martes, 7 de febrero de 2017

EL GIGANTE DE LORCA II

En la cresta principal soplaba un viento glacial del copón bendito. Y sudando como llegaba, es que no tuve más remedio que hacer un alto en el camino para abrigarme y cubrirme bien el bigote y la cabeza pues de pronto noté que se me congelaban las ideas. Os voy a confesar una cosa, el vendaval es lo que más náusea y tirria me despierta en la montaña. No lo puedo remediar. Si me invitan a una ruta con amenaza de lluvia o nieve, oye, acepto encantado pero un día ventoso, que lo aguante su tía la de Tomelloso, porque yo soporto muy bien el frío, por mucho que haga, y la nieve, la lluvia, el relámpago, el tsunami, el granizo, la subida de la luz, hasta la del gas me la trae al pairo, incluida la gasolina que suba o baje yo siempre echo veinte euros y si no tengo mas remedio, hasta calor si hace falta con su plaga de tábanos incluida, pero ¡ay! la ventisca o el huracán, qué asquito me dan, y si es el tifón, en mi casa me quedo bien a gusto, tocando la gaita o el saxofón, que con el ventarrón me entra el sarampión. (porque rima y eso)
Viky, diciéndose así misma, a ver si salimos a la solana y se nos calienta un poco la persiana. Pues cuando sopla con tanta fuerza, hay que concentrarse en los movimientos, porque se te escapa el abrigo y volando sale aunque persigo, mierda viento incesante que yo maldigo, pero que sin prenda me quedo oh castigo, en fín, que todo lo ligero vuela, de modo que es preciso como digo, controlar bien lo que uno trae consigo, de lo contrario, a pasar frío y estragos varios toca porque ¡menudos cortados tenía a mi izquierda y ganas de quedarme sin prenda, poca...! 
El Cerro de la Cruz, ya por debajo de nosotros
Sin duda estas imágenes no hacen justicia a las magníficas panorámicas que desde la cresta de ataque a la cima, se comenzaban a divisar por doquier
Como diría mi amigo Pedro, el mundo a nuestros pies
Cuando se te ofrecen a la vista estos horizontes cuasi infinitos te sientes grande y diminuto a la vez
Embalse de Puentes
En esta montaña también tienen su hogar una comunidad de buitres leonados
Mi mochila y al fondo el vértice geodésico, ya a tiro de piedra
Desde lo más alto de esta montaña se divisa sin dificultad la irisada estela del mar
Viky, dejándose arrullar por el viento
Sierra de María y Mahimón desde el vértice
FINAL SEGUNDA PARTE

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