31 diciembre 2023

POR LAS CUEVAS DE ZAÉN Y LA MOLATA DE LA FUENSANTA I

La ruta de hoy va a ser la última del año porque es viernes y estamos a 29 de diciembre. Tengo en cartera, desde hace muchísimo tiempo, coronar la Molata de la Fuensanta, un picacho que descolla sobre otros, entre El Campo de San Juan y El Sabinar, de hecho, se erige como la cumbre más elevada de entre los diferentes vértices que forman parte de la alargada silueta de la sierra del Zacatín. La hemos fotografiado muchas veces desde lejos, mencionada también con harta frecuencia en este blog, pero nunca hasta ahora había sido hollada. Pero hoy es el día. Antes de que acabe el año, llevo intención de incorporarla al bagaje de mis humildes cimas conquistadas.
Para ello, vamos a realizar un recorrido circular, emblemático del senderismo murciano donde los haya, que pasará por la molata, pero también por las Cuevas de Zaén, que las he fotografiado a distancia, en repetidas ocasiones, pero que desde 2012, en que las visité acompañado de Viky, no había vuelto a recorrer sus espectaculares contornos. 
De entre los parecidos recorridos que he visto en Wikiloc, he elegido este por contemplar lo que llevo en mente visitar. Esta bonita excursión rebosa en alicientes paisajísticos así como culturales, de modo que, con cámara en ristre, estoy dispuesto a disparar hacia todo lo que llame mi atención.
La Molata de la Fuensanta (según la fotografía) es la cumbre que sobresale a la izquierda del Calar de las Cuevas de Zaén (Cerro de Bajil).
Antes de llegar al punto de inicio de nuestra excursión de hoy, en la aldehuela de Bajil, nos detenemos por las inmediaciones de Zaén de Arriba para tomar estas instantáneas. A la vuelta y hacia el fin del recorrido, pasaremos a nivel de las cuevas.
Y pensar que todo este territorio estuvo sumergido bajo las aguas del Mare Nostrum...
Hemos dejado el coche estacionado en las inmediaciones de las casas y corrales de Bajil, bajo una enorme chaparra. Estudio el gps y tengo dos opciones, a saber, hacer el recorrido algo más duro, esto es, a la contra de las manecillas horarias, tal y como propone el autor del track, o según el sentido de las agujas, con posibilidad de optar por un atajo, ahorrándome algún que otro kilómetro y sobre todo, tramos de subida, ¡pero qué pijos!, la camiseta hay que sudarla, que como sugiere el apelativo de un popular club de senderismo murciano: "hay que andar pa hacer hueco...", del buche, se sobreentiende.
Al poco de iniciar la marcha, llama mi atención la cortijada semi rupestre con topónimo "Bajil del Cenajo", construida al amparo de un escarpe rocoso horadado de cuevas y abrigos, que desde tiempo inmemorial, se utilizan como apriscos.
Lo siguiente que se nos pone a tiro de cámara resulta ser esta centenaria encina, que por supuesto registramos, sabiendo que representa el prólogo a un paseo por la historia ancestral de nuestra región, me refiero a los siguientes enclaves a visitar, esto es, el Dolmen de Bajil, Cerro de las Víboras, Abrigo del Esquilo y Barco de Bajil...
Cañada de Bajil
El tronco y dimensiones de la encina evidencian que no se trata precisamente de una pipiola. Tres personas enlazas de las manos no serían capaces de abarcar su monumental tronco de tres brazos.
El Cerro de las Víboras
En el rellano al pie del cerro, localizamos el dolmen funerario de Bajil, desprovisto de cubierta y orientado hacia levante, perteneciente a la necrópolis del antiguo poblado asentado en el referido Cerro de las Víboras, al parecer, datado entre los años 2.800 y 1.800 a C. Le tomamos varias fotografías. 
Durante las prospecciones arqueológicas, se descubrieron cuatro
sepulcros megalíticos más, semejantes al conocido dolmen de Bajil, que están repartidos en dos grupos, al sur y suroeste del poblado y perfectamente visibles desde el mismo, aunque el presente, es el más manifiesto, grande y mejor conservado.
Una marcada trocha asciende al inmediato Cerro de las Víboras, donde se vislumbran (si acudes ya documentado), murallas y restos de habitaciones del importante poblado argárico que lo ocupó durante la llamada edad del Cobre (calcolítico o eneolítico), que se prolongó a la del Bronce. Descubierto a principios de los años ochenta por un maestro de Moratalla, y comenzadas las prospecciones en 1990, se supone que moraron aquí un centenar de individuos, dedicados a la agricultura, ganadería, caza y pesca en el río Alhárabe. Lo relevante de estos restos prehistóricos viene dado por la posibilidad de documentar a partir de ellos, aspectos relativos a la forma de vida y noción concebida del "más allá" (muerte), durante la Edad de los Metales en el sureste español.

Para una mejor interpretación de los restos y objetos (entre otros, el vaso campaniforme) hallados en este asentamiento protohistórico, se puede leer un completo e interesantísimo informe de Jorge Juan Eiroa García (ya fallecido), catedrático de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Murcia, titulado "Dataciones absolutas del Cerro de las Víboras de Bajil". HELO AQUÍ
Paisaje capturado desde lo alto del cerro de las Víboras
Por encima, la línea de la Cuerda del Manco
Por lo que concluye el experto en este yacimiento, la extensión del asentamiento durante las etapas del Calcolítico final, y el Bronce antiguo debió ser notable, a tenor del perímetro de muralla conservado, los restos hallados en superficie (pese al expolio incesante del diletante arqueólogo) y la gran cantidad de materiales cosechados tras las excavaciones. Estos antepasados nuestros siempre erigían sus poblados, en puntos elevados, que les facilitara su vigilancia y defensa. Ello da idea de lo hostiles y precarios que debieron ser aquellos lejanos tiempos de permanente pugna por el territorio de cultivo y caza. Renunciaban al amparo de los abrigos naturales frente a la fuerza desatada de los elementos atmosféricos (vientos, frío, nevadas, tormentas, etc.) en aras de la unión que hace la fuerza y una mejor prevención y protección orográficas frente a un eventual ataque enemigo. En el caso que nos ocupa, la antigua metrópoli se encontraba en un enclave estratégico, pues controlaba, ya desde la prehistoria, una importante vía de comunicación, esto es, la que conectaba el valle del Campo de San Juan con los inmediatos campos de Mazuza y Letur, ya fronterizos con tierras albaceteñas, donde los vestigios argáricos del calcolítico final se difuminan.

La sociedad establecida en el Cerro de las Víboras, se extendía a lo largo de una extensa altiplanicie, estando protegido la mayor parte del recinto, por escarpes rocosos y otros accidentes naturales. Los flancos más vulnerables que se presentan hacia el mediodía, eran fortificados mediante una muralla construida en mampostería. Todo ello le permitía custodiar y defender las tierras cultivadas de sus dominios (cañada de Bajil), que no en vano, eran las bases principales de su economía de subsistencia.
Cuando regresemos de visitar la Cueva del Esquilo, andaremos por aquel camino.
Puntal de Zanco (1367m).
Bajando del Cerro de las Víboras
Hacia el ESTE del cerro, al otro lado de la hoya que se extiende a sus pies, se abre entre dos paredes rocosas, una vaguada arbolada, donde se localizan nuestros próximos objetivos a visitar: el Abrigo del Esquilo y el Barco de Bajil. Bajamos por donde el instinto montañero nos guía ya que, en unos instantes de despiste, he dejado el track demasiado escorado a mi derecha. Aterrizo en la vega, que en esta época del año suele encontrarse bastante mustia y chuchurrida. Atravieso varios bancales incultos y por entre vetustos y frondosos nogales de corteza grisácea, me introduzco en la garganta donde se encuentra la cueva del Esquilo. La senda, marcada con un hito de piedra, conduce sin pérdida, en rápido ascenso entre encinas, hasta el escarpe de la derecha, donde se abre el ancestral abrigo del Esquilo (topónimo ganadero muy propio), guarnecido por un muro de piedra, y con indicios de haber sido utilizado de forma habitual, como refugio pastoril y redil pecuarios desde época antediluviana. El enclave, de enorme riqueza etnográfica y situado en un sombrío paraje natural, resulta muy evocador, sobre todo para una mente tan sugestionable e imaginativa como la del que suscribe.
Las formas y tonalidades del abrigo son muy llamativas, destacando y revelándose de inmediato, la pintura rupestre del sorprendente "velero". 
Una vez localizada la pintura, la dejamos aparcada, de momento, para darnos un amplio garbeo por el resto del espacioso abrigo, con capacidad para albergar muchas cabezas de ganado.
En un lateral del abrigo, ocupando un panel rocoso bien visible y orientado al noroeste, se revela el insólito dibujo del "Barco o nao roja de Bajil", que asombra a propios y extraños por su singularidad y misterio. Se trata de la rudimentaria representación pictórica de una nave de dos mástiles que recuerda a las carabelas utilizadas por Cristóbal Colón durante su periplo atlántico, delineada en tonos rojos sobre una accesible cornisa del abrigo.

("Se trata de una nao de dos palos, uno mayor central y otro trinquete en el castillo de proa, aparejados con velas cuadras, que en la pictografía se representan plegadas en las vergas...").

 Aunque conozco su existencia desde hace más de una década, no deja de fascinarme pintura rupestre de motivo náutico, en entorno montañoso tan distante del mar. Como se suele decir en mi pueblo, no pega ni con cola y por ello ante su visión, te quedas a dos velas, y nunca mejor escrit☺jajaja. 
Lo suyo es traerse a un amig@ que ignora su existencia, y tras enfrentarle al pasmo de su contemplación, darse el pisto explicándole que está fechada por los expertos, según análisis con el carbono 14, entre los siglos XV-XVI; que la trazó alguien que había conocido la costa y por ende el mar. Que sentiría nostalgia de sus otrora experiencias marítimas, ahora que se hallaba tan tierra adentro, y que en un momento de debilidad y estado de melancolía, trató de evocar lo que en su alma y recuerdo echaba de menos, y en todo caso, con recurrir de nuevo a los doctos estudios de Jorge Juan Eiroa García (1944-2017), "Una pintura rupestre histórica en Moratalla, Murcia" , podremos departir sobre la estampa rupestre, con algo más de propiedad y rigor, dejando a nuestro ocasional auditorio, admirado y estupefacto.
El informe dedica bastante espacio al tipo y diferentes modelos de naves marítimas que se construían por aquel tiempo, concediendo un importante grado de conocimiento y detalle al boceto dibujado por el anónimo y misterioso artista de la cueva del Esquilo. Lo más interesante, en mi modesta opinión, se conjetura al final, con bastante probabilidad de que así hubiera acontecido, estableciendo dos supuestos finales a los que yo añadiría un tercero: que a un virtuoso autodidacta con inclinaciones pictóricas, le hubiera caído en las manos un grabado marítimo de la época y lo hubiera calcado en el lienzo pétreo, en un momento de inspiración y aburrimiento. 

"Los detalles que hemos señalado en lo que se refiere a la configuración del casco y la arboladura, apuntan hacia un modelo mediterráneo que podría estar comprendido entre 1450 y 1520, seguramente de carga y transporte. Esta probable cronología del modelo ofrece así una fecha de referencia para la pictografía, hacia inicios del siglo XVI, suponiendo la contemporaneidad del modelo y del artista.

Otra cuestión es la de justificar la representación marinera en Bagil. Ya hemos dicho que esa vaguada en la que se sitúa la «Cueva del Esquilo» donde está la pintura ha sido, hasta época muy reciente, paso casi obligado para transeúntes y rebaños que cruzaban desde el Campo de San Juan hasta el de Mazuza, ya en la provincia de Albacete.

En el pasado debió ser bastante más transitada, ya que es uno de los caminos naturales más conocidos entre ambos territorios. Desde allí hasta la costa mediterránea hay unos cien kilómetros, siguiendo la ruta Bagil - Moratalla - Caravaca - Lorca - Águilas o Mazarrón; y algunos más si la ruta es por Murcia - Cartagena. En ambos casos, una distancia considerable.

Las posibilidades serían varias, pero podemos reducirlas a dos: 1ª, un viajero que desembarca en cualquiera de los puertos de la costa de Murcia (los más representativos serían Cartagena, Mazarrón y Águilas, con documentación suficiente entre los siglos XV y XVI) y se interna en territorios de la Orden de Santiago (Moratalla, Yeste, Socovos...), bien para regresar a su hogar, bien para vender mercancía, y pinta su barco al llegar a Bagil, ya sea como recuerdo de su paso, ya como conmemoración; y 2ª, un murciano del interior que, por algún motivo, viaja hasta la costa y, a su regreso, refleja en una pintura su recuerdo de una nao que vio en la mar.

La nave, sin embargo, parece pintada por alguien que conocía bien sus detalles y no por quien la hubiera visto una sola vez. Y parece evidente que no sólo la vio pasar, sino que la contempló seguramente anclada en algún lugar de la costa, donde eran frecuentes las recaladas para el abastecimiento de agua dulce y alimentos, o en un puerto, ya que la nao está representada con sus velas plegadas en las vergas, es decir, parada. Eso nos hace pensar en un puerto con tránsito frecuente y con capacidad para naves de gran tamaño.

Ese puerto podría ser Cartagena o Mazarrón. Cartagena tenía, a fines del XV y principios del XVI un tráfico considerable y en él eran frecuentes los navíos de todo tipo que transitaban por el Mediterráneo. El puerto de Mazarrón fue también importante por su tráfico de alumbre, nombre con el que en el Medioevo se conocía al sulfato doble de potasio y aluminio hidratado, que se utilizaba como mordiente en tintorería; para fijar los colores, en la industria de curtidos; para hacer imputrescible el cuero y para otros usos en la medicina y en la construcción.

También Almería, sobre todo desde la conquista de Baza, fue un puerto importante para la marina cristiana. En todo caso, el barco de Bajil, es el recuerdo de la mar de alguien que, a principios del siglo XVI, pasó o vivió por las tierras interiores de nuestra región y quiso dejar constancia de un medio de transporte, muy semejante a las carabelas colombinas, de las que era precedente, y que, por entonces, acababan de dar a la Cristiandad un Nuevo Mundo.
Abandonamos la Cueva del Esquilo, alejándonos del barco de Cristóbal Colón o Magallanes y ahora nos dirigimos a una balsa con caño corriente y lavadero, protegido por un nogal. He encontrado este lugar menos coqueto que en otras ocasiones. La falta de lluvias de que adolece nuestra región se evidencia en rincones tan de suyo lozanos como este.
Poderoso hechizo el del agua manando...
Durante un buen trecho seguimos el camino que discurre sobre la Cañada de Bajil, para más tarde empalmar con el Barranco del Manco y por último, la Rambla de Lucas, que al poco abandonamos, tomando a nuestra izquierda con rumbo a las ruinas del Cortijo de Toral de Abajo, lugar por donde transita nuestro recorrido.
Farallones de la Cuerda del Manco
Antes de pasar frente al Cortijo de Toral de Abajo, nos desviamos por nuestra cuenta y riesgo, ya que no lo contempla el track, hacia el Cortijo de Toral de Arriba, que se halla en excelentes condiciones de habitabilidad; ¡para mí lo quisiera, que diría aquel...!
La monumental encina que lo custodia produce asombro por la mastodóntica envergadura que exhibe.
También existe una fuente, no registrada por la cartografía, que pese a la imperante sequía, es capaz de soltar un finísimo hilillo de agua. Supongo que será conocida por los lugareños como la Fuente del Toral y consecuencia de surgencias o correntías filtradas entre rocas.
En realidad son dos los caños que se vierten a la pila.
La carrasca es desde luego gigantesca...
Abandonamos esta entrañable a la par que bucólica hacienda, cuyo dueñ@ considero un afortunado, y seguimos la marcha, ahora buscando un camino que nos ha de aproximar a la Cuerda del Manco para alcanzar, por esta línea de lomada, nuestro próximo objetivo, la Molata de la Fuensanta.
Lo que queda del Cortijo de Toral de Abajo
Desde el camino, que se extingue, hemos tenido que ascender, monte a través, hasta alcanzar la loma de la Cuerda del Manco. Y a continuación, podemos observar la Molata de la Fuensanta, uno de los waypoint estrella de esta excursión, que ya tenemos a distancia de tirachinas.
A nuestra derecha, se manifiestan los declives tapizados de una rica cubierta vegetal, con predominio de los enebrales y de la sabina negral, con gran abundancia y variedad de arbustos aromáticos (jaras, tomillos y romeros, etc), constituyendo el sotobosque de esta estribación de la sierra del Zacatín. El resto de la extensa hoya septentrional (Barranco de Tural) que queda a nuestra mano derecha, se encuentra poblada de un denso bosque de pinos y carrascas.
Bonito y recogido paraje el de la Umbría de la Centenera, que debe lucir sus mejores galas en primavera u otoño.  
Umbría de La Cuerda del Manco y La Molata de la Fuensanta (1505m)
Respecto a la toponimia "molata", suele hacer referencia a una montaña de laderas empinadas y cima aplanada, de menor superficie que la muela. Para diferenciarlas de otros relieves con idéntica denominación, suelen singularizarse con su adscripción a la aldea o cortijo que tengan más próximos, en el caso que nos ocupa, Molata de la Fuensanta, por el antiguo poblado (hoy ruinas) existente entre la Hoya del gato,  Hondo de los Calaricos y la ladera occidental de la propia cima.
Sin duda que volveré por aquí para darme un garbeo por este solitario paraje y comprobar si la fuente de Segovia, que se ubica en el mapa, justo en la divisoria con la provincia de Albacete, continua proveyendo agua, de lo que albergo serias dudas.
Atisbando sobre el horizonte los ya característicos molinos de viento de la colindante provincia albaceteña.
Progresando a través del cuasi raso cordal del Manco y acercándonos a la molata...
Por encima de los chopos y las ruinas del Cortijo de los Buitres
El paisaje que vamos dejando a nuestra espalda
Oteando hacia tierras manchegas
Al llegar casi al remate de la cuerda, la cresta se encrespa y nos obliga a perder altura a nuestra izquierda, teniendo que destrepar unos metros para descender la pared caliza que, con mucha probabilidad, hace cinco mil años, sirviera como muralla natural y entrada al poblado prehistórico que estuvo asentado en lo alto de la Molata de la Fuensanta.
Desde aquí, ya veo perfilarse el cilindro del vértice geodésico.
Esos abrigos que se distinguen en la cara norte de la molata fueron descubiertos en 1989, aunque unos años después, en 1995, se revelaron nuevas oquedades que completaron el catálogo espeleológico. Si bien las cavidades rocosas que se encuentran en este cantil son numerosas, tan sólo en cuatro se han encontrado pinturas, todas ellas pertenecientes al arte levantino.
Oteando hacia El Sabinar y El Campo de San Juan
Ahora hacia El Calar de las Cuevas de Zaén, Salchite, Puntal de Carreño, Frontón y sierra de los Álamos y del Buitre al fondo.
FINAL DEL PRIMER CAPÍTULO

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