14 junio 2012

SIERRA DE RICOTE II (In memoriam)

Un hombre sabe cuando empieza a envejecer porque empieza a parecerse a su padre. Eso lo decía Gabriel García Márquez y estoy muy de acuerdo con él.
Mi padre, que en paz descanse, era un melómano empedernido.
Los sábados por la tarde noche eran sagrados para él. Los dedicaba a la música, solo a la música y para ello llevaba a la práctica todo un minucioso ritual, casi una solemne ceremonia.
Primero, con toda la parsimonia del mundo, iba colocando su colección de discos sobre la mesa. 
A un lado los singles, y a otro los elepés.
Los iba pasando de uno en uno, manoseándolos con exasperante lentitud, viendo los títulos y valorando si le apetecía escuchar esta o aquella canción y entonces el disco lo ponía aparte junto a los elegidos. Casi al instante pensaba otra cosa y lo volvía a conducir al banquillo de los suplentes.
Seleccionando los temas que “ya sonaban en su cabeza” podía estar perfectamente veinte minutos.
Sabía que, hasta que no escuchara el último de los elegidos, no acabaría su sesión musical de los sábados por la tarde noche. Sin embargo, había un LP que indefectiblemente, siempre era “apartado”, y colocado junto a los distinguidos...creo que le gustaba sobremanera, porque sospecho tenía la virtud de hacerle sonreír porque se notaba sobre todo en la cara de felicidad que ponía.
Doce peleas en broma de Juanito Valderrama y Dolores Abril. 
No importaba cuantas veces lo escuchara, se partía de risa cada vez que lo hacía. La temática de la canciones hoy sería claramente tildada de sexista y hasta llevada a los tribunales por hacer apología de la violencia de género.
Pero yo crecí escuchando estas canciones, aprendiéndomelas de memoria, casi como el catecismo, y que yo sepa, mis padres me enseñaron que hay que respetar a todo el mundo, y sobre todo, a la mujer. Este era el disco...
Una vez tenía preparados sus discos de Juanito Valderrama, Manolo Caracol, Antoñita Peñuela, Rafael Farina, Manolo Escobar, Antonio Molina, La niña de Antequera...etc, preparar el tocadiscos era motivo de otro ceremonial si cabe más concienzudo y meticuloso. 
Tenía un tocadiscos portátil de la marca Philipps de los tiempos en que habíamos estado en Francia y funcionaba con seis pilas de las gordas.
 La tapa que actuaba a modo de altavoz, la colocaba del tocadiscos lo más alejada que el cable le pudiera permitir, y lo hacía por si se volcaba, cosa que ocurría con harta frecuencia.
Que yo recuerde, ese sistema de altavoz monoaural sonaba con increíble potencia y claridad.
Una vez comenzaba a escuchar el primer disco, le prendía fuego a su Celtas largos, se preparaba un tercio del Azor que bebía a morro con un platico de almendras torrás y otro de olivas picás que se servía a modo de aperitivo, antes de la cena, y cruzándose de piernas y apoyado en la mesa, iba depositando la ceniza del cigarrillo en un cenicero con la forma de un triángulo y la inscripción "Zinzano" escrita en cada uno de sus laterales y en gruesos caracteres rojos. Cerraba los ojos, y al parecer extasiado, se concentraba en la música.
A mi sobre todo me gustaba que pusiera este disco por una canción "¡Ay, mi perro!" que me fascinaba...en ella se hablaba de que a la pobre mujer que cantaba, le habían matado a su perro, yendo de caza, siguiendo a una cierva entre la verde jara...
De pequeño yo pensaba que en el tocadiscos de mi padre solo se podían poner discos de flamenco, fandanguillos, bulerías y zarzuela.
Imaginaba poner algún disco que no fuera de este género y retorcerse, deformarse y hacerse ilegibles los surcos, como si negándose el aparato a reproducir otra música que no fuera la de su dueño, girara al revés y la misma aguja se descuajaringara.
Para mi sorpresa, un día compré un elepé a precio de saldo de Silver Convention y el tocadiscos lo reprodujo con una calidad exquisita. Mi padre decía que esos eran "discos y cantos de indios", más o menos lo que digo yo ahora de los gustos de mis hijos, pero accedió a compartir su "juguete" conmigo. Sospecho que lo único que le gustaba de mi música era la portada de los discos, pues siempre aparecía alguna atractiva chica luciendo generoso escote y enseñando los muslos.
La verdadera revolución del sonido en mi casa, tuvo lugar con la adquisición de este artefacto...
Mis padres hicieron un supremo esfuerzo económico teniéndolo que pagar a plazos. Por entonces, los caprichos se dejaban en último lugar, en la lista de prioridades de una casa. Se lo había traído una amiga de mi madre del mismísimo Alemania y escuchando este cacharro, no dábamos crédito a nuestros oídos. Este "Grundig" sonaba igual que un equipo de música de los que solían tener en casa, la gente más pudiente. Era increíble como podía sonar este radiocasset con tan solo un altavoz. Tenía unos bajos increíbles y se podían regular los graves y los agudos.
Las cintas sonaban con una calidad y nitidez hasta ese momento, insospechada para mí y lo que mejor hacía era "grabar". 
Todos mis amigos se ponían en cola para que les fuera grabando música de la incipiente por entonces radio FM  porque el brillo con que registraba las canciones era excepcional. 
De hecho, yo siempre presumía de que mi radiocasset pillaba más emisoras de radio que ningún otro de los que conocía.
Las mejores cintas para grabar eran las Basf ferro extra.
Conseguían agudos repletos de matices. 

En aquel tiempo, la música ya se estaba convirtiendo no solo en mi principal hobby sino también en obsesión por acaparar. 
Obstinación que aún perdura.
Inolvidable aquel proceso de recibir la revista Discoplay (venta de música por catálogo), ajustarme a un siempre limitado presupuesto y de entre todo lo que me gustaba, tener que decidir lo que podía permitirme y lo que no, que siempre suponía un torturante y frustrante dilema.
Recuerdo la irresistible emoción de ver el aviso de correos que el cartero dejaba en mi casa cuando recibía el pedido y una vez recogido, lo eterno que se me hacía el camino de vuelta, abrir ansioso el paquete y descubrir las joyas musicales que casi siempre cumplían todas mis expectativas. 

Si algo sonaba realmente bien en ese Grundig eran los Bee Gees.
El día que recibí de Discoplay esta cinta, se puede decir que también cambió mi vida. En esta grabación se congregaba lo más granado y exitoso que hasta el momento habían generado los hermanos Gibb. ¡Y a lo largo de mi vida, muchos fueron los bellos instantes que atesoré, escuchando estas legendarias canciones!
Cuando desde los Almeces, volví a la pista principal, me sentí cansado y con más hambre que el perro de un ciego. 
Mi Viky estaba peor que yo. El calor reinante de la una de la tarde comenzaba a causar estragos en nuestro ánimo.
Comimos y bebimos para reponer fuerzas, siendo momento de apresurar el paso, buscando el potaje y las estribaciones de la Cuesta Alta, lugar en el que, como recordarán los lectores, había dejado el coche.
La sierra de Ricote es extraordinariamente interesante de franquear.
Sus amplios caminos y sendas permiten andar en grupo, incluso cogidos de la mano. Perfecto lugar para correr y practicar esa disciplina deportiva que llaman Trail.
Esta senda de herradura construida con motivo de un ambicioso proyecto de restauración hidrológico-forestal que tuvo lugar en la segunda mitad del siglo XIX, y que abarcaba también a otras sierras de la cuenca del Segura, recuerda en algunos tramos una calzada romana, por lo bien conservada que está. Recorre toda la cabecera del barranco del Ambroz por su orilla izquierda y nos muestra la casi faraónica obra de mampostería que tuvieron que realizar para comunicar diferentes sectores de la sierra y sus correspondientes casas forestales, y así facilitar el tránsito de trabajadores y herramientas.
La Viky, casi arrastrándose por este camino construido en la sierra.
 Barranco de Ambroz
Coqueta trinchera en donde mi perrita ya no sabía si iba o venía...
Una vez hemos atravesado el gran cañón de "coloradoricote", hasta el cielo parece otro y esta enorme piedra nos saluda y da la bienvenida.
 Preciosa ladera sembrada de verde.
Nosotros seguimos avanzando por la ladera, a través de nuestra bonita senda.
 Volviendo la vista atrás.
A lo largo del camino nos encontraremos con alguna que otra sombra para beber agua, reponer fuerzas y seguir disfrutando de los Bee Gees.
En mis tiempos de joven melómano, lo que realmente funcionaba  era la cinta de casset. Una buena cinta TDK o BASF te permitía "fusilar" la música de tus amigos y añadirla a tu colección particular. Ahora se habla mucho de que la piratería en Internet va a acabar con la música, pero antes, también se pirateaba todo lo que se podía y más. Bien es cierto que no te permitía copiar un disco de vinilo, pero ya habían equipos que copiaban de disco a cinta de cassette, y estas sonaban maravillosamente bien.
Por entonces, si querías tener el original, había que pasar por el aro, y como las compañías discográficas lo sabían, bien que se aprovechaban, aplicando precios realmente abusivos a sus discos. 
Si ahora, muchas de ellas, por efecto de la piratería en Internet, han acabado quebrando, les está muy bien empleado por haberse aprovechado de los sufridos musicoadictos, durante años, más de lo honestamente razonable. Por que el típico coleccionista de música, es casi siempre, más pobre que las ratas. El vivir casi exclusivamente por y para su colección de antiguallas, les aboca casi a la indigencia.  
Se les reconoce a la legua por su pálida tez cadavérica, su mirada huidiza, nerviosa, su pando andar que recuerda al de un zumbao y sobre todo, se les identifica rápidamente por unos pabellones auditivos bien desarrollados. El orejón clásico suele ser buen amante de la música. Tengo para mí que se da en este tipo de ejemplares humanos, un darwinismo típico de evolución de la especie con el fin de adaptar el órgano a una mayor capacidad de recepción acústica. 
Son capaces de captar matices y tonalidades polifónicas, que resultan inasequibles al común de los mortales.
Debo decir no obstante, que quedo al margen de esta descripción melomaníaca por cuanto, aunque también soy pobre y de pabellones auditivos bien desarrollados, tengo la desgracia de que me gusta Camilo Sesto y en cierta ocasión me dijo uno de estos obsesos coleccionistas de música descatalogada, que nadie que pueda ser considerado un auténtico melómano, puede creer que ese hortera de almibaradas baladas, debe ser tomado por algo "serio" en la música. 
Quedaba por tanto desacreditado y desterrado de ese selecto club de iluminados musicoadictos.
 Escuchando un millón de veces esta cinta de grandes éxitos, forjé mi pasión por los Bee Gees. 
Esta colección ha sido reeditada en infinidad de ocasiones.
Ahora también se la puede encontrar en formato y presentación doble CD.
Una peculiaridad que tenía escuchar el álbum en cinta de casset es que escuchabas toda la cara A como si se tratara de un solo tema. Aún hoy cuando escucho aislada una canción de esta colección, resuena en mi mente la siguiente que iba en el orden. La cuestión era que, aunque no tenía ni repajolera idea de inglés, pues en mis tiempos de estudiante se daba francés, algunas de las canciones me las aprendí de memoria. Clavé la pronunciación de algunas canciones, hasta incluso mejor que los mismos Bee Gees. Recuerdo aquel año que estuve haciendo la vendimia, en los campos húmedos y fríos del sur de Francia. Para que se me hiciera el trabajo de la vendimia más llevadero, no paraba de "billisear" a cada rato. Pero al capataz francés que estaba de negrero, látigo en mano, procurando que los españoles no se relajaran ni un segundo, no debían gustarle excesivamente mis alardes cantarines porque al comenzar mis himnos billisianos, comenzó a vociferar no se qué exabruptos en franchute y yo, acto seguido después, me cagué en sus muertos, por si acaso...!
Desde entonces, los franceses solo me caen regular. 
He comprobado in situ, que solo nos han querido para sacarnos, como decía mi padre, "las infundias". 
Debe ser esta una expresión con raíz en el panocho bullero, porque no parece que esté etimológicamente bien fundamentada, pero se entiende muy bien lo que el hombre quería decir.
Además, me ha quedado desde entonces, un trauma juvenil no resuelto. Que un pollino súbdito francés, no supiera reconocer mi talento, me tocó mucho los güevos. Si alguien entiende la tirria ergo envidia que le tienen los franchutes a nuestros insignes Nadal o Contador, y por extensión, a todos los españoles, ese soy yo. 

A fuerza de práctica llegó un momento en que bordaba, la para mí, balada más bonita de todos los tiempos "How Deep Is Your Love"
Meses después de la aventura francesa, estaba haciendo la mili y habían tocado retreta. Los militares son muy estrictos para sus cosas y no se podía ni roncar una vez apagaban las luces. Por entonces, entre mis compañeros de eventual "cautiverio" ya me había hecho muy popular entonando canciones de los Bee Gees. 
De hecho, algunos me llamaban el Billis.

Aquella noche me había quedado especialmente redonda mi particular versión de How Deep Is Your Love y las trescientas almas de mi compañía comenzaron a festejar el éxito del espectáculo.
De pronto, la atronadora voz de un sargento chusquero con fama de cabrón irredento se dejó escuchar, amenazante.
Se encendieron las luces.
Tenía que salir el autor de esos "alaridos de marica".
De lo contrario, los 300 tendríamos que salir a darle cinco vueltas al patio y nos quedaríamos sin fin de semana. 
Ni dios abrió la boca. Mis propincuos compañeros de camareta me instaron a que guardara silencio.
Estaba lloviendo y el suboficial se lo pensó mejor.
—¡Si no sale el autor de semejantes graznidos, mañana pensaré en un castigo mayor, mamones follapavas...!
—¡No quiero escuchar ni una mosca!, ¿entendido...?
Y se apagaron las luces.

A los pocos minutos, alguien me tocó y encendió una linterna de petaca. Era el sargento Gabaldón, quien me decía...¡hola bribón! mañana o cantas la de "Massachusetts" o te quedas barriendo la compañía todo el fin de semana. 

Con pícara sonrisa de dientes amarillos y despidiendo aliento fétido de Ducados, dio media vuelta y se largó por donde había venido.
Me quedé pensando que, después de todo, nuestro sargento, no era tan cafre ni cabrón como lo pintaban.
 En honor a la verdad, la sierra de Ricote no tiene nada especial respecto de otras sierras en las que ya hemos estado. 
Sus caminos y sendas están muy cuidados y eso es muy de agradecer pero pienso que, independientemente de lo más o menos espléndido de un paisaje,  moverte por y entre la naturaleza ya es de por sí placentero, constituyendo toda una garante promesa de diversión y goce por disfrutar.
 Aunque se que la alegría es un estado del alma y no una cualidad de las cosas, no cabe la menor duda que Ricote sorprende porque atesora en su corazón más de lo que desde la lejanía sugiere. 
 
La muerte de Robin coincidió con mi excursión por Ricote, y al estar conectado con la civilización a través de una radio que evocaba su memoria, diéronse cita en mí, miríadas de emotivos recuerdos, que cosecharon un paseo inolvidable.
Desde entonces, cuando diviso desde la lejanía la inconfundible silueta de Ricote, me parece ver también el espíritu de los Bee Gees fundiéndose con su cielo y sus entrañas.
  Hice el último descanso, para dar de beber a Viky, mientras el reloj deshojaba sus minutos inexorable hacia las dos de la tarde 
y "More Than Woman" comenzaba a sonar.
Apoyé mi espalda en el cuerpo caliente de un pino, y sentí en el riego subcutáneo de su savia portar diluido en su substancia, un poso concentrado de felicidad.
Me empapó un frenético deseo de vivir mil años, aferrado a este día, a este minuto, a este instante...mientras, los Bee Gees seguían susurrando, deliciosas melodías, en la sierra de Ricote.

¡HASTA LA PRÓXIMA AMIGOS! 

21 mayo 2012

SIERRA DE RICOTE I (Bee Gees, In memoriam)

No la conocía y me sorprendió. Es la típica montaña que por tenerla cerca y verla todos los días, la subestimas porque piensas, es una loma de poco más de mil metros y en cuyo alrededor no hay más que vastas extensiones de tierra árida y acartonada. 
Si hasta mi Burete querida es más alta, lozana y florida.
Para colmo de males, divisar desde la carretera ese aparatoso despliegue de antenas, no invitan precisamente a conocerla. Imaginaba llegar a la cima y sucederme lo que a D. Quijote, reconocer en esas manifestaciones de la civilización, a molinos de viento, a hostiles gigantes que se abalanzan contra mí.
Pero estaba equivocado. Muy equivocado, porque la sierra de Ricote esconde tesoros y atractivos ocultos, que solo descubres si penetras sus entrañas. Además, por qué no decirlo, la auténtica fascinación surge "del interior". Si uno "siente buenas vibraciones" puede encontrar belleza hasta en la tierra más desértica y desolada. Asimismo, resulta contraproducente renegar de un lugar por haberlo visitado antes, pues en cada ocasión, es una experiencia diferente.

Dependiendo de cómo te sientas y quien te acompañe, vas a percibir “el paisaje” de un modo distinto.
En mi caso, siempre me acompaña la misma, y con ella resulta complicado discutir. A veces se atreve a emitir un leve aullido que no llega a ladrido, si intuye que pasan las horas y
se me olvida darle de beber o comer su ración de jamón de York, pero ciertamente, es un encanto de hembra; ojalá todas fueran así; la compañera ideal, la conversadora perfecta. Nunca se queja. Reconozco que no es muy locuaz, nadie es perfecto, pero me gusta su forma de pensar y que casi siempre esté de acuerdo conmigo en todo. Y yo con ella, justo es decirlo. De hecho, el título que recibe este rincón tiene su origen y fundamento en este inquebrantable vínculo, esto es, en la armonía que reina entre los dos. Y debo valorarlo como se merece, porque siempre me hace el camino, mucho más fácil y ameno que si en verdad pateara esas sendas y caminos de dios, en la más completa soledad, que de momento, no es el caso.

Llegado a este punto del relato, me gustaría aprovechar para decirte, ocasional y amable lector, que esta bitácora no pretende ser una guía de senderismo. Para eso existen otros blog mucho más especializados y con información más pormenorizada que el que tienes frente a ti. Si sigues mis indicaciones corres el riesgo de perderte. Te aviso que no estoy dispuesto a ser reclamado por daños y perjuicios. Declino cualquier tipo de responsabilidad al respecto. Te advierto circunstancial leedor de mis humildes aventuras, que por tomar al pie de la letra mis informaciones, puedes comenzar la ruta de la sierra de Ricote, en la casa forestal de la Cuesta Alta y acabarla en la ermita de la Rogativa, en El Sabinar, que ya lo dice el refrán, "el que advierte no es traidor...!


Por ello, mi improbable leyente, si lo que quieres es perderte, no tienes más que aguardar paciente a que continúe mi relato.


Si por el contrario, buscas un lazarillo que guíe tus pasos senderistas...busca otro lugar, y si encuentras algo mejor, quédate en él porque, caminando por la sierra, supe de la muerte de Robin Gibb, y evocando su memoria junto al resto de los hermanos Bee Gees, a través del programa de radio, de Carlos Herrera en Onda Cero, tuve oportunidad de vivir momentos tan íntimos como emotivos en la sierra de Ricote, que habrán de hacérmela por siempre, mágica e inolvidable.
Trémulo y emocionado, con la vista nublada, oteando el vasto horizonte desde la garita de la Bermeja, (“mirando pa Nerpio”) evoqué mis más tiernos y remotos años de juventud.

 Hace algunos meses, descubrí un blog en verdad fantástico y sublime. Y ha llegado el momento de compartirlo con los tres o cuatro amigos que de tarde en tarde se dan una vuelta por aquí.
Lo regenta un tipo bien pintoresco e interesante.
Un chico de Cieza tan colosal como las mismas montañas que atraviesa...su blog, este sí, contiene información técnica y sucinta de todas las rutas que hace. Su modo de describirlas, rezuma un estilo de prosa poética que embelesa. Todos los datos que aporta, extraordinariamente bien documentados. 
Todas sus rutas, las sube al wikiloc, y los track lucen siempre limpios y perfectamente perfilados. Es un auténtico aventurero, maravilloso trovador de historias senderistas.
La lírica de su prosa resuena en cada rincón del camino.

Lástima que su Moss, sea un poco demasiado grande y joven para mi Viky.

En esta ocasión, elegí una de sus rutas en la sierra de Ricote, que discurre por el Collado de la Madera. Con sus explicaciones, creo que resulta imposible perderse.

Dejé el coche por las inmediaciones de las ruinas de la casa forestal de la Cuesta Alta y desde allí, tal y como el amigo Jose Antonio invitaba a hacer, inicié mi particular singladura.

 El inicio de la senda, de piso duro de piedra, resulta muy agradable de transitar. 
A nuestra derecha se nos ofrece la vasta extensión del campo de Cajitán, la sierra del Oro, el emblemático Almorchón, la sierra del Molino y elevando la vista hacia el infinito podemos atisbar la sierra del Buitre, el Nevazo, y hasta Burete. 
En realidad, el paisaje en derredor no es tan estepario como a mí me podían sugerir los barrancos de Albudeite y el secano cagitanero.

Vas caminando, todavía con las fuerzas intactas y te dices...oh, y esa garita...? ¿Se verá algo interesante desde esa atalaya...?
¿Puedo continuar quedándome con esa duda...?
El hombre es de por sí curioso...y tiene que investigar.
 En efecto, desollarme las pantorrillas ha valido la pena...pinturas rupestres del paleolítico superior.
La estupenda perspectiva de la senda que tengo que seguir resulta muy prometedora...
La guarida Neanderthal queda atrás.
En algunos tramos, la senda se hacía realmente agradable y entretenida de andar...maravilloso el momento del sol intentando horadar la espesura selvática del primoroso Ricote.
La Sierra de Ricote, manifestándose cálida, acogedora, chispeante de bullicioso esplendor primaveral...
El suave y modulado acento de un jilguero me acompañaba.
La mañana, soleada y tibia, se dejaba mecer por la brisa acariciadora que a soplos fugaces bajaba desde lo alto de la sierra.
Me colgué los auriculares, la prima de riesgo y los 23.500 millones de euros de dinero público inyectados por el gobierno en Bankia, seguían copando la mayor parte del debate de Carlos Herrera, pero decían que a partir de las diez, comenzarían a hablar de Robin y se suponía que también de los Bee Gees.
Esperaba el momento con verdadera expectación, no exento de emoción.
 Se están yendo "los grandes", mis ídolos de juventud, aquellos que formaron parte de la banda sonora de mi vida, y por tanto de mis momentos más íntimos e inolvidables. 
Porque la música siempre ha sido el motor y el más certero estimulante que ha impulsado mi existencia. 

Mavin Gaye, Barry White, Luther Vandross, Michael Jackson, Whitney Houston, Natalie Cole, Donna Summer...y los Bee Gees, porque primero fue Andy, después Maurice y ahora Robin...con todos estos y alguno más, bien podría el altísimo, renovar el coro de ángeles del cielo, que ya está bien de tanto canto gregoriano y solos de arpa y laúd. Es que no me imagino a Marvin Gaye cantando su "Sexual Healing", rodeado de nubes algodonosas y ángeles asexuados con cara de panolis, haciéndole los coros.

Nos juntábamos en la casa de mi amigo Salva, en aquella habitación repleta, invadida de cachivaches, de televisores, de radio casset, de pequeños electrodomésticos, de aparatos reparados o por reparar, de piezas y cacharros por todas partes...tropezando siempre pero, entre aquellas abarrotadas paredes, cogiendo el "puntillo" con cubatas de ginebra de naranja de la marca "Lirios", éramos felices. Escuchábamos a New Trolls. Canciones como "Aquella caricia de otoño" o "Qué idea", nos hacían soñar con amores aún por conocer e intuir sentimientos aún por definir. Bee Gees, Donna Summer y grupos de lo que se dio en llamar "la movida madrileña" sonaban incesantemente, en un aparato parecido a este.
Aunque a mí, estos últimos me gustaban menos, mucho menos, pues siempre fui un enamorado de la música que hacían los negros e invertía el poco dinero de que disponía, en comprar singles de saldo, en el mercado de los martes, de mi pueblo, y los elegía según me sugiriera la portada del disco. Cuanto más macarrillas y horteramente vestidos lucieran, con sus grandes medallones y sus solapas anchas, mucho mejor.  Jackson Five, Boney M, Kool and The Gang, Earth Wind and Fire, cientos de grupos de música funky, incluidos los mismos Bee Gees, daban fe de ello...grupos ataviados con trajes galácticos, espaciales, cósmicos, siderales, eléctricos, muy luminosos y efectistas eran sinónimo de buen ritmo, estupendo baile y aún mejor música...ahhhhh, qué tiempossssssssss. Música, artistas, temas, décadas 70 y 80 inolvidables, imperecederas, irrepetibles, inmortales...
¡Qué temazo este, lo ponían en la discoteca para dar por concluida la sesión de "lentas"...qué bien comenzaba, te hacía empalmar las lentas con las rápidas, y si no te habías comido una rosca o al pedir baile te habían dado calabazas, era tu momento, cómo te hacía saltar a la pista...y bailar disfrutando de la mejor música de los 70! Era Donna Summer y su maravilloso, Last Dance...
Y el genuino Michael Jackson, antes de empeñarse en convertirse en blanco, cuando se separa de sus hermanos y crea el genial tema Don't Stop Til You Get Enough o el Rock Whih You contenidos en el LP de abajo.
 Y ya no digamos, unos pocos años más tarde, cuando saca del corazón de su ilimitado talento este pedazo de disco "Thriller" e inaugura el comienzo de la época de los videoclip, una nueva forma de entender y promocionar la música. Fue sin duda, la mejor época de Michael Jackson.
Estoy llegando a la garita de la Bermeja, y comienza a llamar la gente para expresar lo que la música de los Bee Gees ha significado en sus vidas. Todo el mundo coincide en que Robin y Barry eran los pilares del grupo. Robin tenía un timbre de voz muy característico. Pero de los tres, el que más me gustaba era Barry, seguramente influenciado por los trabajos que hizo con otros artistas, verbigracia, Barbra Streisand, otra de mis preferidas, un disco precioso, sin desperdicio y cuyo tema "Guilty", me sigue pareciendo una balada preciosa. Así como "Woman in love", tema estrella del disco, sin duda, inconfundible aroma y factura a factoría Bee Gees, esto es, Barry.
 Y la gente que llama también recuerda al primero de los hermanos, Andy, que murió a los 30 años, y que a mí me gusta tanto o más que el mismo Barry, y que nos ha dejado un bonito legado de canciones, con el inconfundible sello de Bee Gees, aunque dotándolas de su propia personalidad y talento. Hizo su carrera en solitario, pero siendo acompañado en la mayoría de canciones por sus hermanos. "Desire" y "Shadow Dancing" fueron quizá sus temas más conocidos, aunque este dúo con Olivia Newton John fue también memorable. Sin embargo, su adicción a las drogas y su larga lucha contra estas, debilitaron tanto su corazón, que la ruptura sentimental con Victoria Principal, de la que nunca se recuperó, precipitaron su muerte por miocarditis (inflamación del corazón) un 10 de marzo de 1988, cinco días después de su cumpleaños. ¡Lástima de inmenso talento desperdiciado!...como el de tantos otros y por la misma causa (drogas), dicho sea de paso.
Estoy llegando al mirador de la Bermeja y de pronto entra en antena un radioyente con el que me siento muy identificado...
Entre sollozos, que van in crescendo, nos explica que los Bee Gees han sido muy importantes en su vida. Que estuvo presente en el único concierto que dieron en España, acudiendo a otros tres que se celebraron en diferentes países de Europa. Que con la muerte de Robin, ahora sí que entiende que los Bee Gees han llegado al final del camino. Que una parte de su adolescencia (de fondo, suena “Too Much Heaven”) muere también con él y que la nostalgia le invade, acordándose de los momentos íntimos y felices vividos con su novia, (la que hoy todavía continúa siendo su mujer y madre de sus tres hijos) escuchando sus baladas a bordo de un reluciente Seat 124, en un radiocasset Pioneer en el que, al darle a “extraer”, la cinta saltaba con tanta fuerza, que siempre acababa en los asientos de atrás. Que recuerda los bailes discotequeros del sábado noche, donde los más atrevidos intentaban emular las horteroides evoluciones de Tony Manero. Que aquella fue una época irrepetible. 
Nos sigue explicando que a su novia al principio no le gustaban. Que aquellas voces atipladas, que semejaban maullidos de gato, le parecían insoportables, pero que descubrió en la vasta discografía del mirífico grupo, otras canciones que sí le agradaban. Que se tuvo que casar “de penalty”, seguramente extasiado y hechizado en el "momento cumbre" por alguna melodía “billisera”. 
Que los Bee Gees nunca morirán. Que están más vivos que nunca. Que desde su nacimiento, con su infinita creatividad y admirable talento, han sabido seducir y deleitar a millones de billiadiptos. 
Y que lo continuarán haciendo por muchas décadas más. Robin Gibb, cantante de la gran banda Bee Gees, se nos ha ido, pero su legado musical quedara por siempre para esta, la anterior y las demás generaciones que difícilmente volverán a tener la oportunidad de vivir algo tan grande como lo que vivimos nosotros.  A esas alturas, el pobre hombre, ya estaba llorando a lágrima viva y, muy probablemente, miles de radioyentes, con él. Entre ellos, yo.
Noté que mi cuerpo se descorchaba como una botella de cava, se liberaba de la presión y se hacía receptor de toda clase de influencias externas. Sentí unos fervientes deseos de abrazarle, de decirle que éramos amigos y almas gemelas, que había sabido describir con su relato, toda la música de mi vida...de pronto, reparé en lo cercano que te puedes sentir de un desconocido, solo por sus palabras, por las emociones y recuerdos que es capaz de evocar y despertar en ti... El paisaje que se ofrecía ante mi vidriosa vista, no hacía más que exaltar las intensas emociones que me embargaban. 
El dejarme llevar de la inconsciencia, suave, sosegadamente, sin indagar motivos ni presagiar efectos, en un estado neutro, impasible, me hizo levitar y elevar el grado de mi nostálgica y envolvente felicidad hasta el paroxismo.
Me gusta pensar con música. Puedo a veces concentrarme en ella y percibir claramente los diferentes matices de un instrumento o la peculiar tesitura de una voz, pero pasado un tiempo, puedo también oír la música sin escucharla, relegándola a un segundo plano, dejándola actuar únicamente como excitante y motor de mis nostalgias. Incluso a veces, la utilizo para conciliar el sueño.
Aquilaté cuan brillante y oportuna había sido aquella intervención, para lo que podía esperarse de aquel improvisado homenaje a Robin y por extensión, a los Bee Gees. Decía Miguel Delibes que los árboles y las montañas tienen la ventaja sobre los hombres de que no hablan tan alto. A veces, sólo a veces, susurran, sugieren...te dejan pensar. Me di cuenta que el hombre, frente a la naturaleza, está más cerca que nunca de sí mismo y de sus recuerdos. 
 El mirador de la Bermeja ya ha quedado atrás. 
Y los Bee Gees de la radio, también, pero no las ochocientas megas de temas preferidos que llevo en mi teléfono.
El tiempo no está en los relojes sino en las circunstancias, en las emociones...en la nostalgia. 
La tristeza que sugiere la melancolía acaba donde comienza esta.
¿Puede decirse que los Bee Gees son mi grupo de música preferido, de ayer, de hoy y de siempre...?
¿Puede decirse que su música evoca lo más intenso y profundo de mi nostalgia...?
 Tienen mucha razón los que afirman que la existencia es un soplo, el transcurso fugaz de un instante. Parece que fue ayer que en casa de mi abuela, en una televisión en blanco y negro, los vi por vez primera. Yo tenía 15 años y cuando escuché esto, quedé cautivado por la melodía y voces (sus detractores decían que aullidos) que brotaban de sus gargantas.
El tema, que traducido al cristiano quiere decir algo así como "Demasiado cielo" pertenecía a este disco...
 Después del exitazo y sobreexposición generada por el boom de la banda sonora de "Saturday Night Fever", (que por edad, a mí me pilló un poco tarde) el mundo quedó saturado y hasta los cataplines con tanto "gruñido" made in Bee Gees, quienes figuraban con 6 éxitos en la lista de los Top 10 de un montón de países, vamos, lo nunca visto, o por mejor decir, lo nunca escuchado hasta ese momento. Es que los meneitos de Tony Manero supusieron todo un fenómeno social a nivel mundial. La natalidad se multiplicó por tres y hasta creo que tuvieron lugar manifestaciones espontáneas en diversos países del mundo para que esa clase de "ruido" que llamaban "música disco" fuera declarada nociva y perjudicial para la salud mental del individuo. Después de aquel terremoto travoltino, y cuando ya nadie daba un duro por ellos, los Bee Gees aún fueron capaces de reinventarse así mismos, sacándose de la manga uno de los mejores discos de toda su carrera... Spirits Having Flow es un discazo. Contiene exitazos como "Tragedy" y el ya mencionado antes "Too Much Heaven" (cuyos derechos donarían a UNICEF) aunque el resto de temas, incluido el que da título al álbum, con sus características voces atipladas, verdadera marca de la casa, no le andarían a la zaga.
El monumental pedestal donde se halla clavado el cilindro del vértice geodésico de la sierra de Ricote está en las antenas, en el pico de los Almeces, así que, no puede existir un vértice más colosal y al mismo tiempo más anodino que este. A mí particularmente, me resulta muy poco atrayente.
 Menos mal que llevaba a los Bee Gees conmigo, que si no, al llegar a este lugar, tan rodeado de signos de "progreso", hubiera sufrido un patatús, viendo amenazantes a estos infernales gigantes de acero y cobre,  mancillando la otrora seguramente, orgullosa e inmaculada montaña.
Atravesando el repetidor de TV hacia tu izquierda, se ve claramente una senda que desciende, dirigiéndose al lugar seguramente más escarpado y por tanto, más coqueto de toda la sierra. Bien es cierto, que las antenas siguen ahí pero desde estos miradores, pronto te olvidas de ellas. Odio las antenas. Las barrunto nocivas para mi salud. Me zumban los oídos en sus inmediaciones.
Desde esta toma se ve claramente el lugar por donde he bajado desde las antenas.
Y ahora, me dispongo a asomarme a aquel pico, a ver que panorama se divisa desde allí.
 El viento a veces soplaba con mucha fuerza y despeinaba a Viky
 Sin duda valdrá la pena asomar los bigotes en aquella cresta.
 Debe ser un buen balcón desde el que otear el horizonte.
También un excelente lugar para descansar un poco.
Con la última instantánea desde estas imponentes rocas, inicié el regreso y como esta entrada me está quedando más larga que un día sin pan, la voy a dividir en dos partes porque aún me quedan fotos y rollo para unos kilómetros más.
FINAL DE LA PRIMERA PARTE