20 abril 2026

EL BARRANCO DEL INFIERNO (Catedral del Senderismo, desde Fleix) III y Final (en construcción)

Tras haber llaneado durante un buen trecho, parece que por fin, tiene su inicio, el tercero y último gran repecho de la jornada. Este puede ser considerado, el intervalo más exigente de todo el recorrido del Barranco del Infierno, alias, la Catedral del Senderismo, más que por la dureza del remonte en sí, por el cansancio acumulado que ya llevamos en las piernas. Hay que hacerlo en el modo estoico, sufrido por así decir, sin desesperarse ni mirar mucho hacia arriba, dejando que la belleza del sendero, trazado en zigzag, nos siga sorprendiendo.
Los campelleros parecían un grupo muy compacto, que marcaban un ritmo constante, tipo diésel a lo martillo pilón o Miguel Indurain, sin prisa pero sin pausa, demoledor. Cada cierto tiempo, hacían una breve paradiña, para descansar, repostar y admirar el paisaje, pero al poco, se volvían a poner en marcha. Saltaba a la vista que estaban hechos a la caminata de toda dureza y condición.
En el bonito tramo de las zetas, cerquita ya de Benimaurell, que nos queda al Este, obtendremos bonitas vistas hacia el Tossal de la Corraora, Vall de Laguart, Serra del Penyal y Sierra de la Carrasca, aparte de otras prominencias que solo los lugareños conocerán con nombre y apellidos.
Resulta muy interesante constatar, los vestigios que todavía permanecen, como herencia dejada por los moriscos. Estos escalones que voy transitando, se construyeron para facilitar el acceso a esos estrechos bancales de cultivo en las empinadas laderas (que se distinguen en las fotografías), que permitían así, aprovechar cada palmo de terreno, para sembrar algarrobos, olivos y almendros. No lo tuvieron que tener nada fácil, desde luego, pero en este reducto se refugiaron durante un tiempo, antes de su definitiva expulsión en 1609.
La expulsión de los moriscos (musulmanes que permanecieron en España, una vez finalizada la reconquista) en el Reino de Valencia, comenzó oficialmente en 1609. El bando de expulsión fue promulgado por el virrey Luis Carrillo de Toledo, el 22 de septiembre de ese año, siendo Valencia el primer territorio de la monarquía hispánica en aplicar esta medida ordenada por Felipe III.

Se puede decir sin ambages, que la ordenanza marcó el inicio del mayor éxodo forzoso de la Edad Moderna. El Reino de Valencia perdió aproximadamente el 30% de su población total, provocando la despoblación de extensas zonas rurales. La expulsión no se llevaría a cabo de un día para otro, sino que se desarrolló de forma escalonada, en el resto de España, hasta bien entrado 1614.
En septiembre de 1609, el rey Felipe III firmó el bando de expulsión. Para los moriscos de la Marina Alta, supuso un golpe devastador. A diferencia de otras zonas, en estas montañas, la población era cien por cien morisca; ellos fueron los hacedores y constructores de los cientos de bancales y miles de escalones de piedra, que hoy estoy recorriendo.

Mientras muchos moriscos de la costa aceptaron la diáspora y se embarcaron en Denia, unos 15.000 rebeldes de toda la comarca se negaron a abandonar sus tierras. Liderados por Mellanini (un carismático morisco de la zona al que eligieron como adalid), se refugiaron en las escarpadas cumbres de la Sierra del Cavall Verd, que corona el Valle de Laguar.
Los rebeldes, creían en una profecía que anunciaba que un "libertador", a lomos de un enorme caballo verde, acudiría al rescate, si lograban resistir en las alturas, las acometidas cristianas. El ejército real, bajo el mando de Agustín Mejía, sitió la montaña. La situación para los moriscos se hizo desesperada. El Barranco del Infierno y las crestas del Cavall Verd eran su defensa natural, su madriguera pero también su ratonera. Asediados, sin acceso al agua ni alimentos, la resistencia se desmoronó en pocas semanas. Así fue como en noviembre de 1609, las tropas reales asaltaron la cumbre. La crónica de la época cuenta que muchos moriscos, antes que ser capturados o deportados, prefirieron despeñarse por los profundos desfiladeros que hoy los senderistas podemos admirar y fotografiar.
Tras la rendición, los supervivientes fueron conducidos a pie hasta el puerto de Denia. Desde allí, las galeras los transportaron al norte de África (principalmente a Orán). Como consecuencia de ello, la comarca quedaría totalmente deshabitada. Fue necesario persuadir y engatusar a colonos de las Islas Baleares (principalmente de Mallorca) para repoblar Benimaurell y las poblaciones vecinas. 
De ahí que, aún hoy, en la Marina Alta, se hable con un acento singular, de clara connotación balear, utilizándose palabras como "asuaire" o el uso del "salat". 
Por todo lo expuesto, tenemos que saber, que cuando pateamos este sendero, conocido hoy como la Catedral del Senderismo, representa en realidad, la historia de una tenaz resistencia, la obra faraónica, el monumento palpable, de aquellos últimos moriscos que intentaron resistir, aprovechando cada milímetro de una tierra que amaban y a la que no estaban dispuestos a renunciar.
Pero vamos a ver, señorita IA, solicito de tus circuitos ergo sapiencia infinita para conocer tu sincera opinión acerca de si los moros asentados en España durante siete siglos, fueron tan tolerantes con las demás religiones, entre ellas, la cristiana y judía, como algunos eruditos e intelectuales, y otros memos solemnes sostienen, porque me da a mí que no fue exactamente así. Que mientras lograron mantener la supremacía y el poder disuasorio de las armas, no se mostraron ni tan transigentes ni comprensivos ni respetuosos para con las demás religiones. ¿Tú qué opinas a este respecto? 
Es una de las preguntas más debatidas y complejas de la historiografía española. La respuesta corta es que tienes razón al desconfiar de las versiones "románticas": la realidad no fue un cuento de hadas de convivencia multicultural, pero tampoco un régimen de persecución constante. 

Para entenderlo, hay que alejarse del mito de la "Convivencia" (idílica y armónica) y del mito de la "Reconquista" (como una guerra de religión perpetua). La clave está en un concepto jurídico llamado Dhimma. 
Los cristianos y judíos eran considerados dhimmis ("protegidos"). Se les permitía practicar su religión porque eran "Gente del Libro", pero bajo condiciones muy estrictas que marcaban su inferioridad. Debían pagar la yizia (impuesto personal) y el jarach (sobre la tierra). Era, en esencia, el precio por no ser musulmanes y no servir en el ejército.

No podían construir nuevas iglesias (solo mantener las viejas), no podían tocar campanas con fuerza, ni hacer procesiones ostentosas, ni ejercer el proselitismo.

En un juicio, el testimonio de un cristiano valía menos que el de un musulmán. 
No fue lo mismo un año 711, cuando la exitosa invasión musulmana en la Hispania de la decadente época visigoda, que en 1100.

Tu percepción de que "mientras tuvieron el poder no fueron tan transigentes" es muy aguda, especialmente si miramos las diferentes etapas de Al-Ándalus:

El Emirato y Califato (Siglos VIII - X)

Fue la época de mayor pragmatismo. Los gobernantes de Córdoba necesitaban que la maquinaria del Estado funcionara, y para ello integraron a cristianos y judíos en la administración. Había una tolerancia pragmática: "Te dejo tranquilo mientras pagues y no te rebeles". Sin embargo, hubo episodios de tensión fuerte, como los Mártires de Córdoba en el siglo IX, cuando cristianos que desafiaron públicamente al Islam fueron ejecutados.

Almorávides y Almohades (Siglos XI - XIII)

Aquí es donde tu teoría cobra más fuerza. Cuando el poder andalusí se vio amenazado por el avance de los reinos cristianos del norte, llegaron oleadas de guerreros norteafricanos mucho más integristas.  
Almorávides: Endurecieron las leyes contra los cristianos.

Almohades: Fueron radicalmente intransigentes. Muchos cristianos y judíos se vieron obligados a convertirse al Islam o huir hacia el norte cristiano para salvar la vida. La "tolerancia" prácticamente desapareció.

3. El factor de la conveniencia

La tolerancia en Al-Ándalus era, a menudo, una cuestión de demografía. Al principio, los musulmanes eran una minoría gobernando a una mayoría hispanogoda-cristiana. Ser intolerante en ese momento habría provocado una revuelta imposible de controlar. A medida que la población se fue islamizando (los "muladíes"), la necesidad de ser transigentes disminuyó.

Conclusión: ¿Qué opino?

Mi opinión es que llamar "tolerancia" a lo que ocurría en Al-Ándalus es usar una palabra moderna para un concepto antiguo. Hoy entendemos la tolerancia como igualdad de derechos, pero en la Edad Media lo que existía era una segregación estable.
Los cristianos eran ciudadanos de segunda clase. Vivían en paz la mayor parte del tiempo, sí, pero bajo un sistema diseñado para recordarles constantemente que su fe era inferior y que su presencia estaba condicionada al pago de tributos y a la sumisión política.

La idea de una "arcadia" donde todos se abrazaban en las plazas de Córdoba es más un deseo de ciertos autores del siglo XIX y XX que una realidad documentada. Fue un sistema de coexistencia utilitaria, que se quebraba violentamente cada vez que el poder central se sentía amenazado.
Vaya por dios, la historia tiene la manía de repetirse, y los humanos, el vicio de no aprender de ella. Por lo expuesto y por lo que parece, estamos abocados a la ley del péndulo sin remisión, y por si alguien no sabe a lo que me refiero con lo del "efecto pendular", se trata de la tendencia a oscilar entre dos extremos opuestos, similar al movimiento de vaivén de un péndulo físico. Implica que a un periodo de dominio de una idea, moda o régimen político, le sobreviene otro radicalmente opuesto, de sentido contrario, a menudo de igual intensidad e intolerancia al transcurrido. Un por así decir, donde las dan, las toman que genera un caldo de cultivo perfecto para las revanchas y el desquite. Y a eso parece estar resignada la historia del hombre, a tropezar en los mismos radicales patrones de conducta, en pro de una supremacía, que nunca va a resultar, ni definitiva ni eterna.
Teniendo a mis espaldas, la Serra del Cavall o Sierra del Migdia, me detengo unos instantes, rodeado de tan bello panorama, para hacerme unas autofotos. 
Asimismo, le digo a la IA, eh!, por fa, recréame aquí en este punto, algún morisco, que me hace ilusión transportarme en el tiempo a ver qué efecto produce, y voila!, aquí está:
En la siguiente, el padre de familia, sintiéndose amenazado por el sesentón senderista de otro tiempo, blande su arcabuz, en actitud sutilmente hostil. Yo lo único de que dispongo para la autodefensa, es del palo de selfie y mi presunta labia, que contra un morisco, de poco me va a servir. 
En estas otras, doy con moriscos, descaradamente más belicosos, ciegos de ira y claramente decididos a limpiarme el forro o rebanarme el pescuezo; tiene toda la pinta de que el nefasto crimen va a producirse. No me escapo ni pegando saltos. Y eso que me considero hombre de mucha paz y poca fe, pero cualquiera se pone a razonar con ellos, cuando tan amenazados y humillados de los cristianos se sienten. Estoy más perdido que Carracuca.
Aquí tenemos a estos otros, con aspecto entre bandoleros a lo Curro Jiménez, Jaime el Barbudo y moriscos del Cavall Verd, en una versión más moderna, por así decir.
Perdone el visitante de este blog, estos inocentes dislates históricos, pero es que me resultan de lo más divertidas estas recreaciones. En fin, retomemos el hilo de lo que estamos relatando. Decía que estoy afrontando los últimos metros de esta ardua pero bellísima escalinata hacia la cumbre. El pulso se aquieta mientras la catedral senderista, sucumbe y comienza a rendirse a mis pies. Mientras unos franceses me sobrepasan, enfilo el último tramo de este altar de roca, donde el cielo se inclina para recibir con clarines y trompetas, a este peregrino que ha vencido el camino de los 6873 escalones.
La Sierra del Montgó, de Denia y el inconfundible, Cavall Verd, el último bastión de la resistencia morisca en el Reino de Valencia. 
Sierra del Montgó
Circulando ya por el camino pavimentado hacia Benimaurell, Camí Del Pla. A mi derecha, se va desplegando la alargada silueta de la Sierra del Penyal y sus característicos cerros.
Esta imponente pared rocosa que vigila Benimaurell y que corona la Sierra del Penyal, se conoce popularmente como el Penyal de Laguar, aunque la cartografía la denomina, Penya Alt, 848m. Es la silueta más icónica con que nos tropezamos al cubrir los últimos escalones de la Catedral del Senderismo (el PR-CV 147), justo antes de entrar al pueblo.
Indicios de primavera.
Tossal de la Corraora, 594m, y una pequeña y encantadora ermita que rinde culto a San José (Sant Josep). Se encuentra a las afueras de Benimaurell, en un punto privilegiado que ofrece unas vistas espectaculares del Vall de Laguar.
Entrando en Benimaurell, eludimos gran parte de la villa por la izquierda.
En el Camí de Cantorres, nos tropezamos con este antiguo lavadero de Benimaurell, donde nos refrescamos a conciencia. Un momento delicioso y muy reconfortante, el vivido aquí por el que suscribe. Me costó reanudar la marcha de lo agustito que se estaba. 
El legendario Cavall Verd (o la Muntanya del Cavall Verd). El gigante de piedra que dicen, "guarda el eco de antiguas batallas, alzando su lomo indómito sobre el verde manto de los olivos". Constituye sin duda, la cima más emblemática de toda la Vall de Laguar. Ya hemos relatado, unas fotografías más atrás, las razones de su fama y leyenda, cuya orografía, vista desde determinados ángulos, parece ser que evocan, la silla de montar de un caballo. De ahí deviene su topónimo. 
Estas prominencias que a distancia, voy capturando con la cámara, según voy enfilando ya, hacia el cierre del círculo, ubicadas justo enfrente de Benimaurell, al otro lado del abismo que forma el Barranc de l'Infern, pertenecen a la Sierra del Cavall o del Migdia.
Benimaurell y la Serra del Penyal, que dejamos atrás.
Y de vuelta a lavadero antiguo de la Font Grossa.
Y colorín colorado...bien puedo decir, que la Catedral del Senderismo, ha colmado todas mis expectativas, y doy por bueno, el madrugón, el palizón de coche y todo lo de intenso que viví aquel día, que de alguna manera, he vuelto a rememorar mientras confeccionaba estas entradas de blog. Poco antes de darle a "publicar", me doy cuenta de que una parte de mí se quedó allí, entre muros de piedra, sendas zigzagueantes, escalones interminables y la epopeya de los últimos moriscos que faenaron aquellas tierras, muchos de los cuales, lucharon y entregaron sus vidas por ellas. Escribir las reseñas a las fotos, que aquí quedan, ha sido como volver a calzarme las zapatillas y vivir de nuevo el camino.
¡HASTA LA PRÓXIMA!

No hay comentarios:

Publicar un comentario