29 diciembre 2020

SENDA DE LOS MORISCOS/RAMBLA DE CARCELÍN III

Por fin arribo a la construcción del canal postrasvase que siguiendo el colosal conducto, desciendo arrimado a él por su margen izquierda, hasta alcanzar el lecho y rebasar el barranco que llaman del Socavón. Es una obra monumental, como se puede apreciar en las imagenes, que seguro tuvo que precisar de una enorme infraestructura para poder llevarla a término.
Hemos llegado al cauce del barranco y da la sensación de que en este punto, desde los tubos, se produce una pequeña fuga de agua que se vierte a la rambla. Yo diría que la frondosa vegetación que se observa en este lugar se debe a ello.
No olvidemos que nos hallamos en las estribaciones de la sierra Ricote y que cuando llueve de manera torrencial, tiene que suponer todo un espectáculo sobrecogedor ver precipitarse el agua por esas cárcavas. Al comienzo de iniciar esta crónica, que como suele ser habitual en mí, suelo cumplimentar "a plazos", anduve unos días buscando información relacionada con el Valle de Ricote. Entre otros informes muy instructivos, me tropecé con este: 
Aprovechando nuestra asombrada evolución por entre la rambla de Carcelín, vamos a ir leyendo algunos extractos muy interesantes de este trabajo, que nos habla del valle de Ricote.
Los valles son unas de las arquitecturas geográficas más comunes de la superficie de la Tierra, su modelado es consecuencia del volumen, intensidad y frecuencia de los caudales circulantes por los ríos, por la meteorización de sus laderas y por la actividad de los procesos gravitacionales.
El Valle de Ricote es el resultado de la permanente construcción de la naturaleza desde hace millones de años, intervenida por los humanos durante muchos siglos. El río Segura, entre las poblaciones de Cieza y Archena, en el centro-norte de la Región de Murcia, aprovechando las fracturas que el terreno ofrecía, se fue encajando en rocas calizas, dolomías, areniscas, margas y yesos para originar, a lo largo de los tiempos, un fuerte, sorprendente y llamativo valle. En este escenario natural, la intervención antrópica desde el Neolítico a la actualidad, lo ha ido modelando, ya que el hombre ha sido un factor de alteración moderado en este escenario de la morfodinámica natural y gran obra de la naturaleza.
La diversidad y atractivo del paisaje del Valle de Ricote está relacionada con los factores que condicionaron la dinámica creativa: la geología, el clima, la geomorfología y biodiversidad, factores
fuertemente interrelacionados entre ellos y, a la vez todos, afectados, más o menos vehementemente, por la intervención humana debido a la antigüedad de su poblamiento como lo demuestran los yacimientos arqueológicos.  
El Valle de Ricote se sitúa en el dominio Subbético de las Cordilleras Béticas levantadas por la orogenia alpina. Presenta una compleja geología debido a la variedad de rocas, cabalgamientos y fallas que ofrece. Estructuras de amplios y suaves pliegues anticlinales y cabalgamientos se hallan en las sierras Ricote, del Oro, de la Corraila, del Solán, del Salitre, del Chinte, del Castillo y del Cajal; entre ellas se hallan depresiones topográficas rellenas con formaciones postorogénicas de la segunda mitad del Terciario y del Cuaternario. Son materiales blandos muy sensibles a los procesos de erosión, por lo que las cárcavas son formas de paisaje dominantes.
Entre estos relieves, las aguas de las escorrentías generadas por las precipitaciones han originado redes de drenaje: ramblas y barrancos que vierten sus episódicos caudales al río Segura. Entre las primeras destacan, por la margen derecha, las de Benito, de Carcelín, Lichor, Puente, Arco y Mayés; por la margen izquierda, Moro, San Roque y Chinte. Los episódicos caudales de estos cauces torrenciales, en ocasiones, eran derivados hacia los secanos colindantes por los agricultores del valle, mediante el ingenioso sistema de boqueras.
Los otros cauces de drenaje, los barrancos, eran y son, la manifestación de los procesos de erosión del suelo forestal y agrícola debido a la conjunción de diversos factores sobre unos ecosistemas vulnerables y frágiles: el desbroce de las laderas, la deforestación, el pastoreo excesivo, los incendios, y el uso inadecuado del suelo, son los más destacados. Poderosos barrancos del Valle de Ricote son, por la margen izquierda, los barrancos de los Cabañiles y Cariala y, por la derecha, los barrancos de Yarza, del Judío, de San Pablo, del Rey, de Villota, del Pantano y del Zapato, expresan estados muy avanzados de erosión.
La acción humana, a lo largo de los siglos, ha sido un destacado factor en la evolución morfodinámica del valle. Su acción directa e indirecta, ha incidido en los factores naturales que intervienen en los procesos de las laderas, sobre todo en el recubrimiento vegetal. La degradación de la cobertura protectora del suelo acentúa los procesos erosivos manifestados en su adelgazamiento o desaparición, y en la activación de los mecanismos que crean esos senderos de agua torrencial que son ramblas y barrancos. La intervención humana en el valle ofrece datos arqueológicos e históricos que apuntan que estas crisis erosivas se acentuaron con el desalojo de la población morisca del valle.
Un medio con las características descritas ofrece sin duda posibilidades para el asentamiento humano, pero también graves limitaciones. De estas últimas la principal es la carencia de agua, aunque también lo sean las rápidas pendientes, los encajamientos fluviales y la compartimentación y pequeñez de los terrazgos que el relieve impone. La ocupación del Val de Ricote, en una  elaboración de siglos, es un delicado encaje de superación de dificultades y explotación de las escasas ventajas. Equilibrios difíciles que acaban cristalizando en paisajes complejos y, por ello, particularmente frágiles.
Los núcleos de población, con clara vocación defensiva, se emplazaban a media vertiente alcanzando incluso a culminar algún cerro cercano al río y los enérgicos relieves se mostraban cubiertos de espartizal y rematados por pinares de pino carrasco.
La ocupación humana, muy antigua, es un excelente patrón de aprovechamiento y adaptación a las condiciones naturales del territorio, del que es buen ejemplo el sistema de terrazas fluviales, soporte de huertas y vegas a la vez que también emplazamiento de la mayor parte de los núcleos históricos de las poblaciones del valle. Así ocurre con casi todas las cabeceras de los distintos municipios, que se ubican en ambas márgenes del valle del río Segura y a cierta altura sobre este.
Estos emplazamientos tradicionales, aparte de no consumir el suelo fértil de las terrazas bajas que aprovechan las aguas fluviales para el cultivo de huerta, alejan a las poblaciones del peligro de crecidas capaces de producir inundaciones catastróficas. Tan solo el núcleo de Ricote es la excepción a esta regla, con un elevado emplazamiento defensivo (295m.) alejado del río Segura en una estribación del pico de Almeces, un asentamiento cuyo alto valor estratégico de antaño hace tiempo que ya no juega a su favor.
Sobre terrazas aluviales y antrópicas, los regadíos de Valle de Ricote se han transformado a largo del tiempo en huertas muy especializadas en frutales, abandonado el antiguo policultivo. Desde Cieza hasta Archena la huerta es arborícola de forma casi exclusiva. La estrecha llanura aluvial, bien regada y bien drenada, es un vergel donde se mezclan los melocotoneros, albaricoqueros, mandarinos, naranjos y limoneros, aunque no faltan otras especies como el parral y, por supuesto, el tradicional olivo que hoy ocupa tanto regadíos como secanos. Los escasos cultivos de suelo se acantonan en las inmediaciones de los núcleos de población, reducidos a la alfalfa y algunas hortalizas.
El secano, como en todo el Sureste peninsular, representa una agricultura pobre y aleatoria de cereal y olivo. De gran interés, sin embargo, es el aprovechamiento de la vegetación autóctona, ya que al menos desde época púnica fue el atochar, extendido hasta colonizar extensos territorios, la base de una intensa actividad artesana en declive desde mediado el siglo pasado. La fabricación con esparto de utensilios de labranza, de trilla, aperos para los animales y elementos de destino doméstico, amén de otros muchos usos, ha proporcionado durante milenios una actividad económica
importante al Valle de Ricote, como a otros muchos sectores de Sureste peninsular.
A esta joroba orográfica sita en el transcurso de esta rambla, que tanto me sedujo y llamó mi atención, que me evocaba la vela o espina dorsal de un Espinosaurus, no he sabido ponerle nombre. Y mira que he buscado a través de Internet a ver si alguien hacía referencia a la prominencia pero, naranjas de la china o limones de Ricote, he consultado entradas que hablan de esta zona, pero nada, no parece tener un topónimo expreso por el que se le conozca. En fin...lo fotografié hasta la saciedad. ¡Vaya cresta más bonita y evocadora de un terópodo saurio; ¡con lo que me gustan a mí esos bichos! Es que tropezarte con ese elemento tan formidable, ahí, en medio de la rambla, de la nada, solitario, aislado, amenazante...
La sierra del Cajal también es digna de admirar y apreciar
De esta casa sí que he leído alguna referencia. Salvo que esté equivocado, le llaman la casa del Renegao. Curioso, ¿no?
Este tramo del recorrido, pese a la aridez reinante, resulta muy entretenido de fotografiar, pues no paran de ofrecérsele a la ávida pupila elementos interesantes que registrar.
Este lugar seguro que ha conocido épocas de más bullicioso ajetreo humano. Por aquí cerca existen los vestigios de lo que fueron unas salinas que se conocían por las de San Antonio de Padua. Y una casa cueva, todavía utilizable, donde se guardaban los sacos de sal, una vez extraída esta de las aguas salinas que discurrían por aquí.
Otro punto de interés en este tramo de la ruta es EL TÚNEL. Ignoro si habrá sido horadado de forma natural por el agua o con la ayuda del hombre. Me inclino más por lo segundo. 
Otros rincones de interés en este bonito y singular recorrido son:
 "La Cascada" y "El Arco"
Después del Arco, ya apenas resta un kilómetro para completar el recorrido circular, en las inmediaciones del túnel del Salto de la Novia, donde habíamos dejado estacionado el coche, que como he dejado dicho por ahí detrás, me salieron casi veinte kilómetros.
Penúltimas fotos al puente de El Salto de la Novia, casi ya, sumido en la sombra...
Y las últimas fotos, ya sí que sí, justo al lado donde tengo aparcado el troncomóvil.
Solo me queda echarle un vistazo al castillo de Ricote para dar por finiquitada esta excursión por la senda de los moriscos. Como en esta nueva entrega apenas he podido tomar dos o tres fotos, a ver si en el siguiente y último capítulo puedo resarcirme y recuperar lo perdido. Es broma hombre, unas cuantas fotos desde el enclave del Castillo de Peñascales, alguna que otra a la iglesia de Ricote y otra a la olivera Gorda que dice su cartel que la contemplan 1400 años y va que chuta. ¡Hale!
FINAL TERCERA PARTE
 

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