09 marzo 2026

REGRESANDO A MOJANTES

Hace unos días, me di una vuelta por Mojantes, mi sierra querida, mi primer amor, la que tantos recuerdos me evoca junto a la Viky, porque fueron mis inicios, mis primeras andanzas, mi debut por el mundillo senderista y montañero, allá por el año 2011, más o menos, que tampoco hace tanto. Y es que, tenía en perspectiva, enseñarle "mi recorrido", a unos amigos de Cehegín. Pero ya hacía un tiempo que no volvía por allí, y quise asegurarme que no nos encontraríamos con ninguna desagradable sorpresa, porque unos días antes, yendo en moto, me pareció ver de soslayo, el camino de entrada al punto de inicio de ruta, cortado mediante una cadena, que impedía el paso a vehículos, en cuyo caso, me vería forzado a buscar un principio alternativo. Aquel día, en que había decidido darme un garbeo por el techo de Caravaca, y determinar sobre el terreno si hacer la ruta larga o algo más corta, aunque contemplando ambas el paso por la Cueva del Águila, amaneció el cielo de Cehegín, sembrado de cagarrutas químicas, como nunca lo había visto antes, y ya es decir, coincidiendo por aquellos días de finales de febrero, que se había metido en España, un anticiclón que hizo subir los termómetros en algunos lugares, por encima de los 30º, y desde luego, todo apuntaba, a que en la jornada de hoy, precisamente el calor se iba a convertir en mi principal hándicap y enemigo a vencer durante la ruta, como así mismo fue. De hecho, no recordaba lo durilla que en realidad, se hace la ruta, y lo peliagudo que supone superar el barranco del Noguerón, que en esta ocasión, encontré todavía más escabroso de que lo recordaba, y debe ser porque, aparte de que, pasan los años para uno mismo, ya no parece tan frecuentado y marcado con mojones como antes me lo solía encontrar. En fin, ni qué decir tiene, que en muchos rincones durante la travesía, me embargó la nostalgia, no pude evitar el ir acordándome de Viky, y por ello, en algunos pasajes, me noté la mirada vidriosa, el paso un poco tambaleante, de pura emoción desatada, que caminando solo, no tienes por qué reprimir, que a veces también me sucede, cuando evoco la figura de mis padres. Debe ser fruto de ese diálogo interior que siempre llevamos consigo cuando caminamos en solitario.
En efecto, en el camino de entrada, en la Cruz del Puerto, existe una gruesa cadena, por lo que tengo que encontrar una vía de escape, esto es, un punto de partida alternativo. Lo encuentro con suma facilidad pues es la ventaja de conocerse el terreno y haber pateado antes, los caminos adyacentes al ahora cortado. En resumidas cuentas, no se trata más que de sumarle al recorrido, entre la ida y vuelta, algo más de un kilómetro. Primera prueba superada. Además, puedo seguir dejando el auto, a buen recaudo, bajo la tupida sombra de unos espigados pinos. Lo que observo en el cielo desde luego, no me resulta nada halagüeño, y sé por experiencia, que dentro de unas horas, coadyuvará a que la temperatura aumente en unos cuantos grados. Se trata de las maniobras archisabidas de la manipulación climática.  
Comienzo a atacar la cuerda, conociendo que de los 980 metros en que se sitúa el principio de ruta, he de ascender hasta los 1612m, en que se encuentra la columna del vértice geodésico. Supone la altitud máxima del municipio de Caravaca de la Cruz.
Durante nuestra ascensión, obtendremos magníficas vistas hacia la Sierra de la Serrata, Sierra del Carro, Cerro del Tornajuelo, y los campos del Campillo de Abajo, entre otros. Mucho más al fondo, y recortada sobre el horizonte, la alargada silueta de la Sierra de María. 
Me esperaba encontrar los sembrados del Campillo de Abajo, algo más verdes, pero quizá, todavía es algo pronto.
Sin comentarios.

La constante y empinada subida que afrontamos, se atempera bastante, merced a los magníficos paisajes de que vamos disfrutando.
Enfocando hacia las Piedras Coloradas y Las Quebradas. Más al Oeste, la Peña del Águila y las Piedras del Reloj.
El emblemático, Corral del Asturiano, por donde afrontaba Mojantes en mis inicios.
Sierra de la Zarza, próxima a La Junquera. 
¡Menudas carrascas hay por allí...! 
Sierra de La Serrata, que ya abordamos de manera profusa, hace unos pocos años.
Hacia el Collado del Pozo y Las Piedras Coloradas.
Viky, avizorando hacia El Carro.
Las Piedras Coloradas.
Desde estas prominencias, sorprendí a Viky más de una vez oteando el horizonte. ¿Qué pensaría...?
Enfocando hacia Archivel y la Sierra del Gavilán.
La Sagra, todavía en su cumbre, ataviada con un copete de nieve.
Cerro del Ahorcado, en el extremo meridional de la Serrata.
La cuerda y picos de la Sierra de la Gorra, a saber, pico de las Grajas, Pico de los Pájaros, Cerro de los Monteses y Pajarón, que con sus 1596 metros, se erige como el segundo enclave, a mayor altura del termino municipal de Caravaca.
Las vistas desde la eminente atalaya de Mojantes, se ofrecen grandiosas para el montañero curioso que disfruta oteando y distinguiendo sobre el horizonte, las prominencias que ya ha pateado.
Allá abajo, pegado a la carretera RM 730, km 22, en dirección Almaciles y Puebla de Don Fadrique, tenemos el Collado de las Alegas.
Llanos de Casa Blanca y El Derramador.
Hemos superado Las Quebradas y el laberíntico Collado del Civil, teniendo ya el cilindro a tiro de piedra y casi a la vista.
Aquí lo tenemos.
Enfocando hacia un otrora popular lupanar, denominado "Las Malvinas", ya tiempo ha, saqueado y desmantelado por unos cacos, que supuso el principio de su fin. 
Una vez en la cumbre, la presencia de estas impresionantes aves rapaces, surcando los cielos, se convierte en casi ineludible. Se trata del buitre leonado (Gyps fulvus), experto planeador que aprovecha las corrientes de aire cálido, conocidas como térmicas ascendentes, para elevarse y desplazarse a grandes distancias sin apenas gasto de energía. Intenté con desigual fortuna, capturar con la cámara a algún que otro ejemplar, sobrevolando los campos de Mojantes.
Llegamos por fin, a lo más alto de Caravaca, con bonitas vistas hacia la montaña Sagrada.
Aquí el tío Yoda, se sale de la mochila y me pide una foto, que no me hago de rogar y satisfago de forma inmediata. Que no se diga que no procuro complacer a mis títeres.
El autor de este blog, se hace unas auto fotos, en el vértice geodésico de Mojantes. Con ese sombrero y un esfuerzo de imaginación, bien puede darle un aire a Cocodrilo Dundee.
Tenía pensado tomar unas cuantas fotografías en las Peñas del Águila, que se encuentran a unos cientos de metros del cilindro, en dirección Oeste, pero como debía más tarde, volver sobre mis pasos, y se me echaba el tiempo encima, decidí salir pitando cuesta abajo y sin frenos, para la Cueva del Águila; y en esas me hallaba cuando consulto el reloj y me digo: ¡pero adonde vas moño hueco si te van a dar las uvas como no espabiles!; porque así era, en efecto, tenía pensado regresar a casa, para la hora de comer, como en mí suele ser costumbre, pero ya no me daba tiempo porque aún me quedaba un mundo para finalizar la ruta, y sobre todo, pendiente todavía, sortear el laberíntico encinar y después el abrupto barranco del Noguerón. De modo que, finalmente, adopté la decisión correcta, porque aún así, se me hicieron las tres de la tarde para llegar al coche y otra media hora más, para llegar a casa. Si me desvío por mor de visitar la cueva, se me hacen más de las seis de la tarde. 
Cruzar el encinar, uno de los más extensos de la región de Murcia, me resultó bastante enrevesado, pues aunque en su momento, cuando diseñara el recorrido, parecía existir una trocha, ahora, hemos de eludir de forma continua, la tupida vegetación de chaparras que obstruyen el paso que indica el gps y se adivina por debajo. Pero con paciencia, y sin perder la calma, vamos haciendo camino hasta que por fin, salimos del laberintico encinar para aterrizar en el barranco del Noguerón, al que también hay que atarse los machos para poder superar. Hace unos años, existían dispuestos profusión de mojones cada pocos metros, por lo que la evolución por la referida quebrada, se facilitaba sobremanera. Pero en esta última ocasión, me encontré con menos hitos y demasiado espacio entre ellos, por lo que, tenía que ir muy atento al gps, ya que a veces tenía que cruzar el lecho del barranco de una margen a otra, para que la evolución de continuidad, no solo fuera más llevadera sino también más segura. Si a esto añadimos que hacia las dos de la tarde, el calor ya era agobiante y tan encajonado me hallaba que no me corría un pelo de aire, pues...menos mal que la experiencia es un grado, y es precisamente en estos momentos críticos cuando más se tiene que extremar la prudencia, y a lo chano chano, por fin pude sobrepasar tramo tan peliagudo. Y esta nueva travesía, por mi amada sierra de Mojantes, me resultó tan exigente, que les dije a mis amigos, que mientras reinaran temperaturas tan atípicamente elevadas, que dejaríamos la sierra de Mojantes, para mejor ocasión y oportunidad.
VIKY, LA REINA DE MOJANTES.
¡HASTA LA PRÓXIMA!

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