domingo, 1 de abril de 2018

RETAMALEJO-RAMBLA MAYOR-MANCHEÑO II

Antes de iniciar esta excursión, se acercó a saludarme, Francisco, que es el rabadán de un ganado que tiene su refugio en Retamalejo y charlando de unas cosas y otras, se nos fue el santo al cielo y cuando vine a darme cuenta, miré el reloj y eran ya casi las diez de la mañana. ¡Santo dios, a este paso se me hace de noche por el camino!, así que, de pronto, me entraron las prisas, y despidiéndome, preparé pronto los apechusques y abandoné la villa echando millas. A la media hora de ir caminando reparé en que había dejado olvidado el teléfono en el coche. ¡Válgame el copón bendito que cabeza de chorlito tienes Alfonsito! Ni musica, ni radio, ni mapas ni llamada a la santísima Trinidad si te ves en apuros...¡Vaya tela! ¡Vaya despiste! A punto estuve de darme la vuelta, pero que sea lo que dios quiera me dije y continué la marcha, al fin y al cabo, aún disponía del gps para guiarme. Desde el vértice geodésico, había que orientarse hacia el sur, buscando el mejor itinerario en bajada hacia la Rambla Mayor. La dirección que habíamos de coger la tenía bien clara aunque no sabía los obstáculos en forma de barrancos con los que podía tropezarme. La incertidumbre de los primeros instantes se despejó muy pronto. Aún no había descendido campo a través ni trescientos metros cuando intercepté una pista un tanto imprecisa y desdibujada que al parecer, procedía de la cumbre que acababa de dejar. No figuraba marcada en el mapa topohispania, pero, de momento, llevaba una dirección acorde a mis intereses. Si cogía otros derroteros, ya tendría tiempo de abandonarla. No fue necesario pues lo que antiguamente había constituido una pista, ahora un camino, ora una senda, ora apenas una trocha, a ratos un rastro que se desvanecía y costaba volver a perfilar, me condujo finalmente a la Rambla Mayor. La pista se halla en desuso, y las torrenteras que durante la lluvia se originan en las innumerables ramblas que la atraviesan, empujan, remueven su terreno arcilloso y lo fracturan. No obstante, para el senderista avezado que intuye con su experiencia, la lógica y orográfica evolución de su recorrido, representará un seguro disfrute el entreverla, salvar los pequeños obstáculos y seguirla. Bonita panorámica de la sierra de las Cabras nevada así como La Sagra, nevadísima, flanqueada a su izquierda por El Cerro Gordo y a la derecha de la imágen por la Sierra de la Zarza.
Sierra de las Cabras
Macián, conocida por sus restos arqueólogicos, de origen romano y el Cerro Gordo, ambas estribaciones hacia el sur de la Sierra de la Zarza, que con su roquedo de calizas liásicas forma el trifín de las provincias de Almería, Granada y Murcia. 
Más alejada e inconfundible, la Sagra.
El rastro de este sendero, poco frecuentado salvo por algún que otro senderista o cazador, resulta fácil de seguir, no tiene pérdida. Llegando a la Rambla Mayor, me despisté un poco, perdí por unos instantes el carril, y atajé por alguna escarpadura, exenta de peligro, para más abajo, volver a conectar con la pista abandonada.
Ya se observa en estas imágenes lo irregular y embarrancado de la orografía y que haber dado con el sendero, me vino de perlas y facilitó en gran medida mi fluido avance.
Hacia la Rambla Mayor
Los barrancos que vamos dejando a nuestra espalda
Restos de la antigua calzada que la carcoma del olvido favorece que se vaya desvaneciendo con el transcurso inexorable del tiempo
Tramo del cauce del barranco de las salinas que hubimos de recorrer y atravesar antes de desembocar en la Rambla Mayor. Este barranco que intuyo abordable, habrá que explorarlo en otra ocasión.
Un lugar tan solitario y tranquilo como este, constituye el abrigo y refugio perfecto para criaturas, a quienes la Viky y yo, dado nuestro inofensivo aspecto, no suponemos amenaza hostil de la que salvaguardarse.
Después de observarnos durante unos minutos, decidieron poner tierra de por medio.
El cauce de la Rambla Mayor, dispone de holgura suficiente, para recibir los diferentes caudales de las ramblas menores que recoge. Me da a mí que esta rambla sería capaz de albergar hasta un brazo de mar.
El inmenso cauce de la Rambla Mayor también hace de camino de esta colosal vaguada que vierte sus aguas en el embalse de Valdeinfierno. En el libro Y también se vivía... del ya mencionado autor caravaqueño Jesús López García, existe un pasaje que la describe en forma precisa e inspirada: ...pero si te subes a algún alcor, ves, casi en la raya de la provincia de Almería, cómo la Rambla Mayor ha desgarrado toneladas de tierra y se ha metido hasta las barbas de los campos de Topares, del Gamonal, de la Casa Mula, de Rame, de Espín, de Macián, del Mancheño, del Perigallo o del Retamalejo. La Rambla Mayor es una bestialidad. Se ha comido las tierras blandas y ha roto montañas, le ha quitado la capota de rocas a los terrenos antiquísimos formados por mares salobres con esos colores, que tan atinados nombres les dieron los geólogos. Cuando dijo de arramblar agua se metía a la misma Murcia haciendo escrituras de los terrenos, hasta que le pusieron un embalse, el de Valdeinfierno y la domesticaron. Así que la Rambla Mayor causa respeto, siendo uno de los brazos del río Lorca, al que llaman Guadalentín unos y Sangonera otros. (Jesús López)
Observando a través del aparato, que Mancheño lo tenía en dirección norte casi en línea recta de donde me hallaba, decidí salirme de la rambla y superar los empinados cerros que se interponían hasta alcanzar una pista que suponía me conduciría de manera más cómoda al pueblo fantasma.
Encajados entre estos profundos barrancos, sin recibir el más mínimo soplo de aire, sentíamos sobre el lomo, un bochorno abrasador...los hombres y sus dirigentes en un proceso largo pero inexorable, roturaron los bosques de carrascas, las malezas de matorral duro, coriáceo como la madera inerte y como mucho aromático, pero áspero, espinoso y malhumorado. Troncos retorcidos, follaje oculto al viento que llaman cierzo, que es viento del norte, cortante, seco y rotundo como la coz de una mula, resistente a meses sin agua. Romeros, chaparros, aliagas, retamas, algún escaramujo, o un majuelo, o juncales avisando el camino de un arroyo, de los que abundan por aquí. Bosques, malezas que se han ido rindiendo al lento castigo de las hachas de hierro, a la fuerza de los mulos, para dejar crecer el esparto, que en tiempos fue auténtico monocultivo en laderas, suelos rocosos y no tan rocosos, porque los suelos más feraces han dado pan a muchos cristianos y rentas a poderosos... (Jesús García)
Sensación asfixiante que se fue disipando según alcanzábamos cotas más altas y desde cuya prominencia pudimos advertir que a nuestra derecha, subía una senda, procedente de la rambla Mayor que conectaba con la pista tras la cual nos encaminábamos. Habrá de tenerse en cuenta en la próxima ocasión, al objeto de pulir el recorrido de esta interesante ruta.
Una vez hemos conectado con la pista que se nota poco frecuentada, el camino hacia Mancheño se hace mucho más cómodo.
Estos sembrados en cuanto brote el color verde que los caracteriza, si es que llueve, dará gusto verlos.
Y aquellas construcciones, mimetizadas con el paisaje, conforman el espectral pueblo de Mancheño
Nos dirigimos raudos a su encuentro pero llegamos tarde...
La incuria en forma de legión Cóndor, ha bombardeado sin piedad, este tranquilo pueblo fronterizo entre Murcia y Almería, trocando el paisaje con el paso de los años, en funesto exterminio y desolación.
FINAL SEGUNDA PARTE

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