Y ahora viene cuando lo matan porque es momento de abandonar el enclave del
castillo y bajar por donde hace un ratico he subido, a través de un sendero
sembrado de cantos rodados, que por las lluvias de los últimos días, se
encuentran algo deslizantes. Hay que descender pasico a pasico y con mucho
tiento. Por aquí, me hubiera venido de cine el bastón.
Bonito contraste del enebro enmarcando el cenajo que ahora nos coge a
nuestra mano derecha.
Una vez conecto de nuevo con el curso del arroyo de Benizar, ahora sí que hay que apretarse los machos porque he de salvar un desnivel importante y además, en no demasiada distancia; de los 960m aprox., he de alcanzar los 1413m adonde se ubica el vértice geodésico de La Muela. Pero la elección del track no ha sido al azar. Es lo que venía buscando, un recorrido que el día de mi 62 cumpleaños me hiciera echar el hígado; test de esfuerzo, terapia de choque por así decir, porque palos con gusto no pican. Entretanto, los entornos del cenajo y el castillo me siguen deparando otros ángulos ergo bonitas panorámicas que no desaprovecho para dejarlas a buen recaudo en la memoria de la cámara.
Una vez conecto de nuevo con el curso del arroyo de Benizar, ahora sí que hay que apretarse los machos porque he de salvar un desnivel importante y además, en no demasiada distancia; de los 960m aprox., he de alcanzar los 1413m adonde se ubica el vértice geodésico de La Muela. Pero la elección del track no ha sido al azar. Es lo que venía buscando, un recorrido que el día de mi 62 cumpleaños me hiciera echar el hígado; test de esfuerzo, terapia de choque por así decir, porque palos con gusto no pican. Entretanto, los entornos del cenajo y el castillo me siguen deparando otros ángulos ergo bonitas panorámicas que no desaprovecho para dejarlas a buen recaudo en la memoria de la cámara.
Las rampas son de aúpa pero tengo buenas sensaciones y mucha alegría en las
piernas. Subo bailando, casi al ritmo de la excelente música que voy
escuchando. Esto sí que es un hacer malabares con mis aficiones en un todo en uno por así decir.
Tras superar un fuerte repecho, disfruto de unos metros de llaneo con vistas
panorámicas entre
Los Calaricos y el
Puntal de la Atalaya. Es un tramo verdaderamente disfrutón, justo antes de enlazar con el bucle
más largo de este track. A mi izquierda nace el camino que baja directo
hacia el
Cortijo del Bañador;
ese mismo que me tocará subir a la vuelta.
- ¡Cágate lorito! ¡Más te vale que tomes nota y no te pille por sorpresa si
vuelves cascado, amigo!
¡Tranquilo,
alter ego, anotado
queda!
El Puntal de la Atalaya y su collado lucen ahora preciosos, teñidos de esos
tonos entre rojos, verdes y amarillos de la primavera que tanto me gustan.
Esto es un gozar y no parar.
La emblemática Molata de Charán (1417m.), enmarcada entre pinos y
enebros.
A la izquierda, el camino se desvía hacia las ruinas del
Cortijo del Bañador y
el recién restaurado
Cortijo de la Muela.
Sin embargo, nosotros seguimos recto: nos esperan las rampas más empinadas
para alcanzar nuestro próximo objetivo, la cumbre de
La Muela de Moratalla (1.413 m).
¡Cuestarrones de infarto!; ¡Pero hoy voy como un tiroooooo...!
Al ir cobrando altura, el horizonte hacia el Norte se va abriendo a mis
pies. Aquel charco de agua que se distingue a los lejos, no es otro que el
Embalse del Cenajo y la Sierra de las Torcas, que lo semioculta.
La pista es preciosa, tan blandita por las últimas lluvias, que parece voy
pisando una mullida alfombra en tonos ocres y verdes.
La sierra de la Muela ardió como una tea en el terrible e imparable
incendio que sufrió esta comarca en 1994. La mayoría de estos carriles no
existían y se abrieron para las labores de reforestación tras el brutal
impacto de aquella catástrofe. No lo puedo afirmar con rotundidad, pero tras
mi propia observación a pie de campo, en la vertiente norte de esta sierra,
se alternan ejemplares que lograron salvarse de la quema, con rebrotes
espontáneos y otros sembrados por la mano del hombre, de apenas 20 años de
existencia. Pero vamos, que unas imágenes valen más que mil
palabras...
Por aquí lo voy disfrutando a rabiar porque el intenso color amarillo de la
genista (aliaga), ejerce sobre mí un influjo especial que no sabría
explicar. ¡El color de la samba me alegra el alma...!
A la izquierda de la fotografía, las antenas del Pico del Buitre, 1427m.
Me encuentro ya muy cerca de la cumbre. Después de discurrir por breve
sendero empinado, muy montañero y disfrutón, este desemboca en la cuerda de
la sierra de la Muela, con estupendas vistas despejadas hacia el Norte que
voy oteando a mi izquierda. Cuatro alimañas carroñeras me sobrevuelan en las
alturas, cerciorándose supongo, de si lo orgánico que discurre por debajo,
se encuentra a punto de espicharla y más tarde se le puede hincar el pico.
Pero pronto comprueban que el bípedo animal, de momento se halla bien vivito
y coleando, desapareciendo al poco por el horizonte. Este tramo se
encuentra muy bien jalonado de hitos.
Aquella población que se otea a lo lejos es Socovos y más al fondo, a su
izquierda, Férez.
Socovos
Otos y Mazuza.
Ya me encuentro a tiro de piedra de la cima, mientras observo que el cielo
se está encapotando. Nada que no tuviera previsto porque así lo indicaban
las predicciones meteorológicas a partir de las doce del mediodía, con
probabilidades de un 10% de caerme algún leve chispeo. Pero no hay miedo
porque ya lo dice el refrán: en invierno y en verano el impermeable siempre
con su amo.
Aquí tenemos al cilindro de hormigón que indica el vértice geodésico de la
Sierra de la Muela, sito a 1413m de altitud.
Detrás del poste, la cuerda de la Sierra del Cerezo, a la que en 2022 le
hice varias interesantes incursiones. Fue aquella en que me tropecé con
aquel verdadero Mazinger Z montero, que regresaba de cobrarse una pieza, el
que con tan buenos modales, refinado verbo y exquisita educación me
advirtiera de los peligros que corría de andar tan temprano por un coto
privado, en plena temporada de caza. Oteando desde el peñón del Serrano, que
queda justo a la izquierda de la columna, también se me planteó el propósito
de hacerle una visita al enclave, donde cuatro años después ahora me
encuentro. Por eso se suele decir que hay que saber esperar porque todo
llega tarde o temprano.
He aquí el enlace de aquella entrada por la sierra del Cerezo por si tú, visitante, le quieres echar un vistazo.
El repetidor de comunicaciones que queda a escasos metros del vértice.
Enfocando hacia Salchite, calar de la Cueva de la Capilla y Majal de la
Cruz.
La distintiva forma piramidal del Pico del Buitre.
Moratalla la Bella.
Peñón del Serrano, 1145m.
En primer plano, Sierra del Cerezo y detrás, Sierras del Molino, de la
Palera, Almorchón y Sierra del Oro. Mucho más al fondo, a su izquierda, el
Parque Regional Sierra de la Pila.
Y aquí aparece una vez más, el cronista senderista que suscribe, que al
alcanzar lo más alto de la excursión, le pilló con ganas de entregarse al
postureo fatuo más pueril. ¡Qué le vamos a hacer; cosas del mal de altura...!
Como relataremos en el cierre de nuestra aventura por la comarca de
Benizar, su abrupta geografía ha convertido a estos senderos en testigos
mudos del paso del tiempo. Por aquí han transitado almas de la más
variopinta condición y pelaje: desde antiguos fugitivos y guerrilleros hasta
modernos exploradores, todos unidos por el eco de una sierra que guarda sus
secretos en cada rincón.
Yoda el pesadumbres, también demandó su cuota de pantalla en la cumbre de la
Muela y helo 👇 en las siguientes fotografías:
Aquí arriba se siente un leve biruje, pero no demasiado incómodo aunque por
un momento, he barajado la posibilidad de colocarme el impermeable o los
manguitos. Pero apenas sopla el viento y mi estancia en este apartado rincón
de la geografía murciana, será breve. Después de haberme tomado los
autorretratos que ya hemos visto, aprovecho también para repostar y evacuar.
Antes de abandonar definitivamente el lugar, doy una rápida batida alrededor
de la instalación tecnológica. Desde esta cumbre se le ofrece a mi curiosa
mirada un amplio repertorio de todas las conocidas y holladas montañas de
los alrededores, cercanas y lejanas, amén de otros accidentes geográficos,
entre otros y mirando hacia el Este, Calasparra y las tierras de Albacete.
Hacia el Oeste, los picos más altos del Noroeste murciano y la Sierra de
Segura. Hacia el Sur la alargada y abrupta sierra de los Álamos y del
Frontón (aquella de los dinosaurios😆); y el curso del río Alhárabe, que
queda invisible a nuestros pies; hacia el Norte la inmediata Sierra del
Canalón y Loma de Carrasquilla, Socovos, Férez..., en fin, que no sigo
detallando porque la lista se haría interminable y a todas luces
cansina.
La vertiente Sur de la sierra de la Muela, tomada desde el Peñón del
Serrano. No olvidemos que toda esta ladera quedó arrasada tras el
terrorífico incendio que sufrió esta comarca en 1994. Por lo que se ve, la
reforestación ulterior, sigue su desarrollo con óptimo resultado. Y ¡ojo!,
fotografías de hace casi 4 años, que en la actualidad, el panorama lucirá
incluso más frondoso y verde. Y ya podemos ver la bonita y serpenteante
pista que surge por la derecha de la imagen, con dirección a la cumbre y el
promontorio en su cima con forma de molar que inspira su
topónimo.
Recogidos los apechusques, cerciorándome de no dejar nada olvidado, retomo
la marcha desandando el camino por la cresta de la sierra. Avanzo sobre el
perfil de los cortados que antes admiraba desde abajo, hasta enlazar de
nuevo con el trazado circular del track. Tras un descenso inicial algo
abrupto, la pendiente cede y el terreno se vuelve más amable. Es un deleite
el ir avanzando entre sabinas y pinos, mientras el amarillo intenso de la
aliaga y el rosa de la jara rizada flanquean el camino.
Bajo los tajos se pueden distinguir madroños, enebros y algunos ejemplares
de encinas más viejas que matusalén, conformando el típico denso matorral
que caracteriza a la botánica de umbría.
Observada también La Muela desde su cara norte, infiere uno mejor la
razón de su apelativo. Y también compruebo que por la cara norte de la
sierra, muchos árboles se salvaron in extremis del exterminio.
El estrecho camino por el que avanzo, acaba convergiendo con una pista
principal que, por el este, enlaza los cortijos de La Tosca, La Verdeja,
Campanero, Arrayán y Las Murtas, ya en la carretera de Tazona y Socovos.
Nosotros giramos hacia el oeste, en dirección a los cortijos de la La Muela,
El Bañador y la población de Benizar. Resulta fácil imaginar que en otros
tiempos, el trasiego de moradores y caballerías sería constante por estos
pagos.
FINAL DE LA SEGUNDA PARTE








































































































































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