sábado, 14 de octubre de 2017

SUBIDA AL MULHACÉN II

El recorrido que nosotros utilizamos para alcanzar el vértice geodésico se le puede indigestar a quien lo subestime, pues si se hace en verano, hay que contar con el calor, la altura y salvar los dos mil metros de desnivel que existen entre Trevélez y la cima. Por eso, cuando enfilas los últimos metros hasta la cumbre, un efervescente regocijo te recorre todo el cuerpo, esperando recibir ese algo especial por haber sido capaz de alcanzar por tus propios medios y esfuerzo, lo más alto de la península Ibérica.
Se puede llegar casi a la misma cima en bicicleta o monopatín utilizando carretera y pista que conectan Granada ciudad con el Veleta y desde este pico al Mulhacén y Capileira. De hecho, existe un microbús lanzadera que desde esta villa te deja en el alto del Chorrillo. Desde aquí a las cimas del Mulhacén y Alcazaba apenas supone un paseo de cuatro o cinco kilómetros muy llevaderos que ni te harán sudar la camiseta. El vehículo permanecerá en el lugar hasta completar su capacidad, momento en el cual retornará hacia Capileira.
Lugar emblemático donde los haya, el Mulhacén recibe gran afluencia de personas sobre todo, los fines de semana. La cima a determinadas horas del día puede parecer una romería, muy masificada como ya tendremos ocasión de comprobar. Pero el lugar tiene su encanto, no solo por lo que supone de singular, saber que estás a 3483 metros en lo más alto de la península Ibérica sino por toda la historia que atesora.
Estas cabras se puede decir que están domesticadas y acuden al calor del montañero por ver si pueden conseguir un bocado. Sorprende temperamento tan amigable con los humanos y alguien nos dice que está prohibido dar de comer a los animales. Pero todo el mundo ignora y hace caso omiso a la norma del parque, si es que esta existe, que no seré yo quien la ponga en duda.
Como se puede observar, reina un gran ambiente en la cumbre. Parecemos un club senderista bien avenido que se toma un respiro antes de iniciar el retorno pero lo cierto y verdad es que cada cual ha conseguido el objetivo a su libre albedrío y por su propio camino.
Esta atractiva montañera se hace los selfies de rigor en la cumbre del Mulhacén, como mandan los cánones, esto es, con palo y estilo.
La cabra, la cabra, la astuta de la cabra, la madre que la parió, yo tenía una cabra que se llamaba Ascensión, laralí laralá...
Apuntes de historia: 
 Dos mundos en el horizonte. El primer enlace geodésico entre Europa y África tuvo lugar en 1879, entre las cumbres españolas: Mulhacén (3.483 m), Tética de Bacares (2.080 m), y las argelinas: Filhaussen (1.136 m, junto a la frontera marroquí) y M. Sabiha (585 m, cerca de Orán). La expedición científica fue dirigida en la parte española por el coronel Carlos Ibáñez de Ibero (1825-1891), más tarde nombrado Marqués del Mulhacén por tal hazaña, mientras por el lado francés asumió esta tarea el teniente coronel Perrier. Para comprender la embergadura de la empresa hay que retroceder al estado de la ciencia de mediados del s. XIX, cuando para determinar la forma, dimensiones y principales accidentes de la Tierra, era necesario completar las redes de triangulación geodésica entre Europa y África, enlazando mediante seriales ópticas ambos lados del Mediterráneo. Hasta la fecha, solo se había logrado medir el arco meridiano de 161 kms entre Dunkerque y la isla Formentera; los triángulos que ahora se pretendían medir distaban por el lado mayor 270 km. Las cumbres españolas eran el mayor problema, pues el Mulhacén, con 3.483 metros, es la montaña más alta de España, además, tanto la Alpujarra en la solana de Sierra Nevada como Bacares en la umbría de Sierra de Filabres, estaban mal comunicadas por exiguas veredas arrieras. En 1858, Carlos Ibáñez de Ibero y los franceses Laussedat y Sevret fracasan en un primer intento, pero aseguraron que era posible ver desde las cordilleras andaluzas las cumbres argelinas. En 1878 se permanece 56 días en las cumbres con un mínimo de instrumental, consiguiendo visualizar, sólo por dos horas, una luz emitida desde el Filhaussen, lo que reafirma las dificultades pero también la viabilidad del proyecto. 
En 1879, con dos meses de antelación, el capitán de ingenieros Juan Borres, se encarga de subir a las dos cumbres españolas el pesado material científico: generadores electromagnéticos movidos por máquinas de vapor a carbón, goniómetros, reflectores y refractores de luz, que posibiliten emitir señales heliotrópicas durante el día o eléctricas durante la noche, además de los víveres y vituallas necesarios para resistir una larga temporada, de hecho se construyeron barracones de mampostería en ambas cimas. El enorme bagaje fue transportado con carros de bueyes, ayudados, a veces, por sesenta hombres que tiraban de cuerdas auxiliares. La comitiva asedió el Mulhacén por la vertiente Alpujarreña, desde Vélez de Benaudalla, remontado el río Guadalfeo, el Barranco de Poqueira-Vitres, Loma del Jabalí, el Alto del Chorrillo, y la Loma del TantoMulhacén. Los 18 días empleados dan una idea de las dificultades encontradas. Desde el 20 de agosto a primeros de octubre se lograron las mediciones, siendo crucial para el éxito el haber subido los pesados aparatos eléctricos, pues en ningún momento del día pudieron avistarse las señales transmitidas con los heliotropos. Los diarios del Mulhacén reflejan las penalidades sufridas en casi dos meses de estancia en la cima: nevadas, vientos huracanados, enfermedades, abandonos por disentería, caída de un rayo sobre los aparatos eléctricos que dejó sin conocimiento a un cabo y a un soldado, etc. Sobre el Tética las tormentas y aguaceros torrenciales hicieron temer en Tíjola y Bacares por la suerte de los científicos.
A los musulmanes Granada le debe buena parte de lo que es hoy. No en vano esa cultura fue la que movió los cimientos de romanos e íberos para levantar la urbe por la que muchos suspiran. Además estuvieron en la península ibérica ocho siglos. Tiempo de sobra para dejar legado de sus éxitos y fracasos. Uno de sus legados, en forma de leyenda, salpica directamente a Granada y a su Sierra Nevada. Puesto que allí, supuestamente, descansan los restos de un rey que controló el destino de la capital durante varias décadas y en las que su amor a las calles de esta ciudad le llevaron a sentirse unida a ella para siempre. Padre de Boabdil, Muley Hacén fue el penúltimo emir de la Granada musulmana. Fue un hombre sobre el que siempre circularon muchas historias y en las que en todas el amor apareció como parte importante de su vida. Se enamoró de Aixa, la madre de Boabdil, quien acuñó la famosa frase de “llora como mujer lo que no supiste defender como un hombre”. Se casó con ella y en apariencia tuvo una vida plena. Aunque nunca fue así. Siendo emir de Granada apresó a una noble castellana a la que convirtió al islam y por la que se enamoró perdidamente convirtiéndola en su mujer favorita. Algo que le granjeó el odio de Aixa durante el resto de sus días por el cual se sintió cada vez más fatigado, cansado y aburrido. Precisamente por eso decidió, según la leyenda, que al morir sus restos no deberían reposar junto a los de quien había sido una de sus mujeres, Aixa. Por el contrario, debían ser enterrados lejos de ella pero lo suficientemente cerca de Granada como para sentirse atado a la ciudad eternamente. Así cuentan que el rey Muley Hacén obligó a que cuando falleciera en 1485 su cuerpo fuera enterrado en Sierra Nevada. De ahí el nombre del pico más alto de la península Ibérica. Del pico Mulhacén. Desde entonces, fueron muchas las búsquedas, excavaciones y catas que se han realizado en esta montaña para localizar la tumba del monarca y los tesoros que se suponía podía contener, pero nunca han sido encontrados aunque nadie puede descartar que se halle enterrado aquí, custodiando Sierra Nevada, y como dicen los Puntos en su canción, llorando eternamente por Granada.
Apuntes de historia
La adoración de la Virgen de las Nieves en la cumbre del Mulhacén, arranca de la primera misa celebrada sobre el pico el 22 de julio de 1912 por el párroco de Trevélez Francisco Castro Sánchez. Al año siguiente se inicia la romería desde Trevélez (todavía perdura cada cinco de agosto), erigiéndose una modesta ermita en la cima sobre las ruinas de los barracones que en 1879 habían albergado a los operantes del Enlace Geodésico entre Europa y África. La ermita sólo aguantó diez años, y no volvió a ser reedificada. El afamado párroco de Trevélez también albergó proyectos de mejorar los accesos a la cima del Mulhacén, construir albergues para peregrinos, e incluso un sanatorio en la Cañada de Siete Lagunas, y no iba del todo desencaminado, al menos sobre el triste futuro que le aguardaba al rey peninsular, pues en 1963, una pista desde Capileira alcanza la Laguna de la Caldera, 3.036 m, dañando la vertiente Sur y occidental del Mulhacén (un año antes se había proyectado construir un repetidor de televisión en la cumbre, que finalmente fue erigido en la Sierra de Lijar). En 1966 se enlaza con la carretera del Veleta. En 1974 se construye desde el Alto del Chorrillo (pista de Capileira) un carril de 7 km que concluye casi en la cima. Carril que en 1993 permitió llevar al Mulhacén las máquinas excavadoras que empezaron a construir los orificios de cimentación para erigir un radar militar sobre la cima. Por fortuna el proyecto fué abandonado ante la presión popular y la propuesta de Parque Nacional de Sierra Nevada que debatió el Congreso de Diputados en 1998.
Mi amigo Pedro posando en el santuario de la virgen de las Nieves 
Foto de obligado cumplimiento en el vértice geodésico sobre la cota más alta de la península Ibérica, (3483m) que por doscientos metros de na, nos rebasa por la izquierda el Teide (3718m)
En esta toma se puede apreciar mejor el punto en que se construyeron los barracones que albergaran a los científicos y la ermita que apenas permaneció operativa durante diez años
La cabra cobra confianza y se erige en la mascota interesada de todos. No me extraña que luzca tan lustrosa.
Vaya hombre, acabáramos, Agapito malasaña el guardián de la montaña no podía faltar en el Mulhacén. Ahora sí que no va a haber cristiano que lo soporte. Ahora que ha pisado y conquistado el techo de la península, a ver quien es el valiente que aguanta sus bravuconadas y pendejadas...
El puto amo de la península, cualquiera le tose, máxime ahora que ha estado en Cataluña y le van a subir el sueldo.
¡Venga hombre, relaja el gesto y que viva España...!
Se le ocurrió a mi amigo Pedro comprar una bandera de España a los chinos, ellos siempre tan visionarios para saber donde está el negocio, y ahora que parece que Puigdemón y su golpe separatista ha logrado lo que ni siquiera consiguió el terror etarra ni el ganar un mundial de fútbol, es decir, el fin del silencio y del miedo de los españoles a expresar su patriotismo, pues como decía, al principio la sacó tímidamente por si alguien se sentía zaherido u ofendido, y coño, que si no nos andamos listos, aún estaríamos allí esperando que nos la devolvieran. De haber cobrado un euro por cada posado con la bandera, tenemos para pagar la gasolina del viaje, la cena y hasta las cervezas del día siguiente. 
¡En qué nos vimos de recuperarla!
Aquí estoy posando con un libro de poemas (Por si nunca llego a conocerte) que ha escrito el hijo de mi amigo Eloy, que los más veteranos del lugar recordarán por haberme acompañado en más de una de mis aventuras y al que bauticé en su día, como el tío de la vara...pues bien, para ser su ópera prima es una obra muy interesante cuya lectura bien merece la pena. Desde aquí le deseamos mucha suerte en esta su particular aventura literaria que ahora comienza.
Haciendo de fotógrafo improvisado para quien reclamaba mis servicios
Desplegando la bandera de nuestro país en un proceso de verdadera catársis colectiva que parece ha eliminado de un puigdemonazo el miedo y complejo a que nos tachen de fachas.
Todo quisque pretendía la bandera
Hasta el ciclista
En fin, con el cachondeo y la eclosión patriótico festiva que reinaba en el ambiente, la verdad es que vivimos unos instantes mágicos
Pero ha llegado el momento de retomar el camino y cerrar el círculo.
Pedro posando en el mirador de Trevélez. Existe un cartel que te indica tiempo aproximado para llegar al pueblo, tres horas. Nos entra la risa porque estamos viendo el pueblo ahí mismo y seguro que en hora y media estamos tomando cerveza en el primer bareto que nos encontremos.
Con razón dicen los antiguos y el sabio refranero que la ignorancia es muy atrevida.
En verdad que le recortamos a las tres horas algo más de media hora, pero se nos hizo la bajada eterna, ardua y destroza-rodillas. De haber tenido unas de repuesto, me las hubiera cambiado en mitad de la bajada. Atención a los que padezcan de desgaste de cartílago porque las rodillas sin esa almohadilla sufren muchísimo. Yo tuve un buen día, y salvo los últimos metros en que comencé a sentir flojedad general en articulaciones y cuadriceps, se puede decir que hice la bajada, al ritmo que marcaba mi amigo Pedro, como un señorito, pero el descenso se las trae. Acabas hasta los cataplines.
De hecho, ocurre una cosa curiosa y es que, a veces, mientras vas avanzando te parece que el pueblo cada vez queda más lejos. Cosa de brujería o efectos de la fatiga acumulada que te hace sufrir estas alucinaciones.
La Macarena de Trevélez, saludándonos al paso
¡Madre mía, nos costó un potosí, llegar al pueblo del jamón!
Pero al final llegamos, sanos y salvos y con el depósito de las buenas sensaciones, a rebosar de puro gozo vivido.
A Trevélez desde Cehegín, yendo a una velocidad legal, se tardan de tres horas y media a cuatro. Es mejor rebasar Granada por la autovía para coger luego por la A-44 y desde esta, desviarse hacia la Alpujarra. Lo ideal es alojarse dos noches en cualquiera de los hoteles de la zona, o en el camping de Trevélez, que es lo que mucha gente hace, para luego salir antes de pintar el día y tener un lugar confortable donde descansar y recuperarse al regreso, tras la dura jornada. Ello nos permitirá tomarnos las rubias que sean necesarias para que el efecto reparador sea completo. Nosotros hicimos la machada de pegarnos el madrugón, hacer la ruta y regresar sin tomarnos el descanso debido porque no siempre puede uno disponer de tiempo y oportunidad para tomarse un fin de semana completo para sí mismo. Pero querer es poder y con un pelín de sacrificio, se salvan los a priori impedimentos y todo puede llegar a ser posible. De cualquier modo, a las diez menos cuarto de la mañana estábamos aparcando en la plaza del pueblo y a las diez en punto estábamos en marcha. Coronamos a las 14:17 horas, manteniendo un ritmo tranquilo pero incesante. Prueba de ello es que alcanzamos a unos cuantos montañeros que habían salido de Trevélez antes del amanecer. En las Siete Lagunas, como la niebla lo envolvía todo apenas nos detuvimos, y salvo algún momento puntual para tomar una instantánea, nuestra tranquila cadencia de paso tipo pistón diesel, fue inasequible para cuantos coincidentes montañeros alcanzamos durante la subida. En el corto de video que a modo de complemento incorporo a esta entrada, se podrá observar el tranquilo y afable ambiente que reinaba en la cumbre, así como la mansa docilidad de unas simpáticas cabras, madre y retoño, cuyo instinto salvaje, claras muestras ofrecían de mantenerlo en cuarentena, hasta tanto en cuanto turistas, montañeros y demás fauna visitante del Mulhacén, les surtieran de nutritivos piscolabis con que homenajear su estómago. Fue un cuadro muy gracioso el ver a las cabras arrimándose a los montañeros, buscando el bocado exquisito como si de dos perritos se tratara. La bajada a partir del mirador se puede hacer pesada e interminable. Como dicen las chicas de Almería [que no logran ponerse de acuerdo para decirnos si regresaron en autobús o en coche de san Fernándo como hicimos nosotros ;)], la escurridiza distancia hacia Trevélez parece cosa de brujería pues a medida que bajas se hace eterna, dando la impresión de alejarse cada vez más del montañero. A veces hasta puede resultar desalentador, sobre todo si vas "cascado" de piernas y rodillas. Algun@s nos adelantaron muy dicharacheros durante la bajada para al poco, verlos sentados, con rostro contrito y muestras de estar literalmente bloqueados por la fatiga y el dolor.
   
Esta ha sido mi primera experiencia senderista con Sierra Nevada, y por ende, con la Alpujarra granadina, pero intuyo que no será la última. He de proponerme de cara a la próxima primavera, si no antes, realizar nueva incursión pero a su cara norte que dicen más espectacular y salvaje. Güejar-Sierra, y la cuenca alta del Genil está jalonada de soberbios paisajes y acontecimientos históricos que relataremos pero cuando dispongamos de imágenes propias con que poder ilustrarlos. De momento, ahí dejamos el propósito para mejor ocasión y oportunidad, que todo habrá de llegar. Y de la subida al Mulhacén, nos trasladamos a la subida del Cabañas, pico de dos mil metros en la sierra del Pozo, cuyo paisaje y relato de su andanza nada tiene que envidiar a este que ahora mismo toca a su fin.
 ¡HASTA LA PRÓXIMA AMIG@S!


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