miércoles, 9 de mayo de 2018

LAS RUINAS DEL ÉXODO (DERDE) FINAL II

Estamos en el pasillo central de lo que fue la escuela de Derde. Bueno, en honor a la verdad, he deducido que este edificio era la escuela por una pintada que hay en el comedor o el salón de actos, aunque pudiera ser que se tratara de la única clase con que contaba la escuela, con extraordinarios ventanales que proporcionaban a la estancia una luz diáfana. En la parte que precede a esta, ya hemos podido ver una cocina con horno y buenos fogones pues supongo que los chicos procedentes de cortijos alejados de Derde, se quedaban a comer hasta las horas de clase de por la tarde. Es un suponer, que tampoco conozco este detalle a ciencia cierta. Lo que sí hemos podido apreciar, es que la escuela estaba diseñada para que le entrara luz natural, a raudales. Ventanales por todas partes.
Bueno, ahora, bien es cierto, que le entra hasta por el techo, porque supongo que a las tejas árabes de su tejado, hace tiempo que le pondrían patas, los amigos de lo ajeno, porque de haberse hundido con todo el equipo, se hallarían por el suelo, y no es el caso.
Como decía, ventanas por doquier y bien grandes, para que la luz entrara a norre, en la escuela de Derde.
Ventana que da al patio.
 Esta entrada en forma de arco, era la principal.
Al menos, tiene toda la pinta.
Y esta es la estancia más espaciosa de todo el edificio.
Ya digo, que entraba luz a porrillo.
Al resto del techo le quedan dos telediarios para venirse abajo. 
A final de año no creo que llegue.
De esta pintada infiero que este edificio era la escuela.
Hace trece años que Encarna estuvo aquí. ¿Qué será de ella...?
Estos amplios ventanales con vistas tan luminosas al paisaje tenían por fuerza que desconcentrar a los alumnos.
Es la hora del recreo, salimos de la escuela y seguimos nuestro recorrido por el Derde Sur.
Le damos una vuelta completa al Derde Sur y volvemos hacia la ermita.
El otro Derde se encuentra si cabe más demolido.
Le quedan a las casas, cuatro paredes en pie.
La devastación es casi completa. El abandono y el tiempo han hecho un buen trabajo. Proceso lento pero inexorable.
Cielo encapotado con nubes y claros intermitentes.
Llegado este momento, creo que por esta vez, vamos a dejar las metáforas musicales y gansadas varias para otra ocasión, y por qué no decirlo, para no aburrir más de lo necesario al personal. Sin que sirva de precedente, para mi visita a Derde, eché en el zurrón lo primero que a voleo cogí de mi discoteca. 
Una pequeña representación en cuanto a diferentes estilos y formatos musicales se refiere.
Vamos primero a ver como armonizan con el paisaje.
¡Menuda colección y qué chulada de álbumes!
Estos cuatro chicos fueron los ganadores del festival de Eurovisión del año 1979, con un bonito tema que llevaba por título Hallelujah. Israel ganaba el concurso por segundo año consecutivo.

Este artista no necesita presentación. Por desgracia, falleció demasiado joven, deslustrada su memoria con algunos avatares personales que desprestigiaron un tanto, su inmensa obra y talento.
Los temas corresponden al mejor y más completo de sus discos, bajo mi punto de vista, incluso superior al archivendido Triller, perteneciente a la mejor época de Michael, cuando todavía era negro. El disco lleva por título Off the Wall. Cuatro temazos sonando para ti en la radio FM de Derde.




Dos preciosos y románticos álbumes en formato cinta de casete de José Feliciano y Dyango. El primero grabó su primer disco de larga duración en 1964 cuando tenía 19 años. Desde entonces ha grabado más de 60 discos entre el mercado anglosajón y el de habla hispana.​ Está considerado como un virtuoso ejecutante de la guitarra española y con su potente e inconfundible voz, ha interpretado y publicado más de 600 canciones. Sus ventas de discos se estiman en 50 millones de copias. Dyango, cuyo nombre real es José Gómez Romero, es un cantante español de música romántica que ha obtenido a lo largo de su carrera 55 discos de oro y 40 de platino, amén de haber grabados dúos con infinidad de artistas de talla mundial.
De la cinta de Feliciano, enlazamos del Youtube tres temas. El primero, una joya de la canción romántica. Indeleble.



Dyango, uno de nuestros grandes cantantes de balada romántica. Dos preciosos temas que suenan para ti en Mi Viky y Yo.


Y qué decir de esta pedazo de colección de temazos interpretados por italianos cantados en castellano, con ese inconfundible estilo desgarrado, que nos inducía a fundir nuestra pelvis contra la de nuestra eventual o fija partenaire de baile. Trenzábamos los lentos o agarraos...sin pausa ni respirar. Así acabábamos de moraos. ¡Qué tiempos! ¡Inolvidables! ¡Irrepetibles! ¡Divinos!




Salimos de esta eclosión, de este desparrame musical y nos concentramos de nuevo en las ruinas de Derde. Si es que podemos.
El hábil observador ya habrá detectado un cuerpo extraño, no identificado, en algún punto de la imágen.
Presentamos en sociedad a la pulga Lolita.
Hoy, apéndice, extensión de la Viky, otrora okupa o parásita de esta, sustituye de momento, (contrato basura) al inmemorial Agapito Malasaña, que desde los pelaos montes de Sierra Seca, impreca, maldice, despotrica sobre mi supuesta perfidia desleal. Hacemos caso omiso a sus bravuconadas, vituperios y blasfemias, poniendo atención y vigilancia al modo en que posa Lolita, detectando algún déficit de fotogenia, valorando empero su saber estar y quietud frente a la cámara. De momento, le damos un aprobao raspao, aunque reconocemos, que su estructura plasticosa representa un plus contra el viento, de la que adolecía, la endeble materia corpórea de Agapito. Me temo que, como en esta vida, y mucho menos en la otra, nadie resulta imprescindible, muy pronto nos olvidaremos de él.
Salto de plano y encuadre (es lo que tiene ser una pulga) y Lolita nos ofrece nuevas posibilidades de enfoque. La modelo promete.
Denota iniciativa y profesionalidad
Por poner algún pero, no nos convencen mucho, esos bigotes tan antiestéticos que luce. Hemos pactado una visita urgente a la esteticién.

Primeros planos de la pulga Lolita, en su primera visita a Derde. Esperamos que sea el principio de una provechosa relación de amistad senderista, aunque albergo algunas dudas ya que esos bigotes tan tiesos y su aspecto general repulsivo, no terminan de convencer a este titiritero de la  fotografía.
Abandonamos Derde en dirección al cortijo de la Piedra de la Reina. Más bonito y pintoresco topónimo no cabe.
El zumbido de las abejas resulta inquietante y ensordecedor.
Somos capaces de mantener la calma y disparar estas bellas instantáneas.
Eclosión primaveral manifestándose en todo su esplendor.
Bellas capturas de estas increíbles y laboriosas criaturas.
La amapola, paradigma del color intenso que en el campo, predomina durante la primavera.
En el desolado cortijo de la Piedra de la Reina, capturamos empero, algunas interesantes instantáneas.
Después de décadas de andar buscando el carro que le robaron a Manolo Escobar, por fin lo encontramos, sin atalaje, en este recóndito e inopinado lugar, aunque eso sí, algo desvencijado, pero todavía reconocible. Aquí va mi pequeño homenaje a Manolo Escobar, el dueño del carro, cantante grande entre los grandes.

 El destartalado Carro de la Piedra de la Reina, que como se puede observar en la imágen, no desentona con el resto del paisaje.
Arco del Calar de la Sabina
Epílogo
Y llegamos al final de esta edición de capítulos que han ido transitando por lo que hemos dado en llamar Las ruinas del éxodo rural. Como se suele decir en estos casos, no están todos lo que son pero sí son todos los que estan. Rincones, próximos a la Rambla Mayor y alrededores, incluso bien metidos ya en provincia de Almería, en la comarca de los Vélez, que fueron desfilando en el libro de Jesús García Y también se vivía, y que yo los fui tomando como referencia para escoger algunos de los puntos a visitar. Ya advertíamos al principio de esta saga de capítulos, que en los cortijos derruidos permanecen, como ya se ha visto, claros indicios, del activo y laborioso ajetreo de lucha por la vida que protagonizaron las gentes que moraron estas tierras. Algunas de estas personas que celebran el día de su patrona Santa Gertrudis, seguro que nacieron aquí, en Derde, y otras a buen seguro que serán sus descendientes. El hombre se aferra a sus raíces para darle sentido a su existencia, desafiando el siempre amenazante empuje del olvido y la indiferencia.
Al norte de Almería cerca del límite con Murcia, entre la Sierra de María y Topares, se encuentra la pedanía de Derde, en el término municipal de Vélez Blanco. No estaba en un lugar especialmente aislado, como hemos visto en otros pueblos abandonados anteriores, puesto que en un radio de 4 Km había otras cortijadas próximas como El Estrecho, La Alquería, El Bizmay, Casa del Álamo, Los Olmos, La Hoya del Marqués, Las Viñas, etc. En toda la zona vivían entre la década de los 50 y los 60 unas 80 familias, que hacían un total de 800 personas aproximadamente. Pero Derde ya existía desde al menos un siglo antes.
En el s. XIX Derde ya aparece en los censos oficiales, contando en 1863 con 19 viviendas, 12 de dos plantas y 7 de plata baja, todas ellas habitadas permanentemente. El pueblo tenía una ermita anterior a la actual, que no estaba en la misma ubicación. La actividad era como la de cualquier pueblo: Durante la Restauración en la década entre 1910 y 1920, cerca de una treintena de niños hacían la comunión cada mes de mayo. En marzo de 1918 se manda construir la escuela mixta. Las disputas entre vecinos en aquellos días se resolvían a la antigua usanza: Un “asunto de faldas” -describen las crónicas- entre dos mozos de 16 y 17 años acabaron con el más joven herido grave tras un duelo a cuchillo. El otro muchacho se presentó voluntariamente ante el juez municipal del Vélez Blanco que ordenó su ingreso en prisión. La popularización de las armas de fuego en la década posterior, hacían que las desavenencias acabaran más rápido, como sucedió el día de año nuevo de 1929 cuando, al salir de la ermita y tras una discusión, un lugareño disparó sobre otro sin llegar a matarlo. Fue detenido y el fiscal pidió para él más de 3 años de cárcel y mil pesetas de multa, acusado de tentativa de homicidio. Durante la Guerra Civil aquella ermita fue quemada aunque cuentan que se logró salvar la imagen de Santa Gertrudis, patrona de Derde. Habría que esperar hasta el 8 de diciembre de 1949 para que los vecinos pudieran inaugurar la nueva iglesia parroquial, que ellos mismos habían pagado mediante suscripción popular. En encargado de hacer los honores fue nada menos que el Padre Tapia, que por entonces era el párroco de Vélez Blanco.  
La economía en Derde se basaba en la agricultura de secano, un poco de regadío y la ganadería. Había dos molinos para moler el trigo y la cebada, y a veces en vez de usar la moneda como pago se utilizaba el ancestral trueque. Era el caso de dos barberos que iban a domicilio por los cortijos montados en burro, a los que se le pagaba con media fanega de cebada al año. En el pueblo había también otros oficios como el de carpintero, artesanos del esparto que hacían serones, capazos, esteras, maurales, esparteñas, etc. Para comprar había tienda e incluso un estanco, y además por la aldea pasaban también vendedores ambulantes en caballerías vendiendo aceite y vino. Para los servicios que no estaban en el pueblo, había que desplazarse hasta Vélez Blanco, a unos 16 Km en una bestia: normalmente el hombre iba andando, y la mujer o los niños a lomos de una burra o a caballo durante 4 horas aproximadamente. Una vez al año, el alcalde pedáneo pasaba por las casas comunicando la fecha de feria anual de Vélez Blanco, visita obligada para vender pavos, gallinas, ovejas, burros, caballos, etc.
Las costumbres del pueblo eran bastante austeras, por ejemplo a la hora de comer. Lo más común era repetir los mismo platos: por las mañanas migas y por la tarde cocido. Las migas se ponían en la misma sartén en una pequeña mesa y la familia iba cogiendo cucharadas, al igual que con el cocido, salvo que se servía en una fuente. A pesar de no haber fiestas patronales, sí que se celebraba el día de San Antón, donde los vecinos pujaban al mejor postor por sacar o meter al santo en la iglesia, o incluso por llevarlo durante algún tramo de la procesión. En Navidad se solían hacer bailes de parrandas y el último día del año, entre los jóvenes se echaban los adagios, que consistía en sacar el nombre de un chico y una chica de un sombrero, y se les declaraba novios. Las carreras de cintas a caballo o en bicicleta y las rifas de beneficencia para la iglesia también eran comunes. Mientras las niñas jugaban a la comba, el elástico, la rayuela, el escondite y a hacer muñecas con panochas, los niños se divertían con la peonza, el chinche monete, el salto, la piguera y el pañuelo.
(Los animeros de Caravaca, durante la romería de Derde, y el autor de libro, Jesús García, también músico, hablándole al público).
El abandono de Derde se produjo debido a las circunstancias económicas del entorno. Las tierras pertenecían a grandes latifundios, todas ellas arrendadas, al igual que el ganado. Por regla general, los propietarios vivían en Vélez Blanco, Vélez Rubio y María. No había electricidad, y cuando hubo oportunidad debido a que se instalaron torres de alta tensión en las cercanías, ninguna llegó hasta el pueblo. A mediados de los 60 y principios de los 70 la escuela también cerró y las familias empezaron a marcharse a pueblos más grandes de los alrededores, aunque un buen número de ellas se desplazaron fuera de Almería hasta Jijona (Alicante), donde el turrón daba muchos puestos de trabajo, o hasta Valencia y Barcelona. A día de hoy algunos de sus antiguos vecinos se reúnen en el pueblo una vez al año en verano, para celebrar una fiesta con misa y procesión, y recordar aquellos viejos tiempos en que el pueblo respiraba vida por todos sus rincones. 
FUENTE
 Cuando llegué a Derde, el cerro del Gabar me miraba sin pestañear y yo a él. Tenía claro que no podía abandonar esta región sin subir al cerro y desde sus nada desdeñables mil quinientos y pico metros de atalaya, apreciar lo que tuviera a bien obsequiarme con la vista. Así que, días después, me acerqué a echarle un vistazo. Como ya había mariposeado bastante durante mis visitas a todos estos cortijos, cortijadas, pueblos abandonados que han ido desfilando en estos pasados episodios, me propuse sudar la camiseta, aunque solo fuera un poquito, y de este modo, por una pista que podía perfectamente haber hecho en utilitario, la hice andando y tras siete kilómetros de tendida y suave subida, sin atosigamiento ni cansera de ninguna clase, me puse en poco más de hora y pico, en la cima. Pero claro, ese material será el que componga el siguiente episodio y entrada de Mi Viky y Yo porque el de la presente, aquí y ahora toca definitivamente a su fin. He aquí un pequeño anticipo.
¡HASTA LA PRÓXIMA AMIG@S!


8 comentarios:

  1. Me veo obligado a hacer un segundo comentario y pedirte disculpas. Visito tu blog de vez en cuando y esta tarde me he encontrado con esta entrada de Derde. Luego he ido a anteriores excursiones y me ha sorprendido la presencia del libro. Así que te agradezco que hayas entrado en él con el cariño que lo has hecho. Un saludo y gracias.

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    1. Gracias Jesús por visitarme. Sí, he disfrutado mucho tu libro y las últimas entradas de este blog se las debo a él, osea a ti. Un saludo.

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  2. https://www.facebook.com/animeros.decaravaca/videos/vb.100001915152009/1675505022523320/?type=3

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    1. En la fiesta de Santa Gertrúdis, en Derde, el pasado Agosto

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    2. https://www.facebook.com/photo.php?fbid=1675511995855956&set=a.1675502159190273.1073741841.100001915152009&type=3&theater

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    3. Gracias Tarin, por pasarte por aquí. Si no tienes inconvenciente, pondré alguna foto de las que compartes, en esta entrada, porque no es lo mismo un Derde solitario, que con personas, supongo que nacidos aquí y descendientes, transfiréndole vida. Un saludo.

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    4. Puedes utilizar los afotos que quieras

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