Para hacer ruta tan emblemática y que tengo en cartera, esperando turno, desde hace varios años, se me va la olla, y una mañana del mes de abril, me desplazo a 240 km de casa para, por fin, llevarla a efecto. Es el recorrido por antonomasia, la Meca del senderismo de la comunidad valenciana. Por mucho que vayas de un lado para el otro, recorriendo rincones por entre Alicante y Valencia, si no has hecho este itinerario, es que te has dedicado a mariposear y eres un senderista alicantino de chichinabo, porque sigues teniendo la asignatura principal, pendiente. Como aprobar todas las materias excepto Lenguaje y Matemáticas, pero de la EGB de antes, no de la ESO de ahora. Y hete aquí, que este ambulante de los montes del noroeste murciano, se desplaza donde Cristo perdió las esparteñas, para comprobar de primera mano, si su marchamo o reputación de ser considerada la Catedral del Senderismo, está bien justificada, porque las etiquetas, la mayoría de las veces, son puro márquetin vende humos. De manera que, después de haberme pegado el madrugón, superado dos o tres desesperantes atascos, y llegar al punto de inicio, sobre hora y media más tarde de lo previsto, por fin llego a Fleix, y dejando el coche estacionado en un parquin gratuito muy apañado que hay por allí, comienzo a caminar, pasadas las diez de la mañana, y con un calor que ya comienza a hacerse patente.
¡Qué emocionante me resulta siempre, seguir un track por un entorno del que lo desconozco todo! ¡Dejar que el camino me sorprenda en cada uno de sus recodos! La catedral del senderismo, o también conocida como la ruta de los Seis mil escalones, se encuentra al norte de la provincia de Alicante, en el municipio La Vall de Laguar, dentro de la comarca de la Marina Alta, ubicada hacia tierra adentro, aunque desde los puntos más elevados, se obtienen diáfanas panorámicas hacia la cercana costa y el mar Mediterráneo. Conocido este terruño como el paraíso del interior, el valle está formado por tres núcleos principales: Campell, Fleix y Benimaurell, junto con Fontilles, pueblecitos, todos ellos, muy coquetos. La comarca, destaca por su entorno montañoso, el cultivo de cerezas, su turbulento pasado morisco y el Barranco del Infierno (Barranc de l'Infern), por cuyo lecho, pasaremos dos veces, en el transcurso de esta emblemática ruta.
El recorrido se suele hacer a la contra de las manecillas horarias, excepto el breve primer tramo, hasta la Font Grossa, que se repite en la ida y vuelta. Hecho el camino en el sentido de las agujas del reloj, me parece a mí que resultará algo más liviano. En una parada técnica, en Campell, le hago esta fotografía a aquella descollante prominencia. Se trata de la Sierra de Bernia. Su silueta escarpada y dentada constituye uno de los perfiles más reconocibles de la región de la Marina Alta y Baja. Su cúspide alcanza los 1.128 msnm, siendo conocida por el Forat de Bernia, un túnel natural que atraviesa la cresta rocosa y ofrece vistas espectaculares del litoral, así como por las ruinas del Fuerte de Bernia, una fortificación del siglo XVI, construida bajo mandato de Felipe II.
Fotografías capturadas desde el bonito pueblo de Campell, hacia El Garroferal y El Castellet.
Fotos tomadas, nada más iniciar la ruta, desde el mismo parquin de Fleix.
Aquel pueblecito blanco, tan coquetamente integrado en la montaña, es Benimaurell, por el que pasaremos al ir enfilando el cierre del círculo.
Benimaurell, rodeado de montañas; entre las sierras de la Carrasca y del Penyal.
Ni qué decir tiene, que toda la nomenclatura toponímica de esta zona, se encuentra escrita en valenciano. Aquella es la Sierra del Cavall o del Migdia, donde se encuadran los picos L'Alt de la Mançanera, 727m ( a la izquierda) y El Parat dels Oms, 729m.
Coqueto lavadero en la Font Grossa, que podremos aprovechar, hacia la finalización de ruta, para refrescarnos un poquito. Aunque existe otro, uno o dos kilómetros más arriba. Recién pasado la fuente y el lavadero, hay que estar atentos para desviarnos a nuestra derecha. Tengo que decir, que el itinerario está en todo momento, perfectamente señalizado, para que nadie se pierda ni sea preciso el uso de un gps. Por ese lado, esta ruta es apta incluso para aquellos que en la montaña, se pierden más que la llave fija 10/11.
Nada más desviarnos a nuestra mano derecha, se comienza a descender por el sendero de pequeño recorrido, PR-CV 147, el conocido por el apelativo, acaso, algo rimbombante, La Catedral del Senderismo, o la Ruta de los 6000 escalones, como también es nombrada, aunque he leído por ahí, que originalmente, se la denominaba Camí de les Juvees o Camí de la Juvea. En este punto, existe una señalización de madera en forma de flecha con las letras en amarillo que indica la dirección al Barranc de l’infern y les Juvees d’Enmig.
Así pues, desciendo por unos anchos escalones, hacia el ya mencionado, Barranco del Infierno, angosto y fotogénico cañón, que las aguas del río Girona, han ido cincelando a través de los tiempos. Esta llamativa garganta, como ya iremos viendo, me dará mucho juego desde el punto de vista fotográfico, porque la verdad, es que embellece y ensalza sobremanera, el atractivo panorámico del recorrido.
Voy bajando con cuidado, para evitar tropiezos, porque algunos escalones, se hallan algo descompuestos, mientras voy escuchando voces lejanas, de los diferentes grupos de senderistas, que me preceden. La verdad, es que me esperaba encontrar mayor afluencia de gente, en una ruta como esta. Pero no es lo mismo, hacerla en un día laborable que en fin de semana o fiesta de guardar.
Mientras voy descendiendo por el escalonado y serpenteante sendero, voy vislumbrando allá abajo, la bonita sinuosidad que sigue adoptando el recorrido. Esto promete, me digo. Hasta que, tras algún breve titubeo, encuentro la dirección correcta que me conduce hacia una abertura en la roca. Se trata de El Forat de Juvea, que me permite horadar la montaña para continuar descendiendo hasta aterrizar en el cauce seco del río Girona, que se encuentra a 183 metros de altitud.El pasadizo al otro lado, adopta este aspecto.
Ya obtengo la visual de las personas, que por sus voces, me han avisado con antelación de su presencia.
Mi actividad fotográfica, dado el sensacional paisaje que me rodea, resulta frenética, porque pretendo capturar con la compacta, todos los detalles y elementos posibles.
Ejemplo del aspecto que adoptan algunos tramos escalonados de este extraordinario recorrido, que he leído que alguno ha contabilizado en 6873 peldaños; que sí, coincido en que es un sendero monumental, cuanto menos, de obligada realización, para cualquier buen senderista, alicantino o valenciano, que se precie de serlo. A los que nos pilla algo más lejos, ya es cuestión de proponérselo y poner en la balanza, si compensa o no, la logística y esfuerzo necesarios para llevarlo a buen término. Son 15 kilómetros, más o menos, de rompe piernas subibajas, de aprox, 800 metros de desnivel, asequible para cualquiera que esté hecho a la caminata con repechos, de forma habitual. Su nivel de dificultad se encuentra catalogada de moderada, aunque como bien se sabe, esto siempre resulta subjetivo. Por demás, la contemplación del paisaje puede ejercer un efecto lenitivo del esfuerzo físico requerido, porque oteando en derredor, iremos más que entretenidos.
Aunque, eso sí, las condiciones climatológicas, en este día, de asfixiante calor, pudieron resultar determinantes para más de uno. Que te pueda visitar o no, el tío del mazo, muchas veces depende de la providencia, y que vayas adoptando precauciones para no fenecer en el intento. Ir comiendo y bebiendo durante todo el recorrido, se me antoja condición sine qua non.
Una vez superada, la primera y más exigente subida del día, de 300 metros de desnivel, con refrescantes sombras, en las umbrías del zigzagueante sendero, donde poder descansar, para beber agua y demás, alcanzo la cima donde se enclava el Pozo de Juvea, que de agua, solo presenta lo que el topónimo sugiere. Aquí encuentro a varias personas detenidas al solanero, supongo que esperando al resto del grupo, por lo que paso de largo sin detenerme. Aunque sí lo hago un poco más adelante, para capturar algunos detalles de esta choza que me sale al paso.
Tras una breve rampa, el camino llanea por una pista sin asfaltar, que me conduce más adelante y a la izquierda, hacia el paraje denominado, Juvees d'Enmig. Atravieso un pequeño pasadizo arbolado de carrascas en El Pla de L’Avenc, en cuyos troncos, existen pintadas las familiares señales de PR, blancas y amarillas. Estoy a punto de abordar el segundo descenso, tan bonito y disfrutón, si no más, que el anterior. En fin, conforme voy avanzando por el sendero de los tropecientos mil escalones, me va encajando más, la catedralicia distinción.
La alargada Serra de la Carrasca, nos quedará siempre a nuestra mano derecha.
Elevado a 514 m de altitud, emprendo nuevo descenso hacia el lecho del Barranco del Infierno, teniendo a mi derecha, casi tocando, las vistosas paredes verticales de La Llometa de las Colmenetas y al frente, la mencionada Sierra de la Carrasca. Por el retrovisor, observo, que varios senderistas, siguen mi estela. Cada cual a su ritmo, sin prisa pero sin pausa. Como estoy tomando fotos a norre, dejo que me adelante un grupo, con el que más tarde, intercambié algunas impresiones, si mal no recuerdo, procedentes de la costera villa de El Campello.
El sendero es muy bonito y el paisaje en derredor, espectacular. Hago todo lo posible por traérmelo a casa, que por aquí, dios sabe cuando volveré, eso, si es que lo hago...
Ya atisbo la canaladura y angostura del cañón, cuya perspectiva, irá mejorando con la altura. El sensor de mi compacta, seguro que se pondrá las botas.
En el camino me tropiezo con la pequeña fuente de Reinós. Mana abundante agua de la surgencia, pero como llevo de sobra en la mochila, rehúso probarla por si las moscas, que no es el primero que al día siguiente, o esa misma noche, al beber agua de manantial, se ha ido de vareta. Pero no obstante, y dado el calor reinante, me remojo el gaznate y los brazos.
Como el reguero de agua, sigue durante unos metros, el mismo curso del sendero, a esta altura, algo descompuesto y suelto, hay que llevar cuidado, por el peligro de desliz.
Y por fin aterrizo de nuevo en el álveo del río Girona, ahora situado a 273 m de altitud. Aquí no corre un pelo de aire, y habiendo traspasado con creces, la hora del ángelus, sintiéndome encajonado en el Barranco del Infierno, el intenso calor se deja sentir. Pero no hay miedo, porque con este paisaje que se me ofrece en derredor...; ¿Quién va a reparar en si hace frío o calor, si sopla el viento, la calma chicha o impera un sol de justicia...?, pues nadie que como buen senderista montañero, disfrute padeciendo...
Por entre estos cantos rodados, con el típico crash crash del andar sobre gravilla, y tras cien metros, más o menos de avance, me salgo del cauce cogiendo un sendero señalizado a mi izquierda. Además, tengo como referencia, al grupo que me precede, al que ya les ando a su zaga.
Por aquí, y dada la hora del día y lo encajonados que nos hallamos, el calor, resulta algo abrumador. Pero el recio estoicismo de que está penetrado el sufrido y veterano senderista, curtido en mil batallas, se hace valer. No hay miedo, no hay dolor, que diría aquel...
FINAL PRIMER CAPÍTULO




































































































































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