Al llegar a esta verde pradera (antiguas tierras de cultivo) descubro con alivio el gran chorro que brota del tornajo de las Palomas, pero mirando en derredor descubro que los caballos brillan por su ausencia. Mi gozo en un pozo que diría aquel.
En este bonico lugar descansamos un buen rato, tendidos sobre la lozana y almohadillante hierba. Todas estas aguas de alta montaña, incluidas las del nacimiento del río Castril, no conocen contaminación alguna, siendo puras y de buena calidad biológica.
Mirando hacia nuestro próximo objetivo: el Cortijo de las Palomas.
Ya estamos arriba.
El Caballo al fondo y el cortijo con su correspondiente era que nos recuerda una vez más un pasado en el que la economía cerealista era la base sobre la que se asentaban muchas familias serranas. La construcción de la era suponía allanar una superficie de terreno, que posteriormente se nivelaba y a continuación se empedraba.
Se construían próximas a los cortijos y normalmente ocupaban sitios altos para aprovechar los vientos que favorecieran el aventado, una vez trillados los cereales o las leguminosas.
Toda esta información está extraída de un magnífico libro que lleva por título SIERRA DE CASTRIL, GUÍA DEL EXCURSIONISTA en el que su autor, Agustín García Martínez, hace un trabajo excelso, tan meticulosamente descriptivo como ameno, en el que nos presenta 24 rutas perfectamente ilustradas, que se pueden hacer por esta sierra, todas ellas a cual más espectacular e interesante. No digo que tenga intención de hacerlas todas, pero una gran mayoría, si la condición física no lo impide, me temo que terminarán por quedar retratadas en el blog que ahora nos ocupa. En fin, seguimos.
Y la Viky, de sombra en sombra y ando sin chispa de gana porque no tengo más ovarios. ¡Vaya ricura de dueño me ha tocado en suerte...!
Con las crines del Caballo al fondo, ya se intuye a su derecha el suave collado que existe entre el cerro del caballo y las Buitreras, por donde hay que seguir avanzando.
Imágenes más panorámicas.
A estas alturas del recorrido, hacía mucho calor.
Ascendiendo a través del collado.
Ganado ovino paciendo descuidada y libremente en las verdes praderas de la sierra de Castril.
El imponente Empanadas al fondo.
Embalse del Portillo, al fondo.
El Caballo, a nuestra izquierda.
Subiendo hacia el Pico de las Buitreras, a las tres de la tarde bajo un fuego abrasador. Enfocando hacia Sierra Seca.
El contorno del Caballo y al fondo, sierra Seca.
Próximos a la cima de las Buitreras.
Una vez hemos arribado a sus ásperas crestas, la recompensa por este esfuerzo son las extraordinarias vistas que se nos abren hacia los Campos de Hernán Perea, pertenecientes a la provincia de Jaén.
El Empanadas, dominando el horizonte.
FIN DE LA TERCERA PARTE
A estas alturas del recorrido, hacía mucho calor.
Ascendiendo a través del collado.
Ganado ovino paciendo descuidada y libremente en las verdes praderas de la sierra de Castril.
El imponente Empanadas al fondo.
Embalse del Portillo, al fondo.
El Caballo, a nuestra izquierda.
Subiendo hacia el Pico de las Buitreras, a las tres de la tarde bajo un fuego abrasador. Enfocando hacia Sierra Seca.
El contorno del Caballo y al fondo, sierra Seca.
Próximos a la cima de las Buitreras.
Una vez hemos arribado a sus ásperas crestas, la recompensa por este esfuerzo son las extraordinarias vistas que se nos abren hacia los Campos de Hernán Perea, pertenecientes a la provincia de Jaén.
El Empanadas, dominando el horizonte.
FIN DE LA TERCERA PARTE




























































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