viernes, 18 de septiembre de 2015

RUTA DEL ZARZALAR (NERPIO) I

Después del paréntesis estival, retomamos nuestras salidas senderistas, y por ende, el relato de las mismas, en este, de momento, arrinconado blog. Y lo vamos a hacer con una ruta preciosa, yo diría que espectacular, apta para todos los públicos.
Considero que hasta se puede hacer perfectamente en familia, con zagales a partir de los ocho años, sin ningún problema. Supervisándolos, eso sí, pues habrá que cruzar bastantes veces el río Taibilla, hacia una ribera y otra, a través de maderos y troncos, divertidamente bamboleantes, pero en todo caso, seguros, si no se adolece de una escandalosa falta de equilibrio. También cruzaremos una espectacular pasarela colgante y bajaremos o subiremos, según el sentido en el que realicemos la ruta, por una bonita escala de troncos, sólidamente atornillada. Esta ruta de diez kms me la recomendó un amigo y en verdad que me sorprendió gratamente pues no esperaba tropezarme con un recorrido tan bello a la par que entretenido. Ideal para desentumecer, desincrustar el oxido acumulado en las rodillas después del parón veraniego, y por supuesto, darle gusto a las pupilas, que como se verá, quedarán ahítas, glotonamente saciadas.
¡El tío de la vara ha vuelto! Es una pena que mi amigo Eloy, por diversas causas, no pueda acompañarme con más frecuencia en mis paseos por el monte, pero en esta ocasión, sí que disfrutamos los dos, mientras íbamos descubriendo la ruta, como verdaderos chiquillos.
Me bajé de Wikiloc un recorrido circular que como antes decía, constaba de algo más de diez kilómetros. Se hacía según el sentido de las agujas del reloj, saliendo desde la plaza Mayor del bonito pueblo de Nerpio, en dirección al paraje el Zarzalar (que da nombre a la ruta), y más adelante a las casas de la aldea Turrilla (cortijo del Tovarico), lugar en el que daremos la vuelta buscando de nuevo el pueblo. Los últimos cuatro kilómetros son de subida, así que, visto lo visto, y si se hace esta ruta acompañado de gente menuda o en precario estado de forma, yo sugiero hacerla al revés, esto es, al contrario de las manecillas del reloj, iniciando la ruta cuesta abajo para una vez en las casas de Turrilla, seguir el cauce del río, por un itinerario que se encuentra perfectamente señalizado para no perderse, aún sin contar con la cómoda ayuda de un gps. Entrando ya de regreso al pueblo, nos saldrá al paso un barecico con terraza que difícil será que podamos soslayar para dar broche de oro a paseo tan espectacular.
Se nota que los amigos de Nerpio han puesto mimo y empeño en este paseo, para regusto y deleite de los que se acerquen por aquí con idea de hacer la ruta. Pero ya me he tropezado con clínex y latas vacías de refresco, arrojados en algunos puntos del recorrido. Sería una pena que no se cuidara y mimara tan bonita excursión.
Mi Viky, que "de lo suyo", parece que de momento se encuentra bien, demuestra una y otra vez que es una aventurera de valentía contrastada, pues no todos los canes son capaces de atravesar un río por tan estrecho tablón como si tal cosa...
Algunos planos, como bien puede colegir el observador avezado, están tomados aguas adentro. La ruta me gustó tanto que hube de volver para disfrutarla de nuevo; en esa segunda ocasión, y como la experiencia es un grado, acudí equipado de unas sandalias de agua, pues desde ya, advierto que de momento existe un punto del recorrido en que no hay "puente" por donde atravesar el río. Supongo que la crecida de la corriente de las últimas lluvias, se llevaría el tablón que pude ver bastantes metros más abajo, zozobrando entre zarzas y juncos. 
No creo que tarden mucho en subsanar tal contingencia.
En estas tomas se puede apreciar, lo estrecho del pasadizo y lo divertido de superarlo, ayudado de unas cuerdas asideras que al parecer, resisten bien el agarre.
En este punto, tanto grandes como chicos, se lo pasarán de miedo...
No obstante, si por la torpeza, algun@ hubiera de poner pie a tierra, tampoco estamos hablando del Ebro ni del Támesis...vamos, que como mucho se moja uno los tobillos, y el resto de la ruta, llevas los pies remojados al baño maría, pero ciertamente, apenas existe riesgo de ahogamiento...aunque eso, bien es verdad, nunca se sabe, pues no es el primero que se ha ahogado en un vaso de agua.
Mi amigo Eloy, dotado de una gran corpulencia, pudo salvar sin problemas el saliente escollo que se le presentaba...
Aquí se tronchaba el tío de la risa pues no había más remedio que descalzarse y probar la temperatura del río, jejeje.
Mi Viky es tan valiente como gallina cuando de remojarse se trata. Yo creo que en otra vida tuvo que ser gata porque el agua solo le gusta como bebida hidratante
Los pasos técnicos se suceden sin cesar en esta divertida ruta y ni qué decir tiene que durante todo el recorrido iremos acompañados y por tanto disfrutando del relajante fragor de las aguas
Viky cruzando el tablón como si del Puente Viejo de Cehegín se tratara...
Ya sabe ella ir de piedra en piedra para mojarse lo menos posible
¡Ay el agua, qué bien más preciado...!
La ruta nos depara todo tipo de sorpresas y por tanto de atractivos. 
También habrá que atravesar una cueva.
Viky sin perderme de vista
Viky siguiendo la estela de Eloy
El tío de la Vara...en toda su salsa.
Senda espectacular, tremendamente agradable de patear
Una excursión para hacer afición
A lo largo y ancho de todo el recorrido, existen paneles informativos así como puntuales reseñas de la flora y fauna característica del entorno.
Viky cruzando una vez más el río Taibilla
Lo mismo que el tío de la Vara cuya ídem, hubo de prestarle impagable servicio
Altísimos chopos y álamos que llegan al cielo así como inmensos nogales nos escoltan durante gran parte del camino
El rincón del Edén desde el que están tomadas estas imágenes es ciertamente mágico, un lugar fascinante cuya visión y fragor de las aguas al caer en cascada, sosiegan y transmiten paz en el espíritu.
Un lugar para disfrutar, con el atractivo añadido, como todo lo bueno, de que para llegar hasta él hay que esforzarse y culebrear un poquito.  
Trípode, velocidad de obturación baja y...
No me pude resistir al influjo del idílico rincón
Seguimos avanzando acercándonos a otro bonito paraje
Este lugar es precioso. Me encantó. 
Ahora se acerca una época inmejorable para hacer esta ruta.
En otoño, los árboles que bordean el cáuce del río Taibilla, se cubrirán de ocres y amarillos, formando así un paisaje con matices dorados de inconmensurable belleza. Este rincón, nos invita a sentarnos un rato sobre alguno de los troncos caídos, saboreando las apacibles y místicas sensaciones que nos trasmite.
FIN DE LA PARTE PRIMERA

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