viernes, 11 de enero de 2019

POR EL VALLE DEL ACENICHE II (BULLAS)

La casa es grande y dispone de un montón de habitaciones y dependencias, pero ni para okupas serían aprovechables.
Cualquier pared es buena para exponer el talento del grafitero.
El otrora lustroso salón, ahora desolado.
Abandonamos la casa de Marsilla y nos introducimos por un espeso bosque de pinos. Al poco nos tropezamos con un claro en que hay apoyada sobre unos andamios, una garita de vigilancia.
Los buenos cazadores, al contrario de lo que piensan algunos, coadyuvan al equilibrio, sostenimiento y conservación de las especies animales de nuestros montes, proporcionándoles agua y comida.
El dispositivo dosificador de grano es de lo más sofisticado y moderno, alimentado por diminutas placas solares. Ingenioso.
A partir de esta caseta, viene un tramo de senda que discurre a través de monte, que si en el futuro, alguien no limpia, te lo puedes ahorrar. Digo esto porque superar este tramo me resultó muy penoso. La senda existe pero se halla tan atravesada de tallos y ramas de pino seco que hacían extremadamente molesto e ingrato el avance. Ni reptando pude zafarme de pincharme y rasguñarme hasta la saciedad. Parecía un pincho moruno. Acabé hecho un cristo y no rompí la cámara de chiripa. Este tramo, mejor eludirlo por el camino, ya que por el monte, no aporta gran cosa y la senda se encuentra demasiado obturada de follaje y ramaje.
Ladera de La Morra de los Cuchillos
Casa del Aceniche
En el cerro del Lomillo tampoco hay una senda propiamente dicha. A modo de guía, existen dispuestos cada equis metros unos  mojones, pero la subida es durilla y la bajada se hace incómoda, muy accidentada. Abajo, la Hoya de los Hermanos.
Vistas desde el Lomillo
Bullas, despuntando la Iglesia y la Torre del Reloj.
Garcisánchez, donde nos dirigimos ahora.
Casa Alta
Nos cruzamos con algún que otro ejemplar de simpático y, esta vez sí, herbívoro dinosaurio.
Los Cuchillos y Pico de Lavia.
Sierra del Lomillo, la madre que la parió, que me dejó "enlomao vivo".
Desde por detrás de la caseta del Aceniche, cogemos campo a través, durante tres o cuatro cientos metros hasta enlazar con una pista estrecha y muy empinada, que buscando la cumbre de Garcisánchez, te deja sin resuello. Una vez arriba, rodeado de sotobosque y pinos por doquier, no se veía del paisaje un carajo, así que había que seguir por la cresta de este monte hasta la Parihuela, en el otro extremo, obviando ya el giro que en fuerte y al parecer complicado descenso, emprendía el track hacia mi derecha, buscando completar el círculo, dejando así un buen tramo sin recorrer de Garcisánchez. Decidí dejarlo para otro día, y para entonces atacarlo desde la mencionada Parihuela. Así lo hice. Regresé por la pista que había utilizado para subir, ahora en tendidísima bajada y combinando caminos que veía reflejados en el mapa, fuí buscando la localización del coche. Al final, me salieron 24 kilómetros, y tan arañado y escocido me encontraba, que sentía que me habían arrancado la piel a tiras. Ponerme bajo la ducha fue un martirio, pero ya lo dice el refrán, que palos con gusto no pican. El otro tramo de Garcisánchez me aguardaba.
FINAL SEGUNDA PARTE

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