El último día de 2025, en que las predicciones meteorológicas, pronosticaban buen tiempo, me acercaba al techo de Murcia, para despedir el año con buenas sensaciones, preparándome para iniciar el siguiente, al menos, eso esperaba, con buen pie. Mi intención era estar de vuelta en casa para la hora de comer, de manera que elegí un recorrido que, partiendo desde las afueras de Cañada de la Cruz, ascendiera por el Barranco de las Zanjas y La Viña y a la vuelta descendiera por el Barranco del Rey, cerquita de los Odres. Antes de llegar a Cañada y recién pasado El Moral, me tuve que detener unos instantes para fotografiar esta bella postal que se ofrecía ante mis ojos. A esas horas de la mañana, ¡hacía un frío que pelaba...!
Me encuentro ya en ruta, y me resulta inevitable ir acordándome de aquella legendaria excursión que allá por los últimos días de diciembre del 2016, hice primero con mi amigo Juan y dos días después con Pedro. El nevazo de aquel año por estas latitudes, fue impresionante, como nunca voy a ver ni pisar otro igual, y todavía, de vez en cuando, me gusta repasar las fotos de aquel inolvidable día.
¡Qué espectáculo fue aquel, de los que quedan indelebles para los restos.
Aunque la montaña Sagrada luce así de inmaculadamente blanca, no creo que la nevada por Revolcadores, haya alcanzado ni la intensidad ni el espesor de aquella del 2016. Lo de ese año es que fue inaudito, aunque en esta ocasión, espero al menos que el níveo paisaje me brinde alguna que otra bonita foto con que despedir con un toque navideño, las aventuras senderistas que en este blog, han ido desfilando a lo largo de este a punto del finiquito, año 2025.
La Sagra, tan bonita y majestuosa ella, como es de suponer, pronto se adueña del paisaje, lo acapara y eclipsa todo lo que a su alrededor osa por erguir la cabeza y rivalizar con ella. Esta altiva montaña con forma de barca invertida, los borra de un plumazo porque se lo tiene muy creído y en honor a la verdad, no le faltan razones para ello.
Inmerso ya en el barranco de Las Zanjas, voy haciendo camino, encontrándome con esporádicos rastros de nieve. Esta comenzará a aparecer, como es de suponer, a determinada altitud. No me he informado y acudo por estos lares, a la buena de dios, sin saber ciertamente, si una vez arriba, me voy a encontrar con dos o tres neveros y poco más.
A mi espalda, la baja y espesa bruma, hermosea los campos del Entredicho y la Zarza, que procuro registrar como es natural.
Como decía antes, a determinada altura, la nieve comienza a hacer acto de presencia, y a medida que subimos, va adquiriendo mayor espesor. Hacia las nueve y pico, me he cruzado con un trailero cuarentón que ya venía de vuelta, procedente de la cima. Va el tío en canillas, calcetas largas, zapatillas de Trail, camiseta térmica, gafas deportivas polarizadas de cristal amarillo, guantes y gorro azul de invierno. Se detiene unos instantes, lo que revela educación y civismo e intercambiamos impresiones durante unos minutos, muy pocos porque no quiero que se enfríe. Me dice que arriba, próximo a los cortados, pueden haber perfectamente entre treinta y cuarenta centímetros de nieve. Que de momento, no se ha tropezado con nadie arriba. Que viene de Inazares, trotando todo lo que las circunstancias le permiten, y que ahora se dirige hacia Cañadas, El Hornico, Tartamudo y vuelta al punto de partida. El hombre, bien parecido, con un aspecto estupendo, se va a pegar un buen tute por senderos y pistas y se nota que va sobrado y que lo está disfrutando. ¡Juventud, divino tesoro! que diría el melancólico carcamal aquel. Y yo pisando güevos, por miedo al resbalón en la nieve helada. En fin...pero a mi manera, como diría Frank Sinatra, también lo estoy disfrutando.
Estos pinos, no han llegado a alcanzar la categoría de "Pinos Duende", pero todo llegará en función de la altura. Recordemos que el techo de Murcia, según la cartografía, no se encuentra en el vértice geodésico de Revolcadores, sino en el Obispo, 2014 metros. Ambas cúspides, cuentan con su correspondiente cilindro.
La Sagra, luciendo así de bonita, desde cualquier rincón desde donde la fotografiemos.
Voy a tener suerte. He elegido el día ideal. La mañana es radiante y el paisaje espectacular. ¡Yupiiiiiiiiiiiiii!
Es que es de lo más normal que esta montaña sea crea la más guapa del barrio y por ello, a tantos montañeros, de todas las edades, encapriche y seduzca.
La cadena montañosa que aparece por detrás de La Sagra es Sierra Seca y la de Castril. La dosmilera Guillimona, quedaría a la derecha de la imagen, fuera del encuadre.
Y en lontananza, difuminados, los tresmiles de Sierra Nevada.
Por aquí ya se han acumulado veinte o treinta centímetros de nieve.
El albugíneo paisaje, se ofrece a las pupilas, apoteósico.
Y por demás, cegador.
Enfocando hacia la techumbre de Murcia, el Obispo, desde el pico Revolcadores.
En esta excursión me acompañó otra versión de Hulk, que luce así de tornasolado, aguerrido y potente en el pico Revolcadores. En el Obispo, ya me dio "cosa" sacarlo porque había bastante gente y me entró algo de reparo, que a mis años, me pudieran tomar por majadero o todavía peor, un chiflado de los tantos que hay por ahí. Que aunque todos los días, después del desayuno, me tomo una pastilla de vitamina C y otra de "melasuda complex, 1g" lo que piensen de mí, pues todavía, en ocasiones el complemento no surte el efecto que debiera. Supongo que será en función de los estados de ánimo del momento, o porque la de un gramo se queda algo corta.
En el cilindro, todavía permanezco en solitario, durante algunos minutos, pero por poco tiempo, ya que veo pulular a algunas personas en el Obispo que se dirigen hacia acá. Unas vienen por la ruta de Inazares, y otras han subido por la empinada pista de Puerto Alto, como así me manifiesta una montañera con la que intercambié impresiones.
Últimas fotos al cilindro y salgo para el otro del Obispo. En esos 800 metros, más o menos, que existe de distancia entre ambos puntos, me cruzo con unos cuantos montañeros. Nos deseamos el preceptivo ¡Feliz Año!
Entretanto, voy tomando algunas bonitas instantáneas con grupos de senderistas con quienes me he cruzado.
A estos pinos de la altiplanicie revolcadiense, sí que se les puede conceder ya la catalogación de "Pinos Duende". Los desprendimientos de nieve, junto con el consiguiente crujido, ahora que el lorenzo comienza a calentar, son continuos. Mejor eludir las ramas de estos, lo más lejos que se pueda, por si te cae una avalancha encima.
Lo estoy disfrutando, vaya que sí. Voy también, tomando imágenes de mi excursión, con la Akaso, que incluiré hacia el final de este reportaje.
En algunos puntos, los pinos aparecían bien cargaditos de nieve.
FINAL PRIMERA PARTE






















































































































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