lunes, 17 de septiembre de 2012

CITA A CIEGAS CON AITANA II

 Está claro que dormir en un vivac, no es lo mismo que dormir en tu cama. Eso está bien para los muy aventureros, que se pasan días y días de travesía. Los de ese pelaje están acostumbrados a domir en la raya de un lápiz y por descontado, pueden hacerlo a la intemperie sin que nada ni nadie les pueda perturbar su solaz descanso.
Así el compañero de al lado ronque más que un viejo Barreiros subiendo el puerto de la cadena, aúllen lobos a lo lejos, o la tierra tiemble por un terremoto, esta gente ni se inmuta porque está hecha de otra pasta. Pero yo, lo que se dice dormir, dormir a pierna suelta y de forma profunda, como el que tenía al lado que se pasó toda la noche roncando como el motor de un grupo electrógeno, como que no, vamos, que no me importó pasar parte de la noche escuchando la Cabalgata de las Valkirias de Wagner en sonido stereo dolby pro-logic, porque yo había acudido a aquel vivac a beberme las estrellas, y sentirme bañado por el resplandor de la luna llena.
Dormir o no dormir, eso para mí era irrelevante.

En la cena  nos lo pasamos bien, iluminados por la luna, y solo encendiendo los frontales cuando era estrictamente necesario para no romper el encanto.
Los compañeros de travesía fueron muy generosos y lo compartieron todo.
Incluso el vino, así que, prueba este, aquel otro, ahora bebe de la bota...ummmmmmmmm.
La tortilla de Alfonso, directamente importada del Mercadona...para chuparse los dedos, y los pimientos con que la combinamos, que habían salido de su excelsa gastronomía riojana, auténtico placer de los dioses. 

Aún tengo grabado en el gaznate, el sublime sabor de aquellos inspiradores pimientos.

Qué agustito se estaba en el saco...mirando el cielo estrellado y notando en la punta de la nariz (lo único que adrede, tenía descubierto) los cero grados que marcaba el gepese.
Y cuando le di varias vueltas al cedé de Richard Wagner, viendo que no pasaba de las notas graves y se hacía un poco monótono, me puse los auriculares y comenzó a sonar una tal Melissa Morgan y al poco me quedé dormido.

 Las primeras luces de un nuevo día, van diluyendo las sombras de la noche. Percibo a lo lejos, el relajante sonido de la fuente de Forata y compruebo que las Valkirias han dejado de sonar. 
Me levanto de un salto a cambiarle el agua a los garbanzos y preparo la máquina con la esperanza de que el sensor sea capaz de capturar algún armonioso pixel de la bonita luz del amanecer. 
Al poco, alguien toca diana y todo el mundo comienza a ponerse en marcha...la segunda parte de nuestra aventura nos espera.



La aurora del nuevo día es historia y es hora de reiniciar la marchaaaaa...
Foto de grupo antes de salvar el pasico de la Rabosa...


Es el pasico de la zorra, un tramo complicado por la estrechez...la  última parte se hace pegado a la pared para sortear los roquedos. 
Y luego, o haces virguerías y te retuerces como un contorsionista para pasar por el reducido hueco entre dos paredes, con la mochila a cuestas, o te tienes que desembarazar de esta, durante unos instantes, y que la persona que te precede, te haga el favor de pasarte la mochila al otro lado y luego lo haces tú, porque de lo contrario, si te quedas encasquillado..."ni palante ni patrás", te puedes ver en un apuro. 
El nombre de este paso tan divertido le queda que ni pintado...no se podía llamar de otra forma que no fuera el "Pasico de la Raposa".
Fin de la 2ª Parte

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