domingo, 5 de junio de 2016

ALDEAS OLVIDADAS DE PONTONES IV

De esta excursión regresé profundamente hechizado y ya, irremediablemente enamorado de esta comarca de la sierra del Segura. El fascinante paisaje y ese recorrer sus aldeas, aquellas que fueron expropiadas, cautivarme con sus ruinas, ¡ay, con lo que a mí me atraen los escombros, los destrozos, los cascotes, los despojos, fotografiar los vestigios de un ayer, cuando todavía eran hermosos...!
El haber profundizado después, en la relativa tragedia de aquellas humildes gentes que habitaron estos bonitos pero severos parajes, el porqué de su diáspora, las causas de su triste y emotivo éxodo, pues sí, debo admitir que han dejado honda e imperecedera huella en mí. En mis próximas visitas hacia esta "sierra soberana", ya la veré con otros ojos, porque ¡hay que ver la cantidad de vida que tienen estas soledades y lo bien e intensamente ocupado en sus pensamientos que en cada momento uno se encuentra...!¡ Cuantas cosas nos dicen, cuantas pesadumbres claman...!

Pero después de haber leído unas cuantas crónicas senderistas, de las muchas que pululan por internet, sobre este recorrido y otros aledaños, la verdad es que muchas coinciden en endosarle al régimen franquista, la única y máxima responsabilidad de que los serranos fuesen expulsados de sus tierras. Y ello no es enteramente cierto. El primigenio y progresivo desahucio de la comarca lo originó la construcción del embalse del Tranco de Beas cuyas obras duraron de 1929 a 1944. Fue una obra de gran complejidad debido a las características técnicas y dimensiones del proyecto, a la situación de extremo aislamiento en el que se encontraba la obra, a la cantidad de expedientes de expropiación que hubo que resolver, con el consiguiente desalojo de miles de personas, y a la búsqueda de soluciones que hubo que dar al problema de la interrupción de las conducciones fluviales de madera, una actividad profundamente arraigada y estratégica para la reconstrucción de la red ferroviaria española tras la posguerra.


El embalse ha sido, y es hoy todavía, una obra fundamental en la regulación hidráulica de la Cuenca del Guadalquivir, y fue la infraestructura clave que facilitó la transformación en regadío de miles de hectáreas en el Bajo Guadalquivir. Por el contrario, las implicaciones territoriales de la obra, estudiadas por Eduardo Aranque (2012), son particularmente negativas para la comarca. Los beneficios de la obra fueron coyunturales. La energía eléctrica generada junto con los recursos hídricos, paradójicamente, también se ha trasladado muy lejos de la comarca que los producían. Por otra parte las mejores tierras de las vegas agrícolas de la comarca fueron sepultadas por las aguas embalsadas, generando un problema social que se acentuó con la expulsión de miles de pequeños agricultores que ocupaban, bien bajo la figura de concesiones o de forma alegal, terrenos agrícolas en los montes públicos, y que fueron expulsados por las repoblaciones forestales de la cuenca que se desarrollaron desde la década de los 40 del pasado siglo para evitar la erosión del terreno en la vertiente próxima al pantano, con el fango y las piedras arrastradas por la lluvia. La intensidad de la acción repobladora no se detuvo en la propia cuenca de alimentación del embalse: la creación del Coto Nacional de Caza en 1960, alimentó aun más la expulsión del poblamiento serrano que era incompatible con las actividades cinegéticas, el cual retrocedió demográficamente a cifras del siglo XIX.


En efecto, en los años sesenta, el recién creado Coto Nacional de Caza, provocaría la evacuación de los últimos mohicanos serranos que ya no pudieron aguantar la presión. Caciques de toda condición y pelaje, amén de lamecipotes varios del dictador, se enseñorearon durante un tiempo del paisaje segureño, y esa parece ser la única impronta trascendida, la principal causa, el único motivo que de las expropiaciones y otros expolios ha quedado en el imaginario colectivo. Pero inicialmente, algunos años antes, como ya hemos visto, quien se llevó la peor parte fue el pueblo de Bujaraiza. La imagen del Vuelo Americano de 1956 encuadra el sector sur del embalse, que había cerrado sus compuertas por primera vez en 1944, año meteorológicamente seco, en el que se observa el lecho vacío del pantano surcado por el río Guadalquivir con dos brazos que rodean a la Isla de la Cabeza de la Viña, y a la pequeña isla donde se encuentra el castillo de Bujaraiza. La mayoría de estas tierras constituye un exclave del municipio de Hornos insertado en el término de Santiago-Pontones. En el vaso seco del embalse ya no se aprecian las huellas de las vegas preexistentes, ni de la aldea de Bujaraiza, que tenía 300 habitantes en 1940. Este asentamieto estaba situado justo en la cola inundada que se observa en la esquina superior izquierda de la imagen y sus habitantes, que resistieron hasta 1950 a ser desalojados, fueron finalmente reubicados en el lejano poblado de colonización de El Calonge (Palma del Río). Para entender un poquito mejor, todo el fenómeno, el proceso que a lo largo de los años, tuvo lugar en esta comarca y que como consecuencia, originó la expulsión paulatina de los serranos que hasta ese momento, vivían de estas fértiles tierras, te invito a que le eches un vistazo al reportaje completo que se brinda en este esclarecedor blog de la Junta de Andalucía.


 Así pues, al césar lo que es del césar. En La Canaleja, lugar en el que algunos afirman que sus casas, salvo la del cura y la iglesia, fueron dinamitadas para que sus moradores no sintieran la tentación de volverlas a utilizar, convertidas, tras el bombardeo a que fueron sometidas, en diminutos cascotes, y todo ello por una cruel administración, que tenía el objeto de crear un gigante coto de caza, para uso exclusivo de señoritos, debo decir que tal información resulta inexacta. La Canaleja se barrenó en julio del 36, en vísperas del estallido de la guerra civil, y se hizo bajo administración de la república. Un lugareño nos habla que ya barrenaban las casas, incluso antes de la guerra...

- Hasta lo de los barrenos que puse en las casas de la aldea de la Cabañuela, me acuerdo. 

- ¿Tú pusiste barrenos? 

- Cuando ya echaron a toda la gente fui mandado, con otros hombres y un capataz, a derribar las casas. A derribarlas poniéndoles barrenos para que nadie nunca más ya pudieran habitarlas.
Te voy a contar hasta como poníamos los barrenos: cogíamos un cartucho de dinamita y un misto. Metíamos el misto dentro del cartucho, le poníamos un trozo de mecha y lo embutíamos en un roto de las piedras de las paredes. Le pegábamos fuego a la mecha y salíamos corriendo. Al rato explotaba y todas las paredes de aquellas casas, salían volando por los aires.
- ¿Y tú hacías estas cosas? 

- Sabía que estaba destrozando la presencia de mis hermanos los serranos, que les estaba rompiendo sus casas para que nunca más volvieran por allí, que los estaba borrando de los valles de estas sierras, que estaba machacando y sepultando su historia y su cultura y por lo tanto, sus propias señas de identidad pero si yo no hubiera puesto aquellos barrenos, los hubieran colocado otros. Me mandaban y me pagaban un sueldo y si me hubiera negado ¿qué habría conseguido con ello? Pero ciertamente que fue doloroso. No sólo nos quitaron las casas y las tierras sino que nos pagaron para que arremetiéramos contra ellas y las elimináremos por completo. Las cosas fueron así. Eso fue pagado por el Patrimonio Forestal. Y nos cogieron a nosotros para que lo hiciéramos. (¡Qué bonita era mi aldea!)

Aquí vemos a la Viky, poco antes de levantar el campamento para dirigirnos hacia Los Centenares.No he visto enclave más bonito que el de Los Centenares y aún posiblemente lo es más el de Los Miravetes. En estos casos, el estado ruinoso les ha sobrevenido, debido al tiempo, el expolio, al olvido, el abandono. Aunque algunos de sus moradores se reubicaron en Coto Ríos, para trabajar en el pantano y en la reforestación, muchos otros, la mayoría, tuvieron que emigrar, marchándose hacía Barcelona y Valencia y otros tantos se dispersaron por pueblos de la provincia.


Eran tiempos duros, muy difíciles. De momento no disponían ni de electricidad. Curiosamente, al tiempo que les instalaban los postes que les llevaba la luz eléctrica, les llegaba también la orden de expropiación. Cosas de la España cañí.



Hubo muchas personas que se vieron obligadas a abandonar sus pueblos y a emigrar porque sus tierras habían sido expropiadas para la construcción del pantano de El Tranco, que fue traumática para muchas personas y para otras una bendición.


Me da la impresión, y es solo una opinión, la mía, que a veces los montañeros nos dejamos llevar por un exceso de romanticismo, por el idílico pensamiento, muchas veces poético, que nos puede transmitir la apreciación de que cualquier pasado siempre fue mejor acompañada la ilusión por tener frente a sí un bonito paisaje. Pero uno se imagina los inviernos de los Centenares, ya no digo de Los Miravetes, que para llegar hasta él, tuvimos que sudar de lo lindo, los tórridos veranos, la soledad, la dureza del trabajo las 24 horas del día para sobrevivir, el escaso futuro de la prole, condenados también a una vida austera, penosa, de subsistencia, sin luz, sin agua corriente, sin escuela, sin wifi y entonces uno se pregunta en perspectiva si realmente la construcción del pantano y más tarde la creación del Coto Nacional, que les obligó a marcharse con un poquito de ayuda económica por parte de la administración, a cambio de la expropiación de sus casas, me pregunto digo, si no fue para ellos un empujón, un mal por bien venido, como algún serrano ha reconocido, una bendición que esto sucediera. 

De lo contrario, ¿qué futuro les hubiera esperado a los hijos...?


Ya hemos conocido en este mismo blog, el proceso natural de muchos otros, de los hoy abandonados, casi extintos pueblos, (sin sus hombres y mujeres, la sierra es sólo piedra...José Cuenca) cuyos habitantes, sobre todo en la segunda mitad del siglo veinte, buscaron mejores posibilidades para ellos y sus familias, emigrando del campo a las ciudades. Y es un fenómeno que todavía hoy se sigue produciendo. ¿No resulta lógico pensar que la creación del Coto Nacional de Caza, tan solo aceleró un proceso, cuya suerte de inexorable éxodo rural ya estaba echada?








Y me pregunto yo, si en aquellos tiempos, por las razones ya expuestas, algunos piensan que se cometió una terrible injusticia con los serranos, dueños de estas tierras que en nada la influencia del pantano afectaba, ¿por qué después, en 38 años de gobierno democrático, no se ha procedido a restituir, (al que así lo solicitara) las propiedades a sus legítimos dueños...?




A cierta distancia, el pueblo no parece tan abandonado







Estos pagos no parecen muy frecuentados. Otro aliciente más que añadir a la lista de atractivos que para mí, atesora esta tierra. Se nota en sus sendas y veredas que de momento no está masificada. Pensamiento egoísta donde los haya, lo reconozco pero como decía aquel, aquí cada cual va a lo suyo menos yo que voy a lo mío...


Bonitas estampas de Carlos y la Viky, acercándose a Los Centenares






Estas aldeas no fueron expresamente demolidas, pero el efecto del inexorable tiempo y el olvido, amén del expolio que ya han padecido, terminarán por ocasionar, idéntico resultado.







Bellísimo decorado



Viky, descansando a la sombra de un almendro




Comenzamos a recorrer y recrearnos entre las ruinas del pueblo. 

Si te apetece echarles un vistazo, no tienes más que seguirme...


Al mirar estas callejuelas, se las imagina uno en otro tiempo, rebosantes de vida.




















Precioso el sentimiento que destila esta imágen. El expreso deseo de algún lugareño, de que a su muerte, esparcieran sus cenizas en la villa que lo vio nacer.  Sus hijos lo han cumplido.



Aquí el tiempo se detiene, y el alma se impregna de magia, de hermoso silencio, de infinita paz...



















FINAL CUARTA PARTE

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