domingo, 16 de octubre de 2016

CEJO DE LOS ENAMORADOS (LORCA) II

Última afoto antes de comenzar el descenso
Y también nos despedimos de la memoria viva de Juan Sánchez Martínez, al que no tuve el gusto de conocer pero que seguro fue una buena persona, para haber dejado tan honda huella y recuerdo entre quienes lo conocieron y promovieron este gesto "in aeternum".
Desde nuestra posición de bajada dominamos el horizonte
Incluido el Cerro de los Enamorados, que hay que ver la de tonterías que los hombres hacen por amor, para que luego digan ellas que solo les mueve el empuje de sus hormonas y por ende, el sexo. Seguro estoy que si el moro se llega a casar con la cristiana, y conviven durante un tiempo, a los cinco años, incluso menos, se le van todas las tonterías y sobre todo las ansias de arrojarse o correr el riesgo de caerse por un cejo, que dicho sea de paso, tampoco me parece el susodicho tan espectacular como otros que he visto. Claro, que bien pensado, entonces nos hubiéramos quedado sin tan bonita historia y leyenda que de ella dimana. En fin, bienvenida sea por tal de haberle conferido tan indudable encanto a este fascinante y romántico trayecto senderista.
¡Ay el castillo...!, la de sorpresas que la Fortaleza del Sol esconde en su interior...!
Me dejó anonadado...hay que ver lo que es la ignorancia. Lo que supone no prestarle la debida atención a lo que tenemos cerca, en casa, como es el caso. Nos desplazamos cientos de kilómetros para ver un monumento, lugar de interés turístico y los que tenemos próximos, incluso al lado, ni siquiera los conocemos.
La A-7, el cordón del Mediterráneo, un trozo de la autovía más larga que tenemos en España.
Este se quedó prendado y cautivado por la Viky, al que esta no le haría ni caso...hembra altanera e ingrata!
Al completar el círculo, regresando al coche, después de haber seguido, todo cuesta abajo, un itinerario entre pista y sendas, decidimos hacerle una visita rápida al castillo. Craso error. Pues a la Fortaleza del Sol hay que hacerle una vista, larga y tendida. Quiero decir, detenida, y no como la que le hicimos nosotros, a toda pastilla. Volveremos.
El Castillo de Lorca (Murcia, España) es una fortaleza de origen medieval construida entre los siglos IX y XV. Comprende una serie de estructuras defensivas que, durante la Edad Media, convirtieron a la ciudad y a su fortaleza en un punto inexpugnable del sureste peninsular. El castillo de Lorca fue un bastión clave en las contiendas entre cristianos y musulmanes durante la Reconquista. Se encuentra catalogado como Bien de Interés Cultural y dentro de la delimitación del conjunto histórico-artístico de Lorca. Por su extensión, 640 metros de largo por unos 120 metros en su punto más ancho, es uno de los castillos más grandes de España.
TORRE ALFONSINA
 La Torre Alfonsina recibe su nombre del Rey Alfonso X que ordenó su construcción tras la conquista de la ciudad en 1244. Fue erigida en el punto más alto del cerro del castillo sobre los cimientos de otra torre islámica, de dimensiones más modestas, arrasada para su construcción. La torre presenta planta rectangular, con unas dimensiones de 22,70 por 19'40 metros. Sus muros presentan un gran espesor de 4 metros que le permiten alcanzar casi los 30 metros de altura. El edificio se articula en 3 plantas y una terraza a los que se accede mediante unas escaleras que discurren en el interior del muro, quebrando en las esquinas del edificio. La estructura se apoya en un gran pilar central con unas dimensiones de 6 metros de largo por 3,25 metros de ancho. Las plantas están cubiertas mediante bóveda esquifada realizada en ladrillo. En cada planta, que alcanza unos 8 metros de altura, encontramos ocho paños romboidales de bóveda, resueltos a modo de pechinas en sus esquinas. La iluminación de las dos primeras plantas se realiza mediante 8 saeteras en cada una. En la tercera planta se abren cuatro grandes ventanales compuestos por un alfiz que enmarca un gran arco apuntado en cuyo intradós se dobla con otro algo más retranqueado.

De aquel primitivo castillo sólo restan hoy fragmentos de muros, algunos de época almohade, que no permiten adivinar su estado primero. Tras la conquista de la ciudad para el Reino Castellano, en el año 1244, las tropas cristianas ocupan de modo permanente la fortaleza, que comenzará a ser renovada en buena parte sobre los cimientos anteriores, incorporándose entonces las dos torres hoy existentes.
En 1272 ya se trabajaba en ello bajo la dirección del maestro Domingo Aparicio, que ordenaba la labor de los canteros. Éstos, castellanos en su mayoría, y alguno de origen hebreo según las marcas existentes, intervienen en la torre menor, la llamada del Espolón o Esperón, toda de sillería en sus dos cuerpos, con bóvedas de crucería gótica, cuyos nervios se apoyan en columnas adosadas en los ángulos de cada estancia, con capiteles de ornamentación de palmetas y otros esquemáticos de vegetales estilizados.
Bajo su primera planta existe otra subterránea, prácticamente inaccesible, con cuatro semicirculares y bóveda de ladrillo que servía en aquel tiempo como depósito frumentario. La Torre Alfonsina -llamada así en homenaje a Alfonso X que ordenara su construcción- es, en su estado actual, muy posterior a la que el Rey Sabio mandara levantar hace setecientos treinta años.
A comienzos del siglo XV se reedificaba la Torre por los maestros Pedro Yuste de Monzón y Pedro Gil de Briviesca robusteciendo el grosor de sus muros y aumentando su altura, tal como hoy se encuentran.
Son tres sus cuerpos con bóvedas apuntadas de ladrillo que arrancan de un pilar central y cargan sobre ménsulas de baquetones. El último piso recibe luz por cuatro ventanas de perfil mudéjar, hoy sin el parteluz que originariamente poseían. Una escalera entre muros, compuesta por ciento catorce peldaños, conduce a los distintos pisos y a la parte superior de la torre -hoy desalmenada- desde donde se contempla una espléndida vista de la ciudad.
FINAL SEGUNDA PARTE

No hay comentarios:

Publicar un comentario