16 abril 2024

EL YELMO CHICO, DESDE LA CAPELLANÍA I

En no pocas ocasiones, durante mis excursiones por diferentes puntos elevados de la sierra de Segura, me tropiezo visualmente con el Yelmo, pues sus imponentes 1808 metros de altitud lo hacen descollar sobremanera sobre todas las cumbres de su más inmediata periferia. Pero la existencia de unas enormes antenas en su cima, siempre le han restado a mis ojos, el encanto necesario para que ya me hubiera decidido, hace tiempo, a hacerle una visita. 

Pero durante mi reciente excursión, a la Piedra del Cambrón, otra vez volvió a destacar en la distancia, el dichoso Yelmo, así que me dije, por poco que me atraiga, esa muesca hay que marcarla en mi curriculum de excursiones por la sierra de Segura y limítrofes. Así pues, decidido a ello, de una vez por todas, me dispuse a indagar por la web de siempre (Wikiloc) y el husmeador Google, y hete aquí que me tropiezo con un lugar para mí inédito, el Yelmo Chico. Me emociono, leo varias reseñas, compruebo que se trata del hermano pequeño de EL YELMO, que dispone de estupendas vistas y un caminar fácil, sin dificultad ni apenas desnivel y ya está, no me lo pienso más, y me organicé expedición al susodicho enclave para el pasado 2 de febrero. Y la primera en la frente. Pero ya lo dice el dicho, no hay mal que por bien no venga. Antes de seguir aporreando el teclado, en el momento de confeccionar esta crónica, un 16 de abril de 2024, voy a insertar gráfico del trazado sobre Google Earth, helo 👇:
Se puede ver, que la excursión tiene su inicio en una coqueta aldea de Hornos de Segura que tiene por topónimo, La Capellanía. El primer tramo, de varios kilómetros, es de ida y vuelta.

Pues resulta que el día en cuestión, principios de febrero, después de dos horas de viaje y a punto de arribar al mencionado villorrio, me encuentro con una pareja de la guardia civil que me impiden el paso. Se ha perdido una señora octogenaria y hay dispuesto un dispositivo de búsqueda, con mucho personal de diferentes cuerpos, guías de perros, helicóptero y toda la parafernalia, para intentar dar con su paradero, ya sea viva o muerta.

A todo esto, antes del encuentro con la benemérita y mientras me iba acercando a Capellanía, me asaltaba la inquietante y otra vez frustrante convicción de que hoy no era el día de hacer esta excursión. Lo intuía. ¿El motivo?, los muchos aeroplanos que mientras me dirigía a la aldea, observaba surcando los cielos, que estaban dejando el horizonte panorámico hecho unos zorros, esto es, caliginoso perdido.

Bueno, que no cunda el pánico, estos imponderables que cada cierto tiempo se dan, forman parte de las vicisitudes del caminante. Aunque no nos engañemos, te quitan las ganas de pegarte el palizón de coche para que, una vez llegado al punto de ataque, las condiciones ambientales en pro del registro gráfico, sean de todo punto, inadecuadas o directamente catastróficas.

En fin, no había previsto plan B, pero tenía contemplado, si me daba tiempo y al regreso (aún no habíamos cambiado al horario de verano), subir en coche a la vecina cima del Yelmo, para comprobar qué paisajes se podían divisar desde tan elevada atalaya y por supuesto, tomar algunas fotografías e incluso vídeo. Llego al pie de la subida al Yelmo, donde se halla un cortijo en ruinas, y veo unos paneles informativos pro excursionistas que indican una ascensión por senda y camino hacia la cumbre. Pues mira, dentro de lo malo, por lo menos, no malogro del todo mi viaje a estos bonitos parajes. 
Y eso es lo que hice.

Hace unos días, volví por allí, ya con mucha mejor atmósfera y lo inquietante es que, a día de hoy, la señora sigue sin aparecer.
He aquí algunas reseñas del caso:

Se busca a una mujer de 80 años en Capellanía, término municipal de Hornos. Lleva desaparecida cerca de una semana, tras perderse en la zona cuando iba de camino a Mojácar. Como comparte el alcalde de Hornos, Mario Navarro, a Diario JAÉN, el coche de la mujer apareció el lunes en una pista forestal sin nadie dentro. Las investigaciones cercioran que la desaparecida se dirigía desde Elche de la Sierra hasta Mojácar, donde tiene una casa en la calle Capellanía, el mismo nombre que la aldea jiennense. Consideran que hubo algún error al guiarse con Google Maps y terminó perdida cerca de Hornos.
La mujer se llama Miriam Irene B.P., mide alrededor de 1,55 metros, de complexión normal y tiene cabello castaño corto. Es de Suiza y llevaba bastante tiempo viviendo en España. De acuerdo con Navarro, un equipo de Infoca que estaba en la zona con trabajos forestales vio el coche el lunes por la mañana, pero pensaron que era de algún vecino del lugar. Al ver que el coche seguía el martes en un sitio poco habitual, se comunicó el hallazgo al Seprona y a la Guardia Civil. Los efectivos inician la búsqueda el miércoles al determinar que el automóvil era de la mujer desaparecida.

Tanto Guardia Civil como equipos de montaña con perros rastrean la zona desde entonces, a los que se ha sumado la exploración con helicóptero hace dos días. Las labores de búsqueda no están siendo fáciles. No hay rastro alguno ni ropa encontrada, a lo que se suma que la orografía del terreno es complicada. “Las pendientes en la zona son muy pronunciadas, la pena es que no pueden sumarse voluntarios para ayudar”, asegura el alcalde de Hornos. Los hijos de la desaparecida se han traslado desde Suiza al municipio jiennense a la espera de noticias.

Continúa la búsqueda de Miriam Irene B.P. Los equipos llevan más de una semana inmersos en la localización de la octogenaria, residente en Mojácar, a la que se le perdió la pista el pasado domingo 28 de enero en el entorno de La Capellanía, aldea de Hornos de Segura, donde era encontrado su vehículo. La Guardia Civil está estudiando este martes nuevas zonas de búsqueda para intentar encontrarla. Al parecer viajaba desde la provincia de Albacete hasta Mojácar, donde tiene su lugar de residencia. Aunque este lunes sí hubo dispositivo especial de búsqueda con medios aéreos y el Servicio Cinológico, este martes, según han informado a Europa Press desde la Guardia Civil, se ha optado por estudiar nuevas zonas en la que desplegar el dispositivo que persigue localizar a la anciana, de nacionalidad suiza. 
La denuncia se interpuso el pasado 31 de enero en Garrucha (Almería). El coche de la desaparecida se encontró en las proximidades de las zonas de El Yelmo Chico, de Segura de la Sierra y La Capellania de Hornos. El subdelegado del Gobierno en Jaén, Manuel Fernández, señaló este lunes que “parece que pudo haber alguna confusión” por parte de la mujer a la hora de poner en el GPS “la dirección a la que se dirigía”. En este sentido, ha añadido que el nombre de la calle en la que reside “coincidía con el nombre de la aldea de Segura a la que llegó”.

La investigación persiste sin pistas.

La desaparición de una octogenaria de Mojácar (Almería) sigue sin resolverse, tras un mes de intensa búsqueda. Su coche fue encontrado en una zona apartada de Hornos (Jaén), sin que hasta el momento haya pistas sobre su paradero. La Guardia Civil, con apoyo aéreo y canino, junto a Protección Civil de Almería, han rastreado sin éxito la difícil geografía de la Sierra de Segura.

A toro pasado y una vez pateada la zona, comprendo el porqué de que su búsqueda siga siendo infructuosa. La razón, una orografía terriblemente escarpada. Eso, si es que el cuerpo de la señora, permanece por estos abruptos andurriales, que tampoco se puede saber a ciencia cierta, ya que las tareas de búsqueda han supuesto algo así como un intentar encontrar una aguja en un pajar.
Distancia que existe entre El Yelmo y su satélite Chico y situación de las pistas y senderos que los enlazan, ofreciendo todo tipo de posibilidades para el deporte y asueto, no solo a los lugareños sino también a cualquier visitante, incluidos inquilinos del camping El Robledo, que se halla entremedias.
En fin, vamos a lo nuestro. Llego a La Capellanía, esta vez sin contratiempos hacia las ocho y media de una mañana luminosa, con cielos intensamente azules y limpios como el jaspe. Ya lo decía antes, que no hay mal que por bien no venga. ¡Menuda diferencia a como encontré la cúpula celeste en mi primer viaje por estos pagos...! Lo primero que hago es darle un garbeo rápido a la aldea. La primera fotografía se la hago a estos bonitos farallones que pronto rebasaremos por un sendero que surge a la izquierda de la imagen.
Una aldea coqueta, tranquila y muy bien cuidada, idílica yo diría, que según me informó un lugareño que más tarde conoceremos, la habitan en la actualidad, nueve personas de forma permanente.
Toda la ruta se halla bien balizada con caracteres todavía legibles.
Leña recién cortada de una de las casas de La Capellanía. Topónimo, por cierto, muy socorrido que se da a nivel nacional, e idéntico al que tenemos en el campo de Caravaca, entre La Junquera y Retamalejo. Aunque el de aquí, en la cartografía, figura sin el artículo.
El tramo de sendero desde La Capellanía es muy breve. Muy pronto desembocamos en una pista que comienza a faldear la vertiente sur del Yelmo Chico, adentrándose en algunos barrancos.
Uno de los muchos alicientes que atesora esta excursión los encontraremos en las grandes panorámicas que vamos a ir obteniendo sin salirnos de pista, salvo en momentos puntuales para fotografiar alguna estructura pétrea que llame nuestra atención. Aprovecho para apuntar que es un recorrido asequible a todo quisque que sea capaz de afrontar los 15 kilómetros de que consta el recorrido.
Al frente, Poyo Segura o sierra de las Lagunillas y despuntando a su izquierda el Caballo Torraso, pelado como una bombilla, de una apariencia cuasi lunar que apabulla. Donde estuvimos durante aquella época en que me dio por los dinosaurios. Hacía unos años, devastada por un terrible incendio. Increíble excursión, densa publicación aquella, de imborrable recuerdo, hecha en solitario. ¡Qué sesión de dinosaurios; qué soba hube de infligir a mis incautos visitantes de por aquellos entonces. Muchos se largaron y de ellos, nunca más se supo!
¡Que por nadie pase...😆!
Un pequeño refugio natural (lobera) que hay por aquí.
Al poco de tomar esta pista, pasamos bajo los tajos de un vistoso peñón que descolla en esta ladera por su forma y bonito tono rojizo. Se trata de Peña Rubia, otro topónimo muy frecuente.
Panorámica de una pequeña parte visible del gran embalse Tranco de Beas, que ensalza si cabe, todavía más, el atractivo paisajístico de nuestra excursión de hoy.
Mientras continuamos por la pista, espléndidos miradores y caprichosas formaciones rocosas se nos irán ofreciendo a tiro de pupila y cámara. He aquí otro espectacular flanco de Peñarrubia.
Sierra de las Cuatro Villas y Lagunillas
Hoy no se me ha olvidado echar los prismáticos y disfruto como un enano escudriñando el paisaje.
Enfocando hacia el Banderillas y Peña Amusgo. ¡Qué espectáculo, qué lujazo supone el ir disfrutando de tan bellas vistas sin apenas esfuerzo y con horizontes tan despejados y nítid😉s...!
Balcón natural que llaman Mirador de la Cruz.
Nuestro camino progresa por la vertiente Oeste, obteniendo dilatadas vistas hacia el vasto Valle de Hornos y sus inmensos pinares y olivares. También divisaremos en la distancia, poblaciones tales como Cortijos Nuevos👇, Hornos de Segura , Guabrah, El Robledo, Ojuelo, etc, y las cumbres de Beas que cierran el paisaje por poniente.
Seguimos nuestro avance y nos tropezamos con la Fuente de la Tejadilla, dotada de tornajos de obra. Yo me encontré en esta excursión, si mal no recuerdo, con tres o cuatro puntos de agua. Con ello quiero decir que si se te olvida echarla en la mochila, dependiendo la estación, es más que probable que tengas lugar donde abastecerte. En mi caso, prefiero traerla de casa, porque no todas las fuentes que te encuentras en la sierra son sinónimo de pureza ergo potabilidad, y además, la que consumimos también es de manantial, ni más ni menos que de la insuperable Fuente de Almaciles. En mi opinión y experiencia, hasta la fecha, otra mejor no la ha catado mi gaznate, y mira que llevo probadas. 
En estos tornajos elaborados con material de obra, tan armoniosamente mimetizados con el paisaje, me recreo un poquito con la cámara. La luz existente se presta a ello.
Y esta es la Fuente del Recodo de la Hoz, la más antigua y de mejor agua de toda la sierra, según el decir y parecer de algún lugareño. La más recomendada a los transeúntes senderistas por así decir. La única de por aquí, cuyos tornajos para el ganado, han sido elaborados a la viaja usanza o tradición, esto es, de tronco ahuecado. Nada que ver, escrito sea de paso, con los que yo me he encontrado en Castril. Esos sí que son tornajos artísticos, monumentales y de gran caudal. Probé el agua al regreso. Fría y un poco más blanda que la de Almaciles, pero muy buena, en todo caso. Para el agua de consumo humano, a la que cada cual se halle acostumbrado. Esa es la verdad.
Verticales y atractivos cenajos que quedan a nuestra derecha, según el sentido de la marcha.
Había considerado subir a lo más alto del Yelmo Chico, que el track no contempla, pero las horas que se me hicieron, el calor reinante, y las perpendiculares rampas que había de afrontar, pensando más bien en la bajada, me disuadieron de tal propósito. 
Hornos de Segura, acercado con la fuerza del Zoom. Su emblemático castillo, a malas penas se distingue desde nuestra posición. La floresta lo oculta. Al regreso, se nos ofrecerá más nítido.
Atisbando vastos horizontes en derredor. Pináculos cincelados por la erosión de milenios, a escasos metros de nuestros pies.
Desde aquí, sí, divisándose la Torre del Homenaje.
Más balizas informativas para que caminantes o ciclistas no se extravíen.
Este cruce es importante porque nos ofrece varias opciones a tener en cuenta. Una de ellas es tomar la dirección de la Fuente y Casa de los Ganados, hacia donde yo me dirijo. Otra coger el sendero de pequeño recorrido PR-A 147, que discurre paralelo al arroyo de Mata Asnos, y que enlaza con la pista hacia el Cortijo de Sebastián y la aldea El Robledo. Y otra, iniciar desde este cruce, la órbita que rodea el Yelmo Chico, con la que, tras la visita a la Casa de los Ganados, atajaré y conectaré yo, en modo asaltalindes (monte a través). 
Por aquí me tropecé con Juan el Cordobés. Hombre afable y de muy agradable y cordial trato, lleva viviendo 15 años en La Capellanía, procedente de Córdoba. Me habló entre otros asuntos, del bullicio que originó la desaparición de la señora y el protocolo de búsqueda establecido, que ha perdurado durante varias semanas, hasta hace bien poco, en que se dieron por vencidos y retiraron todo el dispositivo de búsqueda. Sale todos los días a caminar, entre otras razones porque el médico de su perro, le ha aconsejado que lo haga para mitigar la galopante artrosis que sufre su mascota (cuyo nombre no logro recordar), que cojea y al que contemplan 16 años. Por fuerza me evocaron el recuerdo de mi Viky. Me informó de senderos habilitados de forma reciente, y por ello, no recogidos en el mapa, que conectan el Yelmo Chico con el Grande. Que sobre todo los fines de semana, a esta amable y humanizada montaña, la visita mucha gente, y ello no me extraña, habida cuenta las variadas posibilidades que ofrece. Desde este rincón le envío un afectuoso saludo.
Por esta comarca, ha llovido mucho en las últimas semanas (qué envidia) y aún perduran vestigios manifiestos en el camino.
Llegamos al idílico rincón de la Fuente y Casa de los Ganados. Se halla muy próximo al ilustrado y comentado cruce, por lo que merece la pena acercarse a echarle un vistazo. Ni qué decir tiene que supone otro punto de abastecimiento de agua. Sueño con un Burete surtido de tres o cuatro fuentes como las del Yelmo Chico, ah, qué envidia insana y decía Calderón de la Barca "¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son...". Pues eso.
La Casa de los Ganados, en proceso de inexorable ruina. Tiene alrededor, un desvencijado cercado que no parece albergar ningún propósito salvo el de afear el entorno.
El rincón es muy coqueto, un paraje con "duende", estupendo para tomarse un pequeño receso durante la caminata.
Ahora volvemos sobre nuestros pasos, pero en vez de regresar al cruce para coger la pista que en bucle rodea el Yelmo Chico, atajamos por un tramo de monte que en vertiginosa subida nos conecta con la referida pista PR-A 150.
Se trata de la rampa más durilla del recorrido, pero solo de unos cientos de metros de trecho, hasta el punto donde comienza el circuito que podemos tomar en un sentido u otro. Yo lo hago en el de las manecillas horarias, siguiendo al dedillo el track que he metido en el gps. He desembocado en la divisoria que enlaza los hermanos Yelmos, aterrizando sobre una escarpada y bella canal que domina lo que los lugareños conocen como la "Garganta de Hornos". Sigo progresando por la pista, describiendo algunas zetas, mientras esta parece que va ganando algunos metros en altura, hasta asomarme definitivamente al flanco oriental del Yelmo Chico. A partir de aquí, comienza a priori, lo más apoteósico de la ruta. Ahora procede colgarse los prismáticos del cuello para no perder detalle de cuanto nos pueda ofrecer el entorno del camino.
Mirando hacia el Yelmo principal, auténtico imperator de estos contornos. 
A mi frente, esto es, al otro lado de la garganta de Hornos, podemos distinguir la alargada divisoria de la Cumbre, cuya ladera, se haya tapizada, por una frondosa masa forestal, semejante a la que tenemos en Burete, vista desde el sendero de la Fuente Cagueta. También se adivina, sobre la cárcava del cañón, la sinuosa carretera que me ha traído hasta el inicio de ruta, donde la cima del Yelmo Chico, se erige a unos cientos de metros sobre esta.
En este punto del camino, hemos de estar preparados, cámara en ristre, para el espectáculo. Formaciones calizas esculpidas desde tiempo inmemorial, conforman un curioso modelado de tipo coniforme con traza de Ciudad Encantada.
La antediluviana e incesante exposición al agua y viento han cincelado en la roca caliza, multitud de pinaculares siluetas, conocidas como frailes, que provistos de unos binoculares, aunque sean de AliExpress, se escudriñan mucho mejor. Eso sí, con cuidado de asegurar la pisada porque un desliz y posterior caída al vacío sería mortal de necesidad. Supongo que las siguientes imágenes, como prueba de cuanto asevero, serán suficientes.
FINAL PRIMERA PARTE

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