lunes, 13 de noviembre de 2017

CORDILLERA DE LOS AGRIOS III

Resulta impactante verlo tan de cerca. Aunque quizás sucede también un poco lo mismo que cuando te hablan excesivamente bien de una película o de algo que terminas por idealizar. Que cuando lo descubres por ti mismo, te dices, tampoco es la cosa para tanto. La visión del Picón del Guante (1933m), resulta espectacular. Se mire por donde se mire. Tener esa mole caliza enfrente e imaginarte que tienes que cruzarla por el mismo filo, como tantas veces has visto en fotos que la gente cuelga en internet, acogota un poquito. Solo faltaba por descubrir el aspecto que tenía el otro flanco de esa atemorizante fortaleza rocosa. Me lo tomé con una calma tensa. Aprovechamos para hacer un receso y comer algo, aunque debo reconocer que sentía mariposas en el estómago y el plátano me lo zampé más rápido de la cuenta. Pero bueno, me dije, si me la pego porque me da un vahído, un arrechucho, al menos que me pille con el estómago lleno.
Ese es el picón del Rayal, (1934m) al que nos vamos a dirigir después.
He visto muchas veces a los senderistas cruzar este murallón por el mismo filo de la arista y resulta más imponente que peligroso.
El tajo se soslayará tan cerca del abismo como cada cual esté dispuesto a arriesgar para la foto o porque sencillamente le guste experimentar esa sensación aérea, de verticalidad, de caída al vacío. En todo caso, la visión es grandiosa. Monumental. Me atrevo a decir que este recorrido, en conjunto, es el más sorprendente, impresionante de toda la sierra de Cazorla.
Enfrente, la línea alargada de la sierra del Pozo y Viky, bajando por entre estas planchas de piedra para luego volver a subir tratando de salvar un punto conflictivo.
Llegados a este tramo, tenemos dos opciones, seguir por la cresta o avanzar más rápido por la trocha que apenas se insinua, pegada a la pared de la izquierda. Optamos por la segunda opción.
Dejamos a nuestra espalda el Peñón del Guante que desde este lado, pierde parte del fiero aspecto que sí tiene atacándolo desde el otro sentido.
Tenemos que volver a subir y coronar el vértice geodésico del Picón del Rayal. Para ello nos vamos a servir de una vía de acceso que atraviesa otro rincón de indefinible belleza que parece colocado adrede para el descanso, parada, sosiego del senderista, Las Torcas.
A estas horas, el astro rey ya pega de lo lindo y como sucede en el trabajo a destajo, coronar la cima del Rayal es nuestra tarea. Cuanto antes la culminemos, mejor que mejor. Aunque claro, el lugar se merece unas fotos, las cuales, no es cuestión de racanear. Eso faltaría.
Aguilón del Loco, Peñón del Guante...impresionante.
¡Menudas tres cumbres con el Rayal...espectacular!
¡Venga, vamos para arriba! ¡Que no se diga! Desde las alturas, una nutrida comunidad de quebrantahuesos nos sobrevuela, interesándose por nosotros.
Magnífica panorámica de este sobrecogedor universo calizo.
¡Menuda excursión! ¡IMPRESCINDIBLE!
Y llegamos al tubo de hormigón del vértice geodésico, que como se puede observar, se halla un tanto deteriorado. Con el bálano al descubierto.
Agapito Malasaña, el guardián de la montaña me da las quejas por lo baqueteado que ha rodado durante todo el camino. Se siente mareado y me dice que lo tenía que haber liberado mucho antes en el picón del Guante. Me tiene un poco hasta la coronilla por lo lastimero que es. Creo que voy a tenerle que arreglar los papeles para que le den su paga, lo jubilamos y así me deje tranquilo. ¡Menuda castaña de ingratitud se gasta el gachó!
Aviso a sus admiradores que le queda una ruta, pues sucumbió por enésima vez, hace pocos días, en la sierra de Castril. Se empeñó en subir en moto al pico Tornajuelos y allí se volvió a descoyuntar, y ya no lo arreglo más. Descanse en paz.
Fastuosa estampa de Agapito Malasaña enmarcado entre las desenfocadas líneas de la cordillera de los Agrios.
Le damos protagonismo pues ya le queda un telediario de existencia.
El tipo resulta tan petulante que gusta de imaginarse la cuerda del Rayal a sus pies. En fin, le echaremos de menos.
Que lo disfrute, que ya le queda poco.
Y este otro, sin sentido del ridículo, haciendo el ganso, cantando bajo la furia del fuego abrasador del picón del Rayal.
Este tío, como siga así, acaba majareta perdido. ¡Pobre Viky lo que debe estar pensando acerca de su dueño...!
Iniciamos la bajada por el paraje denominado "Pecho de las Ardillas". He leído que tal vez deba su nombre este topónimo al inusitado color blanco de sus canchales.
En todo caso, es una bajada, áspera, nada fácil, tortuosa que llega a empalagarse y hacerse interminable. No tanto como aquella de Trevélez cuando regresábamos de haber coronado el Mulhacén, pero casi. Se me hizo eterna.
Menos mal que el paisaje se muestra inasequible al deslustre y todavía nos sigue obsequiando las retinas.
Unas tomas más de El Picón del Rayal, poco antes de cerrar el círculo.
Esta ruta trotacrestas me ha parecido sensacional. Ya tenía estupendas expectativas depositadas en ella y desde luego no decepciona. El recorrido es un tanto exigente, porque su avance no resulta cómodo en casi ningún tramo, sino más bien, todo lo contrario, escabroso y con toboganes de sube y baja constantes, requiriendo de una alerta concentración permanente, si vas transitando muy arrimado al filo. Un traspié o despiste lo tiene cualquiera, y precipitarse al vacío puede tener fatales consecuencias, así que, hay que tener cuidadito con los selfies y con andar por aquí con el mismo desenfado y despreocupación que por la vía verde. La precaución es esencial. En todo caso, alguien que tenga vértigo o descubre in situ que no tiene su día, no debe renunciar a experimentar, vivir esta fantástica e inolvidable jornada de senderismo con sus amigos, ya que puede eludir los pasos delicados por el flanco oriental, sin ningún problema ni merma de las emociones que con este incomparable paisaje le van a despertar sus sentidos. Por tanto, solo es preciso, disponer de una aceptable forma física que nos permita completar este arduo camino, con la capacidad suficiente para evitar la consecuencia típica de la prematura fatiga, esto es, resbalones y tropiezos. De este modo, el goce de principio a fin está más que asegurado. Para complementar esta ruta, incluyo un video con registro de algunos de los tramos capturados con una cámara que suelo llevar en el tirante de la mochila, para mejor información visual del recorrido, amenizado musicalmente con clásicos del inolvidable Frank Sinatra. Youtube procesa las imágenes con bastante merma de su calidad original, por tanto, aconsejo contrarrestarlo, eligiendo visualización HD en configuración.

¡HASTA LA PRÓXIMA AMIG@S!