El otro día, mientras me dirigía a Santiago Pontones para realizar la ruta
que ya publicamos por aquí, me llamó la atención un detalle. El camino
pavimentado de Huebras, que surge a la derecha justo antes de llegar a La
Vidriera, estaba recién asfaltado. Se trata de la carretera comarcal A-46. En ese momento se me
planteó la duda: ¿habrían reasfaltado toda la vía hasta Pedro Andrés o
solo se trataría de unos pocos metros? Es una pista que conozco bien por pasar de vez en cuando con la moto. Lo más atractivo del recorrido es el bello paisaje que se nos va ofreciendo de principio a fin.
A los pocos días volví por allí para darme un garbeo con la moto y pude confirmar que solo se encontraba
asfaltado el tramo que va desde la carretera A-317 (en el km 73, la que
recorre el puerto del Pinar y que también forma parte del GR-7) hasta más o
menos las ruinas de la Venta del Tío Tiburcio y el Porche Valenciano. A
partir de ese punto, la vía recupera su sempiterno estado de firme
irregular, que te obliga a conducir con precaución por existencia de gravilla en algunas curvas y algún que otro bache traicionero. Que se te cruce alguna cabra también entra dentro de lo normal.
Conducía tranquilo, a paso de carreta, dándome cuenta de que apenas conocía este territorio más allá de la propia carretera. Así que decidí remediarlo explorando la comarca a patita y cámara en ristre, que es como a mí me gusta empaparme de los sitios que visito.
Buscando en Wikiloc encontré un itinerario circular muy interesante. El track salía de Santiago de la Espada, pasaba por las Cuevas del Engarbo, la Rambla de los Vaquerizos, la Venta de Tiburcio y Huebras, y regresaba rodeando el Rincón de las Picas, el Peñón de Pimporro, el pie de La Covacha y el río Zumeta.
Pero como ya llevo en esto algún tiempo y las rutas hay que adaptarlas a la logística de cada uno (y al bolsillo, si te puedes ahorrar algo de gasolina), decidí cambiar el inicio. En vez de llegar hasta Santiago para luego tener que volver, empecé la caminata cerca del Porche Valenciano, que me caía mucho mejor para conectar con el circuito.
In extremis, tuve que posponer un día la excursión al mirar los
vaticinios meteorológicos, ya que había alerta amarilla en la zona por
fuertes rachas de viento. Entretanto, caí también en la cuenta de otro
detalle no menos importante: el track que el colega había subido a Wikiloc
era del año 2011.
Sé por experiencia que en tres lustros
las circunstancias del camino podían haber cambiado muchísimo. Pero lo que más
me inquietaba era la casi segura certeza de que me iba a topar con algún obstáculo en forma de alambrada metálica cortando el paso, que de un tiempo a esta parte es el
inconveniente con el que más frecuencia me tropiezo.
Como prevenir es mejor que curar, e infiriendo que lo más complicado
sería abordar la bajada hacia el río y ver por dónde cruzarlo (me sonaba
que alguien me había dicho que una reciente riada se había llevado por
delante el puente de madera), decidí meter también en el GPS el tramo más
actualizado del denominado Camino de San Juan de la Cruz.
Para los curiosos de la historia (entre los que me hallo), este camino
recrea los viajes del santo místico en el siglo XVI. Oficialmente arranca
en Beas de Segura (Jaén) —desde el histórico Monasterio de San José del
Salvador, fundado por Santa Teresa de Jesús— con destino final en la
Ciudad Santa de Caravaca de la Cruz, frente al convento de los frailes
descalzos que el propio San Juan fundó en 1586. En total, una ruta
espectacular de 151 kilómetros que cruza tres comunidades autónomas
siguiendo el cauce del río Segura y atravesando localidades como Hornos de
Segura, Santiago-Pontones, Nerpio y Moratalla.
Como este tramo sanjuanista es de circulación de senderistas más o menos
frecuente, y observaba en el mapa algunas modificaciones respecto al trazo
de 2011, metí los dos tracks en el Garmin, para alternar con ellos según la
circunstancias me lo fueran requiriendo, por aquello de que un hombre
prevenido vale por dos; e hice bien porque la bajada hacia el río, en el
track de hace quince años se presentaba criminal. Lo recordé, desactivé
este, dejé activado el otro que se escoraba más a la derecha, y ¡bingo!,
el descenso seguía mostrándose casi igual de perpendicular pero algo más
civilizado y tendido.
Así pues, tenía claro que mi lazarillo digital, tenía solo marchamo
orientativo y que por tanto, mi singladura senderista sería aventurera, como dejada al albur del destino. ¡Qué
emocionante! Con todo listo, aparqué el coche en el antiguo camino de los Morenos,
bajo la sombra de un pinar, e inicié la marcha.
Lo que me esperaba por delante iba a ser una jornada intensa, exigente y
de las que no se olvidan. Fueron unos 21 kilómetros con casi 600 metros de
desnivel acumulado que, si bien sobre el papel no asustan a nadie, sobre
el terreno se convirtieron en una auténtica carrera de obstáculos. Tuve
que sortear vallas metálicas que cortaban el paso, batallar contra un
ejército de zarzas y arbustos, eludir astados de aspecto amenazante y
revivir la aventura de vadear el río a pie —con el consiguiente remojo de
zapatillas— al confirmar que, efectivamente, la última riada había
arrancado el puente de madera del río Zumeta.
Para colmo de despropósitos, se me había ocurrido echarme la mejor
compacta prosumer que tengo, y además, ir en
canillas con pantalones cortos. ¡Paberme matao! ¡Ni a
base de palos aprende el burro! No había tenido suficiente para aprender
con la experiencia de Burete y el tallo de pino clavado en mi gemelo, que también
acabé hecho un mapa tridimensional, con mi epidermis de piernas y
brazos como marcadas por un felino.
Después de un buen trecho de caminar por asfalto, el track me indica que tengo que bajar a Huebras, pero como la imagen de este rebaño moviéndose por entre tan bello paraje me resulta de lo más pastoril, jugando con el teleobjetivo, decido capturar la escena desde la carretera, para no perder ni un solo detalle de una acuarela tan viva e idílica como se ofrece ante mí.
Casas de la Hoya.
Aquella prominencia que se observa al fondo, es la Sierra de las Cabras, donde se encuentra La
Atalaya, 2083m, el techo de Albacete.
Al fondo, Loma de los Morenos, Las Fuentecillas, Prado
Ortega.
Después de haber decidido abandonar tan bucólico entorno, el track deja la
carretera para adentrarse en un monte a mi mano izquierda, que tras
avanzar durante unos metros por un tramo muy enmarañado, me tropiezo con
una alambrada que me hacen constatar mi equivocada elección en cuanto a
vestuario y equipo fotográfico se refiere. La primera en la frente. Para
evitar males mayores estudio el perfil del track dibujado sobre el mapa y
retrocedo hasta un camino que me vuelve a conectar con el itinerario que
viene de Santiago de la Espada, esto es, el de San Juan de la Cruz. En el
intervalo, captura esta hermosa carrasca.
Bonita imagen de la Sierra de las Cabras, con esos cortados superiores
pelados y las laderas de piedra suelta que
contrasta con el denso mar de pinos salgareños y carrascas que se ve en
primer término y tapizan el valle.
Ya estoy pisando los dos track que por aquí coinciden y ahora todo es
cuesta abajo y sin frenos. El tramo es de lo más agradable y umbrío. Me
llama la atención la esbeltez de algunos jóvenes pinos. Son altísimos.
Después de ese descenso prolongado al que antes aludía (que los
peregrinos tienen que abordar en subida) me topo con la hermosa
estampa de la villa de Santiago de la Espada, que a partir de aquí voy a
fotografiar hasta la saciedad pues me ofrece un cuadro de lo más pintoresco.
Este es el emblemático Peñón del Pimporro, a cuya cima muchos
senderistas se encaraman para hacerse la foto. Yo conozco uno cuantos, de
uno y otro sexo que llegados aquí, no podrían resistirse a su poder de
atracción. La trepada, por lo comprobado por mi, no parece muy complicada.
A falta de modelo que inmortalizar, decido fotografiarla desde diferentes
ángulos.
Desde toda esta franja por encima del río Zumeta, el paisaje ofrecido hacia Santiago y sus inmediaciones resulta excelente. Y como la vista era para mí inédita, la disfruté a rabiar tomándole foto tras foto. Me llevó bastante tiempo atravesar este tramo, precisamente por las continuas paradas. En algunos puntos la bajada se presenta muy perpendicular con permanente riesgo de traspajazo.
Perspectiva de nuestro recorrido, visto desde Santiago de la Espada con la aplicación de Google Earth.
En resolución 720p se verá mejor.
Por esta ladera hemos bajado.
Abajo de la fotografía asomando las aguas del río Zumeta y arriba, la inconfundible silueta del Almorchón que tenemos pendiente hollar.
Esas formaciones rocosas tan características de la zona, esculpidas por la erosión justo por encima del cañón del río
Zumeta (en el límite entre Albacete y Jaén), se conocen popularmente como
Los Órganos de Huebras (o simplemente Los Órganos), debido a su parecido
con los tubos de un órgano musical gigante. Aunque a mi me parecen unos
frailes de piedra esperando turno en la cola de un cine. Son
columnas de roca calcárea o dolomía que han resistido la erosión mientras
el material de su alrededor se iba desgastando.
FIN DE LA PRIMERA PARTE


































































































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