jueves, 13 de octubre de 2016

PUNTAL DE LAS BUITRERAS (Desde La Toba) I

Animado probablemente porque ha descendido algún que otro grado la temperatura y veo resbalar sobre los cristales de una ventana, finas gotas de lluvia, presagio, oh aleluya, de que este interminable y seco verano, por fin claudica y toca a su fin, me propongo, como digo, a partir de este instante, hacer salir de su letargo, a este cuaderno de bitácora que desde hace algún tiempo, algo abandonado se encuentra, quien sabe si ya definitivamente, jubilado, arrinconado, arrumbado, cuasi olvidado de sus ocasionales visitantes y autor. Lo sometemos pues a ventilación mecánica urgente vía intrateclado de paisajes segureños y humanos calasparreños, para tratar de reanimarlo, en la esperanza de que pronto recupere las constantes vitales, se reactive su pulso y vuelva a respirar con regularidad, como en él suele ser habitual.
Y qué mejor transfusión en vena para el enfermo que retomar nuestros paseos por la sierra de Segura (que no Del Segura, como un amable lector me puntualizaba y corregía). Fue mi amigo Carlos Alcázar, quien proponía una vez más, excursión por la sierra de Segura y como guía un track wikiliano del ubicuo Alsamuz. Seguro estoy que debe ser esta una de las rutas más bonitas de todo el parque. Los paisajes son grandiosos, excelsos, para disfrutarlos y embelesarse al máximo en su contemplación. Y eso que cuando hicimos el recorrido, nos encontramos una sierra bastante deshidratada, mustia, casi apagada, deprimida por la falta de lluvias. Y el Anchuricas, el primer embalse que almacena las aguas del Segura desde su nacimiento, también presentaba el pobrecico, un contorno raquítico, casi anoréxico. Desde las alturas, en que visualmente íbamos sobrevolando su alargada y esmeralda silueta, parecía poco más que una culebrilla, un longilíneo estanque por así decir. 
Pero aún así y pese a la aridez dominante que lo amarillea todo, el paisaje resiste, aguanta estoico, orgulloso, el azote de una pertinaz sequía que, ¡copón bendito! a veces no parece tener fin.
La ruta es circular y tiene su principio y final en La Toba, coqueta aldea encaramada sobre un gran plataforma de tobas, que de ahí precisamente toma su nombre y que está cortada a pico sobre el cauce de un casi todavía embrionario río Segura.
Mis compañeros de aventura harían noche en La Toba pues al día siguiente les esperaba otra ruta que completaría su intenso fin de semana entre montañas segureñas. Yo tendría que regresar a casa en el día, al finalizar este recorrido, pues obligaciones familiares para el domingo, reclamaban mi ineludible presencia.
Al salir del coche, fue la primera vez en muchos meses que sentí algo de repelús, oh qué delicia! Fuerte y gélido viento empujaba las ramas y hojas de los árboles y hasta llegué a pensar que afrontaba la etapa senderista escaso de abrigo. Incluso mis compañeros de ruta se enfundaron vestuario más propio de enero que de principios de octubre. Sinceramente, me acongojaron pues me sentí tan despistado como un "san juan por sus viñas". Al inicio del video que pondré al final, se observa perfectamente como ambos dos van equipados como para subir a cualquiera de los ochomiles del Himalaya.
Pero la sensación de frescor poco les duraría, sólo hasta salir de la aldea y comenzar a subir, dejando a la derecha ese manantial de aguas frías y transparentes que en verdad representa el verdadero tesoro, lugar más emblemático, rincón pintoresco que de por sí, ya justifica una visita a tan singular enclave segureño. Nosotros dejaríamos esa inexcusable cita para el final de la ruta.
Después de caminar durante unos metros por un carril bien delimitado nos tropezamos con un mojón de roca caliza blanca con la señal de un PR que nos indica que debemos girar a la derecha tomando una bonita senda. Comenzamos a ascender de forma progresiva dando numerosas vueltas, Es por ello que se suben bastantes metros sin apenas darte cuenta, sin resentirte del esfuerzo. Los antiguos sí que sabían como trazar veredas y no como los ingenieros de senderos de ahora, verbigracia diseñadores de la Falcotrail, que cuanto más recta y toparriba sea la trocha, mejor que mejor. Como iba diciendo, que me voy por los cerros de Burete a la menor ocasión, la senda en cuestión es una antigua vereda arriera que también se utilizaba en los trabajos forestales. Se encuentra magníficamente bien conservada y su trazada representa el perfecto ejemplo de lo que fue la ingeniería serrana, ya que muchas de las laderas y barranqueras se salvaban mediante muros, muchos de los cuales aún resisten en nuestros días. Pasos de elaborada mampostería como los que existen en la sierra de Ricote, en el collado de la madera, por poner un ejemplo. Toda la subida se hace tremendamente llevadera por lo paulatina de su progresión ascendente. Hasta llegar a lo que el  track de Alsamuz denomina "cruce de sendas" o por mejor decir, "seteacabolobuenocolega". Hay que coger una senda a la derecha, que a intervalos se presenta bastante difusa, debiendo estar muy atentos a los mojones que de manera aleatoria nos saldrán al paso cada equis metros, y que no siempre aparecen con la frecuencia deseada. La intuición montañera nos vendrá bien caso de atesorarla y en su defecto, un gps con pilas alcalinas o recargables nos vendrá de perlas. El terreno a veces se muestra hostil, ingrato, hay que tomárselo con calma pues la umbría nos puede transmitir a veces la sensación de que todo está envuelto en sombras, incluida la senda que aparece y desaparece. En el tramo final, el de subida más pronunciada, a nuestra izquierda, surge una pared horadada por tres cuevas. Ya estamos llegando arriba. Lo presiento y así se lo hago saber a mis compañeros de aventura. Nos dirigimos hacia un gran pino de elegante porte, y desde este, enfilamos todo para arriba porque intuímos que la cuerda cimera del calar se encuentra ya muy próxima. En efecto, soy el primero en arribar a esta, y un bonito majano me da la bienvenida. El cambio de paisaje es radical. Por un momento, casi nos sentimos enceguecidos con tanta luz. Se trata de un panorama de montes suaves y alomados, no rocosos, en el que la presencia de árboles escasea.
Desde los diferentes asomaderos que existen desde el principio de la cuerda, se puede vislumbrar, muy abajo, La Toba. Eso nos da idea de lo mucho que hemos ascendido, practicamente sin esfuerzo (ejem, es un decir). Poco después coronamos una primera elevación y algo más tarde alcanzamos la cima del calar de Hoya Herreros, que llaman puntal de las Buitreras y que constituye el premio especial de la montaña, maillot con lunares rojos para la etapa de hoy, aunque el de mis compañeros de pelotón, como bien atestiguan estas imágenes, era de un color azul celeste tan intenso y bonito como el mismo esplendoroso cielo que nos custodia.
Coincidiendo mi amigo Carlos Alcázar y el que suscribe en una ruta de montaña, las afotos están aseguradas pues a la hora de preparar los apechusques, más probable será que se nos olviden las botas o la mochila, que jamás de los jamases la máquina de atrapar instantes, porque como dice la cita, para disfrutar de la existencia, tenemos que capturar momentos, no cosas.
Es por ello que aquí quedan estas instantáneas, para disfrutar nuevamente de la ruta, solo que de otro modo, digamos más reposado.
Subiendo hacia el Puntal de las Buitreras
 Pero ¿como resistirse ante tanto entarimado enmarcando tan espectacular paisaje con que inmortalizar momentos...? ¡Quien sabe si mañana podremos volver a dominar tan excelsos balcones y atalayas...!
El calasparreño del Segura, genio y figura hasta con los bastones en su cintura...
...y este otro no le anda a la zaga, cruce de bastones bajo el puntal de las Buitreras, con mucho estilo.
¡Cómo disfruta el fotógrafo con semejantes modelos!
¡Que no haya miseria en cuanto a capturar el momento se refiere...!
El Puntal de la Misa, ¿cual será el orígen de tan místico topónimo...?
Admirando las inconmensurables vistas que se nos ofrecen en derredor, decidimos reponer fuerzas haciendo un receso
Este camino que conduce a un espectacular balcón que creo llaman Puntal de Pascual, nosotros lo obviamos y seguramente nos perdimos unos de los mejores miradores de toda la ruta para disfrutar de la inmensa panorámica que nos ofrece el valle del Segura y el Anchuricas. Que no te suceda a ti, amable visitante si tienes pensado realizar esta extraordinaria excursión montañera. 
FINAL PRIMERA PARTE

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