista del cenajo y de su ojo que me lleva loco...que ya he perdido la cuenta de las veces que le he disparado. Por eso lo he dejado tuert😜. Tomada la foto desde uno de los antiguos aljibes del castillo.
Lo cierto es que la Torre del Homenaje parecía inexpugnable. La única manera de tomarla o rendirla me imagino que sería sometiéndola a sitio. Seguro estoy que también contaría con su propio aljibe.
A este aljibe en cuestión, por lo que parece, le cabían muchos metros cúbicos de agua, los suficientes para soportar un largo asedio.
La mata de cañaheja a punto de eclosionar, lo mismo que el Ojo del Cenajo, me siguen ofreciendo un estupendo juego fotográfico.
Un trozo de muro del albacar que sólido e impertérrito, todavía resiste el paso del tiempo.
Si vienes por Benizar, subir al castillo resulta casi obligatorio. ¡De visita ineludible, no te digo más! Porque hay lugares que exigen ser compartidos. El Castillo de Benizar es uno de ellos; no solo por la recompensa tras la subida, sino porque en escenarios así se echa en falta una figura humana que ayude a la cámara a captar la verdadera esencia y magnitud del paisaje. Pero claro, a falta de pan, buenas son las tortas y por ello, como diría Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como...😁
Ante mis sorprendidos ojos se alza este fastuoso centinela de piedra. Lugares con esta carga telúrica despiertan en mí todo tipo de evocaciones históricas. Al tomar distancia y enfocar la mirada hacia la torre del homenaje, el tiempo parece plegarse: casi puedo distinguir las siluetas de quienes, en plena Edad Media, desafiaron al abismo para levantar piedra a piedra los muros que hoy ya no existen.
La población que se distingue a lo lejos es Socovos, cuyo vigía del castillo, mantenía contacto visual con el de Benizar. Seguro que durante la noche, hasta distinguirían como el camarada del otro castillo le arrimaba el Zippo a su Celtas Cortos.
Decía 6 ó 7 fotos más arriba, que a falta de modelo, bien me puede valer Yoda, qué remedio, aunque en el pico de los Donceles me echó el gas, que dado su pésimo humor de los últimos tiempos, me estaba planteando seriamente el prescindir de él y dejarlo en el paro, abandonado como un juguete roto, metido en un caja de cartón de Amazon. Que sí, que otro comodón meapilas buscando la paguita y tal, pero queramos o no queramos, es el destino inexorable de millones de personas en los próximos años, esto es, quedarse sin curro por el imparable avance de la IA. Pero me daba lástima. Yo puedo tener muchos defectos, pero no soy un ingrato. Se ha ganado sus vacaciones indefinidas sin tener que aguantar más al tocapelotas de su dueño y de vez en cuando, me lo seguiré trayendo, tomándole fotos para que las suba a Instagram, que yo sé que le gusta porque recibe muchas visitas y likes de sus miles de fans; además, ¡qué menos que mostrarme complaciente como premio a los servicios prestados! ¡Venga Yoda, luce aquí en toda tu salsa, que lo que queda de este castillo sí que es de tu época!
Ocupación de Benizar por campesinos bereberes.
Tras el Pacto de Teodomiro (713) entre árabes y visigodos las tierras murcianas pasaron a ser una provincia islámica dependiente de Córdoba. Benizar, al igual que sucedió con el resto de sierras del Segura, fue ocupada por grupos de bereberes, integrados por campesinos y vinculados a la jurisdicción del Hisn de Muratalla, centro administrativo y militar de la comarca. Los musulmanes emprendieron un notable desarrollo agrícola y ganadero de la zona, asentando el cultivo del olivo y el pastoreo de la oveja segureña. Durante la etapa del Califato de Córdoba Benizar pertenecía a la cora de Tudmir, dentro del Iqlim de Segura, como el resto de las tierras moratalleras colindantes. Cuando el Califato se fraccionó en taifas, estas tierras pasaron a formar parte de la Taifa de Mursiya.
El Castillo de Benizar: atalaya fronteriza y nexo de comunicación entre Moratalla, Socovos y Priego.
La inseguridad del ambiente político propició la aparición de hisn o núcleos fortificados durante los siglos XII y XIII. El Castillo de Benizar se erigió imponente en el siglo XII sobre un peñón imposible, desde el que dominaban las fértiles huertas que regaba la Ain-Kibir (Fuente de Arriba) y el Camino de Muratalla. Lo arriscado de su emplazamiento lo convirtieron en una de las fortalezas más inexpugnables de la zona, un lugar donde los habitantes de las alquerías diseminadas por el valle se guarecían cuando había razias.
La función principal de este Castillo era de atalaya fronteriza y vía de comunicación con Socovos, Moratalla y la inmediata fortaleza de Priego. En lo alto del cerro del Castillo de Benizar aún se alzan los restos de paredes almenadas de lo que fue una de sus torres. El segundo cuerpo es un escarpado nivel montañoso que supera los cuarenta metros de altura y al que no se podía acceder a pie, sino empleando algún tipo de escalera. Cuando el peligro fue de menor envergadura, los pobladores de la fortaleza bajaron a vivir al primer cuerpo, donde se han hallado restos de lienzos de muralla, torreones, viviendas y fragmentos de cerámicas.
Una vez desaparecida la amenaza fronteriza, estas gentes abandonaron la altura y descendieron al valle. El hallazgo en la década de los noventa de un área de enterramiento islámica en la ladera sur del castillo y la abundancia de tradiciones y elementos musulmanes de la Baja Edad Media confirman lo dilatado del período de poblamiento de la zona.
Bajo el poder de la Orden Militar de Santiago.
Tras la victoria de Alfonso VIII de Castilla en la batalla de las Navas de Tolosa (1212) Al-Andalus comenzó a desmoronarse. Aprovechando la coyuntura, en 1242 Pelay Pérez Correa, maestre de la Orden de Santiago y Comendador Mayor de Castilla, conquista Segura de la Sierra y Chinchiya.
Fernando III, en Carta de Donación firmada en Burgos el 21 de agosto de 1242, concede Segura con todos sus términos a la Orden y un año más tarde, en la Carta de Confirmación firmada por el infante don Alfonso, ya aparecen los nombres de Moratalla, Priego y Benizar como aldeas mudéjares dependientes de Segura de la Sierra. En 1245 el Comendador don Pelay creó las encomiendas de Moratalla, Yeste y Taibilla. De esta forma Moratalla alcanzaba el privilegio de villa y se segregaba de la jurisdicción de Segura de la Sierra. A pesar de ello, la población mudéjar continuó establecida en la zona.
Con el objeto de favorecer el proyecto repoblador del siglo XIII, la Orden de Santiago otorga el Fuero de Cuenca a estas tierras de frontera, una norma legal que emplearon los cristianos tras la Reconquista para repoblar y reorganizar la convivencia. Pero la proximidad al umbral de la Cristiandad, que con frecuencia asistía a cruentas razias, hicieron inviable la repoblación, permaneciendo los habitantes en castillos y fortalezas de las villas, por miedo a ser masacrados.
En 1264 estalló la sublevación mudéjar como respuesta al incumplimiento de algunas de las condiciones del Tratado de Alcaraz (1243) por parte de Alfonso X y su Corte. Moratalla cayó en manos de los sublevados y con ella Burgueía, Vulteirola, Priego y Benizar. Según documentos del maestre Pelay, tras la Reconquista de 1266 la población seguía siendo mayoritariamente mudéjar. Como última referencia a Benizar durante este período medieval, cabe citar que en 1347 su fortaleza fue reformada por el comendador Ruy Chacón.
Benizar es repoblado.
La inseguridad era latente en Benizar en una época en la que la cercanía a la frontera con el reino nazarí de Granada, último bastión de Al-Ándalus, podía acarrear graves peligros a sus habitantes. Las frecuentes razias sembraban de temor la serranía moratallera, propiciando el despoblamiento de la zona hasta entrado el siglo XVI. Las tierras yermas quedaron en manos de la Encomienda y del Concejo de Moratalla, siendo el Castillo de Benizar para la primera. Pero la reconquista de Huéscar en 1488 alejó la frontera y permitió mayor grado de seguridad, teniendo en cuenta que Al-Ándalus asistía a su último hálito de vida.
En resumidas cuentas y recapitulando, se puede decir que el castillo de Benizar no es una construcción de una sola época, sino una superposición de necesidades defensivas.
Que la primera piedra la colocaron los musulmanes (almohades). En esta época no era un palacio, sino un hisn: un castillo refugio vinculado a una comunidad rural. Su función era vigilar los pasos de montaña y servir de defensa ante el avance cristiano. La técnica constructiva principal fue el tapial (tierra prensada con cal), cuyos restos son los que vemos que aún desafían la gravedad en la cumbre.
Tras el Tratado de Alcaraz (1243), la zona pasó a manos cristianas, pero su importancia creció exponencialmente. Benizar se convirtió en tierra de frontera con el Reino Nazarí de Granada.
El castillo fue integrado en la Encomienda de Moratalla, bajo el control de la Orden de Santiago.
Los caballeros santiaguistas reforzaron la estructura para adaptarla a las nuevas tácticas militares, añadiendo posiblemente elementos de cantería y mejorando los aljibes (fundamentales para sobrevivir a un asedio en esa roca seca). Seguramente fue esta su época de mayor apogeo en cuanto a épica y acción se refiere. No en vano, los vigías santiaguistas tenían que estar muy atentos a las frecuentes incursiones granadinas que subían por el río Segura y sus afluentes. ¡Menudo periodo más agitado y conflictivo de nuestra historia tuvo que ser aquel! Y ahora, estamos dejando que invadan nuestro territorio, se apoderen de él, impongan sus medievales costumbres, sin decir ni pio, no sea que nos tachen de malvados racistas y xenófobos. Poco nos pasa. ¡Hatajo cobardes acomplejados! Lo pagaremos muy caro, al tiempo. De hecho, ya está pasando, de barrios, de poblaciones de España (y de toda Europa) que ya no son cristianas sino musulmanas, en cuyos lugares, por su propia idiosincrasia y forma de entender la vida, los índices delincuenciales han subido exponencialmente y lo siguen haciendo.
Bueno Gemini, y ya puestos, ¿tú no me podrías hacer una recreación aproximada del aspecto real que pudo tener el castillo en su época de mayor esplendor?
- ¡Jope, yo creo que te has pasado, no?, realmente crees que pudo haber sido así?
- Sí y no. Mi recreación es ambiciosa para el espacio que ofrece la peña, pero se basa en la tipología de las fortalezas de la Encomienda de Moratalla.
Lo que es realidad es que el castillo aprovechaba la geología. En estas estructuras, la roca no es solo el cimiento, es parte del muro. La torre que hoy ves en ruinas (esos restos de tapial que coronan la cima) era la Torre del Homenaje, el último reducto de defensa.
Pero el Castillo de Benizar sería probablemente más austero y compacto. Se dividía en dos recintos: la celoquia (en la parte más alta, donde están los restos actuales) y un albacar (un recinto amurallado inferior donde se refugiaba la población y el ganado en caso de ataque).
- De acuerdo, te lo compro, pero esa acusada inclinación que hoy se puede observar en la explanada donde supuestamente se asentó el recinto amurallado inferior, dónde te la dejas, ahí has obrado a tu libre albedrío como agente de la IA 007, con licencia para hacer de tu capa un sayo.
Lo siento, pero no me convences...
























































































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