02 enero 2016

EL PUNTAL DE LA ZURDICA Y LA MORRA DEL CHASPINAR (CASTRIL) I

Os voy a decir una cosa, hacer una excursión por la sierra de Castril, nunca decepciona y hacia el final de ruta, acabar derrengado está más que asegurado. La montaña es indómita, abrupta, y por ello de relieve incómodo, jodía de patear, así que, tus recursos físicos, tarde o temprano tendrás que gestionarlos al máximo de su capacidad. Sobre todo si el recorrido ronda o sobrepasa los 20 kilómetros, como es el caso y el transcurrir del tiempo y por tanto, las horas de luz disponibles, juegan en tu contra. En esta ocasión, el recorrido arranca del extremo sur de sierra Seca y hasta nos saldremos del término del parque natural sierra de Castril para trazar el círculo que nos conducirá de nuevo al punto de partida. Es por ello que disfrutaremos en determinados momentos de excelentes vistas panorámicas de toda la cuerda cimera de la sierra de Castril. El track que me sirvió de inestimable guía y norte de mis pasos se configuró, utilizando una parte de este recorrido de nuestro amigo Jose Antonio Pastor, alias montañasdelsur, otra del libro Sierra de Castril, guía del Excursionista, y la otra trazada a mano sobre el mapa y que finalmente decidí improvisar y recomponer sobre el terreno pues la senda que en principio venía dibujada en el mismo, me hacía dar un rodeo que de pronto y a pie de campo, no estaba dispuesto a asumir, dada la fatiga galopante que ya comenzaba a hacerse dueña de mis piernas, de modo que, observé que me salía al paso en dirección a la senda ya circunscrita durante la ida, un barranco de aparente avance factible, y allá que dirigí mis ya cansinos pasos. Son gajes del directo y la excitante experiencia montañera de salir buscando la aventura y de un modo u otro, improvisar y atinar con el mejor camino de vuelta.
 Partiremos del cortijo de los Arenales, un chamizo triste y desangelado, remendado con trozos de uralita y latón que no merece ni una triste fotografía que lo ilustre, buscando atacar el cauce del barranco de Martín, tras haber sobrepasado por su izquierda, varios cortijos todavía activos. Con uno de sus moradores, estuvimos hablando un buen ratico a la vuelta, como luego dejaré constancia gráfica, al final de este nuevo capítulo de correrías senderistas con mi inseparable y leal amiga compañera, Viky, la perla de Burete. Pasaremos bajo las espectaculares, yo diría que impresionantes paredes del Tranco de la zorra, lugar que tiene como inquilinos preeminentes a los buitres leonados. Alcanzando cotas más altas a través del intimidatorio gollizno del Calar, llegaremos a dos hermosas, verdes y apacibles dolinas, donde antiguamente se cultivaba cereal, y ya en las cimas señeras, desde el puntal de la Zurdica, tendremos a nuestra disposición pupilar, una variada nómina de barrancos y picos del parque natural de Castril (que conocemos por haberlos pateado ya en otras ocasiones), y el horizonte nítido de las numerosas sierras que lo circunvalan en distintas direcciones y distancias. Por desgracia, también seremos testigos de la plaga de procesionaria que invade y subyuga la serranía castrilense. Un panorama en verdad sobrecogedor que me llevó a temer por la integridad física de Viky y también la mía pues de todo el mundo es conocido lo tóxicos que pueden llegar a ser los pelillos de estos bichos tan aparentemente inofensivos como ciertamente peligrosos.
Progresando por entre el arenoso y a veces encajonado lecho del barranco de Martín, tendremos que salvar algunos escalones de sencillo ascenso, sobre todo al principio.
Después de juguetear con el cauce del barranco, ahora me salgo, ahora me meto, llegamos a un collado y nos salimos para conectar con una nítida senda a nuestra derecha, cuyo horizonte enmarcado entre pinos, nos muestra la parte superior de los verticales tajos del tranco de la Zorra. Le echaríamos muchas fotos pues a medida que nos íbamos acercando, más aspecto de inexpugnable fortaleza presentaba.
Debe ser habitual la existencia de niebla en las cotas más bajas por estas latitudes. Me recordó a la penúltima incursión a la sierra de Castril que hice con mi amigo de Calasparra, Carlos Alcázar.
Acercándonos cada vez más al Tranco de la Zorra.
Formidables vistas hacia la sierra de Castril.
Viky ya parece que se mueve en este terreno como pez en el agua.
Desde el Tranco de la Zorra se nos presentan espléndidas vistas en todas direcciones. Reconoceremos las cimas más emblemáticas de la sierra de Castril como la Empanadas y el Pico del Buitre, amén de otras como la sierra de Baza y Orce, Estancias o Filabres, que en lontananza, dibujan sus perfiles en forma más difusa.
Llegamos a estos feos tornajos de latón, de aguas frescas y cristalinas, situados justo debajo del tranco, que llaman Tornajos de la Chispa, muy poco antes de acometer el impresionante gollizno del Calar de aparente e imposible modo de atacar.
Una toma más de este impresionante castillo o fortaleza natural.
Preciosas vistas a nuestro alrededor nos maravillan, fascinan, deslumbran a cada paso que damos.
La senda de piedra que asciende por entre el gollizno está muy desdibujada, hay que estar muy atento para no perderla. Reducir los metros de zoom sobre el track que se refleja en la pantalla del gps, se hace más que aconsejable para superar este crítico pasaje.
Embalse del Portillo.
Pasito y mirada en derredor, zancada y fotografía al canto.
No me canso...que diría aquel.
Saliendo del gollizno, en este tramo sí, con senda de piedra bastante bien perfilada.
FINAL PRIMERA PARTE

28 diciembre 2015

EL CERRO DEL CARRO III

Antes de abandonar este singular pueblo, me gustaría dejar anotados en esta entrada algunas cosicas interesantes que gracias a internet, he descubierto que han tenido lugar en Los Royos. Esta es la iglesia de la Inmaculada Concepción, su patrona y por cuyo motivo, sus fiestas patronales tienen lugar el ocho de diciembre.
Aunque de un tiempo a esta parte, ahora paso con relativa frecuencia por Los Royos, da la impresión de que apenas quedan habitantes, y la mayoría son gente mayor. Pero se han encontrado yacimientos arqueológicos que dan idea de su pasado esplendor.

El topónimo de los Royos parece ser una derivación de "los Arroyos".
El pueblo de Los Royos, es apacible, solitario, acogedor y con las edificaciones adaptadas a las duras condiciones de fríos inviernos y calurosos veranos que se dan por estas tierras.
Es difícil imaginar si no se conoce la historia de estos parajes, lo transitado que estuvo en el tiempo este lugar:

Se han encontrado restos arqueológicos argaraicos (Cerro de la Clavellina), Neolíticos (Cerro de Morales y de la Capellania), Iberos (La Poza y la casa de la Loma Nueva) y Romanos (Fuente de los Royos, Cortijo del Pulpite, Carrasquicas y casas de Los Morales).
Y en la época islámica la Torre de la Mata (declarada BIC) en el paraje de Tarragoya y el Castillo de Celda.

Finalmente en la época medieval cristiana Las Torres de Girón y Los Munueras.
Todas estas construcciones son consecuencia del carácter de territorio fronterizo que tuvo la zona en la época medieval.
El Centauro de los Royos es una pequeña estatuilla de bronce datada del año 550 a.C. y que fue elaborada en los talleres de la región del Peloponeso en la Antigua Grecia.
Aunque su procedencia es griega, la estatuilla fue hallada en Los Royos, por lo que podría haber sido una pieza adquirida por los antiguos habitantes de la península ibérica mediante intercambios comerciales.
Otro hecho relevante que aconteció en esta villa es que en 1847 moriría en la población el célebre bandolero Juan Manuel Noguera, lo que daría lugar a unos conocidos versos: "En la venta de Los Royos, allí mataron a tres: al hijo de La Gañana, al Rizos y al Juan Manuel"
Me ha emocionado leer su historia, por ocurrir en lugares que conozco tan bien y que son dignos de un guion cinematográfico.
RICARDO MONTES BERNÁRDEZ. CRONISTA OFICIAL DE LAS TORRES Y ALBUDEITE 


En los primeros años de la década de los cuarenta del siglo XIX surge un bandolero que tuvo en jaque con sus hazañas a varias comarcas regionales. Se trata de Juan Manuel Noguera, natural de Pliego, y nunca tuvo apodo. Inició sus correrías en 1845 formando banda con plegueros y muleños, llegando a ser la suya la gavilla más importante después de la de Jusepe Escámez. El 20 de marzo de 1845 el Boletín Oficial de la Provincia publicaba, por orden del juez de Primera Instancia de Mula, que se procediera a su detención y a la de Vicente Franca Gil.

Se dice que Juan Manuel se hizo bandolero por vengarse de agravios enconados de la política. Uno de los primeros episodios que se cuentan sobre sus andanzas fue el enfrentamiento que mantuvo con Benito Sánchez Marín, labrador del Guapero, al que tras asaltarlo hubo de permitirle que siguiera su camino gracias a la rapidez y puntería que éste le demostró.

Se dice también que cuando ya era considerablemente conocido, se enteró de que un tal Guayetano andaba asaltando gentes en lo que él consideraba sus campos, por ser Moratalla la primera comarca que padeció sus correrías, y que se hacía pasar por Juan Manuel Noguera para infundir más temor y respeto. Harto de que le achacaran fechorías ajenas, se acercó a Moratalla, lo sorprendió y lo degolló.

Curiosamente, todavía se conserva en pie una de las casas que frecuentaba Juan Manuel. En ella vivía una de sus amantes, que lo protegía y escondía durante días cuando necesitaba desaparecer por un tiempo de los caminos.

Entre otras historias atribuidas a Juan Manuel se cuenta la relacionada con un herrador de Coy quien, al parecer, ponía las herraduras a su montura al revés con el propósito de intentar despistar a sus perseguidores. Se dice del herrero que Juan Manuel lo eligió por ser ciego, para que al no poder verlo tampoco pudiese reconocerlo ni describirlo nunca. Además, hacía que le colocara las herraduras de noche y en el cementerio.

La muerte lo sorprendió cuando sólo contaba con 37 años. Protegido de los Melgares de Bullas se encontraba la noche del 2 de octubre de 1847 en la Venta de los Royos de Caravaca. Unos dicen que su novia, otros que había acudido para amenazar a un tal Marín para que le entregara el dinero. El caso es que la Guardia Civil, con Manuel Frexas a la cabeza, alertada de su presencia, rodeó el lugar. La gavilla, al verse descubierta, abrió los portones de la venta y salió al trote. Juan Manuel cayó herido gravemente y al sentirse morir desde el suelo pidió auxilio; se le acercó para ayudarle el guardia Antonio Martínez, quien cayó en la trampa y fue muerto a su vez por el bandolero, que decidió morir matando. El guardia era natural de Archena e hijo de Antonio y Eugenia, según puede constatarse en el archivo parroquial de la iglesia de El Salvador de Caravaca. Fallecieron además en la refriega los bandidos Silvestre Rizo, de 40 años, casado con Antonia María Martínez, y José Sánchez, alias ´El Ronco´. Dio testimonio de ello el cura teniente Miguel Martínez Carrasco, quien dibujó al margen del escrito una especie de calavera y dos huesos cruzados en la parte.

La muerte del bandolero quedó recogida popularmente en coplillas como estas: ´En la Venta de Los Royos/allí mataron a tres/el hijo de la Gañana/al Rizos/y a Juan Manuel´. ´En la Venta de Los Royos/ mataron a Juan Manuel/ al Majo de los Canarios/ y al Cigarrillos también´.

FUENTE LA OPINIÓN DE MURCIA
A mayor placer y gloria de esta excursión, después de dejar Los Royos, me dirigí a tomarle unas fotos al abandonado y ruinoso poblado de El Retamalejo, pues de todo el mundo es conocido la singular debilidad que siento por los cortijos derruidos y ya no digamos los pueblos abandonados en los que no pierdo ocasión, si ella se me presenta, de cogerles unas instantáneas haciéndome la ilusión de que detengo por unos instantes su inexorable ruina.
Lo más bonito de mi rastreo por internet para ver qué podía encontrar acerca de El Retamalejo ha sido tropezarme con este maravilloso blog que nos habla de esta aldea y de sus gentes, allá por los años 50, amén de muchos otros pueblos abandonados, pues de eso trata el coqueto rincón de nuestro amigo.
No me resulta difícil imaginar a Antonio Marín, si quería aprender a leer y escribir, atender las explicaciones de ese maestro que venía de Benablón, una vez por semana, de noche, para dar clase a tres niños, hasta solo quedar él y que terminó por dejar de venir por decirle a su padre que su hijo hacía muchas preguntas que él ya no sabía responderle.
¡A saber la de veces que atarían burra o mula a esta argolla...!
Y a esta...
Veinticinco casas conformaron El Retamalejo.
Dice Faustino Calderón en su blog que en los años 60 disfrutaron de luz eléctrica, (cuando ya habían cerrado la mitad de las casas), por medio de una línea que venía del pueblo de La Almudema, pasando por los Royos.
Sin embargo, no pudieron disfrutar de agua corriente en las casas. Es más, para conseguirla, tenían que desplazarse a casi un kilómetro del pueblo para recogerla de un manantial llamado la Zanja que con el tiempo terminó secándose, viéndose obligados a partir de entonces a hacer desplazamientos más largos para buscarla hasta la fuente de La Capellanía.
No tenían iglesia así que para oír misa tenían que desplazarse a la ermita de los Poyos de Celda, distante una media hora, en las cercanías del pueblo de la Capellanía.
Me doy cuenta que las fotos de El Retamalejo que se ven en ese blog son de 2009 y hasta finales del 2015 en que he hecho las mías, observo que el pueblo se ha deteriorado muchísimo como bien atestiguan estas imágenes.
Ya no queda una casa intacta ni en pie.
La carcoma del olvido corroe el pasado de un pueblo que ya nunca volverá a ser lo que alguna vez fue.
El Retamalejo, visto desde la lejanía de los años y acaso perdido ya en el inmenso caudal de la memoria...
 ¡HASTA LA PRÓXIMA AMIGOS!