Mirando hacia tierras calasparreñas y ciezanas.






Abandonando el cerro de Moratalla la Vieja, habiendo resultado una estancia
breve pero intensa y bien aprovechada. 







Abandonando el cerro de Moratalla la Vieja, habiendo resultado una estancia
breve pero intensa y bien aprovechada. 
Tras llegar al cortijo de la Parra, me introduzco por la rambla de homónimo nombre. El tránsito por esta, me resulta ameno.

Este es el llamado Puente de Hellín, de origen romano. Parecía haber sido
restaurado en fechas recientes.
Tras abandonar tan vetusta construcción, fijo mi próximo objetivo
en alcanzar el Molino de Garrido.
Este paraje localizado entre Moratalla y el río Alhárabe tiene por topónimo
Hoya del Cirujano.
Zona inédita para mí.
Atrás dejamos el ancestral cerro.
Este es el molino de Garrido. Otro lugar digno de recreo. Por eso llegué a casa a los postres.
Y ahora, sí que sí, estamos de vuelta en el molino la Traviata digo la
Traviesa. Ahora comienza, se puede considerar así, la traca final del
recorrido, el culmen de una excursión que ha superado todas mis
expectativas. Enfilamos la recta final que transcurre por
Bolvonegro.
Al parecer, su topónimo procede de uno más remoto,
gorgonegro (garganta negra), registrado así por primera vez en 1575,
por los templarios. Esta bellísima y espectacular angostura es la
consecuencia de la unión de los ríos Benamor y Alhárabe, que originan el río
Moratalla, el cual se adentra por este paraje que comenzó a cincelarse hace
la friolera de 20 millones de años.
Aquí en este enlace, podemos encontrar toda la información de su historia y origen,
completísima por cierto, así como un didáctico vídeo que también acoplo a
continuación:
Ahora bien, lo más espectacular de todo el recorrido fue tropezarme con este hallazgo de lo más insólito, de lo más inverosímil.
Aunque quizás no tanto. Este vehículo siniestrado fue arrastrado por la fuerza de las aguas del río Alhárabe, probablemente en marzo de este año, pues en abril, ya se encontraba aquí. He indagado un poquito por ahí, y el día 23 de marzo, por una fuerte avenida, tuvieron lugar varios rescates a conductores de vehículos por parte de los bomberos. Puede que uno de ellos fuera este. En todo caso, aunque comprendo la dificultad del rescate, no me explico como las autoridades, aún no han gestionado las labores de evacuación, pues un residuo sólido de esta naturaleza, no puede resultar más contaminante. ¡La de vueltas que tuvo que dar; el caudal de agua que bajaría y la casualidad, no poco sorprendente de no haber quedado finalmente, empotrado entre las paredes del desfiladero...!
Ya digo, visto lo visto, un caso inaudito.
Y mira que lleva años así este desgajamiento que parece estar a punto del derrumbe. De hecho, cuando pasé por abajo, aligeré el paso, por si las moscas...
El paseo es corto pero intensísimo en cuanto a belleza geológica y paisajística se refiere.
FINAL SEGUNDO CAPÍTULO

















































































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