Hace unas pocas semanas, mientras indagaba la forma de englobar en un
solo recorrido la Ventana del Tiempo y las Cuevas de las Quinterías, entre
otros puntos interesantes, me tropecé con un track en Wikiloc que tenía buena pinta y me descargué ipso facto. Lo puse en lista
de espera porque era un itinerario para no tomárselo a la ligera ya que se preveía exigente. Que no es que el desnivel acumulado, en torno a los 600 metros, me arredrara gran cosa, pero esos 22 kilómetros realizados con los 30º de temperatura media típica del verano, esa combinación si que era para echarse a temblar y al menos pensárselo dos veces antes de hacerlo realidad.
Pero los caminos del destino son inescrutables y el día que hice esta excursión motera, al pasar por Cañadas caí en la cuenta de que por las cercanías tenía que existir también un Cañadas de Arriba. ¡Vaya un pijo, acababa de redescubrir la pólvora...!
En ese momento tuve una revelación y me dije que seguro que las ruinas de
los cortijos que había visto en las publicaciones de Wikiloc, correspondían precisamente a lo que en su día fuera esta población. ¡Umm!, me picó mucho la curiosidad porque
contemplar el fuerte contraste que se produce entre unas ruinas
abandonadas, dejadas de la mano de Dios y de los hombres,
empero ubicadas en un paraje bello donde reinan la soledad y el olvido,
siempre me ha parecido escenario o decorado de una belleza serena, evocadora, sublime.
Para que este
efecto se produzca en mí, las ruinas tienen que conservar algunas paredes
en pie y claros vestigios de un pasado esplendor que yo pueda imaginar. Por supuesto, esta devastación debe estar enmarcada entre bonitos parajes en derredor que puedan estimular mi ensoñación momentánea, porque si por el contrario me encuentro
con un montón de escombros petrificados, la presunta belleza a mis ojos, desaparece como por ensalmo, trocándose al instante en un cuadro desangelado de mucho polvo, sembrado de matojos, insulsa desolación y poco más.
Encontrándose todo derruido, sin quedar ni una ventana ni un marco de puerta, sin una chimenea, alacena, pesebre, argolla o cuadra, es que me resulta imposible imaginarme a ese hombre o mujer que otrora habitó este enclave, despertar y contemplar el apacible u hostil panorama (según la temporada) que se le ofrecía alrededor. En definitiva, me gusta que el lugar huela a historia y que de él emanen reminiscencias de su pasado apogeo.
En fin, no me ando más por las ramas y el recorrido en cuestión que hoy abordamos es del ínclito wikilero Anthercas, toda una institución en esta popular plataforma.
El itinerario que nuestro colega senderista propone se hace a la contra de las manecillas horarias y en mi Garmin Etrex me salieron 22 kilómetros justos. Como antes decía, tenía pensamientos de dejar este recorrido para el otoño, con temperaturas más frescas que las que nos achicharran estos días de finales de junio del 26, pero aquella mañana, me levanté con el ánimo y la predisposición necesarios para atizarme estopa de la buena y me dije, sí, cuando atraviese la Rambla de Majal Alonso, a más de 30º sin que me corra un pelo de aire, igual me cuezo vivo y al baño maría, pero palos con gusto no pican, que ya se sabe que hace más el que quiere que el que puede, y en todo caso, si me veo apurado por súbita flojera de piernas, mareo o deshidratación, aborto la misión y me vuelvo por donde he venido, que esta es otra de las ventajas que tiene el andar solo y a tu puta bola, es decir, que a nadie tienes que dar cuentas de lo que hagas o dejes de hacer. Así que, dos litros de agua en la mochila, alfajor casero a gogó y que sea lo que la providencia tenga a bien tenernos reservado.
Una gran parte del recorrido ya lo conozco. El primer tramo repite el itinerario que hicimos para descubrir las Cuevas de las Quinterías, así como el sector inmediatamente posterior que hicimos durante nuestras pesquisas tras la pista de la Ventana del Tiempo. Por su parte, la ruta de Anthercas y sus acompañantes se inicia bien pasado Cortijo Nuevo, justo en la pista asfaltada del Camino Rural de Fuente de la Carrasca, en el cruce donde arranca el sendero que discurre en paralelo al arroyo del Toñido. En mi caso, preferí dejar el coche un poco más arriba, en la carretera, con la idea de buscar un claro de sombra bajo los pinos. Al final no hubo suerte, así que lo estacioné donde buenamente pude, en un pequeño espacio a la derecha de la vía. En la fotografía se puede ver Cortijo Nuevo, que ya nos resultaba familiar.
En este primer tramo no me entretuve demasiado, pero dada la atracción visual que ejerce sobre mí esta hermosa carrasca, me resultó imposible el no capturarla de nuevo, para regocijo del sensor y tarjeta micro sd de mi cámara.
Los ya visitados Cortijos del Sabinar.
La Pared del Tiempo (la acabo de bautizar).
Lo que sí voy a aprovechar ahora es para capturar la Ventana del Tiempo, vista desde el camino, por si, tú ocasional visitante, mañana o pasado, buscando información sobre su ubicación, tropiezas con este blog y aquí te la encuentras servida en bandeja. De nada.
Pues aquí se encuentra, bien visible desde el camino.
Helo aquí, El velero pétreo del Tiempo. ¡Otra inventada!
Y desde esta posición, se obtiene una preciosa perspectiva de la Ventana del Tiempo y el agreste entorno donde se halla ubicada. ¡Qué buen momento fue aquel cuando por fin la alcanzamos...!
Dejamos atrás la Ventana del Tiempo y seguimos avanzando.
Toda esta zona es muy proclive a la existencia de monolitos pétreos y otros mogotes de las más diversas formas y tamaños, algunos monumentales.
Por aquí también descubrí un enorme agujero, que no parece a simple vista, fácilmente accesible. Igual es la cueva de un oso, dragón o dinosaurio, o un nido de serpientes, vaya usted a saber.
Esta comarca es famosa por sus innumerables abrigos donde moraron nuestros ancestros, pero desde luego este, no figura en los mapas.
Cerros de Pincorto y El comisario.
Alcanzamos el cortijo del Royo del Artuñio.
En nuestra anterior incursión por aquí, rodeamos el cortijo y remontamos por su lado oeste, a través de una pista bastante empinada.
Hoy seguimos rectos, siguiendo el curso del Arroyo del Toñido que nace en las faldas del Cagasero, de la sierra de las Cabras.
Por aquí también se encuentran los abrigos de las Cañadas I y II, estos sí, recogidos en la cartografía. De los nogales de esta parte se dice que son ecológicos y que sirven no solo para consumo humano sino también como alimento para diversas especies animales.
Ya observamos que oquedades, dado el ambiente kárstico en el que nos hallamos, las hay por aquí a porrillo.
En un momento de agobio o flojera fuminante consecuencia del calor estival, el sendero avanza en paralelo al arroyo, jalonado por varias pozas donde poder remojarnos los pies. Algo es algo.
Hasta que alcanzo este cartel donde se extingue el sendero.
No me acerqué a la cascada porque sabía que esta brillaba por su ausencia, dado el escaso flujo de agua que bajaba por la corriente. Lo intenté en primera instancia unos metros, pero yendo en pantalones cortos y comprobada la espesura del matorral que tenía que sortear, me lo pensé mejor y me dije, creo que no merece la pena pelearse con las zarzas, donde seguro que voy a salir perdiendo y total, si ir por ir es tontería...
Un difuso sendero va progresando por la ladera del barranco hasta que alcanzamos Cañadas de Abajo.
Loma del Calar de Gimeno, 1724m.
Por aquí, aunque mi idea era darle una batida fotográfica a la aldea, pronto me lo quité de la cabeza porque los tábanos o moscas del ganado, literalmente me comían. Tocaron alerta, humano suculento a la vista y tuve que salir de allí por patas. Se ve que los de Burete, hace tiempo me insertaron un microchip bajo la epidermis que actúa como receptor de gps, y cada vez que me muevo por ambientes húmedos donde el agua fluye a pajera o se encuentra estancada, no sé como lo hacen pero al poco, como si estuvieran avisados, me acude todo un ejército de esos repelentes y malditos insectos, con las fauces abiertas, clavando sus asquerosas mandíbulas en mi sufrida epidermis, dejándome un habón ulterior de picor irritante que me dura por varios días. Algunos incluso hasta me dejan un reguero de sangre tras su voraz bocado. ¡Pero serán asquerosas! Porque son las hembras las que necesitan sangre para la maduración de sus huevos, ya que los machos son unos benditos que solo se limitan a inseminarlas y libar el néctar de las flores. ¡Como en el mundo humano mismo!
Y eso que procuro llevar camisetas de colores claros, no ponerme desodorante y todo lo que se aconseja que no los atraiga, pero que si quieres arroz catalina, conmigo no funciona porque en cuanto tienen constancia de que un humano, cosecha de mayo del 64 se acerca, al instante el tábano pregonero mediante megáfono informa de que se trata de un plasma del grupo 0, RH positivo, ecológico y sin aditivos, con mucho cuerpo pero de entrada amable. Su sabor es marcadamente afrutado, que se funde con unos taninos redondos y pulidos que en boca despliegan una explosión de fruta madura. Tiene una acidez equilibrada que le aporta frescura, y un final largo que deja ese recuerdo tostado y especiado del paso de los años. Tras el manifiesto, a todos los tábanos de las inmediaciones les queda tintineando en su diminuta cabeza, aquello tan manido de que "pollo viejo hace buen caldo" y me acude toda una partida de tábanos desaforados de Cañada de Abajo y alrededores buscando hincarme el diente a toda costa y como si no hubiera un mañana, y claro, tengo que salir de aquí zumbando y a todo trapo, so pena de quedar colapsado por el ataque masivo de una verdadera legión de malvados insectos a cual más hijo puta. Y tan furiosa fue la acometida de los dípteros que ni de margen dispuse para recrearme con las reliquias de esos tornajos de antaño de los que todavía permanecen uno raros ejemplares en este pecuario lugar. Una lástima, la verdad.
Una vez ya alejado de Cañadas, entonces sí pude recrearme y regodearme con el paisaje que lucía así de pintoresco.
Los Aliagares.
Ahora, campo a través, vamos remontando hasta conectar con la pista que nos lleva a la Fuente de la Carnina. Entretanto, ponemos tierra de por medio respecto de Cañada y sus aguerridos tábanos.
Todo este paisaje me resulta de lo más familiar porque es el que se puede divisar desde la carretera.
El camino rural de Fuente de la Carrasca.
Por encima de Cañadas, el paraje La Cabañica.
En marzo de 2018 anduve por esta pista, atacando la ascensión a la cumbre de la sierra de las Cabras, por su cara norte. Todavía quedaba bastante nieve como consecuencia de una gran nevada que había acontecido una semana antes.

Bonitas vistas hacia las paredes de la sierra de las Cabras desde la pista que llevamos.
La Fuente de la Carnina se encontraba sitiada por un numeroso rebaño de cabras y ovejas. Como llevaba agua de sobra, preferí no molestar demasiado a los animales y continué sin detenerme pista hacia adelante. El macho no me perdía de vista y miraba con recelo.
Llegamos al cruce de caminos que en 2018 tomé a la derecha. Hoy lo cogemos a la izquierda, en dirección a las faldas de las Sierra del Talón y la Rambla de Majal Alonso.
Con una recreación mediante Google Earth, vemos como se vería nuestro recorrido situados desde la cuerda y cumbre de la Sierra de las Cabras.
FINAL PRIMER CAPÍTULO





































































































































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