lunes, 17 de febrero de 2014

MÉRIDA I

Como decía en la anterior entrada, compromisos profesionales me obligaron a permanecer una semana en Mérida y me dije a mí mismo que la ocasión la pintaban calva para en las horas de asueto, aprovechar la coyuntura, para cámara en ristre, darme un garbeo por la ciudad y sus alrededores.
Sin embargo, el tiempo no me acompañó pues la mayoría de los días fueron grises o directamente lluviosos.
Mala cosa para mi pequeña compacta. Pero entre lo que he logrado recopilar de una anterior ocasión, hace cinco años, en que visité por vez primera tan bella ciudad; lo de ahora y algunas otras instantáneas que gentiles internautas han tenido a bien proporcionarme, yo creo que va a quedar una idea más o menos precisa, de los encantos que sin duda atesora Mérida.

En este mi segundo viaje a la ciudad, andaba especialmente receptivo a dejarme impregnar de sus remembranzas romanas por estar leyendo una novela muy amena e interesante, de esas que llaman históricas, de un tal Santiago Posteguillo, que cuenta las peripecias y batallitas, que doscientos años de la fundación de Mérida, tuvieron Escipión el Africano y el valiente general cartaginés, Aníbal, que como todo el mundo sabe, fué capaz de cruzar los Alpes en pleno invierno, con un ejército de muchos mil hombres, en el que también se incluían elefantes, y que después de una larga sucesión de victorias, operando durante 16 años en territorio enemigo, tuvo que acudir en auxilio de Cartago, la actual Túnez, que estaba perdiendo batalla tras batalla contra el ejército romano, y que a la postre fué su perdición pues también tuvo que entregar la cuchara al serle limpiado el forro en la célebre batalla de Zama, que marcaría el final de la segunda guerra Púnica.

PUENTE ROMANO
Mérida fue fundada por Roma en el año 25 a. C. por orden del emperador Octavio Augusto para servir de retiro a los soldados veteranos (eméritos) de las legiones V Alaudae y X Gemina. 
En la maravillosa película Gladiator, cuando Máximo Décimo Meridio (Russell Crowe) regresa a toda pastilla hacia Hispania, temiendo por la vida de su mujer e hijo, es a Mérida precisamente hacia donde se dirige.

En el año 180 d. C. el general hispano Máximo Décimo Meridio lidera al ejército romano hacia una importante victoria sobre las tribus germánicas cerca de Vindobona, poniendo fin a una larga guerra en el limes del imperio romano. Se gana así la estima del anciano y enfermo emperador Marco Aurelio, quien a pesar de tener un hijo, Cómodo, decide que a su muerte sea el general el que ostente el poder temporal hasta que el senado de Roma asuma finalmente el gobierno del imperio. Cuando su padre le informa de su decisión, Cómodo asesina a su progenitor en un ataque de rabia y se hace con el poder. Cómodo intenta ganarse la lealtad de Máximo, pero el militar se percata de lo que ha sucedido. En ese momento el general es traicionado por su amigo, Quinto, que a su pesar instruye a los pretorianos para que lo ejecuten a él y a su familia en Hispania. Máximo consigue deshacerse de sus verdugos y emprende el retorno a su hogar a toda velocidad, pero no llega a tiempo de salvar a su mujer y a su hijo.  

 La ciudad, una de las más importantes de toda Hispania, fue dotada con todas las comodidades de una gran urbe romana y ejerció de capital de la provincia romana de Lusitania. Tras las invasiones bárbaras, a partir del siglo V d. C., Mérida siguió siendo un importante enclave y llegó ser capital de todo el Reino Visigodo de Hispania en el siglo VI. En el año 713 la ciudad cayó en manos musulmanas, en las que permaneció hasta su reconquista por los cristianos en 1230. En reconocimiento a su pasado esplendor, en 1983 fue designada capital de la comunidad autónoma de Extremadura.
EL ACUEDUCTO DE LOS MILAGROS
ARCO DE TRAJANO
CATEDRAL DE MÉRIDA 
ASAMBLEA DE EXTREMADURA
CIRCO ROMANO
FORO MUNICIPAL
Basílica Sta Eulalia
PUENTE ROMANO
PUENTE DE LUSITANIA










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