Estaba yo un día, no hace mucho, en compañía de la parienta, tomándome una cerveza en la terraza del bar Tiope de Cehegín, y al vernos, se nos acerca una pareja de amigos a saludarnos. En el breve tiempo que estuvimos hablando, porque a ellos les esperaban dentro de la susodicha taberna, me pregunta él que si conocía yo alguna zona más o menos llana de nuestros alrededores, que no fuera la Vía Verde, para iniciarse en esto de la caminata, que en la última analítica le habían salido altos algunos de los valores en sangre, y que le había recomendado el médico, que aparte de restringir ciertos alimentos y bebidas, que tenía que "moverse" sí o sí. Vamos, lo de siempre, cuando uno ya está más cerca de los sesenta que de los cincuenta, tiene sobrepeso y luce una hermosa barjola cervecera de las que llaman la atención, como es el caso. Pues claro que sí, le respondo. Acto seguido después, le describo la zona libre de cuestas por la que tenía que encaminar sus pasos y quedando agradecidos, se despiden.
-Oye, eso no me lo habías dicho tú a mí.
-El qué...?; yo haciéndome el tonto.
-Pues tú no dices que en el noroeste murciano, no hay llanos, que o se sube o se baja, pero que terreno plano, la vía Verde y poco más...?
- ¡Bueno, si quieres te la enseño pero ya sabes tú que en una caminata de dos o tres horas, algún repechico hay que meter, para sudar la camiseta y hacer méritos para la cervecica acompañada de ensaladilla, patatas fritas Rubio, olivas rellenas y berberechos de los gordos, sin tierra...!
Y así fue como a los pocos días de aquel desafortunado encuentro con los amigos del bar, le enseñé a mi partenaire un recorrido de apenas 8 kilómetros del que quedó entusiasmada.
Tanto es así que ya no quiere ni oír hablar de Burete. Que ella con lo que disfruta es del agradable paseo por la naturaleza, sin que por ello tenga que perder el resuello. Y ya puestos, me dije, oye, ¿y por qué no grabar el recorrido y subirlo a Wikiloc, para que todas esas personas que vienen de "fuera" que no conocen nuestra comarca, puedan también disfrutarlo, independientemente de su condición física? Porque a lo mejor visitan en familia, ese rincón tan bonito del Cristo del Carrascalejo y el tramo de la Rambla de la Regidora, pero aún así, el paseo les sabe a poco y se quedan con ganas de más.
El recorrido se me antoja perfecto para estirar las piernas sin sufrir desniveles exigentes que puedan poner contra las cuerdas a alguien que no esté habituado de forma regular a la caminata. Consta de 8 kilómetros cuasi completamente llanos, de esos que se disfrutan de principio a fin, ideal para desconectar y asequible para casi cualquiera. Excelente para hacerlo en familia (si se viene con críos, a partir de los 10-12 años la aguantan del tirón sin enterarse) y, ahora en primavera, el paisaje se encuentra espectacular. Como el itinerario es completamente llano, lo mismo da que da lo mismo hacerlo en un sentido u otro, aunque en el track, propongo realizarlo a la contra de las manecillas horarias, por aquello de dejar el tramo más espectacular, a modo de broche de oro para el final, el que discurre desde la Vía Verde al Cristo del Carrascalejo, pasando por el intervalo estrella de todo el recorrido, esto es, ese precioso sendero, muy bien cuidado y señalizado que discurre a lo largo de un trecho de la Rambla de la Regidora o de la Asomadilla.
Como en este bloguero suele ser costumbre, iré comentando algunas particularidades de este recorrido circular, al compás de las "cuatro o cinco fotografías" con que suelo ilustrar mis rutas. Si se observa bien en el trazo del circuito sobre la cartografía (primera imagen con que se inicia este reportaje), se atraviesan parajes emblemáticos de Bullas como el de La Asomadilla, El Pinar, se roza El Romero, y por supuesto El Carrascalejo.
Dejamos el coche en la amplia explanada sita en los aledaños del santuario Cristo del Carrascalejo, llamando nuestra atención si miramos al frente, la existencia del vistoso palacete señorial del siglo XIX, de estilo neoclásico, propiedad de los marqueses de Pidal, que alberga en su interior la afamada bodega que vende sus vinos desde 1850. El palacio se protegía de los bandoleros mediante garitas que aún se conservan intactas. Dicen quienes lo saben de buena tinta, que atesora hasta cuatro plantas de sótano para conservar sus caldos, que ni imaginarme quiero la colección de vinos que permanecerán recostados esperando a ser descorchados.
En la explanada existe un punto de venta, por si al término de nuestra excursión, no nos queremos marchar de vacío, ya que no se me ocurre mejor recuerdo de este recorrido, que llevarnos parte de su paisaje contenido en una botella encorchada...
Este venerable rincón, de mucha solera, rodeado de pinos centenarios y cipreses además de la existencia de un monumental eucalipto, se puede visitar tanto al principio como al final de nuestra excursión, porque constituye el punto de salida y retorno.

El venerado Cristo del Carrascalejo, denominado así por el paraje en el que se ubica, es un conocido lugar de peregrinación y devoción de los creyentes de la comarca.
Su instauración, hacia finales del siglo XIX, se atribuye a Cristina Chico de Guzmán, ceheginera de pro (de ahí el nombre de su hija), esposa de Luis Pidal y Mon, II Marqués de Pidal, que fue un político y diplomático español, activo durante el final del reinado de Isabel II y en la Restauración.
Fueron los padres de la eximia monja carmelita, Santa Maravillas de Jesús (1891 – 1974), quien durante su infancia y juventud, pasaba largas temporadas en esta finca del Carrascalejo. Fue canonizada por la iglesia católica en 2003, siendo considerada una de las grandes místicas de siglo XX.
La imponente escultura del Cristo Crucificado del Carrascalejo se encuentra elevada sobre una peana, circunvalada por una pequeña verja que se puede franquear. El solemne recinto invita al íntimo recogimiento y la oración en plena naturaleza. La gran devoción de que es objeto la talla y por ende, este bendito emplazamiento, resulta más que evidente por la gran cantidad de ofrendas y súplicas colocadas a los pies de la imagen y sus inmediaciones.
La identidad exacta de su tallista o escultor no está documentada en los registros históricos, por lo que la obra se considera de autor anónimo. El conjunto se bendijo en diciembre de 1898 y desde entonces, constituye un importante lugar de peregrinación. Además, cuenta con un monumento conmemorativo y una estatua en el mismo paraje encargada posteriormente al escultor murciano José Hernández, que no puedo asegurar pero deduzco que representa la mencionada Santa Maravillas de Jesús.
Hela aquí.
Al regreso, salvaremos (saltaremos) esta acequia que nos sale al paso de forma transversal.
Nada más iniciar nuestro itinerario por el trazado de la antigua carretera de C-415, nos sorprende este gigantesco Eucalipto (Eucalyptus), con parte de sus raíces al descubierto.
Aunque la zona de El Carrascalejo en Bullas es famosa por su Robledal (un bosque de quejigos y encinas muy especial en la Región de Murcia) y por la floración de los Árboles del Amor (Cercis siliquastrum) en primavera, este gigante destaca por el aspecto desnudo y suave de su corteza, con manchas grises, blancas y pardas. Los eucaliptos mudan la corteza en tiras o placas, dejando ver esas tonalidades claras.
Es un árbol de gran altura y crecimiento rápido, con una estructura de ramas altas y algo desgarbadas que sobresalen por encima de la vegetación circundante, cuyas hojas suelen ser alargadas y de un verde algo azulado o grisáceo.
Aunque no es una especie autóctona de la zona (proviene de Australia), hay ejemplares de eucalipto plantados hace décadas en muchas fincas y zonas de paso de Bullas que han alcanzado tamaños monumentales, convirtiéndose en puntos de referencia visual en parajes como la Vía Verde o como ya vemos, en los alrededores de las bodegas del Carrascalejo.
Tras andar por la antigua carretera durante dos o trescientos metros, giramos a la izquierda, para coger un camino que a través de un túnel, nos pasa por debajo de la autovía RM-15. La rambla de la Regidora de donde surge esta exuberante vegetación que se observa en la imagen, de momento queda a nuestra mano izquierda, pero por poco tiempo.
Detalle del corredor que cruzamos por debajo de la autovía.
Y como estamos en primavera en el Carrascalejo, sus claros indicios florales no se hacen esperar.
Obras de conducción en prevención de avenidas y sus estragos en el cauce de la rambla de la Regidora, cuyo topónimo lo adopta del paraje donde surge, unos kilómetros rambla arriba, al suroeste (SO) de donde nos encontramos.
Rosa canina (rosal silvestre)
Pronto cogemos un precioso camino forestal, que tiene unos metros de subida, la única que nos vamos a encontrar durante todo el camino. La rambla, ya la vamos dejando a nuestra derecha. En mi modesta opinión, este paseo es uno de los secretos mejor guardados de Bullas, un rincón que parece sacado de una latitud mucho más al norte debido a su microclima y exuberancia. 

Estos esbeltos pinos centenarios, hace apenas unos meses, corrieron serio riesgo, como todo el pinar de Burete, de perecer de pura deshidratación y porque debido a ello, les había atacado un "bicho" que literalmente se los comía y lo dejaba huecos por dentro. Visto lo visto, llegué a no dar ni un duro por ellos. Gracias a las abundantes lluvias que llegaron in extremis, muchos se salvaron por la campana, aunque una gran cantidad, por desgracia, fenecieron y quedaron a medio camino en el intento.
La época ideal en que se puede hacer este itinerario es en primavera, porque los sembrados lo hermosean y visten de verde.
Ya digo que los pinos que se pueden observar por aquí, son monumentales, de un porte descomunal, otro de los alicientes de los muchos que atesora esta ruta.
El cultivo de secano por excelencia de Bullas, las viñas.
Al fondo, la antena de Las Atalayas, cuya subida por el cortafuegos, resulta exigente, casi de infarto, si fuera un poco más larga, que solo de mirarla se me exaltan y disparan las glándulas sudoríparas; nada que ver con nuestro recorrido, que es de un disfrutar y no parar sin perder para nada el resuello.
La Regidora y el Puntal del Frontón, parajes donde surge la rambla protagonista de nuestra excursión de hoy.
Casas de La Asomadilla.
Paisaje típicamente bullero, contemplado así desde que tengo uso de razón.
Durante nuestra ruta, iremos flanqueados por típicos campos de almendros.
Al fondo a la derecha, cantera de mármol en Burete, que hemos atravesado cientos de veces.
La campiña bullera, luce en estos días de principios de mayo, preciosa.
El camino, como se puede ver, más llano y fácil de andar no puede resultar. Apto para todos los públicos. Pero lo mejor, es su paisaje en derredor. A la vista queda.
La amapola, de color escarlata intenso, se ha asociado a la agricultura desde épocas antiguas. Su ciclo de vida se adapta a la mayoría de los cultivos de cereales.

Cerraja menuda. En zonas como El Carrascalejo, estas hierbas aprovechan con fuerza la primavera para llenar de amarillo los bordes de los caminos, los claros del pinar y los campos de cultivo abandonados o en barbecho.
Los famosos "remolinos" con que conocía yo a estas plantas de pequeño, porque el ver cómo volaban sus semillas con el viento o al soplarles, suponía para nosotros, un puro juego de niños. Tentado estuve de recordar aquellos lejano tiempos, pero logré contener el irreprimible impuls😌.
Las verdes campiñas bulleras con vistas hacia las Atalayas.
Y hacia el Frontón y la Regidora.
FINAL PRIMERA PARTE































































































































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