29 julio 2026

EL PACTO

El pacto. 

Manuel Valera.


Los tenemos tan calados, llevamos tantos años soportándolos, que no nos sorprende que anticipemos con tanto atino su siguiente paso. Recordemos los que han dado hasta ahora: primero, preparar el campo para predisponerlo a que arda –hecho esto a través del denominado ecologismo–. Segundo: que surja la llama. Tercero: actuar descoordinadamente o con dejadez para que el fuego arrase cuanto más mejor. Cuarto: escenificar un enfrentamiento político entre facciones y enredarse con asuntos de competencias entre comunidades autónomas. Hasta aquí, de manual. Lo de siempre. Y también su siguiente acción es la esperada: pedir un pacto de Estado. En este caso, contra la «emergencia climática», que es como les han dicho ahora que hay que llamar al cuento del cambio climático, esa etiqueta que todo lo soporta y en la que fundamentan cuantos crímenes están cometiendo contra la gente.

Salen a soltar la idea del pacto de Estado como si fuese una gran medida, como si merecieran un premio Nobel por la ocurrencia. Pero, como digo, ya estamos muy escarmentados, ya hemos sido apaleados desde hace tanto que no tardamos en traducir lo que dicen a lo que realmente quieren decir. Vamos a ello.

Dicen: «Alcancemos un pacto de Estado contra la emergencia climática». Traducido: «Nuestros amos, los que realmente gobiernan, nos han ordenado que ejecutemos al unísono un plan que pasará por recortaros más libertad y por robaros todavía más, que, aunque parezca mentira, queda margen para apretaros. Y que nos excusemos en lo del clima, que es el invento con el que justificamos nuestros crímenes».

Bien, nada nuevo. Los políticos son actores que salen ahí a justificar lo que les dicen que tienen que justificar. Todos. Los de todos los partidos. Además, etimológicamente, no hay lugar a dudas: pacto de Estado, no pacto de la nación. El Estado es una institución, un mecanismo legal, un artefacto del sistema para someternos. Claro que alcanzarán un pacto de Estado. No es que lo alcancen: es que obedecerán las órdenes de sus jefes. ¿Qué mérito tiene que obedezcan a sus amos al unísono? Para eso fueron escogidos.

Lo que sí sería meritorio es un pacto de la nación. Un pacto de la gente. Nuestro pacto. Un pacto que pasara por ponernos de acuerdo nosotros. Para que dejasen de robarnos. De mentirnos. De hacernos creer que vivimos al amparo de un ordenamiento jurídico, de unas instituciones que velan por nosotros, del sistema de «derechos y libertades del que nos hemos dotado». Aquí nos nos hemos dotado de nada más que de paciencia y capacidad de sufrimiento para soportar décadas de expolio, de humillación, de agresión continua por parte de unos y de otros, todos los mismos. Quien manda en España no está en España, este protectorado de la CIA, este pedazo de cortijo del cortijo que a su vez es la UE, otro artilugio para fomentar la pobreza y la esclavitud.

Pueden «alcanzar» los pactos de Estado que les venga en gana. No se tratan de pactos, sino de órdenes agresoras recibidas contra nosotros. ¿Cómo piensan luchar contra unos incendios provocados? ¿Acaso dejando de provocarlos? ¿Acaso diciendo la verdad sobre la mentira de la emergencia climática? ¿Acaso entregándose?

Nada de eso va a ocurrir. Mientras la gente no alcance el pacto de dejar de justificarlos, de creerlos, de votarlos, de considerarlos, nada de eso va a ocurrir. Están más vistos que el tebeo.
Los países corruptos llenos de imbéciles que los justifican...
ARDEN MEJOR.


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