domingo, 2 de julio de 2017

POR EL RÍO BOROSA EN LA SIERRA DE SEGURA III

En el salto de los Órganos, permanecimos un buen rato. Comimos y bebimos, nos refrescamos, escuchamos a la orquesta "Night Borossa Jazz" interpretar algunos de sus temas más conocidos  (aunque con alguna dificultad, dado el estruendo ensordecedor de las aguas) y en definitiva, nos deleitamos extasiados con la visual espectacularidad del rincón. Hacía mucho calor pero con la lluvia pulverizada que se originaba en las inmediaciones de la cascada, se producía un microclima, sensorialmente muy placentero. Nos costó gran ejercicio de voluntad, abandonar el lugar pues sabíamos que una sucursal del averno abrasador, nos aguardaba a nuestras espaldas. Para llegar a los túneles nos quedaba por superar un cuestarrón infernal.
Impresionante cascada de más 70 metros de altura cuyas aguas provienen de la Laguna de Aguas Negras. A la izquierda del salto, el sendero asciende hasta los túneles por donde el agua discurre a través de unos canales que llegan hasta la Central Hidroeléctrica.
Aquí la banda, afinando sus instrumentos para interpretar algunos standard con que amenizar nuestro almuerzo
El avezado observador deducirá que con la húmeda brisa que generaba la cascada, no resultaba tarea fácil, mantenerse en equilibrio.
Pero estos músicos están acostumbrados a tocar en los mejores y más complicados escenarios, logrando brillar empero, siempre a gran altura.
Nos despierta cierto disgusto abandonar el lugar, pero no hay más remedio si queremos completar el recorrido. Aún no hemos llegado al extremo opuesto de este y no olvidemos que luego hay que desandar todo lo andado. Nos queda todavía mucho camino por recorrer. Nos damos el último chapuzón con ropa para prolongar el efecto refrescante del baño y continuamos la marcha.
Viky, una vez perdido el miedo en el río Chícamo, patea entre afluentes como San Juan por sus viñas porque desde entonces, ya no se jiña.
Toda esa miaja repecho hay que ascender.
Desde aquí el camino cambia 180º su dirección y, con rumbo norte, asciende enérgicamente por una pedrera bajo los formidables tajos del Picón del Haza.
Nos sentimos frescos y recobrados y en poco más de cinco minutos alcanzamos una barandilla de madera que flanquea nuestra ruta por la derecha. En ella se hallan unos granaínos muy simpáticos en compañía de los cuales, atravesamos los túneles.
Viky y yo capitaneamos este paso que consiste en un repisa excavada en la roca por la que circula una acequia que transporta el agua que después bajará por la tubería. El camino sigue este canal y se introduce en un túnel que perfora el Picón del Haza.
El túnel dispone de unos respiraderos, a modo de ventanas que se asoman al abismo y nos permiten obtener unas extraordinarias vistas hacia la Lancha Pilatos. En mi opinión, es aconsejable disponer de una linterna o frontal para salvar este paso, pues a mitad del túnel, la luz languidece bastante y se convierte en oscuridad casi total, aunque si se nos ha olvidado echar el proyector, no pasa nada, un pasamanos de cable, nos guiará hasta que de nuevo se haga la luz al final del túnel. El único contratiempo que yo veo, es si te cruzas con alguien. El paso entre la acequia y la pared, en ocasiones con salientes rocosos es muy estrecho, no permite el paso simultáneo de dos personas, por tanto, una de ellas se tiene que arrimar hacia la acequia, y con luz, toda esa maniobra resulta mucho más ágil y segura. A oscuras, la cosa se complica. Si cruzamos solos, sin tráfico en sentido contrario, no tendremos problemas.
Un poco deslumbrados, salimos del primer túnel. Llaneamos con la acequia a nuestra izquierda y fascinados por el panorama montañoso que vamos contemplando a nuestro alrededor, nos introducimos en el segundo túnel, mucho más breve que el anterior, pero más oscuro, debido seguramente a que está menos "iluminado". Tras de andar algunos cientos de metros, atravesamos el tercer y definitivo túnel. 
Nada más salir, vemos enfrente la presa del embalse de Aguas Negras.
Según la guía, desde este punto al nacimiento del río Borosa, nos separan apenas trecientos metros, por lo que antes de continuar, nos desviamos a nuestra izquierda para registrarlo.
 En menos de cinco minutos estamos en el emblemático lugar donde brotan las aguas. Un borbotón que mana bajo una gran plancha de roca caliza que se asemeja a un gran escalón. El agua va por casi terreno llano, con sosegada corriente y apacible murmullo, sin que haya ruido mayor en esta amena soledad que el que produce el nacimiento mismo.
  Una vez visitado el paraje, volvemos sobre nuestros pasos y cruzamos el embalse.
El lugar es para recrearse en su contemplación aunque el bochorno reinante se deja sentir; después de echar unas fotos salimos pitando en dirección a la laguna de Valdeazores, punto de ida y vuelta de nuestro recorrido.
Estos apacibles y bellos parajes, reflejan sin duda, la pura esencia de estas montañas, pero la incandescencia húmeda propia del estío, caldo de cultivo perfecto para tábanos y otras especies vampiras chupadoras de sangre que ya habían acribillado mi piel con sus mordiscos, me estaban poniendo sobremanera nervioso, de modo que, no pude disfrutar del entorno, con la calma y sosiego que este merecía. Tomé unas apresuradas fotos desde la cola de la laguna que también era la del track y salímos echando virutas la Viky y yo de tan bello aunque amenazador emplazamiento.
Estos moscardones asesinos no son como los de Burete. Son más grandes y por tanto sus bocados cubren mayor extensión de epidermis. Y por lo sufrido en mis propias carnes, puedo afirmar y afirmo que tampoco se muestran tan sutiles ni considerados como aquellos. Los de Coto Real de la Marina o los del Mirador del Águila, primero te introducen una dosis de anestesia para que no te percates que te están succionando la sangre, y cuando vienes a darte cuenta del mordisco, ya están saciados y con el buche lleno. Me gusta atraparlos in fraganti, y todavía atontados por el atracón, separarles la cabeza del tronco con un crujido, un crack, cuyo sonido de algo que se quiebra me sabe a gloria vengativa. Pero estos del Borosa, no son  así. Cuando me ven aparecer, tocan a rebato, se frotan las patas, segregan saliva y acuden en cuadrilla al bulto para saciarse a placer. Tuvimos que salir de allí por patas y ¡arre que es tarde!, porque literalmente nos comían.
Pero bueno, en la precipitada retirada aún nos dio tiempo tomar estas capturas
Lugar como se puede advertir, rebosante de vida
Estas cuatro instantáneas que vienen a continuación, las he tomado prestadas de la red, para que se pueda apreciar el entorno en que se halla ubicado el túnel y panorámica desde otros ángulos más elevados hacia el embalse de Aguas Negras
Ya de vuelta y una vez superados los túneles, dos son nuestras prioridades: probar las aguas de la poza tan colosal, dotada de majestuosa cascada que encontramos a la ida y rellenar nuestro bidón saciando nuestra sed en la refrescante fuente de la central hidroeléctrica de los Órganos.
Últimas tomas a uno de los parajes más espectaculares de esta bellísima ruta del río Borosa
Otra instantánea, fiada de la red, en la que se puede apreciar la espectacularidad de la cascada de los Órganos en época de fuertes precipitaciones y deshielo. ¡Impresionante!
Otra vez las imponentes paredes del Picón del Haza (1504m), con los ventanales bien visibles
Grandes rocas calizas horadadas por efecto de la erosión durante cientos de miles de años
Precioso el lugar y magnífica la poza donde llegamos nadando hasta debajo de la misma cascada. La Viky se perdió de mi vista y anduvo varios minutos en paradero desconocido. Miembros de dos familias, disfrutaban lo que se puede inferir de estas imágenes
Estoy llegando al final de mi relato y también de este recorrido. En ambos, me he tomado mi tiempo para disfrutar los detalles y con ello vivirlos más intensamente. El hombre con prisa ignora la hierba de los caminos, el agua de los ríos, la sombra de los árboles, su color, su olor, sus sonidos, sus reflejos cuando el viento y el sol los acaricia. Tener sed, tener hambre, sentir el picotazo de un tábano, una china en la bota, los brazos abrasados, poder ir muy deprisa, saber también avanzar lentamente o incluso detenerse a meditar, a disfrutar del espectáculo que brinda la naturaleza. Me gusta sentirme parte de ella, fundirme, más que ser testigo de su inmarcesible majestuosidad y perfección. Experimento una secreta alegría que procede de mi cuerpo y de mi espíritu.
En cualquier camino que recorro no cuenta solamente la más o menos exigencia física y el paisaje, las instantáneas que sea capaz de obtener, existen también los detalles, las sensaciones, los sonidos, la huella, el olor, el color, el matiz que cada aventura me deja. Existe también el misterio, la intriga, la expectación de lo que me voy a encontrar un segundo antes de tenerlo a la vista.
A la vuelta, el paisaje es el mismo pero ha cambiado la luz
Es un paisaje rebosante de armonía y de paz
Un paisaje vivificante, intensamente reparador donde da gusto sentarse, mirar y respirar. El aire tiene un delicado y húmedo aroma de verdor, de fragancia floral, de viento fresco que penetra en los pulmones y los expande. Aquí el hombre se olvida que es hombre, fundiéndose con el verde de las piedras, los árboles y el río.
¡Qué jornada tan deliciosa! ¡Y pensar que iba a quedarme en casa, resignándome a que la vitalidad, que parecía condenada a quedar encogida y esmirriada durante todo el día en mi interior, no pudiera renovarse y desatarse hasta convertirme en el espíritu libre y lleno de energía que soy ahora...! ¡Allí donde hay voluntad y decisión, hay un camino...!
Me cruzo con algunas parejas en bañador que deben estar alojadas en algunos de los camping que existen no lejos del cauce del Borosa. Este itinerario fluvial debe ser su mayor atractivo y mejor reclamo. Hay ya tantas personas diseminadas, ocupando sus rincones en el río, que no veo apropiado ni aconsejable seguir utilizando la cámara. Me reprimo pese haberme quedado con las ganas de registrar varias atractivas secuencias que me han salido al paso.
A pesar del sofocante calor, el retorno está resultando muy placentero.¡Qué simples y poco estridentes son esos instantes en que nacen la armonía y la felicidad...! Son tan naturales que no parecen evidentes.
A la vuelta, embriagados de las texturas de la tarde, contemplando este hermoso paisaje y recorrido, creado a medias por la naturaleza y la mano del hombre, nos preguntamos ¿qué es lo que nos hace atizarnos estas palizas de tantos kilómetros para visitar estos lugares?, ¿Será la belleza estética del paisaje, ergo recopilación de material fotográfico con que seguir alimentando este espacio? ¿Será la brisa que mece la copa de los árboles, el sonido y aroma de los ríos, el canto de los pájaros, el olor de la lluvia, la hierba cubierta de rocío, el perfume de las flores, las criaturas con las que de vez en cuando coincidimos, elementos que nos susurran la magia de estos lugares? ¿Será ese andar gastando energías para hacer hueco frente al hambre canina que como una espada de Damocles, constantemente acecha el grado de curvatura de nuestro buche? ¿Será el humilde deseo de aventura, sintiéndose parte integrante de esa que llaman madre naturaleza? ¿Será el primer trago, después de un palizón senderista, de una cerveza bien fría que como en el salto de los Órganos, baja torrencialmente por tu gaznate, te produce espasmos y estremece todo tu ser de puro gusto exaltado...?
Como quiera que sea, por estas razones mencionadas y algunas más que ahora no se me ocurren, nosotros lo disfrutamos y con eso nos quedamos.
La cerrada de Elías, ahora recorrida en completa soledad
Hemos llegado al final de nuestro recorrido. Recapitulando, diremos que a buen seguro esta ruta senderista es la más visitada de todo el Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas. Recorremos completo, salvo algunos contados tramos, todo el Río Borosa, desde la piscifactoría situada a escasos metros de su desembocadura en el Guadalquivir hasta sus fuentes, el nacimiento de Aguas Negras cerca del Puntal de las Iglesias, yendo un poco más allá hasta la laguna de Valdeazores, recorriendo tramos tan espectaculares como la Cerrada de Elías, un paso entre montañas donde el Borosa se encajona entre estrechos pasos, altas y cortadas paredes donde se precipita el agua en torrente como la de Los Órganos o sorprendentes túneles perforados en las entrañas del monte Picón del Haza. El túnel está divido en tres tramos, tanto el primero como el último tienen la suficiente visibilidad como para pasar sin luz artificial, pero para el central es conveniente alguna pequeña linterna o frontal, por las razones ya aludidas más arriba y sobre todo, si eres alt@,  porque tu cabeza pasará muy cerquita de algunos salientes rocosos y no debes descartar propinarte algún que otro coscorrón. Es una excursión apta para todos los públicos ya que cada cual debe evaluar su forma física y ajustar la distancia de forma sensata y realista a esta. A nosotros nos salieron casi 29 km pero hemos de tener en cuenta el margen de error del gps y también que desplazándome de un lado para otro buscando el mejor rincón y perspectiva para las fotos, siempre te sale algún kilómetro más del previsto. En todo caso, y pese a la canícula reinante, considero que es una ruta senderista muy recomendable en toda época del año, pues siempre encontrarás un atractivo, una razón adaptable a esta, aunque ya hemos dejado claro, que desde el punto de vista del paisaje, la primavera es su momento ideal. Ya de regreso, una vez dejada atrás la agreste villa de Hornos, nos detenemos un instante para capturar y dejar impresa su silueta
Conducimos relajados, en los primeros kilómetros acompañados de la radio. Está de moda eso que llaman Reggaetón, cuya base rítmica viene a ser algo así como "atúnconpan atúnconpan atúnconpan", música que considero horrorosa y por ende, empalagosa hasta decir basta y cuyo tema más popular y emblemático es el "despacito" de Luís Fonsi que desde hace un tiempo, se escucha en todas las emisoras hasta la náusea. Con lo que me gustan a mí las baladas de este hombre y otro que se ha subido al carro comercial del éxito y dinero fáciles. Mientras las marcas viales se van sucediendo y se echa encima la tarde, quito la radio y suena Andy Abraham, un británico cantante de soul, más conectado con mis gustos musicales. Nos vamos acercando a Santiago de la Espada, topónimo bello y sugestivo donde los haya. ¡Qué hermoso se vislumbra el inminente atardecer y qué radiante final se me antoja para esta inolvidable jornada en que sentimos amor por las cosas disfrutadas que ya no pueden ser reemplazadas con nada salvo, si se me permite la presunción, con una nueva entrada en Mi Viky y Yo...!
¡Es vivir la naturaleza, es vivir la vida, ese lujo de la existencia que con nuestras manos podemos aprehender como si se tratara de un genuino puñado de tierra...!
      
 ¡HASTA LA PRÓXIMA AMIG@S!

No hay comentarios:

Publicar un comentario