07 marzo 2013

XII TRAVESÍA SIERRAS DEL NOROESTE II

En este alto en el camino, aprovechamos para colocarnos las polainas y quitarnos algo de ropa. Hacía una mañana radiante y todos sabíamos que lo mejor estaba por llegar.
Nos dirigimos ahora hacia Revolcadores, tachuelilla a 1280 metros de altitud, por uno de los tramos más agradables y plancenteros de todo el recorrido. Algo de esto se puede apreciar en los pocos cortos de video que acerté a grabar con la cámara.
 
Nos estamos aproximando al lugar del condumio.
Y se agradece porque hay que reponer fuerzas y un alto en el camino algo más prolongado que el que viene siendo habitual, nos puede venir muy bien para recomponer nuestro equipo y vestuario.
 Después de "fichar", nos dirigimos al vehículo que porta la manduca y a su lado, vemos tres sacos, que contienen bocatas de tres variedades diferentes. Introduzco la mano en uno de ellos, al azar, porque alguien dice que los de "atún se han acabado", y ya me da lo mismo que sea de salchichón, chorizo o butifarra. Extraigo dos ejemplares de buen tamaño y aún mejor paladeo. Descubro con alegría que disponemos también de cerveza, el más reconstituyente para mí de los avituallamientos líquidos, así que, me apresuro a coger sendas "estrellas" para Josepaco y el menda.
 
Periodistas de diferentes medios, fotógrafos y algunas cámaras de televisión se mueven por allí. El ambiente es jubiloso, a la par que sereno y plácido, aunque la peña no pierde comba en cuanto a zampar y recobrar nutrientes se refiere.

Aquí tenemos al incombustible y vivaracho trío "Comando Totana", acompañados en esta ocasión, de dos alegres y risueñas amigas...
 Después del agradable y más que sólido tentempié, observando aquí y allá las evoluciones de los compañeros de ruta que por allí pululaban, aprovecho para quitarme, por fin, el anorak; me cambio también de calcetines, e intento recomponer en lo posible, mi extenuada figura, porque conozco de sobra, que la inminente subida al Gavilán por esa parte, es empinada, prolongada y por tanto, dura de pelar. Pero me siento bien, tengo buenas sensaciones y no pensar en lo que todavía te queda, siempre es buen síntoma.
El bueno de Asensio, como siempre, rezumando optimismo y buenas vibraciones. Más gente de su carácter hacen falta en el mundo.
 Allá, a lo lejos, Joaquín, el virtuoso artista de la fotografía...
 Otro de los compañeros de ruta al que no tengo el gusto de conocer, pero que, con lo guapo que sale, ¿cómo lo iba a dejar olvidado en algún remoto rincón del disco duro de mi ordenador...?
 Los primeros repechos, se atacan con alguna dificultad y por ello, tienen lugar constantes paradas que, aunque de corta duración, no te permiten coger un ritmo regular. Y cuando llega el momento en que hay que apretarse de verdad los machos, porque la cosa se pone asaz cuesta arriba...es cuando sobreviene mi particular vía crucis porque mis zapatillas no agarran una mierda.
La nieve requetepisada no ayuda nada y el tener que detenernos constantemente agrava el problema porque percibo mis puntos de apoyo terriblemente inestables.
Ora en el bastón (me salvó de más de una hostión) ora un matojo, el tronco de un tierno pino, un risco...la cuestión es que me aferré a cuanto asidero se me puso por delante y al alcance de mis zarpas.

Así y todo, y ante el enésimo patinazo en que acababa tragando nieve o todavía peor, corriendo el riesgo de precipitar mis 92 kg montaña abajo, con el consiguiente efecto dominó de llevarme por delante, a media expedición, me decía mi amigo Josepaco que tenía que llevar "las ruedas a rallar", ya que se estaba dando cuenta de mis serios problemas para mantener el equilibrio.
 El paisaje era soberbio, y deleitarme en su contemplación, me hacían olvidar mi particular calvario...
Nuestra amiga María del Mar, se hallaba a punto de coronar...
 La subida se hace larga, en mi caso, más por mis continuos deslices que por la dureza de la ascensión en sí, porque el timonel de aquella comitiva, debe tener órdenes de marcar un ritmo llevadero y lo bastante asequible para todo el mundo. Por fin coronamos, y suspiro aliviado porque la última gran cima que teníamos por delante es superada. La peligrosa bajada que ahora toca no me preocupa en exceso porque "lo mío siempre ha sido bajar". Sea arrastrando el culo o pegando saltos campo a través por entre la nieve virgen, mis otrora escurridizas zapatillas, ya no me preocupan. Aunque solo les pido, eso sí, que sigan manteniendo el calor de mis pies.

Preciosa instantánea que hace nuestro amigo Joaquín a este aguerrido y apuesto montañero...
 Lo mismo que a este, que me pareció ser miembro auxiliar de la organización...
 El grupo no se detiene ni para recuperar el resuello y casi sin darme cuenta me veo andando detrás de una despampanante caribeña que se mueve con agilidad felina por entre el quebrado terreno. Vamos recortando distancia respecto de un grupo del que nos separan 30 ó 40 metros. Muy pronto los atrapamos y rebasamos y entonces le comento que lo más importante en la marcha es mantener un ritmo regular. Que la gente que camina a tirones, se fatiga antes que los que mantienen una constante "cadencia de pedaleo".Parece que está de acuerdo y de hecho, es algo que suele poner en práctica. Me dice que es la primera vez que pisa nieve. Hablamos de política y de Fidel Castro pues resulta ser una atractiva súbdita de la república de Cuba y luego pasamos al fútbol, declarándose hincha del R. Madrid y del fútbol en general aunque ni Higuain ni Messi le agradan gran cosa. Me deja realmente pasmado pues en cuestiones de fútbol, es toda una eminencia y en la última parada de dos minutos antes de encarar la bajada, la pierdo de vista. De pronto veo al inconfundible e ilustre Moss, rodeado del comando Totana y de sus dueños, que no son otros que Jose Antonio y Lourdes. Jose Antonio es autor del insigne blog Montañas del Surun rincón muy recomendable para todos aquellos que quieran conocer de mano de su didáctica y excelsa pluma, lo más granado de nuestros tesoros béticos, sin excluir otras cordilleras allende "Despeñaperros parriba". Aquí le vemos seguramente seducido e inducido por Asensio, pasando también por el aro de sus carnavaladas, pero con talante, garbo y salero.
 Y comienza la bajada, un descenso cuasi vertical e interminable cuya nieve pisada lo hace terriblemente resbaladizo. De suerte que los que me preceden saben moverse por terreno nevado y van abriendo camino, cruzando y atajando la senda por entre la nieve virgen. Una vez le cogemos el tranquillo y tras algún que otro "sustopatinazo", llegamos abajo. 
 En el camino, nueva parada rápida para quitarme las polainas que ya no creo necesarias. Hasta que llegamos al último de los avituallamientos y penúltimo de los reagrupamientos antes de enfilar para meta en el punto de partida, esto es, en el hotel El Llano. El lugar es muy apacible y cuenta con bonitas sombras. Dan ganas de echarse a la bartola y dar por concluida la jornada. Ya se ven muchas caras cansadas, incluida la mía, con ganas de terminar. Me zampo la mitad de una toña y bebo un par de tragos de una bebida energética. Siento livianas las piernas y de pronto me invaden muy buenas sensaciones. Y al reeinicio de la marcha, decido aprovecharlas subiendo con fuerza la cuesta hacia el collado de la Cruz y la casa de la Barquilla. Mi compañero Josepaco, me sigue muy de cerca. Estos kilómetros, recuperadas las fuerzas, los disfruto enormemente.  
 Último reagrupamiento, más prolongado de lo deseable para esperar a los rezagados. Aquí conozco a un jovencito de 72 años, llamado Juan, que nos llena de admiración.
Todo un ejemplo a seguir y al que cuesta precisamente seguir su estela. El bonito tramo del que llaman "El barranco del Agua" ya con las fuerzas justas, quebrado y técnico, se nos hace duro e interminable. Pero lo atravesamos bien y de forma amena pues vamos charlando.
Salimos del barranco y llegamos a la pista asfaltada desde la que, a nuestra derecha, se divisa a lo lejos el hotel. Son mis ganas de acabar las que me espolean cual burro con orejeras, que solo mira "palante" para echar casi a correr. Lo mismo me da que me da lo mismo que no sienta las piernas; lo que quiero es LLEGAR.
Por fin llegamos; la organización tiene dispuesto un bidón, con refrescante cerveza en su interior. ¡Qué buena está y qué gran idea recibir a los macilentos caminantes con tan refrescante ambrosía, con un par de güevos, si señor!Cambiarse de ropa y desempolvarnos la cara, es nuestra siguiente intención. El rato de la comida es tremendamente agradable y entretenido. El arroz con chicha y caracoles, está de cojones, y me zampo entre cerveza y vasicos de vino, dos platacos que me saben a deleite divino.
Sorteo de regalos, saludos a los compañeros de fatigas, risas, la segunda victoria del Madrid al Barcelona en pocos días, regocijo y enorme satisfacción interior por la hazaña consumada; la compañía siempre afectuosa de Josepaco...alzamos las copas para brindar porque dicen que dos no son amigos hasta que beben juntos. El que vacía su vaso, vacía también su corazón. Han sido casi 41 km, bellos y duros, porque solo en lo exigente, encuentra el espíritu y el alma, la mejor medicina reconstituyente.

Aquí estoy con el divertido y luminoso Asensio, momentos antes de retirarme hacia la ducha templada en el "refugio del guerrero".
 Aquí os dejo un enlace de fotos a tutiplén para que conozcáis un poquito mejor al memorable y siempre divertido...

Aspecto circular que presenta el trazado del track sobre el mapa
Perfil
Resumen estadístico

 
Y ya solo me resta darle las gracias a ADENOW por haber hecho posible, la perfecta organización, otro año más, de tan extraordinaria travesía senderista como esta y a Joaquín, el del comando Totana, por haberme cedido tan generosamente las estupendas fotos que hizo durante la marcha. Agradecer la simpatía, el compañerismo, la solidaridad de todos aquellos camaradas de ruta con los que en algún momento del camino coincidí, y por supuesto, mención especial para mi amigo Josepaco, que en su compañía y amistad, hizo más intenso si cabe, el placer de caminar.

¡Hasta la próxima amigos!

XII TRAVESÍA SIERRAS DEL NOROESTE I

   Hola amigos, después de algún tiempo de tener un poco olvidado este humilde rincón, que me sirve para ilustrar de vez en cuando, mis aventuras senderistas, heme aquí de nuevo para contar así a grandes rasgos, (es un decir) mi experiencia, mi última peripecia, que tuvo lugar el pasado sábado día 2 de marzo del 2013.

Y es que ya llevaba algunos años quedándome con las ganas de participar en la 

TRAVESÍA DE RESISTENCIA SIERRAS DEL NOROESTE.

No en vano, me sorprendió conocer que para este año ya se trataba de la duodécima edición; ahí es nada, porque esta auténtica prueba de resistencia que organiza la asociación deportiva ADENOW, ya se ha convertido en una “clásica” que no es moco de pavo. Quiero decir que es preciso acudir más o menos “bien preparado” si no quieres en el transcurso de la marcha “hacer agua” y dar lugar a que “se te gripe el motor”.

Porque la prueba es exigente.

 Son muchos kilómetros durante muchas horas por terreno abrupto y muy empinado, acumulando al término del recorrido un desnivel de más de dos mil metros.

Endurecido todo por las últimas nieves que habían caído sobre nuestras latitudes.

Y a una hora de salida (a las cuatro de la mañana) solo apta para chalados o lunáticos de esta actividad deportiva.

En fin, que no sería yo el pardillo que acudiría a la cita como San Juan por sus viñas, subestimando el nivel de exigencia requerido y la dureza del recorrido.

Pero tampoco acojonado y mucho menos acongojado.

Prudente y cauteloso, sí; guardando fuerzas hasta los últimos kilómetros por si al cabrón del tío del mazo, le llamaba la atención mi desgalichada figura, vislumbraba algún signo de debilidad y decidía sacudirme por detrás de las corvas.

A priori, para evitarlo contaba con dos inestimables bazas.

Una es el propio espíritu, sustancia y esencia de esta prueba “no competitiva”.

Que sobre el terreno se traduce en que, la organización, mantiene un ritmo más o menos llevadero, a través de un guía al que no se puede adelantar.

Cada equis kilómetros, tienen lugar los “reagrupamientos”, en los que la “gran cordada” se reúne de nuevo para comenzar todos juntos el reinicio de la marcha.

Bajo mi punto de vista, todo un acierto por parte de Adenow porque de este modo, la hacen única y auténtica, preservándola de cualquier matiz competidor, ergo pique, rivalidad, que tan común viene siendo en otras marchas de similares características a esta.

Mi otro as en la manga lo llevaba a veces delante y otras detrás, y no era otro que mi amigo, mi gran compañero de aventuras senderistas Josepaco, alias “Indiana Jones Barranda”, que conocerán algunos de mis ocasionales lectores, de pasados episodios, también relatados en este blog.  
Bien sabía, que pasara lo que pasara en el transcurso de esta gran prueba de resistencia, mi leal, noble e infatigable amigo nunca me abandonaría.

Pero echaría de menos a mi Viky, que dadas las circunstancias climatológicas adversas (esencialmente la mucha nieve que se preveía que existiera en todo el recorrido), hube de dejármela refunfuñando en casa.

Y otra cosa que me preocupaba era la indumentaria a llevar en tal coyuntura nívea así como los “neumáticos”, que ya comenzaban a dar muestras de falta de adherencia al terreno, por presentar un gastado dibujo en las ranuras principales de la banda de pateamiento.

Pero sobre estas cuestiones, ya entraremos en detalle más adelante.



Decir también, antes de proseguir mi relato, que por alguna razón que yo mismo desconozco, apenas hice fotos. No se si porque anduve la mayoría del tiempo más pendiente de “no aterrizar” que de fotografiar el entorno, pero lo cierto y verdad, es que, infiel y traidor a mi costumbre, la compacta que llevaba consigo, permaneció más tiempo guardada que cumpliendo su misión fotográfica. Cero y colleja por tanto, para este cobarde y pusilánime reportero senderista que se cagó a las patas abajo cuando el terreno se puso cuestarriba.

Menos mal que el amigo Joaquín, aquel del comando Totana, que en ningún momento se "encogió" pese a lo dificultoso del camino, hizo con su admirable réflex más de doscientas fotos y algunas de ellas, (en adelante, las que correspondan a su autoría, aparecerán con una orla de color blanco) con su previo consentimiento, habrán de servirme para ilustrar esta nueva historia que después de este “breve” preámbulo, comienza...
Posiblemente, quedamos el de Barranda y yo a hora excesivamente apretada en la glorieta “de la cruz de Caravaca” a las cuatro menos cuarto de la mañana.

En el hotel El Llano había un ambiente muy animado, estupendo yo diría. Gente con aire competente, operativo y muy capacitado.
Daban la sensación de "estar en forma" y de saber "qué" los había reunido en ese momento y lugar.

Bien equipados, y ya protegidas sus tibias con polainas.  
Empezaban a entrarme las dudas acerca del porqué de mi presencia allí. ¿Que no había acudido yo a este baile con un traje de prestao y como san Juan por sus viñas...?
Los primeros kilómetros, alumbrados con nuestros frontales o linternas y saliendo del pueblo, se sucedieron vertiginosamente.
Íbamos en la puta cola y por momentos creía quedarme sin resuello.
Comencé a sentirme agobiado por la excesiva ropa que sin duda me cubría. Pero pararse, significaba tener luego que echar a correr para recuperar el terreno perdido.
Decidí aguantar.
Poco a poco mis pulsaciones se fueron estabilizándo y las sensaciones térmicas, equilibrando.
 Por entonces, ya sabía que mi anorak para nieve era excesivamente "aislante" y que no expelía el sudor de forma eficiente.  
Todo el mes aquejado de un recalcitrante constipado, me habían hecho tomar excesivas precauciones contra un presunto frío que nunca llegó a hacerse evidente. La primera paradiña para reagrupar a la gente me sirvió para evacuar líquidos y quitarme algo de ropa.
Algo más confortable, comenzamos a ascender las primeras estribaciones de la sierra del buitre.
Mi amigo Asensio, el montañero más divertido y extravagante del universo cibernético, siempre con gana de broma, me disparaba con su pistola de rayos láser y comenzaba a aligerarse de ropa.
Yo a su lado me sen como un quejumbroso viejo reumático, tapado hasta las orejas. Un carcamal, decadente y senil por así decir. Sentí ramalazos de abatimiento y ráfagas de intenso frío, lamináronme el alma y mi espíritu bravíos.
  Los últimos cien metros hasta el punto geodésico de la sierra del buitre son bastante empinados. Pero subimos tranquilos y en agradable conversación, al ritmo de los que nos precedían; y casi sin darnos cuenta, nos vimos coronando, con fuerza, con brío, con el recio ímpetu de un macho cabrío.
  Josepaco parecía no acusar esfuerzo alguno y su cara reflejaba el intenso placer que debían estar proporcionándole sus sentidos. 
  Sobre el horizonte, comenzaba a alborear y rodeados de los compañeros que desde hacía unos minutos nos esperaban, supimos que la primera cima, era misión cumplida.

En el punto geodésico de la sierra del Buitre, disfrutando también de un momento "cumbre".
 La bajada desde la sierra del buitre constituyó un deleite absoluto.
Tanto fué así que se lo tuve que expresar no una sino dos o tres veces a mi amigo Josepaco. 
¡Estoy difrutando amigo, estoy disfrutando como un enano!
Bajamos como una exhalación, jugando con los patinazos controlados y el riesgo permanente de un culazo o batacazo que nos rompiera los dientes entretanto.  
Cuando ya la pendiente se reducía bastante, hasta iniciamos un delicioso trote cochinero que nos supo a gloria bendita. 
Mientras tanto, la eclosión de un sugerente amanecer, ensalzaba la belleza fascinante de un paisaje deslumbradoramente nevado.
 Parece ser que es nuestro destino, llegar a cada reagrupamiento, "de los últimos". En realidad, durante la travesía, en ningún momento somos conscientes de este hecho ni sentimos premura, apuro, agobio alguno porque nos estamos tomando este viaje como una fiesta de sensaciones, absorviendo el reconstituyente elixir que destila la naturaleza, porque ese y no otro es nuestro principal objetivo. Lo estamos consiguiendo, amén de tragarnos el polvo y la nieve pisada de todos los aguerridos caminantes del mundo. 

Aquí, en otro de los innumerables reagrupamientos avituallados en donde reponer fuerzas y reabastecerse de líquidos y nutrientes varios. En cuanto a organización, cuidado por el detalle y desvelo por cubrir cualesquiera de las necesidades que pudieron surgir de parte de los participantes, la asociación deportiva ADENOW se mereció un diez y medio. 
Desde el principio hasta el final, rozaron la perfección, cuando no la excelencia.
 Es hora de proseguir la marcha porque no resulta conveniente estar mucho tiempo detenido y conseguir así que el sudor del cuerpo se enfríe. Aún nos queda un largo camino por recorrer y muchos centímetros de nieve que aplastar. Andar sobre el blanco elemento resulta agradable y vivificante por un rato, pero durante tantos kilómetros, agota y exprime las fuerzas del más pintado.
Sin embargo, todo se conjura para que personas y entorno se fusionen armoniosos, complementándose, confundiéndose unos y otros en el centelleante paisaje.
 Y esta simbiosis sabe captarla como nadie nuestro amigo Joaquín.
Pasen y vean, pasen y vean señores. Sigan deleitándose porque aquí el artista, se nota que disfruta y se recrea, atrapando la sencilla a la par que fascinante belleza inherente que habita en cualquier criatura de la naturaleza. 
 FIN DE LA 1ª PARTE