miércoles, 15 de febrero de 2017

EL CERRO DEL CASTELLAR I (LA INCREÍBLE HISTORIA DE JOSELITO)

En esta nueva ocasión, abordamos en Mi Viky y Yo, una interesante ruta que discurre entre las aldeas Arroyo Tercero y el Calar de la Santa. Ambas poblaciones se hallan localizadas al suroeste del término municipal de Moratalla (Murcia), casi en el límite de la provincia con Albacete y entre ellas, existe un oblongo cerro que llaman del Castellar. Esta elevación será nuestro principal objetivo orográfico a alcanzar ya que recorriendo su alargada cresta sin apenas dificultad, iremos dibujando un lienzo de belleza panorámica sin igual. Por si el mero valor paisajístico de este recorrido, a alguien se le antojara insuficiente, contaremos también con el cultural aliciente de visitar los abrigos ornados de pinturas rupestres que de forma indeleble, el hombre prehistórico dejó por áquí. Para ilustrar este fresco senderista, este viaje al pasado sin necesidad de máquina del tiempo, hice al paraje del Campillo, dos incursiones. En la primera me alentó visitar el lugar, la extraordinaria historia que un amigo y compañero me había dado a conocer. Un hecho fabuloso, inicuo y épico al mismo tiempo, que es completamente verídico y que sucedió hace la friolera de setenta y cinco años. Por ello orienté mi recorrido a rincones concretos en que conocía se habían desarrollado parte de aquellos lejanos acontecimientos. Tiempo más tarde, retorné a estos pagos, acompañado en esa nueva ocasión de mis amigos lorquinos del club Sigismondi, siguiendo este track, de ruta muy recomendable, que nos sirvió de guía y orientación para una mañana de senderismo en verdad magnífica y muy entretenida.

Arroyo Tercero es una aldea practicamente deshabitada en la que viven de forma permanente cuatro o cinco personas a lo sumo, aunque se observa claramente que sus moradores, fijos o esporádicos, y municipio al que pertenece, cuidan y mantienen en estado óptimo, las viviendas, infraestructuras y servicios de esta comunidad.
Como es de suponer para el avezado observador, el agua que sale de esta fuente es perfectamente bebible. Las razones de este cartel de advertencia son perfectamente entendibles.
Vetusto lavadero todavía en uso
Los amigos de Lorca que me acompañaron en aquella segunda ocasión, al inicio de ruta siguiendo el track de Wikiloc, en las proximidades de El Calar de la Santa, antes de atravesar un pequeño y coqueto barranco cuya belleza hasta logra eclipsar, las antiestéticas canteras activas, que parecen dominar el paisaje. El Cerro del Castellar al fondo.
Visitando los abrigos. Este itinerario nos acercará a la prehistoria humana, de la mano de las ricas pinturas rupestres de la zona, catalogadas Patrimonio de la Humanidad desde 1998 por la Unesco, y de los restos que permanecen en pie del poblado de Los Villaricos (también conocido como El Castillico) habitado hasta la Edad de Hierro y de ocupación anterior.
Este lugar representó un paso estratégico que convirtió esta zona en la capital del Noroeste de la Región hace unos 6.000 años. Parece mentira que hayan aguantado tanto tiempo indelebles estas pinturas. Los primitivos habitantes se asentaron en este lugar rico en recursos, ocupando el cerro del Castellar, la sierra de Villafuerte, la Serrata de la Sima, el cerro de la Milopa etc.
 Los abrigos de la Cañaíca del Calar que, protegidos por las rejas, permiten apreciar a simple vista elementos de arte esquemático y levantino (un conjunto de cérvidos de diversos tamaños, cabras, figuras humanas con tocados lobulares, un arquero, conjuntos de puntos de difícil interpretación...) pertenecientes a una sociedad cazadora, recolectora y transhumante que en estos abrigos de altura se sentían protegidos y tenían fácil abastecerse de alimentos y agua. Desde estas atalayas, los prehistóricos podían observar, a vista de halcón, muchos kilómetros en derredor.
Por el camino de las cañadicas del Calar hacia Arroyo Tercero
 Los abrigos de las paredes del barranco, utilizados durante años como material de construcción, esconden los mensajes que dejaron nuestros antepasados, que desde el cerro en el que está ubicado el poblado de Los Villaricos, vigilantes, dominaban la fructífera vega del río, así como los yacimientos de estaño necesarios para trabajar el cobre, el paso de otros grupos de humanos y la posible caza
Centenario aljibe
De paso por una zona de huertos tradicionales alimentados por varios nacimientos y arroyo de la Melera, al que vierten sus aguas.
Nuestro amigo Pedro, saludando a la cámara
 Los lugareños han colgado botes metálicos en los linderos para que los pájaros, al ser por el ruido ahuyentados, no esquilmen la producción de sus tierras.

Esta es la conocida hierba de los pordioseros (Clematis flammula), una trepadora con pequeñas flores blancas que los mendigos usaban por su poder urticante para irritarse la piel y despertar más pena.
 Los Chikismondis departiendo, con Viky presenciando la escena, en las inmediaciones de la aldea de Arroyo Tercero
Momentos antes de cruzar el arroyo Tercero
 Ermita de Arroyo Tercero, dedicada a la virgen del Carmen
La aldea de Arroyo Tercero, desde la senda en dirección hacia las ruinas del cortijo de la Umbría
Uno más de los numerosos nacimientos que existen por aquí, Fuente del Castellar, cuyas frías y cristalinas aguas abastecen al grupo de casas que existe más arriba y que llaman Cortijo del Castellar, rincón de indefinible belleza y encanto.
Preciosa alberca que forma esta fuente
Cortijos del Castellar
Una de estas casas pertenecía a la madre de mi amigo, que es natural de Arroyo Tercero. Hace veinticinco años, ella y los demás propietarios vendieron sus viviendas a un grupo de jovenes que por entonces abrazaban el propósito de practicar un estilo de vida hippie, que durante dos décadas, los impulsó sustentarse y alimentarse exclusivamente de lo que criaban y cultivaban. Forma de vida austera, empero saludable y de gran riqueza espiritual, que han mantenido vigente hasta hace poco tiempo.

Sus moradores ya no viven de forma permanente en este lugar.
 Algunos incluso han puesto sus casas en venta.
Los cortijos del Castellar
Panorámicas de la carretera RM702 de camino hacia la provincia de Albacete y Nerpio
Un vehículo agrícola, realizando sus tareas en el Campillo
La diferente tonalidad del asfalto en la carretera marca la divisoria entre una provincia y otra
FINAL PRIMERA PARTE

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