08 marzo 2026

POR SIERRA SECA Y EL PICO TORNAJUELO (Año 2017)

Pues hace algunas semanas, metí la pata hasta el corvejón pues andaba intentando sacarle punta a una memoria SD, de reciente adquisición, que me había salido rana, formateándola y tal, a ver si con eso funcionaba, y aquel día había quedado con alguien para hacer una ruta senderista por Burete. A todo esto, la hora de la cita se me echaba encima y con las prisas, el acelero y algo despistado que es uno pues, ¡zas!, en el enésimo intento, probando así y asá, de formateo de la tarjeta, en vez de clicarle a esta, no me doy cuenta y le doy a la unidad de más arriba y me cargo de un plumazo tropecientas gigas de imágenes. ¡Madre mía, la que acabo de liar! Bueno, que no cunda el pánico, lo apago todo, me voy para mi quedada, rumiando la cafrada y en mi fuero interno pensaba yo que con paciencia, podría recuperar la mayoría de los archivos eliminados, con uno de esos programas de recuperación, como ya le conseguí hace unos años, a un amigo, que de menudo marrón le libré, pero que si quieres arroz catalina, pues cuando por la tarde y en días sucesivos me puse a ello, resulta que no pude recuperar los archivos de un disco SSD formateado, principalmente por el dichoso comando TRIM, que antes de este entuerto, ni pajolera idea tenía de que este proceso de Windows existía, que borra físicamente los datos casi al instante para preparar las celdas para nueva información, y porque el formateo elimina las referencias del sistema de archivos, porque a diferencia de los discos duros (HDD), los SSD gestionan los datos de forma activa y más eficiente, convirtiendo la recuperación en algo extremadamente difícil o imposible una vez realizado el borrado, como yo mismo he podido constatar. Vamos, un desastre completo. Anduve durante unos días en estado de shock, recordando cada dos por tres, el material, importante para mí, que se había ido al garete, al limbo por así decir. Pero en fin, que estas cosas pasan, que somos humanos perfectamente falibles y tampoco tenía yo por qué auto flagelarme hasta el fin de mis días; que tenía dos opciones, o cortarme las venas o dejármelas largas. Las fotos familiares, la mayoría de ellas, sobre todo la de los críos cuando eran pequeños, permanecían a buen recaudo en otros soportes. ¡Menos mal! Pero las fotos de hermosos paisajes, de bonitos monumentos, tanto estáticos como de dos patas, recopiladas durante años, de fotógrafos profesionales y amateur, de todos los lugares del mundo, ¡ay!, esas se habían ido a hacer pijos, pero bueno, en el peor de los casos, con paciencia y una caña, podría recuperar algunas de ellas. Y en esas me hallaba, comprobando lo que definitivamente había perdido y lo que podía rescatar de otros soportes, cuando entonces me tropiezo con una carpeta nombrada "Tornajuelos". La abro y me encuentro con fotos de una ruta por Sierra Seca, hecha con los amigos de Pozo Alcón y Lorca, con fecha 30/12/17. ¡Anda la virgen..., qué buena excursión fue aquella, con ulterior comida de convivencia, si mal no recuerdo, en un restaurante de Huescar! La busco en el blog, y no di con ella por ninguna parte, que esa es otra, gracias a esta plataforma de Google, puedo guardar las fotografías de mis andanzas por esos caminos de dios, en la nube, que de no existir el susodicho, ahora se habrían perdido y olvidado la mayoría de ellas, pero las fotos de esta aventura en concreto, las tengo en un disco duro antiguo, y no recordaba haberla relatado en Mi Viky y Yo. Como antes decía, intento localizar el episodio bloguero, entre los años 17 y 18, a ver si se encuentra contenido en el título de alguna de las entradas por aquellas fechas, y nada, no la encuentro, no parece existir. De manera que, me queda la duda de si, la plataforma Blogger la eliminó por algún motivo, lo hice yo, o entre pitos y flautas, se me fue el santo al cielo y se quedó la casa sin barrer, olvidando en su momento, subirlas al blog, con su correspondiente reportaje narrativo. En fin, que en esta vida, siempre hay que afirmar, porque el devenir de mis días, así me lo ha demostrado una y otra vez que, "no hay mal que por bien no venga..."
Porque sería una pena, dejar pasar fotos tan bonicas de aquella inolvidable excursión. Y ya que, de rebote, las he podido recuperar, las voy a mantener durante unos días, en tiempo cronológico actual, para trasladarlas más tarde, a las fechas que en el calendario histórico le corresponden.
Como resulta comprensible inferir, después de 9 años, apenas recuerdo los pormenores de aquella expansiva andanza. Nos reunimos varios amigos senderistas, procedentes de diferentes poblaciones, y establecimos un lugar de reunión para llegar todos juntos, al punto de partida. Recuerdo bien, que tuvimos que hacer un buen tramo de empinada pista, hasta llegar a las inmediaciones del Peñón del Toro, con nieve helada que hacía de esta, una pista de patinaje, por lo que había que extremar la precaución por la tendencia al derrape que nos hacían los autos. Debí contemplar durante el camino de aproximación, esta bonita alborada, y como en mí suele ser habitual, me detuve a capturarla. Aquel día, camino de Huescar, me acompañaba Pedro, como después veremos. Por desgracia, el otro Pedro, el de Lorca, años después, perdería la vida, practicando la escalada, en el Peñón de Ricote. Estas fotos, nos servirán para recordarlo. En fin, dejemos que las capturas de aquel bonito día, hablen por sí solas.  
Iniciamos la ruta por una cómoda pista que poco a poco nos va haciendo ganar altura, y que nos brinda unas panorámicas de toda la Sierra de Castril, los Campos de Hernán Perea, y algunos puntos de la Sierra de Cazorla y del Segura, todo esto a nuestra derecha, mientras ganamos altura. En la imagen inferior, Peñón del Toro y a su izquierda, la inconfundible silueta de La Sagra.
Mar de nubes sobre el embalse de San Clemente.
El ínclito Asensio y su inseparable Joaquinillo. Aquel día no venía con nosotros Viky, porque después, teníamos una comida, creo recordar, en un restaurante de Huescar.
La ruta senderista, no tenía la menor dificultad. Discurría todo el recorrido, por pista, como se puede observar. Solo era la excusa para un jornada de convivencia.
Mi amigo Pedro y María, de Pozo Alcón. Solo denominaré a las personas cuyos nombres recuerdo.
Helena, una rusa de San Petersburgo. Creo que mora en Alicante.
Como se puede apreciar, se trató de una magnífica caminata, muy placentera, a pesar del fuerte viento reinante que sopló durante casi toda la ruta. En su transcurso, vamos a ir rozando siembre, hasta coronar el vértice, los dos mil metros de altitud.
En un concreto tramo del recorrido, pudimos disfrutar de la observación de miles de fósiles helicoidales. Un edén para los que disfrutan de la contemplación de estos residuos antediluvianos.
La bonita y carismática laguna de Sierra Seca. Las dos o tres veces que pasé por aquí con Viky, por alguna razón, supongo que por razones de su instinto, se volvía loca de placer, de puro frenesí incontenible. ¡ A saber lo que ello le despertaba y procuraba...!
Helena, Pedro y María.
Por aquí, el viento arreciaba, soplaba con fuerza. Pero los laricios, ni se inmutaban, pues están acostumbrados y preparados para vientos verdaderamente huracanados.
¡Mira a ver Maribel, lo que llevará ya aguantando este...!
Supongo que tomando un tentempié en este amparo, próximo ya al vértice del Tornajuelo, en el collado del Pocico.
Morro del Buitre, 2138m.
Nuestras amigas en el cilindro del Tornajuelos, 2136m.
Aquí con Joaquinillo.
Asensio, Kranker, Chiqui, Joaquinillo y el que suscribe.
La Viky en el Tornajuelos.
Fue una bonita jornada, sí señor, e insisto, no recuerdo si la publiqué y más tarde, por alguna razón, se esfumó del blog, o se me pasó hacerlo, pero ya lo dice el refrán, nunca es tarde cuando las fotos son buenas...pues aquí quedan, ya digo, tomadas un 30 de diciembre de 2017, ahí es nada. 
¡HASTA LA PRÓXIMA!

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