jueves, 13 de octubre de 2016

PUNTAL DE LAS BUITRERAS (Desde La Toba) II

A todo esto, ni la Viky ni yo andábamos muy católicos ese día pues ella casi iba arrastrándose de lo mucho que le costaba progresar, seguramente debido al intenso calor que ya nos estaba cayendo sobre el lomo y yo que venía tocado de un esguince que me había hecho días antes bajando por un infernal barranco procedente del Pajarón, que si a ello sumamos que el dibujo de mis botas ya estaba en las últimas, la cuestión es que, ambos avanzábamos en un estado de precariedad, inestabilidad manifiesta.
 Abandonada la antena, comenzamos a descender decididamente en dirección al puerto de Marchena.
Mis compañeros de fatigas posando ante el Malajón, cerro de los Franceses (calar de la Pililla) y el puerto de Marchena a la derecha.
Bonito marco de piedra ornamentando el Anchuricas
Pista al fondo que nos conduce a Marchena y La Muela
Al llegar al puerto de Marchena, tenemos que coger una senda en bastante buen estado y lo que es mejor, bajo la sombra de una espesa población de pinos salgareños. Andar por aquí, al resguardo del calor y del sol, supone todo un alivio y una delicia.
En este momento voy haciendo de guía y en el cruce de sendas que Alsamuz marca con número dos, me despisto llevado seguramente por el buen estado de la senda y enfilo hacia la que se encuentra a mi derecha. Cuidado a los que vengan detrás en este punto, que si no vas atento al gps, es muy fácil dejarte conducir por lo mejor tallado de la que sale a tu diestra y que ignoro hacia donde lleva pues en el topohispania (mapa) se extingue al cabo de una corta distancia, aunque dice Carlos que te lleva hacia Miller. A los pocos metros me doy cuenta de la desviación sobre el plano del track correcto y hemos de darnos la vuelta. Recuperando "la buena senda" nos tropezamos con un escollo que en mi estado a mí se me antoja insalvable.
Había que sortear una barranquera cuasi vertical, con un abismo hacia nuestra izquierda que causaba verdaderos escalofríos imaginar que te precipitas hacia abajo y con terreno, por la falta de humedad, tan seco y descompuesto, sin ningún asidero de urgencia al que te pudieras agarrar en caso de deslizamiento repentino, que no nos ofrecía ninguna garantía atravesarlo con seguridad, máxime si pensaba en lo ya muy desgastado de las bandas de rodadura de mis botas. Pensamos eludir el escollo, salvando por arriba el surco del barranco y conectar de nuevo con la senda bajando entre los pinos, pero la canícula reinante ya se dejaba notar en nuestras fuerzas y ánimos, y no sabíamos si más adelante, nos volveríamos a tropezar con algún otro obstáculo de parecida complejidad al de este, así que, si a eso sumábamos que regresar a La Toba a través del alpargatazo de la pista no nos seducía demasiado, decidimos volver sobre nuestros pasos y conectar con la senda de bajada, preciosa por cierto, en el collado Marchena, que sube del primer cruce de sendas con que nos tropezamos al inicio de ruta. Una solución alternativa que nos vino pintiparada.
Esta senda también es una delicia patearla y la aconsejo para aquellos que quieran recortar en cuatro o cinco, los kilómetros totales de esta ruta. A través de un moderado y progresivo descenso, las bonitas vistas que proporcionan el embalse de Anchuricas y el valle que lo enmarca, se suceden sin cesar.
 Sin apenas habernos dado cuenta, pronto llegamos a la primera confluencia de sendas con que nos habíamos tropezado por la mañana y a través del tramo que ya conocíamos, por haberlo subido, nos ponemos en unos minutos, en la cueva y fuente de la Toba.
Ya de regreso hacia la Toba, un breve senderillo a nuestra izquierda nos acerca a una pared rocosa de la que surgen varios regatos que se abren paso entre juncos y zarzas. Es una cueva de techo tan bajo que si no te agachas o mejor aún, te metes dentro, no puedes verla. 

En el interior, como se puede apreciar en la imágen superior, se forma un pequeño lago que se alimenta de una gran cascada, que no vemos pero sí oímos y que parece estar situada a la izquierda de esta cueva. El agua está tan fría que cuando llevas unos minutos con los pies al baño maría, tienes que salirte porque estos te gritan de puro dolor de entumecimiento. No fiaros de la sonrisa apacible de Carlos, que lo que está es deseando salir de aquí sopena de dejar sus pies congelados cual una merluza Findus. Este curioso manantial aporta a las aguas del Segura un caudal medio de más de 150 litros por segundo. Esta fuente permanente puede ser un buen lugar para llenar los bidones que luego utilizaremos durante la ruta.
Aquí coincidimos con una bella y simpática pareja de murcianos de Puerto Lumbreras con los que nos hicimos estas fotos que también forman parte de la ruta. Desde aquí les enviamos un caluroso saludo. Viky haciendo de maestra de ceremonias.
Carlos y Juanda, de regreso a La Toba
Desde esta, echamos unas cuantas fotos que dan rúbrica a tan bella y majestuosa ruta senderista
Las transparentes aguas que vienen del manantial y que se vierten  al río Segura.
El ommipresente Puntal de la Misa
En el bar de Casa Inocencio, nos tomamos unas birras acompañadas de una magra en salsa que nos saben a gloria y como diría aquel, pa mi casita, a ver si llueve...
   

¡HASTA LA PRÓXIMA AMIG@S!

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