08 abril 2026

Hacia lo más alto de la Sierra de los Donceles I (Agramón) (en construcción)

Cuando hace ahora casi dos años, anduve durante un tiempo, recorriendo esta comarca, me quedé cautivado, no solo por su innegable encanto paisajístico, sino también por el cultural e histórico. Fue un disfrutar de la actividad senderista a pajera, de forma integral, porque no solo lo hacía a pie de campo, in situ, sino que también lo hacía desde casa, a posteriori, elaborando este blog. Después de recorrer los arrozales de Las Minas y Salmerón, conocer su volcán (Monegrillo), las Casas Cueva de Las Minas y la azarosa historia de quienes las moraron; el cañón de Almadenes, el embalse de Camarillas y su presa, los túneles de la abandonada vía del ferrocarril Madrid-Calasparra, los tollos y hornos de Moharque, la junta de los ríos Mundo y Segura y el Cerro de Pajares, etc, me quedaba pendiente, darme también un garbeo por la Sierra de los Donceles, aquella que dos siglos antes de nuestra era, atravesaran las huestes de Aníbal, camino al parecer, de Sagunto, y también aquella que en julio de 2012, sufriría los estragos del infernal incendio que aniquiló un total de 6.266 hectáreas de su sotobosque y pinos centenarios, cercenando asimismo de cuajo, la fauna que por allí tenía su hábitat. Un verdadero desastre ecológico del que transcurridos 24 años, aún no se ha recuperado. 

Así pues, de esta nueva incursión por este territorio, tratarán los próximos capítulos que ahora comienzan en Mi Viky y yo, de mis evoluciones fotográficas, por esta hermosa e interesante comarca manchega, limítrofe con la murciana, la nuestra.
En esta nueva aproximación por este territorio, me lo encontré más chuchurrío que en anteriores ocasiones. Y lo que me ocurrió fue que traté de llegar al punto de inicio de la ruta que tenía introducida en el gps, cogiendo el camino que sale a la izquierda, nada más pasar Salmerón y cruzar el puente sobre el río Segura, poquito antes de llegar a Las Minas, en dirección a Maeso, Prado Piñero y el Camino de Aníbal. Pero mi gozo en un pozo. El estrecho camino estaba criminal, con charcos de incierta profundidad y amenazante barrizal que lograba atravesar, no sin riesgo de quedarme varado, y así hasta que en el último de los escollos lo libré de chiripa, derrapando la tracción y disparando barro por los laterales con inquietante esturreo por doquier, que hasta me puso perdidas las ventanillas y me dije...si escapo de esta, aparco en cuanto pueda y eso es lo que hice, en las inmediaciones de la Casa de la Presa del Rey.

Que luego descubrí que había logrado superar el último de los charcos más grandes y peligrosos, pero claro, eso yo no lo podía saber, y aunque tentado estuve de volver sobre mis pasos, al tener esta constancia, e insistir con el coche para llegar al punto donde tenía pensado atacar el vértice geodésico de los Donceles, miré el reloj y decidí que ya no merecía la pena, ¡una mata que no ha echado! y mañana volveré por aquí y buscaré otra alternativa para llegar al punto de inicio de ruta, que me suena que existe. Pero ya que estoy, porque venir por venir es tontería, nos daremos un borneo a ver como está el ambiente por estos andurriales...
Y el ambiente era asfixiante y de mucha humedad. Vamos, que hoy no era el día para atacar la cima de los Donceles, eso lo tenía claro. Así que, me propuse cuanto menos, llegar al comienzo del track, a ver qué pinta tenía la cosa.
Este es el cerro de Pajares, que pertenece a Moratalla, Murcia, que también ardió como una tea en aquel fatídico año de 2012. Si alguien que aterrice por aquí, quiere echarle un vistazo a mi crónica y excursión de entonces hacia su cima, lo puede hacer a través de este ENLACE.
Los chopos estaban en cueros. Muy diferentes a como me los había encontrado en agosto de 2024.
El abrupto relieve septentrional del cerro de Pajares, siempre me ha parecido muy fotogénico. Es una prominencia orográfica muy llamativa.
Lo mismo que este cerro aislado que la cartografía denomina La Chamorra, cuya máxima altura se erige a 531msnm.
Prominencias menores en las inmediaciones de Casa de la Gusana.
A la Chamorra la iremos capturando desde todos los ángulos que nos pillan de paso durante nuestro discurrir por el camino de Aníbal. 
Me desvío para echarle un vistazo in situ, a las casas de la Presa del Rey.  Se encuentra desierta y su fachada tiene este aspecto.
Los cortados del Pajares.
Aquí me encuentro con este desvencijado edificio almenado, que llama mi atención. Por debajo y al pie de la entrada, se encuentra tan inextricable de floresta, de un enmarañado cañizar, que me disuadieron lo suficiente para desistir de entrar en la susodicha construcción. Debió conocer época de mayor esplendor, dedicación y empleo, que induce a pensar que se pudo tratar de un pasajero y por demás, efímero capricho del propietario de esta hacienda.  
Tenía en mente encaramarme a un cerro que existe justo encima del azud, para tomar unas fotos. Pero transitando con cuidado por el borde de la acequia adyacente al río, me pude cerciorar, que por la pequeña presa, no corría el agua, al contrario de como yo me la encontré cuando estas me arrastraron corriente abajo. Relato la pequeña anécdota vivida, en este ENLACE
Las escarpadas laderas del Cerro de Pajares, ofrecen esta bonita estampa.
La Chamorra.
Sierra Seca. Las montañas de estos aledaños, tienen como rasgo común, el aspecto lunar de su relieve, consecuencia del gran incendio del que fueron víctimas. Por lo que recuerdo de hace dos años, cuando investigué sobre este particular, el fuego fue provocado, no hallándose al culpable. Debido al calor y fuerte viento reinante que estuvo soplando esos días, las tareas de extinción resultaron muy complicadas, prolongándose durante varios días. Declarándose el 1 de julio de 2012, pudo decretarse su extinción, el 6 de julio a las 17 horas de la tarde. En fin, lo que tuvo que acontecer por aquí fue una verdadera apocalipsis de destrucción sin paliativos, y durante demasiado tiempo, sin poder contenerlo. Pero la naturaleza, aunque le cueste más o menos lograrlo, siempre se yergue de sus cenizas.
Última instantánea a la Orbea y abandonamos la Presa del Rey.
La estribación más hacia oriente de La Chamorra.
Nuestro objetivo de mañana, alcanzar el vértice geodésico de la Sierra de los Donceles. Hoy no toca, porque hemos dejado el coche en cadiós. No es el día, que diría aquel.
Y no parece fácil alcanzar la cima. De hecho, el track que llevo en el gps está catalogado de DIFÍCIL, por algo será.
Este frontal de La Chamorra, le da un aire a Las Banderillas, de la sierra de Segura.
Como se puede colegir, el paseo por el camino, tiene su atractivo. No resulta aburrido, ni mucho menos.
Sobrepasando La Chamorra hacia la Hoz de Maeso. Pronto vamos a coger cuesta arriba, el estrecho de Prado Piñero y el Camino de Aníbal.
Notables paredes en la Rambla de Prado Piñero, cinceladas por esa paciente escultora que representa la erosión. Por este bonito desfiladero, tuvieron que pasar las huestes de Aníbal Barca, sobre el 202 antes de cristo. Un lugar de belleza singular, sin duda.
Sierra de Cubillas.
Los Donceles, hacia donde nos dirigimos, pero hoy no, mañaaaaana😂.
Asomando por encima del desfiladero de Prado Piñero, el contorno del Cerro de Pajares.
Asomando Los Ballesteros y los Arrayanes, 678m.
Los Arrayanes y Ballesteros.
La estribación más occidental del Cerro de Pajares. Lo rodeamos en aquella excursión que titulé: 
Existe una larga recta de subida o bajada, según la dirección que lleves, por el conocido Camino de Aníbal. Desde esta pista, se pueden ir oteando las prominencias que más sobresalen, de la alargada cara sur de la sierra de los Donceles. 
El camino de Aníbal y el cerro de Pajares, armonizan para la impronta fotográfica, así de bien.
En todo este territorio, entre las poblaciones manchegas de Hellín y Agramón, existe trazada toda una red de pistas forestales, en estupendo estado, a cual más idónea para la bicicleta de montaña y gravel. 
He llegado al principio de ruta, de ataque al cilindro del vértice geodésico de Los Donceles, enfocando ahora hacia los campos de Agramón y la sierra de Cabeza Llana.
Ahora toca retornar y estudiar una vía alternativa en coche, que intuyo fácil hacia estos pagos, que eluda el camino de Maeso y el barrizal con que me he tropezado hoy. Que esa es otra, ahora cuando llegue al pueblo, tengo que emplear un buen rato en desincrustar el barro adherido a los bajos del coche, porque si permito que se haga una pasta...ni con la presión de una manguera de bomberos sería capaz de arrancarla. 
Agramón y custodiándola, la sierra de la Cabeza Llana.
Vislumbrando por donde voy a emprender mañana la subida hacia la cima de los Donceles, porque la cumbre se halla por detrás de aquellas dos prominencias. No parece cosa de coser y cantar, la verdad. Pero bueno, mañana será otro día.
FINAL PRIMER CAPÍTULO