domingo, 10 de enero de 2021

PEÑAS BLANCAS (Cartagena) III y FINAL

Seguimos progresando por la senda de los Mineros
Algunos tramos se hallan en perfectas condiciones de uso. Se construyeron sólidos, cual acueducto romano y por ello aguantan estoicos el paso del tiempo y el abandono, pero en otros puntos, la senda presenta desprendimientos de parte de su asiento, que alguna vez estuvo reforzado con elementos de mampostería, (ver imagen) de modo que hemos de estar prestos al brinco para superar la rotura o el estrechamiento traicionero. A veces, esta trampa se halla oculta por crecido cuerpo arborescente, un palmito, mismamente, lo que entraña cierto peligro si no vamos atentos a esta eventualidad. Que no es que te vayas a matar si sufres un desliz, ¡válgame dios!, pero algo de pupa seguro que te haces. La ladera a nuestra derecha es profunda pero no vertical por lo que en caso de resbalón, se quedaría en simple susto o moratón y para de contar.  
Precisamente el que suscribe es proclive a este tipo de percances al ir manejando gps y cámara de forma simultánea. Se me va el santo al cielo, me abstraigo en demasía y ¡catacrash, traspajazo al canto...!, en fin, gajes del pasatiempo.
Dejamos atrás y a nuestra izquierda los paredones de gran belleza que presenta la cara norte del macizo de Peñas Blancas. La antigua senda minera, después de llanear un trecho, asciende suavemente hasta alcanzar un pequeño collado situado en el espolón que sobresale de la gran pared, dando vistas al Rincón de Morales.
Hemos caminado durante dos kilómetros y medio por la umbría y de pronto aterrizamos en la solana y se hace la luz. El paisaje es deslumbrante. Modificamos algunos parámetros de la cámara para poder capturar la apariencia de inmensa balsa de aceite que hoy presenta nuestro bellísimo Nostrum Mare.
Al fondo, el mar aparece calmado y cegador. Dada su proximidad, nos produce cierta sensación de altura. El aroma a sal marina que nos envuelve, entremezclado con las fragancias de la montaña nos reporta un breve y mágico subidón de endorfinas que nos hace percibir con más fuerza, la belleza indescriptible del momento. Pero hemos de volver a la realidad.
Este es el tramo del recorrido que he leído en alguna parte, presenta mayor exigencia. Aquí dicen algunos colegas senderistas que hay que apretarse los machos. Pero en este punto existen dos opciones para subir a la cima. Podemos encarar el lomo del cordal que enfila hacia el Tajo de Peñas Blancas (izquierda de la imagen) o bien seguir las señales de pintura por el sendero que conduce a la zona superior de las minas de Morales (derecha de la imagen). Ambas opciones convergen más arriba y son igualmente acertadas para conseguir el objetivo de coronar la cima.
Aunque resulta más cómodo ascender por el antiguo sendero minero, el itinerario por el cordal que indica el track de Isidoro es más entretenido y montañero.
En este punto, ando prevenido, nunca atemorizado, que reza un dicho de mi currelo y en verdad que a priori no lo veo excesivamente complicado pues ¡menuda escuela de trepadas hemos tenido en el Campanario ceheginero abordándolo desde sus crestas y solana...! 
No obstante, me tomo un respiro. 
El paisaje en derredor bien lo merece.
Nos encontramos en un precioso mirador natural con deslumbrantes vistas al mar. Nos hallamos también a la espalda del Pico de la Panadera y vemos a nuestra derecha lo que queda de la infraestructura minera, esto es, las minas de la Calera. He contemplado acercarme y tomarle unas cuantas fotos pero la experiencia es un grado y en rutas largas durante el invierno, hay que ir pendientes del reloj. Hoy no tenemos tiempo. Son cerca de las dos de la tarde y todavía hemos de llegar a la cima donde a buen seguro tocará recrearse en el paisaje.
Pero mientras enfoco esta zona de invernaderos donde al parecer, se dedican a la cría del tomate, no perdemos ocasión de aprovechar para el relato de nuestra particular crónica senderista, el rico apartado cultural que hoy atesora nuestro recorrido. Para ello siempre somos receptivos. 
Ya nos hemos introducido en las minas a través de nuestro aventurero y polifacético youtuber Cesar de Valenz, y hemos podido conocer el aspecto que presentan en la actualidad las galerías y enormes cavidades de su interior. Pero hemos intentado conocer un poquito más acerca del esplendoroso pasado minero de esta comarca: Llegamos a la antigua explotación minera de la Calera, lugar misterioso e interesante para los aficionados a la historia y la mineralogía. Llegó a convertirse en el distrito minero más importante de Cartagena. El legado patrimonial tras décadas de explotación minera es significativo. Se pueden apreciar numerosos restos entre los que destacan las torretas del teleférico de carga, maquinaria, bocaminas, infinidad de galerías, edificios en ruinas, tolvas, aljibes, balsas y abrevaderos para recoger y almacenar agua, cuadras para los animales y restos de un castillete de madera. El Distrito Minero de La Calera estaba integrado por varias concesiones, siendo las más importantes La Fragua, Aqueronte, Estigia y Pedro I. La explotación de estos yacimientos férricos sublimes se inicia en 1884 en la Mina La Fragua. El mineral extraído en las galerías era cargado en vagonetas y tiradas por mulas para ser después transportado en recuas y carros hasta la Playa de la Calera, distante unos 3 kilómetros del complejo. En 1915, para reducir el costoso transporte de minerales basado en la tracción animal, se realiza el montaje de un teleférico monocable de unos 3,2 kilómetros de longitud, propiedad de una compañía inglesa. Este cable aéreo, sujeto por torres metálicas, descendía desde las torvas de recogida del mineral en la Mina Estigia, hasta el embarcadero de la Playa de la Calera, en las proximidades de Isla Plana. Las vagonetas cargadas de mineral llegaban al muelle impulsadas por la propia pendiente del terreno, y su inercia hacía subir a las vagonetas vacías para una nueva carga.
Con este sencillo sistema se consiguió un transporte más económico y rápido, evitando además el consumo de combustible o fuente de energía. El embarque se realizaba en gabarras, vertiendo vagonetas de mineral que eran llevadas hasta el barco mercante fondeado en en la ensenada de Mazarrón, para ser exportado a países europeos como Inglaterra o Suiza.
El grupo de minas del Rincón de Morales, tras casi un siglo explotando los criaderos de hierro de primer orden, finaliza su actividad extractiva en el año 1963 debido al descenso de la demanda internacional, la caída del precio del metal y al agotamiento de sus yacimientos. 
Como consecuencia del cierre se produjo una importante despoblación en los núcleos costeros y rurales del entorno. Sus instalaciones ubicadas en plena ladera de Peñas Blancas han quedado como una simple ruina histórica de lo que durante ochenta años fue una floreciente y potente explotación minera.   
Durante mis pesquisas internáutas, he dado también con este interesantísimo blog, hoy inactivo, que te aconsejo le eches un vistazo, amable visitante, si quieres conocer más detalles curiosos sobre el asunto. Contiene muchas fotos y explicaciones de como funcionaba el complejo minero.
Iniciamos el asalto a la meseta cimera afrontando una escarpada ladera de fuerte inclinación. La roca ofrece solidez y se puede superar con ayuda de las manos con una acertada lectura del terreno. La subida es muy intuitiva y disfrutona. Salvo que se realice esta progresión con humedad o en mojado, y sobre todo en modo descenso, no la estimo complicada. Si además vamos alzando la mirada siempre unos metros por delante, se va advirtiendo el rastro dejado por otros senderistas, lo que evita vacilaciones durante el avance. He leído en wikiloc que superar este tramo requiere cuatrocientos metros de trepada. No me parecen tantos, si acaso la mitad, y tal vez no llegue.
Antes de que nos demos cuenta, estamos pateando el altiplano y aunque parece que tenemos la cima a tiro de piedra, aún habrá que andar sobre dos kilómetros para alcanzarla. Al asomar a esta meseta cimera de Peñas Blancas, el sendero se desdibuja y será fácil perder las señales, pero alzando la mirada, la inminencia de la cumbre se va intuyendo en todo momento.
Con estos pozos de profundidad insondable hay que llevar cuidado, sobre todo en condiciones de intensa niebla o baja visibilidad pues no presentan protección ni señalización de ningún tipo.
A este enorme mojón hice yo también mi pequeña aportación
La vegetación predominante por el altiplano de Peñas Blancas está compuesta de lentiscos, palmitos, espartos, romeros y tomillos, etc.
A noventa metros del vértice se encuentra este coqueto refugio de reducidas dimensiones construido por los escaladores. Está habilitado para poder pernoctar. Como se observa en las fotos, no siempre se encuentra pulcro y ordenado. El abrigo debería hallarse acogedor, más limpio que el jaspe, pero no es así. En fin, qué te voy a contar que tú no sepas. En su interior se encuentra el libro de visitas donde podemos dejar registrado nuestro paso por estos andurriales.
A nuestros pies tenemos la boca del embudo y el colmillo piramidal que custodia la hendidura de paso por entre las paredes de Piedras Blancas. Nos asomamos un poquito para tomar unas fotos.
Y aquí por fin la guinda de nuestro pastel senderista. Esta cima ofrece a buen seguro, una de las mejores vistas de la comarca de Cartagena y por ende, de Murcia. Nos encontramos con un panorama de belleza suprema, con el Mar Mediterráneo como telón de fondo y una fascinante vista del valle del Cañar y montañas de los alrededores.
Nos recreamos ante las extensas vistas que tenemos en todas direcciones, destacando sobre el horizonte azulado los cinturones turísticos por antonomasia de este litoral, formados por la bahía de Mararrón, La Azohía, Isla Plana, Puerto de Mazarrón, Bolnuevo, Cabo Tiñoso y muy al fondo, Cabo Cope.
El espectáculo visual sobre el abismo es realmente impactante, con soberbias panorámicas del omnipresente valle y cumbres descollantes de las Sierras del Algarrobo (714 m) y de lo Alto (536 m).
Las vistas que obtenemos son de una hermosura difícil de describir. Disfrutamos, provistos de prismáticos, de las abruptas sinuosidades del relieve cartagenero y de sus azulinos paisajes marinos.
Nos hacemos unos selfies para que quede constancia de nuestro paso por estos contornos aunque hemos de llevar cuidado porque al otro lado de la pequeña plataforma donde se asienta el tubo del vértice geodésico, se encuentra el abismo. Un mal paso y ....
Después de haber disfrutado de un maravilloso momento de contemplación, abandonamos el tubo geodésico, iniciando el descenso por una senda bien definida jalonada de hitos cada equis metros. Dejamos la Morra de las Tetas a nuestra izquierda y al frente y a nuestra derecha nos va acompañando la umbría y crestas del cordal de la Cárcel.
Desde nuestra posición ya observamos que enfilamos hacia aquel camino del fondo que se observa en la imagen. El tramo final de nuestro recorrido, con la típica luz de invierno a media tarde se convierte en una experiencia realmente deliciosa, casi religiosa. El sendero observa tramos de un gran desnivel, presentando terreno algo descompuesto. Pero lo superamos sin novedad.
Después del arduo descenso aterrizamos en un bancal de almendros donde vemos una caseta de aperos. A partir de aquí conectamos con un camino que al poco converge y se confunde con el lecho del barranco de Ságena (del Horno Ciego), cuyos singulares márgenes erosionados entretienen nuestro caminar. Al paraje se le conoce por Melé. Soledad y fragancias serranas son tributarios de su reino. Supongo que andarines y ciclistas montañeros de Cartagena, conocerán muy bien esta zona. 
A partir de aquí encontraremos innumerables vestigios de antiguas construcciones realizadas para el aprovechamiento y canalización de las aguas de lluvia, procedentes de estas ramblas y barrancos.
Aunque no estoy seguro del todo, esta construccion con forma ovalada hecha de piedras es un antiguo depósito para aguas de lluvia que se conoce por el nombre de Cucón de Sánchez.
Vamos dejando por la izquierda y superando el Cabezo del Calderón y al poco también atravesamos la Rambla de los Jarales.
Muy cerca ya de concluir nuestra preciosa excursión, nos tropezamos con otro antiguo depósito que almacenaba agua procedente de ramblas y barrancos de esta comarca, el conocido depósito de Juan Paca o de Perín. Todas estas construcciones cayeron en desuso con la puesta en marcha de los canales del Taibilla, que tan bién conocemos nosotros por atravesar de oeste a este nuestra región.
Y para concluir el relato de nuestro particular recorrido por esta bella orografía cartagenera, adjunto este video a modo de colofón final donde podremos disfrutar de Peñas Blancas (Muralla del Norte) desde unas tomas aéreas.  
¡HASTA LA PRÓXIMA AMIGOS!