domingo, 27 de octubre de 2013

NUEVO INTENTO DE COMPLETAR FALCOTRAIL 2013 DE UNA SOLA ATACADA...¡¡¡PRUEBA SUPERADA!!! 2ª Parte


El otro día, por asuntos de mi curro, le estaba yo echando unas fotos a un jabalí despanzurrao sobre la carretera y en el rostro estupefacto del animal, me vi yo mismo reflejado, cuando subiendo Collado Alto, el aliento del tío del mazo noté cerca de mí.

¡Míralo!,  me dije, tiene la misma cara que debía tener yo el otro día subiendo el dichoso collado.
Cuando terminé la sesión de fotos, marqué las coordenadas de mi amigo Jose Paco.
No tuve que rogarle mucho...pues el tío es mu echao palante.
¡Venga, no se hable más...el viernes nos llamamos para acordar la hora de salida!, me dice.
Nada más colgar, me invadió esa sensación del ¡ya no hay vuelta atrás!, y al mismo tiempo, cierto acojonamiento pues si solo quedas contigo mismo, en cualquier momento puedes recular, pero si comprometes a alguien para hacer algo, y luego te rajas, la cosa cambia, porque corres el riesgo de ser considerado un malqueda.

El viernes nos volvimos a llamar para quedar en el albergue a la hora de costumbre, es decir, a las cinco y media de la mañana.

Para esta ocasión, dejaría a la Viky en casa, pues con sus efluvios florales de "estar en celo", corríamos el riesgo de que, a poco que nos diéramos cuenta, lleváramos detrás olisqueando, a todos los machos cuadrúpedos de Burete, Quipar y El Campanario.

No podía volver a fallar. Tenía que arrancarme la espina, de modo que, en ese convencimiento, comencé a dar los primeros pasos, plenamente consciente del desafío que teníamos por delante.

Me encanta andar de madrugada, alumbrado por la luz del frontal, mientras el crujir de las zapatillas sobre los guijarros, resuena monótono e incesante.
Me inducen a sentir eso intangible que llaman, armonía del espíritu.

Corría una brisilla deliciosa, que hacía que el cortavientos que ambos usábamos, fuera muy oportuno, sobre todo en las alturas, donde el viento, aunque no sea frío, puede helarte el sudor.

 Peña Rubia la subimos a buen paso, sintiendo en mi caso la alegría contenida, de llevar "buenas piernas".
¡Qué diferente sensación a la experimentada, una semana antes!

Al pie del As de copas, pedí a JosePaco que me desenfundara el bastón. Comenzaba a despuntar el día.
Pasicos cortos, sintiendo a cada paso, esta vez sí, la agradable tensión de los gemelos, los cuadriceps; la espalda ligeramente arqueada...mientras el rechinar de los bastones, alteraba la quietud de un inminente amanecer.
Coronamos, enfilando por la pedregosa pista hacia Los Poyos y La Morra. Hermosos y marmóreos mojones nos escoltan e indican el camino correcto a seguir.
 De vez en cuando, volvemos la cabeza para admirar la belleza del entorno, la majestuosidad de un As de Copas que de momento, ya es historia.
Atravesamos las casas de la Hoyaleja, en dirección a la pista de Burete, que es mejor tomarse con calma, porque si te descuidas, te la mete. Es una subida necia, que no parece tener fin.
Te crees que la subes silbando, y sin darte cuenta, las fuerzas te va mermando.

Cuando llegamos al pico del Águila, le propuse a Jose Paco comernos el bocadillo. 
Y así lo hicimos. 
Por el camino del reventón, que mejor refacción, que zamparse un bocata, de mortadela y salchichón.
 Decía el otro día, que muy poquito antes de abordar el camino hacia la Hoya de Don Gil, había que sortear una rampa de un par de metros, que bien podía hacerse al estilo arrui, esto es, describiendo una parábola en triple salto mortal carpado con doble tirabuzón, o bien, apoyar el trasero en la rampa, y utilizarla como un tobogán.
Pues no, existe una tercera modalidad, de lo más natural, que me enseñó mi amigo, que consiste en sentirse seguro de la adherencia de tus zapatillas y del apoyo que te presta el bastón, para bajar tranquilamente y sin más historias, como por las escaleras del templo maldito, bajó Indiana Jon.
Después de bajar la rampa, aterrizando en el camino del Bancal de la Sierra, se cruza este para volver a introducirte por un nuevo tramo de senda hasta desembocar de nuevo en la pista. En la imagen de abajo, está indicado con una flecha.
 Ese kilómetro escaso, que existe hasta cruzar la carretera, lo hicimos trotando para desentumecer los músculos. A todo esto, acababan de dar las once, empleando hasta el momento, un tiempo bastante razonable, sin apenas paradas, salvo para aliviar la vejiga y poco más.  
Y encarando la parte final de la pista, vemos a lo lejos y junto a la carretera, a cuatro personas y la familiar silueta de Ramón, que meneando el rabo y como un rayo, viene directo hacia mí. Se pone loco de contento y nada más abordarme parece que lamenta, la ausencia de Viky. 
Como habrán adivinado ustedes, nos habíamos topado con una fracción del comando Falco. Eran Lajosa, el conde, su hermano Antonio y un eventual invitado de honor que no era otro que nuestro amigo Juan. 
A partir de aquí, se produciría un punto de inflexión en nuestra particular aventura, porque después de las debidas salutaciones, los FALCO tomaron directos hacia Collado Alto, eludiendo el inminente Campanario, y Juan se vino con nosotros.
Yo hacía de guía, porque ninguno de mis dos compañeros de fatigas, la subida al Campanario conocía. 
Así que, ora vistazo al track del gepese, ora fijarse en las señales, ora recordar lo que ya mis pies, de pasados sufrimientos distinguían llegamos a la cresta, cuando aún no era mediodía.

El Campanario engaña. Desde el camino ofrece la imágen de una montañita amigable, accesible, asequible, cercana, poco más que una loma. Pero hemos de recordar que a esas alturas de carrera, antes de abordarlo, llevaremos 26 km en las piernas. 

Hay que subirlo con inteligencia, porque luego hay que bajarlo y es muy técnico. Tener un percance, en este accidentado terreno, me parece a mí que es relativamente probable. Por tanto, mejor perder aquí unos minutos, asegurando bien en donde se ponen los pies y las manos, que ya tendremos tiempo de sobra, para recuperarlos.  

Una vez en la pista, camino de Collado Alto, no íba mal, solo miraba hacia adelante y ni rastro del tío del mazo advertía sobre el horizonte. Pero no podía evitar andar con la mosca detrás de la oreja. Subía con prudencia, sin alardes, sin fiarme, ayudándome en lo posible del bastón que me estaba prestando una ayuda impagable durante toda la travesía. Ignoro como irían de fuerzas mis compañeros, a los que escuchaba tan solo a unos metros tras de mí, hablar sobre su experiencia en marcas de zapatillas de trekking, pero antes de llegar al murallón de roca, inicio de la travesía por la cresta, noté un leve desfallecimiento, ¡ahhhhh!, exclamé para mis adentros...¡la sombra del tío del mazo siempre es alargada...!
Me acojoné porque aún quedaba un mundo, tal vez de tinieblas, para llegar al final del camino, y si me entraba un patatús, a ver como me las apañaba...
¿lo sabes tú?

Pero en momentos así, es mejor ahuyentar los pensamientos negativos, y comer y beber. La mente juega un papel esencial, y se convierte en el músculo que para bien o para mal, coge las riendas y asume la función principal.
No hay dolor; la puta ampolla en mi planta del pie derecho que me está triturando la moral, me cago en su puta madre, y en la del mazo, que como se me acerque, con la punta del bastón, la ensarto sin piedad. 
Fueron solo diez minuticos en los que me costaba seguir el track. 
Pero hay que guardar la calma y esperar que pase el temporal.
¿Qué tendrá Collado Alto, que de todas las subidas, parece que es siempre, la que peor me va...? 

Me recuperé como por ensalmo. 
Todos los deportistas sabemos, que estos altibajos se dan.
En una de las bonitas y evocadoras atalayas del collado, paramos unos minutos para descansar.
Para entonces, ya me sentía completamente recuperado y de fuerzas hecho un animal.
A todo esto, hay que decir, que en el recorrido, ya se nota la mano y el ímprobo trabajo del conde, colocando aquí y allí mojones, para que la gente durante los entrenamientos, obtenga la confirmación de que va por el camino correcto y no se pierda. No obstante, el día de la prueba, habrá que poner especial atención sobre este particular, no sea que algun@ acabe en la sierra de las Cabras o todavía peor, en la del Gavilán.

Cuando llegas al punto más elevado del collado, hay que hacer un suave viraje a la derecha y en descenso, para ir de nuevo buscando la pista de la umbría del Campanario,
Los que conocen la zona, comprobarán que aterrizamos justo sobre una arqueta con tapa de alcantarilla, que siempre vemos con alegría, porque significa que hemos llegado al punto más alto de la pista. Una vez aquí, iniciaremos vertiginoso descenso por la umbría hacia los merenderos de la Hoyaleja, donde nos espera, un nuevo avituallamiento que habrá de servirnos para recuperar fuerzas, al objeto de atacar la bonita subida por un As de Copas que nos parecerá original e inédito.
Esta vía, que sospecho se hará popular en poco tiempo, pues entiendo que representa una alternativa, visualmente más atractiva a la de siempre, fué abierta por Amancio, Antonio y el que suscribe, hace ya algún tiempo. Forma parte de un recorrido circular a través de un valle precioso y me atrevo a decir que, casi desconocido, cuyo paso despierta constantes reminiscencias romanas y de otros antepasados que moraron por aquí.


Pero aún no hemos llegado, porque el conde, que es un lince, casi un arrui de la especie bípeda, astuto y perspicaz, sabía que tenía que existir un paso accesible entre los merenderos de la Hoyaleja y el principio del As de Copas por la solana.
Y lo encontró, o por mejor decir, se lo inventó.
Ves al conde con una azada, y ríete tú de las obras del AVE en Granada. Porque Angel, Juan y yo íbamos con él cuando embastó este tramo del recorrido, pero como es tan retorcido, aún todavía más lo ha endurecido.
 El conde, cuando pone un mojón, no pone una mierda de mojón. Sus mojones se ven a distancia, fácilmente reconocibles, inclusive por los satélites americanos. Primero están los mojones del conde y luego, todos los demás...son un espectáculo. ¡Como para perderse...!
 Preciosidad de mojón, recórcholis...todo un monumento. Si parece un tótem...
Subiremos por aquí, en la divisoria que forman el monte y los bancales de almendros
 Los mojones del conde son tan enormes que son capaces de proyectar hasta sombra...
 Después de irte confiando cuesta abajo, por una bonita y divertida rambla que fué limpiando con los amigos de la asociación BETANIA, aprovecha la línea divisoria que existe entre monte y tierras de labor para ponerte mojones en bancales de almendros en rápida ascensión, que iremos superando hasta que, ¡oh, aleluya!, echando el hígado y con la lengua fuera, llegaremos a un último e inexpugnable bancal que ya por terreno llano, nos conduce al principio de la subida del As de Copas...y así, maduricos, cocinados al baño maría después de 33 kilómetros en las piernas, miramos hacia arriba y...

¿Hay que subir al depósito?
Me pregunta en apenas un hilo de voz mi amigo JosePaco.
Sí, le contesto yo en apenas un suspiro.  

Llevamos un rato callados, concentrados, guardando fuerzas porque sabemos lo que nos espera.
Estos tres mosqueteros de la serranía, son veteranos de guerra y saben cuando hay que guardar silencio.

Comenzamos a atacar la subida sin vacilar.
El conde ha señalizado y mojoneado muy bien el recorrido.
Es increíble, estoy a punto de echar a correr de puro gozo, pero siento ramalazos, torbellinos, chispazos de vigor, de fuerza, de empuje y por el repiquetear de bastones de mis compañeros, se que ellos me pisan los talones. 
Es la última "gran subida" y siento que nuestra particular hazaña la tenemos al alcance de nuestros piés. Ahora sí, la victoria es nuestra. Salvo hecatombe o desfallecimiento repentino y fulminante, síncope, que no se puede descartar, la FALCOTRAIL 2013 parece que bien podemos decir, que la tenemos metida en el bolsillo.
Pero es preciso contenerse, guardar la calma y ahora que las fuerzas, parece que nos acompañan, disfrutar la subida, sin alardes, con cabeza, que todavía queda bajar y atravesar la Loma de la Morena y luego patear esa senda por detrás del cementerio que se hace más larga que un día sin pan.
Hemos coronado y jubilosos decidimos tomar un tentempié.  
Señales de fatiga y también de satisfacción denotan nuestros rostros, porque los tres sabemos que lo peor ya ha pasado.
Sin embargo, aún no podemos cantar victoria porque hasta el rabo todo es toro, y todavía nos queda por recorrer un espacio de terreno ingrato, rompepiernas que con las fuerzas justas, se puede convertir en un tormento infinito.
 
Llegados a este punto, hemos de comentar, que durante los entrenamientos, merece la pena detenerse unos minutos en el collado chico del As de Copas, para embelesarse con las despejadas vistas que sin duda nos ofrece el paisaje en dirección norte. Luego tendremos una breve transición para abordar por un terreno bastante quebrado, la atacada final a la cima, que con fuerzas, se puede hacer muy estimulante.

FIN 2ª PARTE


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