Anabel y Diego
Tomás y otros amigos, queriéndose inmortalizar en la grieta de Góntar, poco antes de afrontarla, y de paso, mitigar en lo posible la inquietud que nos generaba. Y nada mejor para lograrlo que una sesión de postureo previo.
Javi, el conductor del grupo.
Manuel
Onofre
Anabel
María
Pauli, Elvira, Anabel.
Ha llegado el momento de la verdad. En la actualidad, en los puntos de conflicto más complicados, existen 3 ó 4 cuerdas gruesas, con sus correspondientes nudos para el buen agarre, que facilitan sobremanera el ir superando los diferentes niveles en altura. Alguien comentó, creo que Elvira, que esto era como irse pasando las pantallas de un videojuego. Hasta que no te pasabas una, no podías llegar a la siguiente. Y así mismo es, porque llegas a un punto de no retorno, en el que resulta más peligroso retroceder, que seguir avanzando. 

El primer obstáculo a superar, no parece complicado, y está dotado de la misma recia cuerda que los siguientes. Hace diez años, recuerdo haber leído que por aquí, en el paso más difícil, había dispuesta una soga, pero tan fina que no inspiraba demasiada confianza, y que con el tiempo, tendía a descomponerse y poder partirse, pudiendo costarle algún serio disgusto a alguien. De hecho, los avezados, con experiencia en lides escaladoras, acudían a estos derroteros, con su propio material, porque no se fiaban del que existía.
Iban por delante de mí, Javi y Tomás, que tienen parecida corpulencia a la mía, de manera, que si la soga era capaz de soportar su peso, también era de suponer, que aguantara el mío. Se trataba del test definitivo de su verdadera resistencia, lo que nos hizo aferrarnos a ella con uñas y dientes, con todo nuestro ser y lo demás, se lo dejaríamos a la providencia y a Javi, que nos daba el último tirón para rematar el escalón.
Este paso u obstáculo en el que se halla Javi, haciendo de escalador primero, es el más complicado y de más metros a superar, aferrado a la cuerda.
Uno tras otro, vamos lidiando, gestionando los escollos.
El primer y más sencillo paso de trepada es este que ahora afronta Onofre.
Y este el segundo y más complicado. ¡Ay si se partiera la cuerda...! Pero ya hemos referido que la soga es capaz de aguantar, carros y carretas, y hasta el peso de un mamut si falta hiciera.
Nos vamos asistiendo unos a otros, aunque hemos de movernos con tiento, ante el riesgo de desprendimiento de rocas y algunas les caigan a los que van por debajo. De ahí la sabia y prudente recomendación del uso de un casco.
He querido subir ya, para tratar de obtener unas imágenes del esfuerzo de mis compañeros en plena acción, desde arriba, porque aparte de la cámara fotográfica, llevo la Akaso en la frente. Pero una vez aquí, me he dado cuenta, que el terreno se halla muy inclinado con riesgo de arrastrar piedras que pudieran desprenderse. Cuanto menos me mueva, mejor, que a ver si por conseguir una determinada captura, provoco un daño a alguien. ¡Sentido común y buen juicio ante todo! La labor solidaria de Javi es para enmarcar. ¡Chapó! Seguro que en cierto modo, se siente responsable de lo bueno o malo que pueda acontecerle a algún miembro del grupo.
Uno tras otro, todos vamos superando el paso más crítico.
La visión de esa roca atravesada, que a saber la de años que lleva así, resulta espectacular y por demás, intimidante. El lugar es salvaje, brutal, casi sobrecogedor y ¡menudo fortín inexpugnable para aquellos íberos que frecuentaron estos contornos...!
Poco a poco, nos vamos congregando, en una repisa, más o menos llana que hay por aquí, antes de abordar el siguiente nivel, aunque antes, tenemos que esperar al resto de los compañeros.
Estamos ya todos arriba, sin novedad, respirando aliviados porque el paso más complicado, ya queda atrás. No hemos de bajar la guardia, pero si hemos sido capaces de superar el más difícil, ya afrontamos con más tranquilidad lo que esté por venir. Y esa es la actitud.
Ahora nos dirigimos al siguiente punto de dificultad, en mi caso, disfrutando de la experiencia como un enano. De hecho, ahora mismo, mientras elaboro esta entrada, lo estoy como reviviendo.
¡Joder joder, qué grupo más competente era este...! Y a veces tenía la sensación de que nos movíamos en otro planeta, en Marte, por ejemplo. ¡Qué lugar más increíble! A continuación, momentos divertidos de trepada, muy compactos y arropados en el grupo. Las sonrisas de Pedro y Pauli así lo reflejan.
Y ahora estamos a punto de abordar, el enclave más espectacular y monumental de todo el recorrido, la Raja de Góntar, propiamente dicha. No nos hallamos inmersos en una espectacular fisura geológica, realizando una popularísima e imperdible ruta de senderismo, sita en la Sierra de Segura, cerca del pueblo de Góntar (Yeste, Albacete, España), muy conocida por sus desafiantes pasos de roca, trepadas con cuerdas y vistas impresionantes del cañón del río Zumeta, sino en Marte, porque la orografía de este insólito enclave, no otro planeta me sugiere.

Nuestra amiga Pauli, hizo alarde de saber moverse por la montaña y desenvolverse en las trepadas, como pez en el agua.
Y nuestro amigo Fernando, aferrado al grueso tronco de un árbol, aún no del todo recuperado de los momentos de canguelo sufrido. Es un cachondo impenitente que se ríe hasta de su propia sombra.
FINAL SEGUNDO CAPÍTULO



































































































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