A la excursión de la Raja de Góntar, le tenía yo ganas desde hacía más de diez años. Un día de diciembre de 2015, me acerqué por allí con Viky, con idea de echarle un vistazo a ese reputado lugar, para comprobar por mí mismo si su nivel de dificultad era tan comprometido como lo pintaban, y si veía alguna posibilidad, sin pecar de temerario, el de llevarlo a efecto. Pero tras superar unos cuantos repechos de infarto, alcé la vista, vi el pampaneo y me dije, ¿pero adonde vas moño hueco?, la raja esta se presenta incluso más intimidante al natural que en fotos. Pues nada, recupera el juicio, actúa con sensatez y da media vuelta hacia la carretera y ya la haremos más adelante cuando la ocasión nos sea más propicia. Y como tenía un plan alternativo, porque el tener que renunciar entraba dentro de lo previsible, pues hice otra mucho más inocua, más segura para con nuestra integridad física. ¡Será por itinerarios senderistas, a cuales más bonitos, reconfortantes y tranquilos por la sierra de Segura...!
Así pues, han pasado diez años, y cuando los Amigos Senderistas se plantearon la posibilidad de realizar tan emblemática excursión de cierta exigencia, no me lo pensé dos veces, y decidí aprovechar la coyuntura para sumarme a tan excitante aventura.
El recorrido sale de la popular Venta de Ticiano, y se suele hacer en el sentido de las manecillas horarias. El que llevaba en el gps nuestro guía, debió ser este, que desde la referida venta, coge un difuso sendero por la ladera del monte, para evitar el alpargatazo de ese tramo por carretera por el que optan otros, para en un periquete, situarse casi debajo y enfrente de la Raja de Góntar. La decisión de nuestro cicerone me pareció igualmente acertada, porque así, nada más salir, nos metíamos en harina para ir aclimatándonos de cara a abordar la fascinante Raja de Góntar.
En las inmediaciones de Venta Ticiano, preparando los apechusques, antes de iniciar nuestro desafío.
El menda con Anabel.
Fotos de grupo, inmediatamente antes de la salida. Hacía fresquillo pero no demasiado. Y según Meteoblue, un 30% de posibilidades de lluvia. Tuvimos suerte porque comenzó a lloviznar, hacia el final de ruta.
El Picón de la Algaina.
Antes de que nos demos cuenta, estamos ya metidos en faena, sorteando obstáculos, ramajes y troncos de pinos secos por doquier. Ir superando bosque tan frondoso, no resulta cómodo pero sí divertido. Mi disposición es la de tomar dos o tres fotos, para ilustrar más tarde, la descripción de la ruta en este blog, y va que chuta, sin complicarme mucho la vida. Así que, esporádicamente desenfundaba, y clic, fotografía al canto, pero sin esmerarme demasiado en el cometido. De hecho, consciente soy de que se me conoce por la racanería que muestro cuando de tomar fotos de mis rutas senderistas se trata.
Fernando y Elvira
Esta es María.
El guía, mostrándonos el mejor camino para ir sorteando los obstáculos.
La sonriente Anabel, transmitiendo siempre, buen rollo. No le pone pegas a nada. Lo de mostrarse "quejica", por muy jodía que se ponga la cosa, no lo contemplan su espíritu e idiosincrasia.
En fila india hacia la Raja de Góntar. Para superar algunas fuertes repechos, hay que apretarse los machos, porque nos dejan sin resuello.
Breve descanso, para recuperar el aliento.
Continuamos ascendiendo...
Ya tenemos a tiro de piedra las formidables paredes donde se encuentra la famosa raja.
En algunos puntos, el bosque se presenta en extremo frondoso, casi inextricable.
Otra paradiña para recuperar pulsaciones y la respiración desbocada. Entre la emoción de pensar en lo incierto de nuestra aptitud y comportamiento frente al desafío, y lo empinado de estas rampas, es que a veces bien parece que nos pudiera dar un patatús. Pero lo disimulamos muy bien😁.
¡Pues venga, otro tirón...!
Pedro y Elvira, tampoco perdían la sonrisa, por exigente que se pudiera poner el camino.
¡Ay, ya estamos llegando a la pared de la raja, presos de la inquietud por el típico miedo a lo desconocido...!
¡Anda la virgen, y por ahí hay que subir...? Y pretendía yo hacerlo solo y con la Viky. Ella era una caniche fuera de lo común, todo camino, que hasta en su mejor época, la vi escalar por lugares inasequibles a la mayoría de canes, pero por aquí...¡anda ya!, el lugar mete miedo, intimida, acojona...ganas dan de darse media vuelta y jiñado patas abajo, volverse pa la venta Ticiano. ¡Pero qué vergüenza solo de pensarlo; seguimos palante y que sea lo que dios quiera...!
¡Venga ánimo Alfonso, que la cosa no será para tanto...!
¡No, no, si todavía no hemos llegado. Si los últimos repechos nos están metiendo la puntilla...!
Estamos ya pegados a la pared del Almendro.
Ya sí que sí, último fuerte repecho, antes de colocarnos bajo la fisura.
Pedro, encabezando este grupo segregado del resto, que ya está recuperando el resuello, al pie de la enorme grieta.
¡Guauuuuuu, no cabe duda que en directo, in situ, resulta incluso más intimidante, más desafiante que lo sugerido por fotos y vídeos!
Impresionante imagen de la Raja de Góntar por la que hay introducirse y trepar.
Pauli, a punto también de enfrentarse a la grandiosidad apabullante de la Raja de Góntar.
Manu, intercambiando impresiones con Pedro.
El paisaje que brilla con luz propia a nuestra espalda, tampoco es cuestión de dejarlo arrinconado, eclipsado por la Raja de Góntar. La Muela y el valle del río Zumeta nos siguen deparando, bellas panorámicas.
Aposentados ya al pie de la hendedura, esperando al resto del grupo.
María, Onofre, Javi, Diego y Tomás.
Agrupándonos, poco antes de abordar, el primer tramo de trepada de la famosa grieta. Hasta que no valore por mí mismo la dificultad a superar, es normal que experimente cierta ansiedad anticipatoria. Descarga de adrenalina, liberación de endorfinas, sensación de sentir, no digo mariposas sino abejorros en el estómago, forman un cóctel todo agitado, de lo más excitante. Es aquello del ser consciente del momento, del "sentirse vivo", del salir de la zona de confort, aunque solo sea por un corto espacio de tiempo, con una actividad asequible, empero con cierto grado de exigencia que nos ayude siquiera a atisbar, cuales pueden ser nuestras verdaderas capacidades y límites. Con semejantes dificultades orográficas que vencer, para nosotros que somos la mayoría caminantes de senderos no muy complicados, no cabía duda que esta actividad, nos iba a reportar una miscelánea de emociones fuertes. Y uno podía sentirse capaz de responder con más o menos arrojo y soltura a los aprietos con que se pudiera encontrar, pero y el resto...? Con que hubiera de lamentarse un solo caso de bloqueo emocional, ataque de pánico, contrariedad física para alguno de nosotros, ya se nos iba al traste la experiencia, se nos agriaba la cosa. Pero esperemos que todo transcurra sin contratiempos y como se suele emplear en mi gremio laboral, todo termine, sin novedad.
FINAL DE LA PRIMERA PARTE
































































































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