lunes, 6 de noviembre de 2017

CORDILLERA DE LOS AGRIOS I

A esta excursión de los Agrios le tenía yo cierto respeto. Desde hacía largo tiempo, se hallaba en la categoría de imprescindibles, lista de entre las exclusivas que dejas aparte, esperando que las propias sensaciones y circunstancias, te revelen el momento propicio para hacerla. Recelo por un recorrido al que Alsamuz cataloga de difícil, consideración que para mí es la biblia, palabras mayores, como estampar un sello notarial, peritaje senderista incuestionable, incontestable, inapelable. ¡Ahhh, cómo me temblaban ya las piernas! ¿qué me encontraría durante el camino, sería capaz de culminar la ruta, tendría que desistir de cruzar algún paso, de puro canguelo, cagalera incontenible, acojonamiento vivo, miedo insuperable...?, ah, balbuceaba para mis adentros al pensar en un recorrido exigente que me pondría a prueba y me empujaba ya sin remedio al encuentro de mi particular desafío. Lo malo de andar solo, si exceptuamos la siempre fiel y reconfortante compañía de mi perrita, es que si sufres un percance, puedes pasarlas canutas porque no veo yo a la Viky, como en la serie de Rin Tin Tin, salir en busca de ayuda y al encontrarla, menear el rabo y hacerse entender. Mucho menos llamar al 112, que a ver, inteligencia y talento para ponerse el teléfono en la oreja y marcar las teclas correspondientes, creo que le sobra, pero para qué nos vamos a engañar, eso solo pasa en las películas. Por contra, lo bueno de caminar solo es que si al llegar al Peñón del Guante, te entra tal descomposición de estómago que te jiñas patasabajo, nadie te ve, nadie tiene que apiadarse de tu temblequeo de piernas, del escape generalizado de fluidos, pudiendo recular y así evitar llegar a ser el hazmerreir de gran parte de la cordillera de los Agrios, y de toda la sierra de Cazorla entera. De paso, el prestigio cara a la galería permanece, indemne, intacto, salvado de la maledicencia de tus ocasionales compañeros de ruta, que por mucho que te consuelen con palabras amables, por lo bajini, chismorrean lo fistro cobarde pecador que eres. Ya se sabe que ojos que no ven, orgullo que no se resiente, porque por aquí te cuelgan un sambenito más pronto que un mixto. Hace muchos años, parece ser que había un hombre en Quesada que ya arrastraba desde su nacimiento, cierto déficit en el tiempo de cocción, vamos, que le faltaba un hervor y por ello no estaba muy en sus cabales. La cuestión es que aquel hombre, cuando desde su pueblo veía aparecer la luna tras el cerro Villalta, se decía para sí, alguna vez tengo que subir y atraparla para llevármela a mi casa. Y así fue como aquel lunático, un día subió al cerro en pos de su quimera y tardando en regresar, echándolo en falta familiares y amigos, salieron en su búsqueda y vaya si lo encontraron, pero más tieso que un palo, muerto en los alrededores de la cima, seguramente a causa del frío, y desde entonces, el cerro Villalta, fue rebautizado como El Aguilón del Loco.
Si en Cazorla existe una ruta clásica entre las clásicas, y como ya ha quedado dicho, de realización imprescindible para cualquier buen senderista que se precie de serlo, es esta de la cordillera de los Agrios. A menudo, me encuentro en internet, contradicciones, por ende, controversias al respecto de los nombres que reciben algunos topónimos, alturas de los picos, formas en que se escriben y polémicas con la ubicación y delimitación regional de los parajes. Digo esto porque echándole un vistazo a varios blogs, y publicaciones de donde extraigo algunas de las excursiones que complementadas con wikiloc, luego procuro realizar, me encuentro puntualizaciones al respecto del contorno por el que transcurre una ruta. En esta que todo quisque wikilero parece coincidir en denominar la cuerda o cordillera de los Agrios, constato desde otras fuentes, que en realidad, esta alineación, en su parte más septentrional, comienza sobre el nacimiento del Guadalquivir y termina en el Aguilón del Loco, y hacia el sur, picón del Guante y peñón del Rayal, pertenecen ya a la cuerda del Rayal. El mismo Carlos García Gallego, en su libro Excursiones en Cazorla y Segura, quien calificó a estas montañas como Las cumbres del abismo, agrupa todo el pefil, de norte a sur, esto es, desde la Cañada de las Fuentes hasta el mismo puerto del Tíscar, dentro de la cordillera de los Agrios.  No es que sea determinante conocer estos detalles porque tampoco nos lleva a ninguna parte pero me sirve para saber cuanto menos, que completar la cuerda de los Agrios, significa cubrir también la distancia hasta la Cañada de las Fuentes, otra bonita ruta, con tejos milenarios entremedias, amén de bellos paisajes, que será preciso explorar en cuanto nos sea posible, para poder decir con propiedad, esta vez sí, que hemos recorrido toda la cuerda o cordillera de los Agrios. Al césar lo que es del césar.    
En esta ruta, aparte del track y siempre certera descripción del conspicuo Alsamuz, bebí de estas eruditas fuentes, que dado el docto magisterio de quienes las administran, no necesitas más para empaparte con pelos y señales de geología, orogenia y por dónde y en qué condiciones orográficas transita esta magnífica ruta.
Después de pasar Pozo Alcón, desde el mismo pueblo,vamos a coger la C-323, y a la altura del km 43, en el puerto de Tíscar, nos salimos a nuestra derecha por una pista sin demasiados baches, camino de los Picones, para llegar al poco, a nuestro punto de inicio, en el Torreón de Don Enrique, donde dejaremos el coche. Este es el cerro de Magdalena, muy próximo a la villa de Quesada.
Pintoresco pueblo rodeado de olivares y desde el que me imagino la bonita panorámica que tiene que ofrecerles la espectacular muralla china formada por la cuerda de los Agrios.
Esta fuente, sita al poco del inicio de nuestra ruta, nos será poco útil, salvo si no hemos echado agua desde casa para abastecernos.
Ya tragamos un poco de saliva porque sabemos que a la vuelta, tendremos que pasar por la cima del Rayal y luego bajar.
El transcurso por la pista es muy agradable y casi llaneo, sin dejar de sentirte un poco intimidado por esas inexpugnables paredes que, amenazantes, se ciercen sobre ti. ¡Qué bonito y apasionante es esto del senderismo! Descubrir nuevos lugares y paisajes ergo momentos sublimes a cada paso que das. 
Intento divisar desde mi posición, el único tubo de vértice geodésico que nos vamos a encontrar durante toda la ruta, situado en el Rayal, altura que no será la máxima a la que ascenderemos. Por más que miro, ni siquiera lo atisbo.
El paisaje, a medida que vamos ascendiendo comienza a ser grandioso. La arista que tenemos a nuestra derecha nos impone. El Rayal, de momento, nos va quedando cada vez más lejos.
Hace tiempo que dejamos la pista para adentrarnos por unos cuestarrones de verdadero vértigo, utilizados para saca de madera. De vez en cuando, te encuentras mojones que te confirman que andas por el camino correcto. Me siento genial, tanto de piernas como de patata cardíaca porque apenas esta se acelera ni sube de vueltas. ¡Yupiiii, así da gusto!
Desde collado Valiente, las vistas son apoteósicas y ya podemos comprobar el escarpado, el augusto camino de vuelta.
Quesada. Le damos al zoom para observar y hacernos una idea del aspecto que tienen sus casas e iglesia.
Viky también parece ir disfrutando con las bellas postales que se le ofrecen ante el hocico.
Seguimos subiendo hasta llegar a un balcón cuyo emplazamiento nos brindará unas panorámicas sublimes. A nuestra espalda, el cerro Villalta o Aguilón del Loco, máxima cota que alcanzaremos en los 1954 metros, nos aguarda.
Hacia donde miremos el paisaje nos emociona e hipnotiza.
El Aguilón del Loco
Corazón de Cazorla, divisándose las Banderillas allá en lontananza y la cuerda de los Agrios en sentido norte
Viky embelesándose con el excelso paisaje
Erigiéndose como auténtica reina de Cazorla
Ahora es cuando viene lo más emocionante y quien sabe si desafiante de toda la ruta. Ir evolucionando a través de toda la cuerda, lo más pegado al cortado, pero con cuidado de no despistarse y precipitarse al vacío. El corazón se acelera y no precisamente por el esfuerzo. Veo dos mojonacos en lo alto del Aguilón y allá que vamos.
A mí, andar por este terreno tan quebrado y lapiaz, no me disgusta. Es como subir o bajar por unas escaleras donde solo es preciso poner especial cuidado en ir buscando los peldaños apropiados para apoyar los pies.
Viky también se desenvuelve bien sobre este terreno y sus desgastadas zapatillas de marca genérica aún resisten.
FINAL PRIMERA PARTE

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